Perseidas: la lluvia de estrellas «perfecta» de 2018

Las perseidas o «lágrimas de San Lorenzo» ofrecerán este año un espectáculo celeste perfecto, que complemetan un verano astronómico casi único en la última década

Todos los años cuando se acerca mediados del mes de agosto se vuelve a hablar de ellas en todos los medios de comunicación y redes sociales. Puntuales como un reloj, la lluvia de estrellas fugaces Perseidas hacen las delicias de las noches de verano, cuando el calor aún está presente en el hemisferio norte y apetece pasar unas horas nocturnas al raso, bajo las estrellas.

Y es que para observar este fenómeno astronómico, conocido desde la antigüedad, no se precisa más que nuestros ojos, tumbarse cómodamente a contemplar el cielo lo más lejos posible de luces urbanas y paciencia, que siempre puede ir acompañada de una buena charla sobre de dónde venimos y a dónde vamos como especie, motivada por nuestra sensación de pequeñez cuando contemplamos absortos la belleza y aparente inmutabilidad del cielo estrellado.

Cuando nos encontramos en estas circunstancias, y nuestros ojos se acostumbran a la oscuridad, sin la presencia de luces, intentando contemplar la mayor parte del cielo posible, observaremos intermitentemente una rápida, ocasionalmente larga y brillante estela de luz -mayormente de color naranja-.

Pues bien, este fin de semana podemos atiborrarnos a pedir deseos, porque la lluvia de las perseidas presentará esta noche, y sobre todo mañana domingo por la noche, unas condiciones de observación excelentes. La ausencia de Luna, y que el máximo de la lluvia sucede con el radiante de la lluvia alto en el horizonte entrada la noche, puede provocar que sea la mejor observación del fenómeno astronómico, al menos casi en la última década. En este momento mágico bajo las estrellas podemos llegar a contemplar más de 100 meteoros a la hora si nos situamos en un lugar oscuro y tenemos toda la bóveda estrellada a la vista. Sin duda está siendo uno de los mejores veranos en los últimos años para vivir bajo las estrellas.

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Posición del radiante de la lluvia en la constelación de Perseo. A mayor altura del radiante mayor número de meteoros a la hora. Sky & Telescope

Esta lluvia de estrellas, como otras menos populares que se producen a lo largo del año (e incluso más intensas), se debe a que la Tierra en su órbita anual alrededor del Sol se cruza periódicamente con tubos espaciales de pequeñas partículas de polvo y hielo procedentes de restos de cometas y asteroides. De hecho nuestro planeta tarda tres semanas en atravesar completamente este tubo meteórico, a una velocidad de más de 100 000 kilómetros a la hora, por lo que podemos hacernos una idea del tamaño del mismo. Aproximadamente en el centro del mismo se encuentra la mayor concentración de partículas, y se produce lo que denominamos el «máximo» de la lluvia o mayor THZ (tasa horaria cenital).

Al penetrar en la alta atmósfera a velocidades realmente altas, estas partículas habitualmente de tamaño milimétrico, provocan un destello de luz por la fricción con los gases de nuestra atmosfera, alcanzando incluso unos pocos de miles de grados durante un breve espacio de tiempo y provocando que la pequeña partícula se disgregue, se sublime y convierta en gas.

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Dos perseidas fotografiadas por el autor en 1993 con película fotográfica de alta sensibilidad. En ese año no existían las cámaras digitales

Solo si la partícula es de un tamaño mayor, puede llegar a tocar suelo y convertirse en lo que conocemos como meteorito, aunque normalmente las partículas que conforman las lluvias de estrellas anuales no suelen tener el tamaño suficiente para ello, todo lo más como pequeñas canicas que nos ofrezcan algún «bólido» excepcionalmente brillante y de estela persistente.

Las perseidas están asociadas a los restos del cometa Swift- Tuttle (109P) que fue descubierto en el verano de 1862, si bien son conocidas desde la antigüedad. Este cometa es uno de los cometas que más cerca pasan de la Tierra y su diámetro, de unos 20 kilómetros, lo convierten en un posible futuro impactador peligroso.

Fue el astrónomo Schiaparelli (tan vinculado históricamente al planeta Marte que en estas semanas hace la delicia en el cielo en su oposición perihélica) quien vinculó este cometa a la tradicionalmente conocida lluvia de estrellas de agosto, siendo la primera lluvia en la historia de la astronomía en vincularse a la órbita de un cometa y denotar su verdadera naturaleza.

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Gran perseida, fotografiada por el autor el pasado 6 de agosto con una Nikon D90

 La constelación de Perseo es de donde se sitúa el punto desde el cual imaginariamente parecen confluir todos los trazos, conocido como radiante de la lluvia, y que fue localizado en 1835 por Quéletet y Herrick. El cometa, con un período de 135 años, provocó en su vuelta de 1993 una lluvia que superó los 400 meteoros a la hora, que fue un magnífico espectáculo celeste.

Se conocen como «Lagrimas de San Lorenzo» porque antiguamente (más de 500 años) el máximo de la lluvia coincidía con la festividad del santo martirizado en la hoguera, y cuya lágrimas de dolor fueron situadas en el cielo en la tradición cristiana. Actualmente, debido a la precesión de los equinoccios el máximo de la lluvia se produce la noche del 11 al 12 o del 12 al 13 de agosto.

Marte en el horizonte

Marte en el horizonte

El astro destaca notablemente en el cielo nocturno y es visible durante toda la noche

Marte, el planeta rojo, tiene buenas condiciones de observación cada dos años y es visible a simple vista un par de meses antes y después de esta aproximación espacial debida a las orbitas planetarias alrededor del Sol.

Durante unas semanas la Tierra alcanza al planeta rojo y este destaca en el cielo nocturno haciendo gala a su nombre “el dios de la guerra” que tiene mucho que ver con su coloración y el color de nuestra sangre.

Pero debido a que las órbitas de los planetas alrededor del Sol son elípticas y no circulares, la Tierra y Marte tienen un encuentro aún más cercano cada 15 años, en lo que los astrónomos llaman oposición perihélica, y el planeta es aún moderadamente más brillante y evidente en el cielo nocturno.

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Órbitas de Marte y la Tierra. Crédito: S&T

Recuerdo el año 1988, siendo un adolescente, cuando lo observé desde un cielo mucho más oscuro que el actual, desde Sant Joan de Penyagolosa (Vistabella, Castellón) con un flamante refractor Alstar R80/1200 mm. Quince años después, siendo presidente de la Societat Astronómica de Castelló, tuve el privilegio de –junto con mis compañeros de aquella época- organizar una multitudinaria observación pública en la Ermita de la Magdalena (Castellón) que tuvo que contar con la ayuda de protección civil por la cantidad de coches que llegaron aquella noche de verano para ver el planeta Marte, y que salió a la perfección. Entonces contaba con un telescopio Celestron T150/750 mm.

Ahora, en la tercera oposición perihélica del planeta (y que coincidió el pasado viernes 27 de julio  con un eclipse total de Luna) que puedo observar, dispongo de instrumentos mucho más potentes y formas de registrarlo que nada tienen que ver con las de hace 15 años, pero estoy disfrutando mucho más con su contemplación a simple vista; con ese brillo rojizo apareciendo por encima del mar Mediterráneo -ahora ya nada mas oscurecer-.

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Marte al telescopio. Imagen de Alfredo Vidal (Hospitalet- Barcelona) el 01 de agosto de 2018. Telescopio Celestros 14″ + Cámara ASI290

Y es que la primera noche de agosto del verano de 2018, el planeta rojo y la Tierra alcanzan su mínima distancia, la más cercana desde 2003.

Marte ha estado a algo menos de 58 millones de kilómetros, y nos permite que su brillo, solo comparable al planeta Venus (visible nada mas oscurecer hacia el Oeste) lo haga muy fácil de localizar. Hasta 2035 no volveremos a encontrar a Marte tan brillante y tan cercano de nuestro planeta. Recordemos que la Luna -en fase de menguante- se habrá desplazado debido a su movimiento alrededor de la Tierra mucho más hacía el este, y por tanto ya no se encontrará en la misma posición que el pasado viernes cuando coincidió su eclipse con la aparente cercanía al planeta, y no la tenemos que tomar como referencia para encontrar al planeta, que asoma por el mar al poco de caer la noche de forma inconfundible.

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La Luna llena eclipsada junto al planeta marte el pasado viernes 27 de julio de 2018. Crédito: Germán Peris.

Con un pequeño telescopio ya es posible observar su casquete polar, bajo el cual la pasada semana se descubrió agua líquida, y también es posible distinguir algunas manchas oscuras que se corresponden con los accidentes geológicos más importantes, eso si la tormenta global de polvo a la que está sometida el planeta –habitual en las oposiciones perihélica- se calma y nos permite observarlas.

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25 de julio 2018: Sciencie publica un estudio sobre evidencias de agua líquida bajo el casquete polar sur marciano, a partir de los datos de la sonda Mars Express (ESA)

También son visibles a simple vista Júpiter y Saturno –el planeta de los anillos- a y presentan un brillo destacable, uno hacia el sur u otro en hacia el este, en las cercanías del planeta rojo. La presencia de estos planetas  simultáneamente en el cielo, que son visibles sin instrumento alguno, le confiere a este verano un encanto nocturno muy especial para vivirlo bajo las estrellas. ¡Qué lo disfrutes!

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Marte y Saturno con los ojos del telescopio espacial Hubble: una mirada rápida a los dos protagonistas del verano de 2018

 

PD: Si quieres saber más sobre Marte y los marcianos, te dejo el enlace a un artículo mío de hace 15 años, con más información sobre el planeta rojo.

https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=4&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwjSiIf9nMzcAhUrxoUKHWtXA2IQFjADegQIARAC&url=https%3A%2F%2Fwww.sacastello.org%2Fdescargas%2Fdocumentos%2Fmarte_en_el_horizonte.pdf&usg=AOvVaw0VgOTFQAUFGz6L6L4VMH3y

 

De las noches más hermosas

De las noches más hermosas

Finales de julio de 2018. No es un verano típico, las noches no son excesivamente calurosas en el Mediterráneo, aunque invitan a pasar siempre unas horas al raso por las noches, cuando el Sol ya no provoca el típico calor diurno.

La transición entre el día y la noche, entre el calor y las temperaturas más frescas, cuando la vida social de los humanos parece aflorar, me recuerda a viejas películas italianas del neorrealismo de la posguerra mundial, en que se retrataba el bullicio de la sociedad de barrios obreros que hacían su vida integrada en la calle durante las tardes y noches de verano.

Pero más allá de lo «humano», tenemos lo celeste. Hoy ya no miramos el cielo con temor y desconocimiento. Hoy podemos mirar el cielo con toda la información disponible casi de forma instantánea gracias a la Red, e incluso –mediante aplicaciones por geolocalización- identificar los astros que vemos en el cielo, saber su posición futura o pasada, y todo ello en la palma de nuestra mano…¡cuántas generaciones precedentes de astrónomos hubieran quedado perplejos al ver semejante escenario!.

El cielo de este verano boreal viene marcado por varios eventos astronómicos que posiblemente ya conoces, y si no, vas a poder encontrar información detallada en decenas o centenares de páginas web y redes sociales. Por tanto solo voy a enumerarlos porque pienso que en justicia, los medios generalistas y los responsables de la divulgación científica desde las instituciones públicas –salvo excepciones que todos los que nos dedicamos a la divulgación conocemos- se han quedado cortos en comunicarlo.

Estas semanas podemos ver simultáneamente en el cielo los cinco planetas «clásicos» entendiendo como tales, los que son conocidos desde la antigüedad antes de la era pre-telescópica, y por tanto visibles a simple vista.

Desde hace un par de semanas podemos ver al Oeste, entre las luces del crepúsculo al esquivo mensajero de los dioses, Mercurio (a muy baja altura y el más complicado de localizar), seguido de la diosa del amor –Venus-, inconfundible por su enorme brillo y un poco más alto en el horizonte donde se ha puesto el Sol. Hacía el horizonte sur, despidiéndose de una excelente temporada, el padre de todos los dioses del Olimpo, Júpiter, brillante (algo menos que Venus), blanco, inconfundible. Un poco más hacía el horizonte Este, en la constelación de Sagitario, brillante y amarillento, Saturno – el dios del tiempo-, luciendo al telescopio sus espectaculares anillos y en inmejorables condiciones para observarlo. Y el protagonista absoluto de estas noches de festival planetario, el dios de la guerra, Marte -brillando como nunca en los últimos 15 años-, en la constelación de Capricornio, hacia el Este nada más que oscurece. Si trazamos una curva que una los puntos, nos haremos una idea de por donde transcurre la eclíptica, o proyección de la órbita de la Tierra alrededor del Sol.

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Anochecer del 27 de julio de 2018 a las 22 horas locales para +40N 00.0E. Programa Stellarium

Y es que hoy día 27 de julio Marte alcanza los que los astrónomos llaman oposición perihélica, es decir, si bien Marte es visible cada dos años en el cielo, en un ciclo de aproximadamente 15 años se produce el máximo acercamiento a la Tierra (este año, unos 56 millones de kilómetros), y su brillo aumenta moderadamente respecto a las oposiciones bianuales. Este hecho se debe a que las órbitas de los planetas no son perfectamente circulares, sino elípticas.

También suele ser habitual, que cuando ocurre este tipo de oposiciones, y Marte además de encontrarse cerca de la Tierra, también se encuentra en el punto de su órbita más cercano al Sol, se levanten enormes (por globales que no por intensas) tormentas de polvo, que por desgracia emborronan o hacen desaparecer los accidentes superficiales del planeta actualmente mejor estudiado por la humanidad, y del que esta misma semana se publicaba en la revista «Sciencie» [1] la posibilidad de detección de un depósito de agua en estado líquido (si bien no conocemos con certeza su disposición, junto con sales y tierras marcianas) en una zona bajo el casquete polar sur.

A pesar de ser el protagonista absoluto por su brillo y coloración, esta noche su protagonismo será borrado del cielo, porque un poco más al norte, nuestro satélite en fase de llena, esconde durante unas horas su cara, sucediendo un eclipse total de Luna, que no veíamos en nuestras comarcas desde hace más de dos años.

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El evento astronómico se producirá entre las 20:24 hora local de la tarde-noche de hoy viernes y las 00:18 horas de la madrugada del sábado, que son las horas de inicio y fin de la parcialidad del fenómeno, según el Observatorio Astronómico Nacional [2].

La fase inicial del eclipse o inicio de la parcialidad, es decir, cuando la Luna se empieza a esconder tras la sombra de la Tierra, no será visible desde nuestra provincia, porque la Luna llena saldrá por el horizonte este a las 21:15, justo 5 minutos después de que el Sol se ponga por el horizonte oeste, y por lo tanto aún con las luces del día, lo que complicará su localización inicialmente. Por tanto cuando la Luna salga el eclipse se encontrará en una avanzada fase de la parcialidad y mostrará a nuestro satélite «mordido» casi completamente por la circular sombra de nuestro planeta. El bajo brillo y su baja altura, dificultará su localización inicial.

Teniendo en cuenta que la sombra de la Tierra ocultará por completo a la Luna a las 21:30 –inicio de la fase de totalidad y de la llamada «Luna de sangre» [3]-, tendremos que buscar un lugar con un horizonte dirección este muy despejado para ver desde el principio como nuestra Luna llena se vuelve completamente roja. El inicio de esta fase característicamente roja se produce aún durante el crepúsculo y con la Luna todavía muy baja, casi a ras de horizonte.

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El medio eclipse, o máximo del eclipse total –cuando la Luna se encuentra en la mitad del cono de sombra de nuestro planeta- se produce a las 22:20, con la noche ya prácticamente cerrada y con nuestro satélite a solo 10 grados de altura desde Castellón, pero suficiente para observarlo ya con toda comodidad si nos encontramos en el lugar adecuado.

El final de la fase de totalidad tendrá lugar a las 23:14, con la noche cerrada y nuestro satélite a una altura de unos 17 grados, por tanto con una duración total de 1h45min después del inicio de la parte más espectacular del eclipse. A partir de ese momento la sombra de la Tierra empezará a abandonar la Luna  y poco a poco volverá a su color y brillo habitual de una Luna llena, para finalizar ya pasada la medianoche, momento en el que disco lunar abandonará la curvada sombra de nuestro planeta hasta el próximo eclipse [4].

Además, por la posición de la Luna en su órbita, cerca del apogeo, el eclipse lo convierte en uno de los más largos del siglo XXI, por pocos minutos de duración.

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En otra entrada hablaremos de la lluvía de las Perseidas ,que en un par de semanas nos ofrecerá este año un buen espectáculo con la Luna esta vez en fase de Luna nueva. Disfruta de las noches más hermosas mirando hacía el cielo.

Referencias del texto

 [1] http://science.sciencemag.org/content/early/2018/07/24/science.aar7268

[2] http://astronomia.ign.es/ En esta página es posible calcular las horas exactas a las que se produce cada fase del eclipse para diferentes localidades españolas.

[3] La expresión «Luna de sangre», hace referencia a la coloración rojiza que se produce por la dispersión de los rayos rojos (frente a los azules) de la luz del Sol durante un eclipse de Luna , debido a la atmosfera de la Tierra. No es un término utilizado históricamente en nuestras comarcas ni en la astronomía profesional. Parece ser que es un término moderno importado del folclore popular de los EE.UU.

[4] https://eclipse.gsfc.nasa.gov/lunar.html Información detallada acerca de los eclipses de Luna, de la Agencia Espacial Norteamericana NASA.

Sueño de una noche de verano: la noche de San Juan

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Noche de Sant Joan en las playas de Castellón. Crédito: autor

 

Sueño de una noche de verano: la noche de San Juan

El pasado jueves 21 de junio pasado el mediodía local, empezó el verano boreal de este año, lo que en astronomía se conoce como el solsticio de verano. Aunque es bastante común que muchas personas piensen que el verano se produce por la distancia de la Tierra al Sol, en realidad, no es correcto. Las estaciones no tienen nada que ver con las distancias de nuestro planeta al Sol —de hecho, a principios de julio, alcanzamos el punto más alejado de la órbita—, sino con la inclinación de la Tierra respecto a la órbita de nuestro planeta alrededor del Sol.

La inclinación del eje de rotación de nuestro planeta (23,5 grados) respecto al plano de la eclíptica (el plano definido por la translación alrededor del Sol) provoca que durante el verano los rayos del Sol caigan, en el hemisferio norte de la Tierra, sobre la superficie de una forma más perpendicular, provocando mayor calor que cuando caen oblicuos durante el invierno.

El Sol alcanzó durante la mañana del pasado jueves su máxima altura en el horizonte, lo que provoca que las sombras de los objetos o las personas sean las más pequeñas de todo el año en el hemisferio norte de nuestro planeta.

Para la latitud de nuestras comarcas, la altura del Sol al mediodía fue de 73,5 grados, por lo que su trayectoria desde la salida hasta la puesta es la máxima de todo el año y provoca el día más largo y la noche más corta.

Esta posición solar en el cielo —y no la distancia a nuestra estrella—, que marca el inicio del verano, se ha venido celebrando desde la antigüedad con cultos místicos, especialmente en zonas rurales, donde se vivía íntimamente ligado a la observación del firmamento con finalidades prácticas, y su intento de cristianizarlo y borrar las celebraciones paganas es lo que hasta nuestros días ha llegado como la celebración de la noche de Sant Joan, que, contrariamente a lo que el público piensa, no es, con exactitud, la noche más corta del año.

En todo caso, hoy, como durante los últimos miles de años, celebramos la vida en su esplendor. Entre la multitud de orígenes de esta celebración mística, mágica y extraña que sigue captando la atención de miles de personas, se pueden citar la festividad griega en honor al dios Apolo, la celta en honor al dios Belenos, o la festividad romana en honor a la diosa Minerva. En la Europa central también es conocida como «Sommersonnenwende», e incluso en la lejana civilización Inca como «Inti Raimi» o día del Sol. De alguna forma todos los antiguos pueblos, en su culto al astro rey, buscaban en estas celebraciones «obligar» a que el Sol regresara nuevamente sobre sus pasos en el cielo después de alcanzar su punto culminante –y casi quieto- en la esfera celeste  y que el ciclo natural de las estaciones volviera así a repetirse con seguridad, frente al temor a lo desconocido o imprevisible.

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El mundo y sus demonios. Crédito: autor.

 

La noche de San Juan es así, tradicionalmente una noche considerada mágica e importante tradicionalmente por muchas culturas, y que -según diferentes mitologías- durante la misma se abren y cierran puertas con otros mundos sobrenaturales, se producen apariciones y desapariciones misteriosas, vagan  hadas por los campos y ciertas hierbas tienen poderes excepcionales si son recogidas durante la noche. En distintas culturas de la costa Mediterránea destaca especialmente el culto al fuego como elemento purificador y ancestral, posiblemente heredado de los cultos romanos a Minerva que eran celebrados con la llegada de la primavera.

Lo cierto es que año tras año miles de personas concurren en lugares abiertos para celebrar la llegada del verano formando hogueras y como es el caso de nuestro litoral, dándose el primer baño al llegar la medianoche.           Un clima agradable incita a pasar una velada al aire libre y contemplar el cielo estrellado al apartar nuestra vista de las llamas. Allá arriba, centenares de centelleantes estrellas que brillan con magia esa noche.

Este año, Venus (al oeste), Júpiter (al sur), Saturno (al este, en Sagitario) y el excepcionalmente brillante Marte, que asoma sobre la media noche sobre el mar Mediterráneo, nos acompañarán. ¡Disfrútala!, nunca se sabe lo que los dioses nos deparan para el próximo año, el cielo puede caer sobre nuestras cabezas.

 

Nota: Extractos de artículos publicados por el autor en el periódico de Castellón «Mediterráneo» (2016 y 2017)

 

 

 

Luna multicolor

Luna multicolor

Estamos en un sistema solar con una gran cantidad de lunas. El número no ha parado de crecer con la exploración espacial de los últimos 40 años de los gigantes gaseosos y helados. Actualmente incluso descubrimos lunas alrededor de lejanos asteroides y objetos transneptunianos. Pero aunque la morfología de las lunas es muy diversa, no solo por su tamaño y composición diferenciada interior, si no por su aspecto superficial, lo que es irrefutable es el interés en algunas de ellas para encontrar los compuestos básicos para la vida, una vez hemos empezado a encontrar agua en multitud de lugares donde nunca antes habíamos soñado que existiría.

Pero claro, esto queda lejos de nuestra vida cotidiana. A nosotros nos enamoró una luna mucho más cercana, nuestra única Luna, que por eso escribimos su nombre con inicial mayúscula. Los que estáis leyendo estas líneas lo sabéis de sobra, no os preocupéis, ya acabo.

La Luna de la Tierra es única, es un espectáculo verla en el cielo con nuestros ojos, con nuestros sentidos,  y sobre todo es nuestra, y a la vez no es de nadie.

Es un sueño y una promesa de futuro para la expansión humana en el espacio, si nos acabando soportando a nosotros mismos, y mientras tanto, aguarda, observándonos, impávida, mostrándonos prácticamente siempre el mismo semblante –con permiso de su libración-.

Estos últimos años ha retomado su protagonismo en los medios de comunicación, aunque no siempre de forma muy acertada.

 La Luna de sangre, cuando se tiñe de rojo durante un eclipse total de Luna. La Luna azul («bluemoon» suena infinitamente mejor, aunque no sea partidario de los anglicismos) o segunda Luna llena del mismo mes. La Luna de la cosecha, a la primera Luna llena tras el equinoccio de otoño en el hemisferio norte. La Luna del cazador, a la luna llena que acompaña la temporada de caza. Más espectacular en su sonido  a nuestros oídos que no en su supuesto colorido, la tan nombrada super Luna,  cuando la fase de llena se produce en el perigeo de su órbita, o la micro Luna (si, lo sé, un nombre que os sonará poco, no es mediático)  cuando la fase de Luna llena se produce en el apogeo de su órbita.

Un sinfín de nombres que acompañan a una Luna multicolor, nuestra Luna, aunque ella siempre nos acompaña con esa luz mortecina, casi gris, carente del colorido de sus nombres más periodísticos.

Sin embargo, hay que observarla, porque está ahí, y cada noche con el cielo despejado o entre nubes con ella es un regalo. Es sencillamente serena, llena de paz, con infinidad de rincones por descubrir con cualquier instrumento, incluso nuestro propio  ojo desnudo.

Si nos robaron la Luna llena del pasado mes de febrero, la «bluemoon» de marzo la tenéis cazada en este pequeño y apresurado time lapse. Aunque simple, espero que os guste como a mí me gusta mirar mi simple Luna multicolor, nuestra Luna, la Luna de nadie.

 (HD y altavoces On)

…..

Saludos y gracias por leerme, hasta el mes que viene.

 

Un año en dos minutos

Un año en dos minutos

El año pasado, tras finalizar el catálogo Messier de objetos de cielo profundo desde el Observatorio de la Pobla Tornesa (OPT), un entorno con un cielo polucionado de forma semi-urbana principalmente por la presencia de la ciudad de Castellón de la Plana a 20 kilómetros de distancia, monté un sencillo telescopio de tipo Newton de 20 centímetros de abertura y relación focal F:5, en cuyo foco primario se acoplaba una cámara Canon D550 modificada (sin filtro IR) y refrigerada artesanalmente con un módulo Peltier que permitía bajar la temperatura unos 20º -25º sobre la temperatura ambiente, y mantenerla de forma constante durante la noche.

2017 fue un año muy complicado, con muy pocas noches en las que pude hacer astrofotografía, pero aún así, lo que dio el observatorio ese año, os lo dejo en este vídeo que presenté en mi ponencia en las XXVI Jornadas de Astronomía del Planetario de Castellón (marzo 2018), a las que estuve invitado a participar. Altavoces y HD on.

Desgraciadamente, el OPT ya está desmantelado desde hace meses y las próximas fotografías muy posiblemente intentaré realizarlas desde entornos no polucionados, aunque como podéis observar, la astrofotografía urbana (gracias a filtros de tipo CLS), es actualmente muy posible de realizar y con medios muy modestos. Espero que os guste. Un saludo

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Carretera CV-10. A la izquierda estación de servicio, a la derecha, la población de la Pobla Tornesa (situación del OPT) y al fondo, el resplandor de la ciudad de Castellón. Autor: Roberto Martínez

 

 

La galaxia de Andrómeda: mucho más que nuestra galaxia más cercana

La galaxia de Andrómeda: mucho más que nuestra galaxia más cercana

La galaxia de Andrómeda es una galaxia espiral en muchos aspectos similar a nuestra galaxia, la Vía Láctea. Pero esta galaxia es mucho más que eso.

Conocida en círculos astronómicos más habitualmente como Messier 31 (M31), es unos de nuestros vecinos cósmicos más cercanos e importantes, a tan solo unos 2,5 millones de años luz. Junto con la nuestra, es una de las galaxias dominantes en tamaño y masa del llamado «Grupo Local», en la que destaca también la galaxia del Triángulo, Messier 33, -aconsejo mi entrada sobre M33 [1] si quieres saber un poco más sobre esta-. La  cercanía y el tamaño de M31 permiten que sea un objeto capaz de ser fotografiado con una resolución asombrosa desde la Tierra [2].

No es la primera vez que escribo sobre ella, de hecho con motivo de la captura de una mis fotografías relativamente recientes (noviembre, 2015) al telescopio desde La Pobla Tornesa, me extendí en sus características principales [3], en enero de 2016.

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Andrómeda es posiblemente más grande y masiva (y con ello, con más estrellas) que nuestra galaxia, se estima que aproximadamente tiene un diámetro superior a los 200 000 años luz y unos 150 000 millones de estrellas.

Recuperando información de la entrada de mi blog, citada con anterioridad, recordamos que los conocimientos de la galaxia de Andrómeda se han ido incrementando en precisión en las últimas décadas gracias a la astronomía multiespectro, y que sigue aportándonos sorpresas, como lo fueron las variaciones en la determinación de su masa (y número de componentes estelares), así recordamos los descubrimientos relativamente recientes (en década pasada) gracias al telescopio espacial GALEX  (GALaxy Evolution eXplorer, 2003-2013)  sobre la dinámica y formación galáctica a partir de datos obtenidos en  el  espectro ultravioleta [4], que aportaron también algo más de luz sobre objetos extraños, como las estrellas subenanas calientes azules (Sdb).

Observaciones en la zona del infrarrojo del espectro con telescopios espaciales como HST (1990-actualidad) y Spitzer (2003-2009 y 2000-actualidad, en la Spitzer Warm Mission), también han aportado datos importantes sobre las zonas ricas en polvo interestelar, hidrógeno molecular y formación estelar (zonas HII), así como observaciones en las zonas próximas al núcleo galáctico.

A partir de estudios sobre la distribución de regiones HII (regiones de formación estelar), cúmulos globulares, y otros objetos identificables [5] en la galaxia, ha sido posible establecer hipótesis sobre la formación y dinámica estelar de la galaxia. Así, la elevada presencia de cúmulos globulares (más de 450), en su halo galáctico, duplicando los conocidos en la nuestra, han indicado la posible captura de componentes más pequeños del grupo local por parte de M31 a lo largo de su formación e historia.

Fotometría con el Isaac Newton Telescope (La Palma) de 2,5 metros y espectroscopia con el Gemini-Nord Telescope (Hawai) de 8 metros, de estrellas binarias eclipsantes (EBs) de las que se conocen actualmente más de 150 sistemas, han permitido establecer la distancia a la galaxia con una alta precisión [6], en unos estudios que se han depurado en más de una década, con el español Ignasi Ribas (IECC-CSIC) como Investigador Principal de los mismos.

Respecto al cálculo de la masa total de la galaxia, y en base a estudios de la última década, se cita una masa total (incluyendo materia oscura) de 1,4 x 1012 masas solares [7] en base a estudios cinemáticos de los cúmulos globulares y pequeñas galaxias satélites de la misma que se cuentan hasta en un número mayor de veinte. Sin embargo,  en cuanto al dato sobre el número de estrellas, podemos afirmar  que se encuentra en revisión, entre otros motivos por las observaciones en el ultravioleta que se han citado anteriormente y por las de Spitzer, de las que que algunos autores calculan que es posible deducir un millón de millones de estrellas, lejos de los 150 000 millones que se suelen citar.

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La constelación de Andrómeda. Ilustración de la obra «Tratado de las estrellas fijas»  atribuido al Sûfi (Irán, 1090). Crédito: Yale University Press

 

Como podemos ver, a pesar de ser una de las galaxias más cercanas y por tanto brillantes -es posible localizarla a simple vista en una noche oscura y existen referencias de su detección antes del año 1000 de nuestra era [8]- su observación cada vez más detallada gracias a los avances de las técnicas de la astrofísica moderna, han puesto al descubierto nuestra incertidumbre sobre algunos parámetros básicos de su caracterización galáctica, en parte debida a su orientación hacía nosotros.

Recordemos que la determinación de su distancia ha sido uno de los grandes hitos de la astronomía moderna del pasado siglo XX. Nos encontramos ante uno de los objetos que han marcado la cosmología moderna, pues a partir de la primera estimación de su distancia por E. Hubble, empezamos a conocer la verdadera estructura y dimensiones del universo.

El estudio de estrellas novas por parte de H. Curtis a partir de 1917, motivó el llamado «Gran Debate» sobre las distancias y naturalezas de las llamadas entonces «nebulosas espirales». Curtis había llegado a la conclusión por la comparativa de la luminosidades del estudio de novas en la galaxia, que M31 debía estar a unos 500 000 años luz de distancia de nuestra Vía Láctea, y que constituía por sí misma un «universo isla» como nuestra galaxia, en un universo donde existían muchas más.

Algunos estudios previos, utilizando otros métodos ya habían devuelto resultados significativos en cuanto a sus distancias, como el de E. Opik en 1922 [9]. Pero el estudio de las estrellas variables cefeidas  (H. Leavitt, 1912) para medir distancias, fue el método utilizado adecuado para calcular la distancia a la galaxia de Andrómeda utilizado por E. Hubble (Mount Wilson, 1924) con tesón y fortuna. Entre 1922 y 1923 buscó estrellas cefeidas en M31 y galaxias cercanas, y su cálculo en la distancia a M31 -estimado una distancia no inferior a 800 000 años luz- desencadenó una verdadera revolución en la visión del universo [10]. Este dato, junto con la posible naturaleza mayormente estelar del objeto, ya conocida desde la obtención de los primeros espectros de M31 (W. Huggins, 1864) [11], parecían pruebas irrefutables para cerrar el mencionado «gran debate», por parte de Hubble, cuyos resultados publicó el 1 de enero de 1925 en el encuentro de la American Astronomical Society, si  bien ya se había permitido la publicación el 23 de noviembre de 1924 en The New York Times de sus resultados preliminares.

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La estrella variable Cefeida V1 M31 marcada (var!) en la placa original por E. Hubble. Esta estrella cambió la cosmología moderna. La estrella varía  entre las magnitudes 18,2 y 19,5 en 31 días. Fuente: AAVSO

 

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La misma estrella variable captada por un telescopio de aficionado. Carlos Segarra, con un reflector de 20 centímetros captó con una cámara CCD (Atik16) y 25 tomas de 4 minutos de exposición, en la magnitud 19. Los aficionados tienen medios más potentes que los profesionales más punteros de hace un siglo.

 

En 1929, Hubble volvería nuevamente a la primera línea de los descubrimientos al demostrar la expansión del universo y su ley de recesión de las galaxias.

El estudio de la distancia a la galaxia de Andrómeda había abierto un universo insospechado y desconocido que nos sigue dando sorpresas. Para concluir esta larga entrada, mencionar el reciente estudio sobre los movimientos de las estrellas de la parte del halo, que parecen inducir en simulaciones numéricas que la galaxia es en realidad el resultado reciente de la interacción de dos galaxias hace solamente entre 2000 y 3000 millones de años, según investigadores franceses (Observatorio de Paris) liderados por F. Hammer et Al. [12]. Esta simulación, que ha requerido de importante potencia de cálculo, confirma lo que observaciones precedentes en las últimas décadas ya habían empezado a poner de manifiesto aunque no con la citada rotundidad del poder de la simulación, como la presencia de dos cuerpos compactos en el núcleo galáctico, la extensión del disco de la galaxia, o la posible interacción con otras galaxias en el pasado, pero de mucha menor envergadura [13].

Uno de nuestros vecinos galácticos más cercanos, nos sigue deparando muchas sorpresas, acertijos necesarios para comprender más sobre la formación y la evolución de las galaxias, los verdaderos ladrillos que conforman nuestro universo observable. La cosmología es sin duda la mayor lección de humildad para el intelecto humano.

Referencias del texto:

[1] https://cielosestrellados.net/2016/12/17/una-galaxia-como-posiblemente-nunca-antes-la-habias-visto/

[2] http://www.spacetelescope.org/images/heic1502a/zoomable/

[3] https://cielosestrellados.net/2016/01/09/la-historia-de-dos-fotografias-y-de-una-galaxia-muy-muy-cercana/

[4] http://www.galex.caltech.edu/researcher/publications.html

[5] http://adsabs.harvard.edu/abs/1995AJ….110.2715M

[6] https://arxiv.org/abs/astro-ph/0511045v1

[7] https://arxiv.org/abs/1002.4565

[8] https://web.archive.org/web/20101127201449/http://seds.org/messier/xtra/Bios/alsufi.html

[9] http://adsabs.harvard.edu/abs/1922ApJ….55..406O

[10] http://adsabs.harvard.edu/abs/1925Obs….48..139H

[11] http://www.jstor.org/stable/108925?origin=ads

[12] https://academic.oup.com/mnras/article/475/2/2754/4839413?searchresult=1

[13] https://www.cfa.harvard.edu/news/2006-28