La última Luna roja hasta 2022

El último eclipse total de Luna visible desde España hasta 2022, se producirá la madrugada del próximo lunes

Los eclipses totales de Luna no suelen ser raros, no tanto por su frecuencia como por su visibilidad. A diferencia de los eclipses de Sol, los de Luna son visibles en toda la parte nocturna de la Tierra, cuando se produce la alineación espacial perfecta de los astros Sol-Tierra-Luna.

Así, casi todos recordamos una Luna de “sangre “ (es el término que se utiliza en los últimos años en los medios de comunicación para referirnos a un eclipse total de Luna), pero pocos un eclipse total de Sol, pues estos últimos se produce en una estrecha franja de tan solo cien kilómetros de ancha. Si hacemos memoria seguro que podemos recordar el pasado mes de julio un eclipse total de Luna visible desde nuestras comarcas, en aquella ocasión con la Luna saliendo por el horizonte Este y muy cerca del protagonista astronómico del pasado verano, el planeta Marte. Además se dio la circunstancia que el evento ocurría en viernes y a primera hora de la noche veraniega, unas circunstancias ideales para disfrutar del fenómeno.

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Eclipse de Luna y el planeta Marte en el último eclipse total desde Castellón. Actividad en Bodega Flors (Useres, Castelló)

En esta ocasión desafortunadamente, lo más interesante del fenómeno astronómico y que es visible a simple vista, cuando la Luna se tiñe de naranja, sucederá de madrugada, antes del amanecer y hacia el horizonte Oeste, desde la ubicación de España.

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Tiempos en hora civil para las diferentes fases del eclipse. Infografía del IGN

El inicio del fenómeno, cuando la Luna empieza a esconderse tras la sombra de la Tierra, se produce a las 04:49 horas de la madrugada. Desde este momento veremos progresivamente como la Luna es cada vez más “mordida” por la curvada sombra de nuestro planeta. El inicio de la totalidad del eclipse, cuando la Luna se vuelve roja por la refracción atmosférica, será a las 05:25 horas. A las 06:12 horas se produce el medio eclipse y la coloración más rojiza. En este momento la Luna se situará a una altura ya solo de 23 grados respecto al horizonte oeste, por ello nos debemos procurar un sitio alto o un lugar despejado para la observación del fenómeno.

La totalidad acabará 06:37, con las primeras luces del crepúsculo. El fin de la parcialidad no será observable desde nuestras comarcas pues la Luna ya se habrá puesto por el horizonte y el Sol estará próximo a su salida.

Además, este eclipse total de Luna se produce con la Luna en el perigeo, es decir, en el punto de su órbita más cercano a la Tierra, por lo que aparecerá un poco mayor de tamaño y brillo, lo que se ha venido conociendo estos últimos años de forma mediática como súper-Luna. Esta circunstancia es difícilmente apreciable si no recurrimos al registro fotográfico o somos expertos observadores.

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Si el tiempo meteorológico lo permite, merece el esfuerzo madrugar un poco para contemplar sin necesidad de instrumento óptico alguno esta “súper-Luna de sangre”, pues por desgracia no volveremos a tener visible un eclipse total de Luna desde nuestras comarcas hasta el 16 de mayo de 2022.

¿Quieres conocer con exactitud las horas de las diferentes fases del fenómeno astronómico desde tu localidad?  Para ello te dejo el enlace del Instituto Geográfico Nacional (IGN):

http://www.oan.es/servidorEfem/index.php

Visibilidad del eclipse a escala planetaria:

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Yo he visto cosas que vosotros no creeríais

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser,… todos esos momentos se perderán en el tiempo,… como lágrimas en la lluvia.

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Los ángeles 2019, noviembre oscuro, lluvioso, sucio, extraño. Los «replicantes» son humanos creados artificialmente para las labores más desagradables y peligrosas que los humanos no desean o temen realizar.

Cierto, actualmente son una fantasía lejana, aunque  en la realidad – a unas horas de entrar en el año 2019 -, la edición genética con la finalidad de la prevención de enfermedades se abre tímidamente paso, entre el miedo a sentirnos dioses y el miedo a cometer pecados que nos abocan al infierno de algún dios que nos observa enfurruñado.

Los coches voladores del escenario de ciencia ficción inicial, en la realidad no vuelan, porque sencillamente no existen como tales. Es cierto que algunos de los mayores dueños de los combustibles fósiles del planeta, esos combustibles propios de una época pasada aún no superada que provocan aceleradamente el cambio climático (quizás que nos llevan al escenario inicial de ficción), prueban sus primeras moto-drones para la policía cerca de las arenas del desierto.

Pero lo cierto es que estamos muy lejos de la magnífica película que filmó Ridley Scott en 1982, con un reparto privilegiado y una banda sonora sencillamente genial de Vangelis,  basada parcialmente y algo lejana obra escrita en 1968 « ¿sueñan los androides con ovejas eléctricas?», y que lleva el título –como casi todos que me leéis bien conocéis- de «Blade Runner».

Las colonias exteriores de la película Scott no existen, pero empezamos a soñar con un realismo inusitado y apoyado más en la ciencia que en la ficción, en un futuro muy próximo de regreso a la Luna (para quedarnos) y las primeras misiones humanas a Marte en menos de un par de décadas, sin lugar a dudas el próximo «hogar» de nuestra especie en pocos siglos.

Y es que si durante algo más de un par décadas parecía que la exploración espacial se había restringido mayormente a nuestro entorno cósmico cercano, la experimentación en órbita terrestre en estaciones espaciales y estudio del universo (y de nuestro planeta) desde órbita terrestre o puntos espaciales cercanos, los permanentes e imparables avances en investigación espacial están cambiando aceleradamente este escenario.

Repasar aquí los últimas misiones de exploración no tripuladas a Marte, Júpiter, Saturno, algunos asteroides y cometas (en los que hemos aterrizado y tomado muestras), entre otras, que en los últimos años hemos enviado exitosamente, sobrepasa con mucho esta entrada. Pero lo cierto es que estamos viviendo una época dorada de la exploración del universo, empezando por nuestro patio trasero del sistema solar (donde aún no descartamos encontrar vida primitiva), y acabando por la detección de miles de mundos alrededor de otras estrellas, pura ciencia ficción cuando se rodó Blade Runner en 1982. Giordano se levantaría de su tumba.

La astronomía multimensajero, y las puertas de una nueva física (en lo que atañe especialmente a la física de partículas) también se abren paso, aunque con unos resultados menos vistosos que los propios de la astronomía espacial que continua manteniendo su carácter de ciencia visual. Una imagen desde la superficie de la Luna Titán, donde seguro que algunos amigos Gallegos surfearán en el futuro, o las ya «habituales» imágenes desde la superficie Marte, donde dos estaciones meteorológicas españolas (una móvil, en el rover Curiossity) nos dan el parte climático diario.

Si los que crecimos con la serie televisa Cosmos, del tristemente desaparecido Carl Sagan, sentimos «envidia» de no haber conocido las hazañas de las primeras misiones sobre la superficie de Marte (Viking), el programa  Apolo que puso al hombre en la Luna, o las misiones Piooner y Voyager (estas últimas sin duda las más longevas, aún activas) de exploración de lo que entendíamos en su día parte más exterior de nuestro sistema solar, estos últimos años «reconvertimos» nuestros sentimientos de envidia en admiración y deseo de conocer más con las nuevas misiones de exploración.  Sagan tenía mucha razón, apenas estamos mojando nuestros pies en la orilla del inmenso océano cósmico.

Y es que de las misiones actualmente en curso de las diferentes agencias espaciales (recordemos que China está a punto de aterrizar en la cara oculta de la Luna), destacamos una porque que en unas horas sobrevolará un pequeño mundo que aparentemente nos podría parecer de poca importancia. Pero es que en las próximas horas será ya el año 2019 y la poca importancia de ese mundo, es en realidad mucha, por algunos motivos que describimos rápidamente.

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Logo oficial New Horizons. Crédito NASA/SwRI/JHU

La nave New Horizons (NASA, lanzada en enero de 2006) tenía dos objetivos como misión principal, el primero era el estudio de Plutón, nunca antes visitado por ninguna misión espacial hasta el momento. El primero de los objetivos principales, después de casi 10 años de viaje, lo alcanzó en julio de 2015. Plutón había pasado de ser un planeta a ser considerado planeta enano por la UAI [1], pero sin duda lo que nos descubrió la Horizons en su visita [2], muy probablemente le devuelva su antigua categoría a Plutón, que no establece más que una línea un tanto difusa, ante la avalancha de descubrimientos de nuevos objetos un poco más allá del propio Plutón, y que configuran la parte más interior del que llamamos Cinturon de Kuiper (KBO), la zona de los objetos trasneptunianos, donde cientos de miles de objetos congelados y pequeños se encuentran en orbitas circulares como reliquias de la formación de nuestro sistema solar.

La pequeña nave de solo 500 kilogramos de peso, gracias a asistencias gravitatorias consiguió la velocidad de unos 50 000 kilómetros por hora (la segunda nave más veloz construida hasta la actualidad)  y sobrevoló Plutón a unos 12500 kilómetros de distancia enviándonos imágenes de un mundo nunca imaginado y con una estructura superficial no esperada. Fue una exploración pionera e histórica. Las imágenes desde una distancia de 4500 millones de kilómetros de nuestro planeta tardaban casi 4 horas y media en llegarnos.

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Portal de la New Horizons. Toda la información aqui disponible. Crédito NASA

Después de su visita histórica a Plutón, el segundo objetivo primario de la misión era explorar un cuerpo de la zona del Cinturón de Kuiper, explorar el abismo de nuestro sistema solar. El objetivo que alcanzará esta madrugada será un cuerpo que incluso cuando partió de la Tierra en 2006 no conocíamos ni su existencia (fue descubierto por el telescopio espacial Hubble en 2014 en una búsqueda de «objetivos» para la trayectoria de la Horizons), 2014MU69 o más familiarmente, «Ultima Thule». Algunos encendidos de los motores de la Horizons, el último hace escasamente un mes, enfilaron su trayectoria hacia el segundo objetivo de la misión.

Esta madrugada hora española, aún en la celebración del recién estrenado nuevo año 2019, lo sobrevolará a 50 000 kilómetros por hora y a solo 3500 kilómetros de su roja y oscura superficie [3].

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Eventos previstos para la Horizons. Crédito JHU

Esta cercanía de por si no asegura imágenes exitosas, el cuerpo solo tiene unos 35 kilómetros de diámetro y en su lejanía tarda casi 300 años en orbitar nuestra estrella. Por ello la sonda ha recibido un protocolo especial para la toma de imágenes y datos para asegurar su éxito a 6500 millones de kilómetros de nuestro Sol (43 veces la distancia de la Tierra al Sol), esta distancia es tal, que la luz e información tarda unas 6 horas en llegarnos. Nunca jamás hemos explorado un cuerpo a esta distancia, y tras la exploración, en unas horas empezarán a llegarnos las primeras imágenes de uno de los objetos que creemos, son los ladrillos que compusieron los planetas de nuestro sistema solar hace más de 4600 millones de años,… y tenemos muchas preguntas por contestar sobre este periodo de formación planetaria.

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Ilustración de la situación de Plutón y otros objetos del KBO.  Crédito JHU

Las respuestas llegarán en varias semanas de envío de datos (hasta unos 50 giga bits se esperan), y en ciencia, muchas respuestas abrirán nuevos interrogantes.

Después, un nuevo objetivo secundario puede esperar a la New Horizons, probablemente otro cuerpo del Cinturón de Kuiper, en función del poco combustible que le quede para maniobrar, su energía restante para mantener los instrumentos operativos (obtenida por RTG) y el estado general de la nave, pero eso es ya otra historia, Horizons está haciendo historia en estas misma horas que estás leyendo estas líneas.

Celebremos que vivimos en una época de descubrimiento como nunca hasta ahora, porque estas celebraciones se perderán como gotas en la lluvia, con los descubrimientos que vivirán las próximas generaciones.

¡Qué 2019 nos depare muchas más alegrías y descubrimientos que 2018, aún en los océanos más oscuros dónde jamás pensamos llegar!

 

[1] https://www.iau.org/

[2] http://pluto.jhuapl.edu/

[3] http://pluto.jhuapl.edu/Ultima/Ultima-Thule.php

Una isla en el espacio y el tiempo

Una isla en el espacio y el tiempo

Con los conocimientos actuales de cosmología que disponemos, la descripción del título de esta entrada haría referencia sin duda a cualquiera de las más de 200 000 millones de galaxias de las que tenemos constancia en nuestro universo. Sin embargo esta entrada tiene la finalidad de presentaros una isla en el espacio y en el tiempo mucho más cercana, apenas algo más de 70 kilómetros de la ciudad de Castellón.

Se trata del santuario de Sant Joan de Penyagolosa (también hospedería aunque en el momento de escribir estas líneas, cerrada), termino de Vistabella del Maestrazgo, en pleno macizo de Peñagolosa, uno de los parajes naturales más emblemáticos de la Comunidad Valenciana. Su pico, con 1814 metros se alza dominando las comarcas de la plana, con su peculiar silueta cambiante según el lugar escogido.

El santuario parece datar del siglo XV, antes de que supiéramos que la Tierra no ocupaba el centro del universo y que todo giraba a nuestro alrededor. El lugar fue un lugar emblemático para los que éramos aficionados a la astronomía allá por finales de los años 80 del siglo pasado -apenas unos críos- porque el entorno nos ofrecía uno de los mejores cielos estrellados de nuestra provincia. Cuando este grupo de adolescentes imberbes decidió formar una asociación de aficionados a la astronomía, elegimos la vista del pico desde la carretera de la localidad Vall d’Alba, para que nos representara.

Pero los años pasaron, la contaminación lumínica aumentó, nos salió más pelo (o no, según se mire), se perdieron amigos por el camino y todo cambió y se aceleró.

Sin embargo, Sant Joan de Penyagolosa sigue ahí, impasible, puerta de entrada a un mágico enclave, una isla de paz (sin cobertura de telefonía), impasible a nuestros lamentos, miserias y aspiraciones, a nuestro odio y estupidez,  y de vez en cuando,… se muestra como lo que era, como lo que espero continúe siendo, una isla en el espacio y el tiempo muy cerca de las estrellas, muy lejos de todo.

Este modesto time-lapse está compuesto por unas 4900 fotografías, para lo que fueron necesarias unas 10 noches de trabajo, no todas aprovechadas por diferentes imprevistos. El equipo, una vieja Nikon D90, lanzada al mercado hace ahora unos 10 años, con mucho ruido a alto ISO (2000 es el utilizado) y con modestos 12,8 mega píxeles. El programa con el cual se ha montado, el gratuito y muy sencillo de utilizar, Moviemaker de Microsoft.

Espero que os guste y os motive.

Si deseáis verlo a más resolución en Youtube el enlace es:

https://youtu.be/a3XXBcNC-tc

PD: Como siempre, los altavoces a buen volumen (además esta versión es una música muy suave), la calidad de video más alta (720 o 1080) y a ser posible visualizarlo en un lugar preferiblemente oscuro, sin que incida luz en la pantalla.

 

Dedicado a la soledad de la noche, bajo miles de estrellas.

« Soledad, es tan tierna como la amapola, que vivió siempre en el trigo sola, sin necesidad de nadie »

Emilio  José López, 1973

Cometas en el cielo (y III)

Cometas en el cielo (y III)

En las dos entradas anteriores tuvimos en cuenta algunas consideraciones históricas sobre los cometas, llegando a comentar sobre los últimos grandes cometas que hemos podido observar.

Por desgracia no podemos hablar de grandes cometas en los últimos años, ni si quiera en un futuro cercano y mucho menos en el momento de escribir estas líneas. Los grandes cometas suelen ser descubrimientos impredecibles normalmente por ser cometas nuevos de largo período, y los de período medio como el Halley, solo presentan una destacable visibilidad en el cielo en función de las posiciones Tierra-Cometa-Sol cuando el astro despliega su cabellera de camino (o de retorno) de su punto más cercano al Sol (el perihelio). Pero lo cierto es que todos los años se encuentran al alcance de pequeños instrumentos amateurs  una o dos docenas. De los últimos, recuerdo el C/2014 Q2 Lovejoy y especialmente con cariño el cometa Catalina  C/2013 US10, que nos visitó a finales de 2015 y principios de 2016 y que fue motivo de una entrada en este blog [1].

Para estar al tanto del descubrimiento de nuevos cometas, del paso de los ya conocidos y catalogados, y de las expectativas de su observación, recomiendo una excelente página web del compañero valenciano Pepe Chambo [2], que se ha especializado estos últimos años en el seguimiento de cometas, y naturalmente la reconocida publicación S&T [3] donde se suelen encontrar noticias de última hora, así como mapas y fotografías de gran calidad. Por ejemplo le podéis echar una mirada a la entrada de la web de la mencionada publicación sobre el cometa PanSTARRS del pasado mes de julio [4].

¿Y cómo está el tema de los cometas en el cielo a finales de 2018?

Bueno, lo cierto es que recientemente nos visitó el cometa de corto período 21P/Giacobini-Zinner [5], con una órbita de sólo 6,5 años. Una órbita de período tan corto supone que es un astro que ha realizado muchos pasos cerca del Sol, y por tanto es un cometa “viejo”, con pocos volátiles, que raramente desplegará una cola espectacular a diferencia de los cometas «nuevos» de medio o largo período o incluso de primer paso por nuestro sistema solar (órbitas parabólicas o hiperbólicas).

El 21P fue descubierto inicialmente en diciembre de 1900 desde Niza y recuperado casualmente en 1913 desde Alemania. Teniendo en cuenta que el 1P (el primer cometa catalogado como periódico) fue -como comentamos en la entrada anterior [1]- el famoso cometa Halley (1758 recuperado y predicho por E. Halley), habían pasado casi 150 años en el descubrimiento de las órbitas de 20 cometas. Y es que para calcular con exactitud una órbita se necesita un mínimo de tres observaciones suficientemente espaciadas. En una época en la que la astronomía moderna estaba empezando a florecer con las nuevas técnicas y métodos observacionales, el cálculo de órbitas cometarias todavía no era una tarea fácil a finales del siglo XIX y principios del XX.

La órbita de este visitante cercano es tal que una de cada tres órbitas se posiciona relativamente bien para su observación desde la Tierra, y puede llegar a ser visible a simple vista…pero como una débil mancha borrosa en el límite de visión a ojo desnudo desde lejos de nuestras ciudades. Un cometa de tan corto período, de solo unos 2 kilómetros de tamaño del núcleo ya no da para más. Aún así su cercanía provoca la poco conocida lluvia de las Giacobínidas o más conocidas como Dracónidas, que tienen su máximo entre el 8 y el 10 de octubre con una tasa de meteoros muy baja, aunque que en 1933 parece ser que se produjo un máximo muy alto pero de muy corta duración (minutos). Este año, con Luna nueva el día 9 de octubre, deberíamos mirar al cielo estas próximas noches.

Fotográficamente el cometa posó con cierta generosidad para los aficionados a la astronomía y a la fotografía del cielo.

El cometa con una coma marcadamente azul, llego a desplegar una cola de más de 1º en la constelación de Auriga hace unas pocas semanas. Crédito: Alfredo Madrigal

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El cometa con una coma marcadamente azul, llego a desplegar una cola de más de 1º en la constelación de Auriga hace unas pocas semanas, entre el cúmulo estelar M35 y la nebulosa de la Medusa. Crédito: Alfredo Madrigal.

Pero si no lo fuimos a observar con prismáticos y desde un lugar oscuro –lejos de las luces urbanas- en el momento cercano a su perihelio (lo cual supone un cierto reto para el neófito en astronomía), el cometa pasó desapercibido.

Tenemos ocasión de probar nuevamente. Y quizás en mejores condiciones con el cometa 46P /Wirtanen [6]. Este cometa es también de corto período, de solo 5,4 años, y fue descubierto en 1948. Sin embargo sabemos que se ha visto perturbado por los gigantes gaseosos en algunas ocasiones y además que presenta una mayor actividad que el Giacobinni-Zinner.

La carta de localización del cometa para las próximas semanas es la siguiente:

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Crédito: Sky & Telescope

El cometa alcanzará el perihelio el 12 de diciembre y su distancia mínima a la Tierra poco después, el 16 de diciembre a solo 11,5 millones de kilómetros.

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Posición del cometa 46P/Wirtanen la noche del 16 de diciembre próximo, muy cerca de las Pléyades. Crédito: CBCNEWS

Con una Luna en fase de creciente, si el brillo estimado por algunos astrónomos alcanza entre la magnitud +3 a +5, puede ser un astro observable a simple vista, pues recordemos que el límite de magnitud a simple vista en una noche oscura lejos de las luces urbanas es de +6 aproximadamente. Aunque no nos engañemos, el brillo de este cometa “cercano” estará lejos de lo que consideramos brillo y tamaño de cola de un gran cometa. Tengamos paciencia, cualquier noche volveremos a tener un gran cometa en el cielo.

Hasta la próxima entrada, gracias por leerme.

Referencias:

[1] https://cielosestrellados.net/2016/01/20/una-noche-con-catalina/

[2] http://cometografia.es/

[3] https://www.skyandtelescope.com/

[4] https://www.skyandtelescope.com/observing/panstarrs-comet-rocked-by-outburst-now-binocular-bright/

[5] https://ssd.jpl.nasa.gov/sbdb.cgi?orb=1;sstr=21P

[6] http://astro.vanbuitenen.nl/comet/46

 

 

Cometas en el cielo (II)

Cometas en el cielo (II)

En la entrada anterior leímos como Halley y Newton sentaron un cambio de rumbo en la historia de amor y terror entre los humanos y los cometas.

En 1758 volvió el cometa, tal y como Halley –ya fallecido- había calculado con una notable precisión. Pero antes nos habían visitado otros destacados cometas como el gran cometa Cheseaux de 1744 mostrando un abanico de colas, si bien no habían captado la atención entre los astrónomos con la intensidad que sí habían provocado estos astros a los antes mencionados.

Los grandes cometas, en una época en la que el cielo apenas tenía polución lumínica, se solían observar con cierta facilidad en periodos que oscilaban de entre 10 y 20 años, si bien es cierto que con el telescopio –un instrumento que se empezó a perfeccionar a  finales  del siglo XVII-  el número de estos astros visibles –pero mucho más débiles- era mayor.

Estos en muchas ocasiones eran cometas de corto periodo –de unos pocos años- y tenían unas orbitas poco excéntricas como el cometa 2P/Encke (Mèchain, 1786) que nos visita en un periodo de solo 3,3 años. El astrónomo J.F Encke calculó su órbita en 1819 (casi treinta años después de su descubrimiento), tratándose de un cometa que presenta normalmente un escaso brillo en cada aparición. –no hablamos pues de un gran cometa-.

Ya podemos intuir que entre el siglo XVIII y finales del siglo XIX se produjeron una gran cantidad de descubrimientos de cometas, gracias a la proliferación de observatorios, incremento del interés por estos astros (a partir del cálculo exacto de sus órbitas y el prestigio que podía otorgar a su descubridor) y las mejoras en las técnicas en la instrumentación. Y los astrónomos se asombraron de la muy diferente «fauna de cometas» que teníamos en nuestro sistema solar.

 Cometas de corto y largo período. Cometas activos, cometas moribundos de escasos volátiles con colas casi inexistentes, cometas que se fragmentan, que son desviados o que impactan contra planetas, con especial atención a la modificación de las órbitas por la gravedad de los gigantes gaseosos, como bien afinó Laplace a finales del siglo XVIII.

F.W. Bessel observó una especie de chorros saliendo del astro, que actualmente solemos denominar con el anglicismo« jets», en el retorno  del cometa Halley en 1835.  Pero la naturaleza detallada de los cometas, su composición, el tamaño de sus núcleos, y su comportamiento, solo han podido empezar a ser explicados con satisfacción bien entrado el siglo XX, poco antes de los inicios de la exploración espacial.

La espectroscopia junto con la fotografía se empezó a aplicar a la astronomía a finales del siglo XIX. Un descubrimiento que volvió a despertar los fantasmas del pasado sobre los «malos augurios» de los cometas, fue el del espectro del cometa de 1881 por parte del astrónomo británico W. Huggins en el que se identificaban compuestos orgánicos, entre ellos el acido cianógeno, estrechamente vinculado con el cianuro. Este descubrimiento se magnificó cuando se calculó que el paso del Halley en 1910 iba a ser tan «cercano» a la Tierra que nuestro planeta iba a atravesar la cola del famoso cometa entre los días del 14 al 18 de mayo de 1910. Algunos medios occidentales (desconozco si ello pasó en otras culturas) se apresuraron a alarmar a la población, y no faltaron los titulares que no se hubieran discutido siglos atrás, cuando los cometas solo podían ser portadores de malos augurios, de muerte,  y en la ocasión que nos ocupa, la destrucción de la humanidad «gaseada» por el más famoso de nuestros cometas.

Durante el siglo XX se han observado algunos cometas destacables, aunque el incremento de la polución lumínica, el abandono del medio rural y semi-rural en beneficio de las medianas y grandes urbes y la desconexión de la población de los objetos que son visibles en el cielo nocturno, han provocado que los cometas (cuyo número de descubrimientos se incrementa incesantemente) parezcan haber desaparecido de nuestros cielos.

En el último paso del Halley se produjo a principios de 1986, y despertó nuevamente el interés mediático pero por un motivo especial y muy diferente al de 1910; por primera vez la especie humana enviaba varias naves espaciales no tripuladas a estudiar al más famoso de los cometas, y en concreto una que acapararía toda la atención pública por su casi suicida proximidad en el acercamiento; la nave Giotto (ESA). La noche del 13 de marzo la Giotto cruzó la cola del cometa Halley a algo menos de 600 kilómetros del núcleo, obteniendo por primera vez en la historia las primeras imágenes del mismo y sobreviviendo a un encuentro complicado [1].

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Ilustración del encuentro de la Giotto con el cometa Halley. Crédito: ESA

Pero el paso del cometa Halley, si no fuera por la atención prestada por los medios, pasó muy desapercibida. El cometa era imposible de observar en los núcleos urbanos e incluso lejos de las luces urbanas, no era un objeto destacable a simple vista. Exceptuando la aventura espacial de exploración, este paso no era propio de un cometa que pasara a las crónicas astronómicas de finales del siglo XX. Apenas diez años después, haciendo valer ciertas estadísticas cuyo valor puede ser puesto en tela de juicio con facilidad, parecía que íbamos a ver un gran cometa tras la decepción del Halley, y este cometa tenía un nombre; el Hale-Bopp, descubierto aún bastante lejos de la Tierra en julio de 1995 y que se acercaría a nosotros en el período de un año, en 1996.

Como triste comentario de la irracionalidad humana, quien sabe si con ayuda de resquicios del miedo a lo desconocido durante miles de años grabado en nuestros cerebros, este cometa sería el justificante para el suicidio colectivo de una secta en EE.UU (marzo, 1997), en la que su líder aseguraba que el cometa escondía una nave extraterrestre.

Sin embargo sorprendió primero el cometa Hyakutake (C/1996 B2), que fue el gran cometa de 1996 [2], pasando cerca de la Tierra en marzo de aquel año, a unos 15 millones de kilómetros. Descubierto en enero de ese año desde Japón con prismáticos, su brillo se situaba en la magnitud 11, pero desplegó una gran cola que casi llegó a cruzar más de media bóveda celeste el 24 de marzo (80º) siendo un objeto brillante y muy destacable, que desapareció como astro destacable en pocos días, y en pocas semanas empezó  a pasar inadvertido. Un anticipo no esperado del gran cometa que si se esperaba para pocos meses después.

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Cometa Hyakutake en marzo de 1996. Crédito: autor

El cometa Hale-Bopp (C/1995 O1), con tres veces el tamaño del cometa Halley [3], empezó a ser visible a simple vista desde mediados de 1996 hasta pasado mediados de 1997, siendo especialmente brillante los primeros meses de ese año. Fue por tanto el gran cometa de 1997. En un cielo oscuro el cometa se pudo observar a simple vista durante casi 18 meses, siendo uno de los más especulares del siglo XX.

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Cometa Hale-Bopp en marzo de 1997. Crédito: autor

Después hemos tenido muchas más visitas cometarias, pero ninguna como estas dos. Algunos han hecho disfrutar a los aficionados a la astronomía, especialmente a los astrofotógrafos, pero no han pasado de ser en el mejor de los casos, más que pequeños titulares en algunos medios de comunicación que no han despertado excesivo interés entre el público. Pasados casi 20 años ningún cometa ha sido realmente destacable en el cielo nocturno, y estos astros solo volvieron a ser titulares de los medios de comunicación –incluida esta vez Internet- en el año 2014.

El 12 de noviembre de 2014 una pequeña sonda de aterrizaje, de nombre Philae, descendió sobre un cometa de nombre impronunciable y no visible a simple vista, el 67P/ Churiumov-Guerasimenko. Philae había viajado «a lomos» de la nave Rosetta, que tras ser lanzada en marzo de 2004 llegó al cometa y se puso en órbita en agosto de 2014 tras el sobrevuelo de dos asteroides con tres asistencias gravitacionales de por medio. Sin duda un triunfo mecanicista iniciado por Kepler, Newton y Halley, como vimos en la entrada anterior [4].

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Selfie de la Rosetta y el cometa 67P. Crédito: ESA

 Esta exitosa misión de la agencia ESA [5], que finalizó en septiembre de 2016, ha marcado un antes y un después de la investigación de los astros más fascinantes de nuestro sistema solar, que aún esconden grandes interrogantes que vinculan los cometas en el cielo con la vida en la Tierra.

Tras 10 años de la misión Giotto vimos dos grandes cometas inesperados en el cielo, aplicando esos razonamientos nada racionales… ¿será en el año 2026 -10 años después de la misión Rosetta- el momento de ver dos nuevos grandes cometas en el cielo?

Finalizamos en la próxima entrada. ¡Gracias por leerme!

Referencias del texto.

[1] http://sci.esa.int/giotto/

[2] https://www2.jpl.nasa.gov/comet/hyakutake/

[3] https://www2.jpl.nasa.gov/comet/

[4] https://cielosestrellados.net/2018/09/22/cometas-en-el-cielo-i/

[5] http://blogs.esa.int/rosetta/

Cometas en el Cielo (I)

Cometas en el cielo (I)

K. Hosseini escribió una novela en 2003 de titulo homónimo que fue llevada a la gran pantalla unos pocos años más tarde. Todo lo que suena a celeste llama poderosamente mi atención, pero en este caso y para pequeña decepción mía, la película narra un drama sobre lo humano, y poco o nada sobre el universo de más allá de unos miles de kilómetros de altura sobre la superficie de nuestro planeta, donde la indiferencia con la que universo se muestra ante nuestras miserias, es abrumadoramente sobrecogedora -para posible desgracia del escritor brasileño P. Coelho-.

En una época en la que las miserias humanas eran posiblemente aún más acentuadas por nuestro retraso tecnológico respecto a la actualidad, los cometas en el cielo eran unos astros que provocaban asombro y miedo. Asombro porque su larga cabellera los convertía en ocasiones en espectáculos celestes, y miedo porque el desconocimiento de su naturaleza y periodicidad con la que aparecían en el cielo podía significar el designio de los dioses –que habitaban en los cielos- para que ocurriera algo en la Tierra –que habitaban los humanos-.

Durante una época, que contamos por milenios, los humanos miraban a los astros con asombro y con temor. Pero luego –hace pocos centenares de años- llegaron los científicos para estropearlo todo y con la sana intención de explicar el mundo, el universo, en base a la razón, a la lógica, a las leyes que escondía la naturaleza.

Con el nacimiento de la ciencia moderna y el método científico, se empezó a dudar que los cometas fueran quizás exhalaciones de gases de la Tierra hacía la atmósfera –en la versión Aristotélica- o quizás exhalaciones de los cuerpos moribundos, almas que escapaban hacía el cielo –en la versión más cristiana del lugar donde moran las almas-.

Kepler, el padre de las leyes del movimiento planetario, a principios del siglo XVII viajó a Praga para colaborar con Tycho Brahe –el mejor observador del cielo de la era pre-telescópica- para desentrañar la forma matemática en la que las estrellas errantes –los planetas- se movían entre las estrellas fijas. La relación inicial entre Kepler y Brahe, así como sus diferentes caracteres es digna de ser leída con calma (e invito al lector a que lo haga) y excede el contenido de esta entrada, pero lo cierto es que a la muerte de Brahe acontecida dos años tras la llegada de Kepler, este pudo disponer de todas las medidas detalladas de las posiciones planetarias y de estrellas medidas por el difunto y con ello confeccionar las «Tablas Rudolfinas» (1627, en honor al emperador Rodolfo II -benefactor de ambos-) donde recogería con precisión la posición futura de los planetas durante casi cien años, permitiendo con ellas el cálculo con éxito del tránsito de Mercurio (Gassendi, 1631) y de Venus (Horrocks, 1639).

Pero a diferencia de Kepler -que no me consta que reparara pausadamente en la naturaleza de los cometas-, Brahe les asignó una naturaleza cósmica después de la observación de un cometa en 1577 [1] y la ausencia de paralaje [2].

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Extraído de T. Brahe, 1603. De mundi Aetherei [1]. Fíjese en la órbita del cometa y de los demás cuerpos del sistema solar. Crédito: Commons

No se trataba de un pensamiento nuevo, Séneca ya dedicó en el libro séptimo de su Cuestiones Naturales, un planteamiento puramente observacional para  refutar al mismísimo Aristóteles: « los cometas aunque no se muevan por la eclíptica –por donde se mueven los planetas-, se mueven con regularidad majestuosa [durante semanas o meses incluso] y no se disipan al soplar el viento» [3].

Halley se interesó por la idea de que los cometas aparecidos en los años 1577, 1665 podían ser en realidad el mismo astro (la idea original se la comunicó J.D. Cassini en 1681 al propio Halley) y que uno de los cometas que había observado en 1680 y en 1682, podría ser nuevamente uno de los anteriores, siempre que se movieran en órbitas cerradas, elipses casi circulares quizás.

El contacto con el mismísimo padre de la Física moderna, Sir Isaac Newton, en el verano de 1684 fue muy importante para la historia de la ciencia, y el inicio de una fluida amistad para ambos. Newton reveló a Halley la naturaleza geométrica de una órbita que devuelve una fuerza que decrece con el cuadrado de la distancia [4], y Halley hizo todo lo posible para que el trabajo de Newton –que empezó una fructífera obra que culminaría con la edición de los «Principia» (1687)- fueran publicados por la Royal Society en su «Philosophical Transactions».

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Portada de “Principia” de I. Newton.  El más grande compendio de Física de todos los tiempos. Publicado gracias a E. Halley. Crédito: The original uploader was Zhaladshar de Wikisource en inglés. Commons.

Newton estudió todos los datos disponibles del cometa de 1680 –aparecido dos años antes del que Halley observó-, y que solo podían responder a una órbita –como las de los planetas enunciados por Kepler- pero con una elípticidad acusada, una elipse muy excéntrica o incluso una parábola. Su orientación respecto al Sol y la naturaleza de su brillo, fueron también dos aciertos más de Newton, que dejó a Halley absolutamente maravillado.

En los primeros años del siglo XVIII, Halley se sumergió en el estudio de las órbitas cometarias. Había tenido la ocasión y suerte de observar cometas brillantes en el cielo –lo que muy posiblemente motivo su gran interés por estos astros-, pero los había observado solo durante semanas o incluso pocos meses cuando se acercan al Sol desde los confines más allá de los planetas conocidos ¿pero eran elipses, parábolas, hipérbolas lo que describían cuando se alejaban?.

Comparó los elementos que definen las órbitas de los cometas de 1531, 1607 y 1682 y se dio cuenta que eran muy semejantes, con pequeñas variaciones que atribuyó a la atracción de los planetas Júpiter y Saturno como había sugerido Newton. Estos tres astros eran en realidad el mismo cometa. En 1705 publicó una obra en la que se atrevió a pronosticar que el mismo cometa volvería en la navidad de 1758.

Halley murió en 1742, y el cometa que observó en 1682 volvió en 1758. El cometa fue bautizado en su honor como el 1P/Halley, como casi todos los lectores conocerán.

Halley cambió la historia de los cometas, tal cual como los cometas habían cambiado la historia «reciente» de los humanos. Como muestra, por ejemplo, el enorme Tapiz de Bayeu , que relata la historia rey Harold de Inglaterra en 1066 –derrotado por los Normandos- cuanto avistó un cometa en el cielo.

En 1456 el cometa que posteriormente recibiría el nombre de cometa Halley, se vio en el cielo. El Papa Calixto III, pensó que era un mal augurio que le impediría reconquistar Constantinopla (la actual capital de Turquía)  en manos de los Turcos desde tres años antes. Bajo los «malos augurios» del cometa Halley, la ciudad serbia de Belgrado no cayó en manos turcas aquel verano, pero sí el verano de 1521, y Constantinopla nunca dejó de ser Turca.

Parece ser también cierta la angustia de Moctezuma II en México al observar en el cielo a principios del S XVI dos cometas en poco espacio de tiempo. Poco tiempo después, Hernán Cortes en 1519 no encontraría gran resistencia para conquistar el imperio Azteca con solo 600 hombres.

Existen más referencias históricas de relación entre los cometas en el cielo y los humanos, pero E. Halley cambió el curso de la historia de esta relación definitivamente.

Si te ha gustado, en breve escribo algo más…deja un comentario si te apetece, siempre son bien recibidos y animan a continuar escribiendo…

Referencias del texto:

[1] T. Brahe, 1603. De mundi Aetherei. http://adsabs.harvard.edu/abs/1603tbma.book…..B

https://www.loc.gov/resource/rbc0001.2013gen94796/?sp=209

[2] Definición de paralaje en Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Paralaje

[3] C. Sagan & A. Druyan, 1985. El Cometa.

[4] I. Newton, 1684. De motu corporum in gyrum. http://www.newtonproject.ox.ac.uk/view/texts/normalized/NATP00089

[5] E, Halley, 1705. A Sinopsis of the Astronomy of Comets. https://www.library.si.edu/digital-library/book/synopsisofastron00hall

 

Perseidas: la lluvia de estrellas «perfecta» de 2018

Las perseidas o «lágrimas de San Lorenzo» ofrecerán este año un espectáculo celeste perfecto, que complemetan un verano astronómico casi único en la última década

Todos los años cuando se acerca mediados del mes de agosto se vuelve a hablar de ellas en todos los medios de comunicación y redes sociales. Puntuales como un reloj, la lluvia de estrellas fugaces Perseidas hacen las delicias de las noches de verano, cuando el calor aún está presente en el hemisferio norte y apetece pasar unas horas nocturnas al raso, bajo las estrellas.

Y es que para observar este fenómeno astronómico, conocido desde la antigüedad, no se precisa más que nuestros ojos, tumbarse cómodamente a contemplar el cielo lo más lejos posible de luces urbanas y paciencia, que siempre puede ir acompañada de una buena charla sobre de dónde venimos y a dónde vamos como especie, motivada por nuestra sensación de pequeñez cuando contemplamos absortos la belleza y aparente inmutabilidad del cielo estrellado.

Cuando nos encontramos en estas circunstancias, y nuestros ojos se acostumbran a la oscuridad, sin la presencia de luces, intentando contemplar la mayor parte del cielo posible, observaremos intermitentemente una rápida, ocasionalmente larga y brillante estela de luz -mayormente de color naranja-.

Pues bien, este fin de semana podemos atiborrarnos a pedir deseos, porque la lluvia de las perseidas presentará esta noche, y sobre todo mañana domingo por la noche, unas condiciones de observación excelentes. La ausencia de Luna, y que el máximo de la lluvia sucede con el radiante de la lluvia alto en el horizonte entrada la noche, puede provocar que sea la mejor observación del fenómeno astronómico, al menos casi en la última década. En este momento mágico bajo las estrellas podemos llegar a contemplar más de 100 meteoros a la hora si nos situamos en un lugar oscuro y tenemos toda la bóveda estrellada a la vista. Sin duda está siendo uno de los mejores veranos en los últimos años para vivir bajo las estrellas.

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Posición del radiante de la lluvia en la constelación de Perseo. A mayor altura del radiante mayor número de meteoros a la hora. Sky & Telescope

Esta lluvia de estrellas, como otras menos populares que se producen a lo largo del año (e incluso más intensas), se debe a que la Tierra en su órbita anual alrededor del Sol se cruza periódicamente con tubos espaciales de pequeñas partículas de polvo y hielo procedentes de restos de cometas y asteroides. De hecho nuestro planeta tarda tres semanas en atravesar completamente este tubo meteórico, a una velocidad de más de 100 000 kilómetros a la hora, por lo que podemos hacernos una idea del tamaño del mismo. Aproximadamente en el centro del mismo se encuentra la mayor concentración de partículas, y se produce lo que denominamos el «máximo» de la lluvia o mayor THZ (tasa horaria cenital).

Al penetrar en la alta atmósfera a velocidades realmente altas, estas partículas habitualmente de tamaño milimétrico, provocan un destello de luz por la fricción con los gases de nuestra atmosfera, alcanzando incluso unos pocos de miles de grados durante un breve espacio de tiempo y provocando que la pequeña partícula se disgregue, se sublime y convierta en gas.

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Dos perseidas fotografiadas por el autor en 1993 con película fotográfica de alta sensibilidad. En ese año no existían las cámaras digitales

Solo si la partícula es de un tamaño mayor, puede llegar a tocar suelo y convertirse en lo que conocemos como meteorito, aunque normalmente las partículas que conforman las lluvias de estrellas anuales no suelen tener el tamaño suficiente para ello, todo lo más como pequeñas canicas que nos ofrezcan algún «bólido» excepcionalmente brillante y de estela persistente.

Las perseidas están asociadas a los restos del cometa Swift- Tuttle (109P) que fue descubierto en el verano de 1862, si bien son conocidas desde la antigüedad. Este cometa es uno de los cometas que más cerca pasan de la Tierra y su diámetro, de unos 20 kilómetros, lo convierten en un posible futuro impactador peligroso.

Fue el astrónomo Schiaparelli (tan vinculado históricamente al planeta Marte que en estas semanas hace la delicia en el cielo en su oposición perihélica) quien vinculó este cometa a la tradicionalmente conocida lluvia de estrellas de agosto, siendo la primera lluvia en la historia de la astronomía en vincularse a la órbita de un cometa y denotar su verdadera naturaleza.

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Gran perseida, fotografiada por el autor el pasado 6 de agosto con una Nikon D90

 La constelación de Perseo es de donde se sitúa el punto desde el cual imaginariamente parecen confluir todos los trazos, conocido como radiante de la lluvia, y que fue localizado en 1835 por Quéletet y Herrick. El cometa, con un período de 135 años, provocó en su vuelta de 1993 una lluvia que superó los 400 meteoros a la hora, que fue un magnífico espectáculo celeste.

Se conocen como «Lagrimas de San Lorenzo» porque antiguamente (más de 500 años) el máximo de la lluvia coincidía con la festividad del santo martirizado en la hoguera, y cuya lágrimas de dolor fueron situadas en el cielo en la tradición cristiana. Actualmente, debido a la precesión de los equinoccios el máximo de la lluvia se produce la noche del 11 al 12 o del 12 al 13 de agosto.