Una isla en el espacio y el tiempo

Una isla en el espacio y el tiempo

Con los conocimientos actuales de cosmología que disponemos, la descripción del título de esta entrada haría referencia sin duda a cualquiera de las más de 200 000 millones de galaxias de las que tenemos constancia en nuestro universo. Sin embargo esta entrada tiene la finalidad de presentaros una isla en el espacio y en el tiempo mucho más cercana, apenas algo más de 70 kilómetros de la ciudad de Castellón.

Se trata del santuario de Sant Joan de Penyagolosa (también hospedería aunque en el momento de escribir estas líneas, cerrada), termino de Vistabella del Maestrazgo, en pleno macizo de Peñagolosa, uno de los parajes naturales más emblemáticos de la Comunidad Valenciana. Su pico, con 1814 metros se alza dominando las comarcas de la plana, con su peculiar silueta cambiante según el lugar escogido.

El santuario parece datar del siglo XV, antes de que supiéramos que la Tierra no ocupaba el centro del universo y que todo giraba a nuestro alrededor. El lugar fue un lugar emblemático para los que éramos aficionados a la astronomía allá por finales de los años 80 del siglo pasado -apenas unos críos- porque el entorno nos ofrecía uno de los mejores cielos estrellados de nuestra provincia. Cuando este grupo de adolescentes imberbes decidió formar una asociación de aficionados a la astronomía, elegimos la vista del pico desde la carretera de la localidad Vall d’Alba, para que nos representara.

Pero los años pasaron, la contaminación lumínica aumentó, nos salió más pelo (o no, según se mire), se perdieron amigos por el camino y todo cambió y se aceleró.

Sin embargo, Sant Joan de Penyagolosa sigue ahí, impasible, puerta de entrada a un mágico enclave, una isla de paz (sin cobertura de telefonía), impasible a nuestros lamentos, miserias y aspiraciones, a nuestro odio y estupidez,  y de vez en cuando,… se muestra como lo que era, como lo que espero continúe siendo, una isla en el espacio y el tiempo muy cerca de las estrellas, muy lejos de todo.

Este modesto time-lapse está compuesto por unas 4900 fotografías, para lo que fueron necesarias unas 10 noches de trabajo, no todas aprovechadas por diferentes imprevistos. El equipo, una vieja Nikon D90, lanzada al mercado hace ahora unos 10 años, con mucho ruido a alto ISO (2000 es el utilizado) y con modestos 12,8 mega píxeles. El programa con el cual se ha montado, el gratuito y muy sencillo de utilizar, Moviemaker de Microsoft.

Espero que os guste y os motive.

Si deseáis verlo a más resolución en Youtube el enlace es:

https://youtu.be/a3XXBcNC-tc

PD: Como siempre, los altavoces a buen volumen (además esta versión es una música muy suave), la calidad de video más alta (720 o 1080) y a ser posible visualizarlo en un lugar preferiblemente oscuro, sin que incida luz en la pantalla.

 

Dedicado a la soledad de la noche, bajo miles de estrellas.

« Soledad, es tan tierna como la amapola, que vivió siempre en el trigo sola, sin necesidad de nadie »

Emilio  José López, 1973

Cometas en el cielo (y III)

Cometas en el cielo (y III)

En las dos entradas anteriores tuvimos en cuenta algunas consideraciones históricas sobre los cometas, llegando a comentar sobre los últimos grandes cometas que hemos podido observar.

Por desgracia no podemos hablar de grandes cometas en los últimos años, ni si quiera en un futuro cercano y mucho menos en el momento de escribir estas líneas. Los grandes cometas suelen ser descubrimientos impredecibles normalmente por ser cometas nuevos de largo período, y los de período medio como el Halley, solo presentan una destacable visibilidad en el cielo en función de las posiciones Tierra-Cometa-Sol cuando el astro despliega su cabellera de camino (o de retorno) de su punto más cercano al Sol (el perihelio). Pero lo cierto es que todos los años se encuentran al alcance de pequeños instrumentos amateurs  una o dos docenas. De los últimos, recuerdo el C/2014 Q2 Lovejoy y especialmente con cariño el cometa Catalina  C/2013 US10, que nos visitó a finales de 2015 y principios de 2016 y que fue motivo de una entrada en este blog [1].

Para estar al tanto del descubrimiento de nuevos cometas, del paso de los ya conocidos y catalogados, y de las expectativas de su observación, recomiendo una excelente página web del compañero valenciano Pepe Chambo [2], que se ha especializado estos últimos años en el seguimiento de cometas, y naturalmente la reconocida publicación S&T [3] donde se suelen encontrar noticias de última hora, así como mapas y fotografías de gran calidad. Por ejemplo le podéis echar una mirada a la entrada de la web de la mencionada publicación sobre el cometa PanSTARRS del pasado mes de julio [4].

¿Y cómo está el tema de los cometas en el cielo a finales de 2018?

Bueno, lo cierto es que recientemente nos visitó el cometa de corto período 21P/Giacobini-Zinner [5], con una órbita de sólo 6,5 años. Una órbita de período tan corto supone que es un astro que ha realizado muchos pasos cerca del Sol, y por tanto es un cometa “viejo”, con pocos volátiles, que raramente desplegará una cola espectacular a diferencia de los cometas «nuevos» de medio o largo período o incluso de primer paso por nuestro sistema solar (órbitas parabólicas o hiperbólicas).

El 21P fue descubierto inicialmente en diciembre de 1900 desde Niza y recuperado casualmente en 1913 desde Alemania. Teniendo en cuenta que el 1P (el primer cometa catalogado como periódico) fue -como comentamos en la entrada anterior [1]- el famoso cometa Halley (1758 recuperado y predicho por E. Halley), habían pasado casi 150 años en el descubrimiento de las órbitas de 20 cometas. Y es que para calcular con exactitud una órbita se necesita un mínimo de tres observaciones suficientemente espaciadas. En una época en la que la astronomía moderna estaba empezando a florecer con las nuevas técnicas y métodos observacionales, el cálculo de órbitas cometarias todavía no era una tarea fácil a finales del siglo XIX y principios del XX.

La órbita de este visitante cercano es tal que una de cada tres órbitas se posiciona relativamente bien para su observación desde la Tierra, y puede llegar a ser visible a simple vista…pero como una débil mancha borrosa en el límite de visión a ojo desnudo desde lejos de nuestras ciudades. Un cometa de tan corto período, de solo unos 2 kilómetros de tamaño del núcleo ya no da para más. Aún así su cercanía provoca la poco conocida lluvia de las Giacobínidas o más conocidas como Dracónidas, que tienen su máximo entre el 8 y el 10 de octubre con una tasa de meteoros muy baja, aunque que en 1933 parece ser que se produjo un máximo muy alto pero de muy corta duración (minutos). Este año, con Luna nueva el día 9 de octubre, deberíamos mirar al cielo estas próximas noches.

Fotográficamente el cometa posó con cierta generosidad para los aficionados a la astronomía y a la fotografía del cielo.

El cometa con una coma marcadamente azul, llego a desplegar una cola de más de 1º en la constelación de Auriga hace unas pocas semanas. Crédito: Alfredo Madrigal

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El cometa con una coma marcadamente azul, llego a desplegar una cola de más de 1º en la constelación de Auriga hace unas pocas semanas, entre el cúmulo estelar M35 y la nebulosa de la Medusa. Crédito: Alfredo Madrigal.

Pero si no lo fuimos a observar con prismáticos y desde un lugar oscuro –lejos de las luces urbanas- en el momento cercano a su perihelio (lo cual supone un cierto reto para el neófito en astronomía), el cometa pasó desapercibido.

Tenemos ocasión de probar nuevamente. Y quizás en mejores condiciones con el cometa 46P /Wirtanen [6]. Este cometa es también de corto período, de solo 5,4 años, y fue descubierto en 1948. Sin embargo sabemos que se ha visto perturbado por los gigantes gaseosos en algunas ocasiones y además que presenta una mayor actividad que el Giacobinni-Zinner.

La carta de localización del cometa para las próximas semanas es la siguiente:

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Crédito: Sky & Telescope

El cometa alcanzará el perihelio el 12 de diciembre y su distancia mínima a la Tierra poco después, el 16 de diciembre a solo 11,5 millones de kilómetros.

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Posición del cometa 46P/Wirtanen la noche del 16 de diciembre próximo, muy cerca de las Pléyades. Crédito: CBCNEWS

Con una Luna en fase de creciente, si el brillo estimado por algunos astrónomos alcanza entre la magnitud +3 a +5, puede ser un astro observable a simple vista, pues recordemos que el límite de magnitud a simple vista en una noche oscura lejos de las luces urbanas es de +6 aproximadamente. Aunque no nos engañemos, el brillo de este cometa “cercano” estará lejos de lo que consideramos brillo y tamaño de cola de un gran cometa. Tengamos paciencia, cualquier noche volveremos a tener un gran cometa en el cielo.

Hasta la próxima entrada, gracias por leerme.

Referencias:

[1] https://cielosestrellados.net/2016/01/20/una-noche-con-catalina/

[2] http://cometografia.es/

[3] https://www.skyandtelescope.com/

[4] https://www.skyandtelescope.com/observing/panstarrs-comet-rocked-by-outburst-now-binocular-bright/

[5] https://ssd.jpl.nasa.gov/sbdb.cgi?orb=1;sstr=21P

[6] http://astro.vanbuitenen.nl/comet/46

 

 

Cometas en el cielo (II)

Cometas en el cielo (II)

En la entrada anterior leímos como Halley y Newton sentaron un cambio de rumbo en la historia de amor y terror entre los humanos y los cometas.

En 1758 volvió el cometa, tal y como Halley –ya fallecido- había calculado con una notable precisión. Pero antes nos habían visitado otros destacados cometas como el gran cometa Cheseaux de 1744 mostrando un abanico de colas, si bien no habían captado la atención entre los astrónomos con la intensidad que sí habían provocado estos astros a los antes mencionados.

Los grandes cometas, en una época en la que el cielo apenas tenía polución lumínica, se solían observar con cierta facilidad en periodos que oscilaban de entre 10 y 20 años, si bien es cierto que con el telescopio –un instrumento que se empezó a perfeccionar a  finales  del siglo XVII-  el número de estos astros visibles –pero mucho más débiles- era mayor.

Estos en muchas ocasiones eran cometas de corto periodo –de unos pocos años- y tenían unas orbitas poco excéntricas como el cometa 2P/Encke (Mèchain, 1786) que nos visita en un periodo de solo 3,3 años. El astrónomo J.F Encke calculó su órbita en 1819 (casi treinta años después de su descubrimiento), tratándose de un cometa que presenta normalmente un escaso brillo en cada aparición. –no hablamos pues de un gran cometa-.

Ya podemos intuir que entre el siglo XVIII y finales del siglo XIX se produjeron una gran cantidad de descubrimientos de cometas, gracias a la proliferación de observatorios, incremento del interés por estos astros (a partir del cálculo exacto de sus órbitas y el prestigio que podía otorgar a su descubridor) y las mejoras en las técnicas en la instrumentación. Y los astrónomos se asombraron de la muy diferente «fauna de cometas» que teníamos en nuestro sistema solar.

 Cometas de corto y largo período. Cometas activos, cometas moribundos de escasos volátiles con colas casi inexistentes, cometas que se fragmentan, que son desviados o que impactan contra planetas, con especial atención a la modificación de las órbitas por la gravedad de los gigantes gaseosos, como bien afinó Laplace a finales del siglo XVIII.

F.W. Bessel observó una especie de chorros saliendo del astro, que actualmente solemos denominar con el anglicismo« jets», en el retorno  del cometa Halley en 1835.  Pero la naturaleza detallada de los cometas, su composición, el tamaño de sus núcleos, y su comportamiento, solo han podido empezar a ser explicados con satisfacción bien entrado el siglo XX, poco antes de los inicios de la exploración espacial.

La espectroscopia junto con la fotografía se empezó a aplicar a la astronomía a finales del siglo XIX. Un descubrimiento que volvió a despertar los fantasmas del pasado sobre los «malos augurios» de los cometas, fue el del espectro del cometa de 1881 por parte del astrónomo británico W. Huggins en el que se identificaban compuestos orgánicos, entre ellos el acido cianógeno, estrechamente vinculado con el cianuro. Este descubrimiento se magnificó cuando se calculó que el paso del Halley en 1910 iba a ser tan «cercano» a la Tierra que nuestro planeta iba a atravesar la cola del famoso cometa entre los días del 14 al 18 de mayo de 1910. Algunos medios occidentales (desconozco si ello pasó en otras culturas) se apresuraron a alarmar a la población, y no faltaron los titulares que no se hubieran discutido siglos atrás, cuando los cometas solo podían ser portadores de malos augurios, de muerte,  y en la ocasión que nos ocupa, la destrucción de la humanidad «gaseada» por el más famoso de nuestros cometas.

Durante el siglo XX se han observado algunos cometas destacables, aunque el incremento de la polución lumínica, el abandono del medio rural y semi-rural en beneficio de las medianas y grandes urbes y la desconexión de la población de los objetos que son visibles en el cielo nocturno, han provocado que los cometas (cuyo número de descubrimientos se incrementa incesantemente) parezcan haber desaparecido de nuestros cielos.

En el último paso del Halley se produjo a principios de 1986, y despertó nuevamente el interés mediático pero por un motivo especial y muy diferente al de 1910; por primera vez la especie humana enviaba varias naves espaciales no tripuladas a estudiar al más famoso de los cometas, y en concreto una que acapararía toda la atención pública por su casi suicida proximidad en el acercamiento; la nave Giotto (ESA). La noche del 13 de marzo la Giotto cruzó la cola del cometa Halley a algo menos de 600 kilómetros del núcleo, obteniendo por primera vez en la historia las primeras imágenes del mismo y sobreviviendo a un encuentro complicado [1].

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Ilustración del encuentro de la Giotto con el cometa Halley. Crédito: ESA

Pero el paso del cometa Halley, si no fuera por la atención prestada por los medios, pasó muy desapercibida. El cometa era imposible de observar en los núcleos urbanos e incluso lejos de las luces urbanas, no era un objeto destacable a simple vista. Exceptuando la aventura espacial de exploración, este paso no era propio de un cometa que pasara a las crónicas astronómicas de finales del siglo XX. Apenas diez años después, haciendo valer ciertas estadísticas cuyo valor puede ser puesto en tela de juicio con facilidad, parecía que íbamos a ver un gran cometa tras la decepción del Halley, y este cometa tenía un nombre; el Hale-Bopp, descubierto aún bastante lejos de la Tierra en julio de 1995 y que se acercaría a nosotros en el período de un año, en 1996.

Como triste comentario de la irracionalidad humana, quien sabe si con ayuda de resquicios del miedo a lo desconocido durante miles de años grabado en nuestros cerebros, este cometa sería el justificante para el suicidio colectivo de una secta en EE.UU (marzo, 1997), en la que su líder aseguraba que el cometa escondía una nave extraterrestre.

Sin embargo sorprendió primero el cometa Hyakutake (C/1996 B2), que fue el gran cometa de 1996 [2], pasando cerca de la Tierra en marzo de aquel año, a unos 15 millones de kilómetros. Descubierto en enero de ese año desde Japón con prismáticos, su brillo se situaba en la magnitud 11, pero desplegó una gran cola que casi llegó a cruzar más de media bóveda celeste el 24 de marzo (80º) siendo un objeto brillante y muy destacable, que desapareció como astro destacable en pocos días, y en pocas semanas empezó  a pasar inadvertido. Un anticipo no esperado del gran cometa que si se esperaba para pocos meses después.

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Cometa Hyakutake en marzo de 1996. Crédito: autor

El cometa Hale-Bopp (C/1995 O1), con tres veces el tamaño del cometa Halley [3], empezó a ser visible a simple vista desde mediados de 1996 hasta pasado mediados de 1997, siendo especialmente brillante los primeros meses de ese año. Fue por tanto el gran cometa de 1997. En un cielo oscuro el cometa se pudo observar a simple vista durante casi 18 meses, siendo uno de los más especulares del siglo XX.

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Cometa Hale-Bopp en marzo de 1997. Crédito: autor

Después hemos tenido muchas más visitas cometarias, pero ninguna como estas dos. Algunos han hecho disfrutar a los aficionados a la astronomía, especialmente a los astrofotógrafos, pero no han pasado de ser en el mejor de los casos, más que pequeños titulares en algunos medios de comunicación que no han despertado excesivo interés entre el público. Pasados casi 20 años ningún cometa ha sido realmente destacable en el cielo nocturno, y estos astros solo volvieron a ser titulares de los medios de comunicación –incluida esta vez Internet- en el año 2014.

El 12 de noviembre de 2014 una pequeña sonda de aterrizaje, de nombre Philae, descendió sobre un cometa de nombre impronunciable y no visible a simple vista, el 67P/ Churiumov-Guerasimenko. Philae había viajado «a lomos» de la nave Rosetta, que tras ser lanzada en marzo de 2004 llegó al cometa y se puso en órbita en agosto de 2014 tras el sobrevuelo de dos asteroides con tres asistencias gravitacionales de por medio. Sin duda un triunfo mecanicista iniciado por Kepler, Newton y Halley, como vimos en la entrada anterior [4].

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Selfie de la Rosetta y el cometa 67P. Crédito: ESA

 Esta exitosa misión de la agencia ESA [5], que finalizó en septiembre de 2016, ha marcado un antes y un después de la investigación de los astros más fascinantes de nuestro sistema solar, que aún esconden grandes interrogantes que vinculan los cometas en el cielo con la vida en la Tierra.

Tras 10 años de la misión Giotto vimos dos grandes cometas inesperados en el cielo, aplicando esos razonamientos nada racionales… ¿será en el año 2026 -10 años después de la misión Rosetta- el momento de ver dos nuevos grandes cometas en el cielo?

Finalizamos en la próxima entrada. ¡Gracias por leerme!

Referencias del texto.

[1] http://sci.esa.int/giotto/

[2] https://www2.jpl.nasa.gov/comet/hyakutake/

[3] https://www2.jpl.nasa.gov/comet/

[4] https://cielosestrellados.net/2018/09/22/cometas-en-el-cielo-i/

[5] http://blogs.esa.int/rosetta/

Cometas en el Cielo (I)

Cometas en el cielo (I)

K. Hosseini escribió una novela en 2003 de titulo homónimo que fue llevada a la gran pantalla unos pocos años más tarde. Todo lo que suena a celeste llama poderosamente mi atención, pero en este caso y para pequeña decepción mía, la película narra un drama sobre lo humano, y poco o nada sobre el universo de más allá de unos miles de kilómetros de altura sobre la superficie de nuestro planeta, donde la indiferencia con la que universo se muestra ante nuestras miserias, es abrumadoramente sobrecogedora -para posible desgracia del escritor brasileño P. Coelho-.

En una época en la que las miserias humanas eran posiblemente aún más acentuadas por nuestro retraso tecnológico respecto a la actualidad, los cometas en el cielo eran unos astros que provocaban asombro y miedo. Asombro porque su larga cabellera los convertía en ocasiones en espectáculos celestes, y miedo porque el desconocimiento de su naturaleza y periodicidad con la que aparecían en el cielo podía significar el designio de los dioses –que habitaban en los cielos- para que ocurriera algo en la Tierra –que habitaban los humanos-.

Durante una época, que contamos por milenios, los humanos miraban a los astros con asombro y con temor. Pero luego –hace pocos centenares de años- llegaron los científicos para estropearlo todo y con la sana intención de explicar el mundo, el universo, en base a la razón, a la lógica, a las leyes que escondía la naturaleza.

Con el nacimiento de la ciencia moderna y el método científico, se empezó a dudar que los cometas fueran quizás exhalaciones de gases de la Tierra hacía la atmósfera –en la versión Aristotélica- o quizás exhalaciones de los cuerpos moribundos, almas que escapaban hacía el cielo –en la versión más cristiana del lugar donde moran las almas-.

Kepler, el padre de las leyes del movimiento planetario, a principios del siglo XVII viajó a Praga para colaborar con Tycho Brahe –el mejor observador del cielo de la era pre-telescópica- para desentrañar la forma matemática en la que las estrellas errantes –los planetas- se movían entre las estrellas fijas. La relación inicial entre Kepler y Brahe, así como sus diferentes caracteres es digna de ser leída con calma (e invito al lector a que lo haga) y excede el contenido de esta entrada, pero lo cierto es que a la muerte de Brahe acontecida dos años tras la llegada de Kepler, este pudo disponer de todas las medidas detalladas de las posiciones planetarias y de estrellas medidas por el difunto y con ello confeccionar las «Tablas Rudolfinas» (1627, en honor al emperador Rodolfo II -benefactor de ambos-) donde recogería con precisión la posición futura de los planetas durante casi cien años, permitiendo con ellas el cálculo con éxito del tránsito de Mercurio (Gassendi, 1631) y de Venus (Horrocks, 1639).

Pero a diferencia de Kepler -que no me consta que reparara pausadamente en la naturaleza de los cometas-, Brahe les asignó una naturaleza cósmica después de la observación de un cometa en 1577 [1] y la ausencia de paralaje [2].

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Extraído de T. Brahe, 1603. De mundi Aetherei [1]. Fíjese en la órbita del cometa y de los demás cuerpos del sistema solar. Crédito: Commons

No se trataba de un pensamiento nuevo, Séneca ya dedicó en el libro séptimo de su Cuestiones Naturales, un planteamiento puramente observacional para  refutar al mismísimo Aristóteles: « los cometas aunque no se muevan por la eclíptica –por donde se mueven los planetas-, se mueven con regularidad majestuosa [durante semanas o meses incluso] y no se disipan al soplar el viento» [3].

Halley se interesó por la idea de que los cometas aparecidos en los años 1577, 1665 podían ser en realidad el mismo astro (la idea original se la comunicó J.D. Cassini en 1681 al propio Halley) y que uno de los cometas que había observado en 1680 y en 1682, podría ser nuevamente uno de los anteriores, siempre que se movieran en órbitas cerradas, elipses casi circulares quizás.

El contacto con el mismísimo padre de la Física moderna, Sir Isaac Newton, en el verano de 1684 fue muy importante para la historia de la ciencia, y el inicio de una fluida amistad para ambos. Newton reveló a Halley la naturaleza geométrica de una órbita que devuelve una fuerza que decrece con el cuadrado de la distancia [4], y Halley hizo todo lo posible para que el trabajo de Newton –que empezó una fructífera obra que culminaría con la edición de los «Principia» (1687)- fueran publicados por la Royal Society en su «Philosophical Transactions».

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Portada de “Principia” de I. Newton.  El más grande compendio de Física de todos los tiempos. Publicado gracias a E. Halley. Crédito: The original uploader was Zhaladshar de Wikisource en inglés. Commons.

Newton estudió todos los datos disponibles del cometa de 1680 –aparecido dos años antes del que Halley observó-, y que solo podían responder a una órbita –como las de los planetas enunciados por Kepler- pero con una elípticidad acusada, una elipse muy excéntrica o incluso una parábola. Su orientación respecto al Sol y la naturaleza de su brillo, fueron también dos aciertos más de Newton, que dejó a Halley absolutamente maravillado.

En los primeros años del siglo XVIII, Halley se sumergió en el estudio de las órbitas cometarias. Había tenido la ocasión y suerte de observar cometas brillantes en el cielo –lo que muy posiblemente motivo su gran interés por estos astros-, pero los había observado solo durante semanas o incluso pocos meses cuando se acercan al Sol desde los confines más allá de los planetas conocidos ¿pero eran elipses, parábolas, hipérbolas lo que describían cuando se alejaban?.

Comparó los elementos que definen las órbitas de los cometas de 1531, 1607 y 1682 y se dio cuenta que eran muy semejantes, con pequeñas variaciones que atribuyó a la atracción de los planetas Júpiter y Saturno como había sugerido Newton. Estos tres astros eran en realidad el mismo cometa. En 1705 publicó una obra en la que se atrevió a pronosticar que el mismo cometa volvería en la navidad de 1758.

Halley murió en 1742, y el cometa que observó en 1682 volvió en 1758. El cometa fue bautizado en su honor como el 1P/Halley, como casi todos los lectores conocerán.

Halley cambió la historia de los cometas, tal cual como los cometas habían cambiado la historia «reciente» de los humanos. Como muestra, por ejemplo, el enorme Tapiz de Bayeu , que relata la historia rey Harold de Inglaterra en 1066 –derrotado por los Normandos- cuanto avistó un cometa en el cielo.

En 1456 el cometa que posteriormente recibiría el nombre de cometa Halley, se vio en el cielo. El Papa Calixto III, pensó que era un mal augurio que le impediría reconquistar Constantinopla (la actual capital de Turquía)  en manos de los Turcos desde tres años antes. Bajo los «malos augurios» del cometa Halley, la ciudad serbia de Belgrado no cayó en manos turcas aquel verano, pero sí el verano de 1521, y Constantinopla nunca dejó de ser Turca.

Parece ser también cierta la angustia de Moctezuma II en México al observar en el cielo a principios del S XVI dos cometas en poco espacio de tiempo. Poco tiempo después, Hernán Cortes en 1519 no encontraría gran resistencia para conquistar el imperio Azteca con solo 600 hombres.

Existen más referencias históricas de relación entre los cometas en el cielo y los humanos, pero E. Halley cambió el curso de la historia de esta relación definitivamente.

Si te ha gustado, en breve escribo algo más…deja un comentario si te apetece, siempre son bien recibidos y animan a continuar escribiendo…

Referencias del texto:

[1] T. Brahe, 1603. De mundi Aetherei. http://adsabs.harvard.edu/abs/1603tbma.book…..B

https://www.loc.gov/resource/rbc0001.2013gen94796/?sp=209

[2] Definición de paralaje en Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Paralaje

[3] C. Sagan & A. Druyan, 1985. El Cometa.

[4] I. Newton, 1684. De motu corporum in gyrum. http://www.newtonproject.ox.ac.uk/view/texts/normalized/NATP00089

[5] E, Halley, 1705. A Sinopsis of the Astronomy of Comets. https://www.library.si.edu/digital-library/book/synopsisofastron00hall

 

Perseidas: la lluvia de estrellas «perfecta» de 2018

Las perseidas o «lágrimas de San Lorenzo» ofrecerán este año un espectáculo celeste perfecto, que complemetan un verano astronómico casi único en la última década

Todos los años cuando se acerca mediados del mes de agosto se vuelve a hablar de ellas en todos los medios de comunicación y redes sociales. Puntuales como un reloj, la lluvia de estrellas fugaces Perseidas hacen las delicias de las noches de verano, cuando el calor aún está presente en el hemisferio norte y apetece pasar unas horas nocturnas al raso, bajo las estrellas.

Y es que para observar este fenómeno astronómico, conocido desde la antigüedad, no se precisa más que nuestros ojos, tumbarse cómodamente a contemplar el cielo lo más lejos posible de luces urbanas y paciencia, que siempre puede ir acompañada de una buena charla sobre de dónde venimos y a dónde vamos como especie, motivada por nuestra sensación de pequeñez cuando contemplamos absortos la belleza y aparente inmutabilidad del cielo estrellado.

Cuando nos encontramos en estas circunstancias, y nuestros ojos se acostumbran a la oscuridad, sin la presencia de luces, intentando contemplar la mayor parte del cielo posible, observaremos intermitentemente una rápida, ocasionalmente larga y brillante estela de luz -mayormente de color naranja-.

Pues bien, este fin de semana podemos atiborrarnos a pedir deseos, porque la lluvia de las perseidas presentará esta noche, y sobre todo mañana domingo por la noche, unas condiciones de observación excelentes. La ausencia de Luna, y que el máximo de la lluvia sucede con el radiante de la lluvia alto en el horizonte entrada la noche, puede provocar que sea la mejor observación del fenómeno astronómico, al menos casi en la última década. En este momento mágico bajo las estrellas podemos llegar a contemplar más de 100 meteoros a la hora si nos situamos en un lugar oscuro y tenemos toda la bóveda estrellada a la vista. Sin duda está siendo uno de los mejores veranos en los últimos años para vivir bajo las estrellas.

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Posición del radiante de la lluvia en la constelación de Perseo. A mayor altura del radiante mayor número de meteoros a la hora. Sky & Telescope

Esta lluvia de estrellas, como otras menos populares que se producen a lo largo del año (e incluso más intensas), se debe a que la Tierra en su órbita anual alrededor del Sol se cruza periódicamente con tubos espaciales de pequeñas partículas de polvo y hielo procedentes de restos de cometas y asteroides. De hecho nuestro planeta tarda tres semanas en atravesar completamente este tubo meteórico, a una velocidad de más de 100 000 kilómetros a la hora, por lo que podemos hacernos una idea del tamaño del mismo. Aproximadamente en el centro del mismo se encuentra la mayor concentración de partículas, y se produce lo que denominamos el «máximo» de la lluvia o mayor THZ (tasa horaria cenital).

Al penetrar en la alta atmósfera a velocidades realmente altas, estas partículas habitualmente de tamaño milimétrico, provocan un destello de luz por la fricción con los gases de nuestra atmosfera, alcanzando incluso unos pocos de miles de grados durante un breve espacio de tiempo y provocando que la pequeña partícula se disgregue, se sublime y convierta en gas.

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Dos perseidas fotografiadas por el autor en 1993 con película fotográfica de alta sensibilidad. En ese año no existían las cámaras digitales

Solo si la partícula es de un tamaño mayor, puede llegar a tocar suelo y convertirse en lo que conocemos como meteorito, aunque normalmente las partículas que conforman las lluvias de estrellas anuales no suelen tener el tamaño suficiente para ello, todo lo más como pequeñas canicas que nos ofrezcan algún «bólido» excepcionalmente brillante y de estela persistente.

Las perseidas están asociadas a los restos del cometa Swift- Tuttle (109P) que fue descubierto en el verano de 1862, si bien son conocidas desde la antigüedad. Este cometa es uno de los cometas que más cerca pasan de la Tierra y su diámetro, de unos 20 kilómetros, lo convierten en un posible futuro impactador peligroso.

Fue el astrónomo Schiaparelli (tan vinculado históricamente al planeta Marte que en estas semanas hace la delicia en el cielo en su oposición perihélica) quien vinculó este cometa a la tradicionalmente conocida lluvia de estrellas de agosto, siendo la primera lluvia en la historia de la astronomía en vincularse a la órbita de un cometa y denotar su verdadera naturaleza.

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Gran perseida, fotografiada por el autor el pasado 6 de agosto con una Nikon D90

 La constelación de Perseo es de donde se sitúa el punto desde el cual imaginariamente parecen confluir todos los trazos, conocido como radiante de la lluvia, y que fue localizado en 1835 por Quéletet y Herrick. El cometa, con un período de 135 años, provocó en su vuelta de 1993 una lluvia que superó los 400 meteoros a la hora, que fue un magnífico espectáculo celeste.

Se conocen como «Lagrimas de San Lorenzo» porque antiguamente (más de 500 años) el máximo de la lluvia coincidía con la festividad del santo martirizado en la hoguera, y cuya lágrimas de dolor fueron situadas en el cielo en la tradición cristiana. Actualmente, debido a la precesión de los equinoccios el máximo de la lluvia se produce la noche del 11 al 12 o del 12 al 13 de agosto.

Marte en el horizonte

Marte en el horizonte

El astro destaca notablemente en el cielo nocturno y es visible durante toda la noche

Marte, el planeta rojo, tiene buenas condiciones de observación cada dos años y es visible a simple vista un par de meses antes y después de esta aproximación espacial debida a las orbitas planetarias alrededor del Sol.

Durante unas semanas la Tierra alcanza al planeta rojo y este destaca en el cielo nocturno haciendo gala a su nombre “el dios de la guerra” que tiene mucho que ver con su coloración y el color de nuestra sangre.

Pero debido a que las órbitas de los planetas alrededor del Sol son elípticas y no circulares, la Tierra y Marte tienen un encuentro aún más cercano cada 15 años, en lo que los astrónomos llaman oposición perihélica, y el planeta es aún moderadamente más brillante y evidente en el cielo nocturno.

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Órbitas de Marte y la Tierra. Crédito: S&T

Recuerdo el año 1988, siendo un adolescente, cuando lo observé desde un cielo mucho más oscuro que el actual, desde Sant Joan de Penyagolosa (Vistabella, Castellón) con un flamante refractor Alstar R80/1200 mm. Quince años después, siendo presidente de la Societat Astronómica de Castelló, tuve el privilegio de –junto con mis compañeros de aquella época- organizar una multitudinaria observación pública en la Ermita de la Magdalena (Castellón) que tuvo que contar con la ayuda de protección civil por la cantidad de coches que llegaron aquella noche de verano para ver el planeta Marte, y que salió a la perfección. Entonces contaba con un telescopio Celestron T150/750 mm.

Ahora, en la tercera oposición perihélica del planeta (y que coincidió el pasado viernes 27 de julio  con un eclipse total de Luna) que puedo observar, dispongo de instrumentos mucho más potentes y formas de registrarlo que nada tienen que ver con las de hace 15 años, pero estoy disfrutando mucho más con su contemplación a simple vista; con ese brillo rojizo apareciendo por encima del mar Mediterráneo -ahora ya nada mas oscurecer-.

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Marte al telescopio. Imagen de Alfredo Vidal (Hospitalet- Barcelona) el 01 de agosto de 2018. Telescopio Celestros 14″ + Cámara ASI290

Y es que la primera noche de agosto del verano de 2018, el planeta rojo y la Tierra alcanzan su mínima distancia, la más cercana desde 2003.

Marte ha estado a algo menos de 58 millones de kilómetros, y nos permite que su brillo, solo comparable al planeta Venus (visible nada mas oscurecer hacia el Oeste) lo haga muy fácil de localizar. Hasta 2035 no volveremos a encontrar a Marte tan brillante y tan cercano de nuestro planeta. Recordemos que la Luna -en fase de menguante- se habrá desplazado debido a su movimiento alrededor de la Tierra mucho más hacía el este, y por tanto ya no se encontrará en la misma posición que el pasado viernes cuando coincidió su eclipse con la aparente cercanía al planeta, y no la tenemos que tomar como referencia para encontrar al planeta, que asoma por el mar al poco de caer la noche de forma inconfundible.

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La Luna llena eclipsada junto al planeta marte el pasado viernes 27 de julio de 2018. Crédito: Germán Peris.

Con un pequeño telescopio ya es posible observar su casquete polar, bajo el cual la pasada semana se descubrió agua líquida, y también es posible distinguir algunas manchas oscuras que se corresponden con los accidentes geológicos más importantes, eso si la tormenta global de polvo a la que está sometida el planeta –habitual en las oposiciones perihélica- se calma y nos permite observarlas.

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25 de julio 2018: Sciencie publica un estudio sobre evidencias de agua líquida bajo el casquete polar sur marciano, a partir de los datos de la sonda Mars Express (ESA)

También son visibles a simple vista Júpiter y Saturno –el planeta de los anillos- a y presentan un brillo destacable, uno hacia el sur u otro en hacia el este, en las cercanías del planeta rojo. La presencia de estos planetas  simultáneamente en el cielo, que son visibles sin instrumento alguno, le confiere a este verano un encanto nocturno muy especial para vivirlo bajo las estrellas. ¡Qué lo disfrutes!

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Marte y Saturno con los ojos del telescopio espacial Hubble: una mirada rápida a los dos protagonistas del verano de 2018

 

PD: Si quieres saber más sobre Marte y los marcianos, te dejo el enlace a un artículo mío de hace 15 años, con más información sobre el planeta rojo.

https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=4&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwjSiIf9nMzcAhUrxoUKHWtXA2IQFjADegQIARAC&url=https%3A%2F%2Fwww.sacastello.org%2Fdescargas%2Fdocumentos%2Fmarte_en_el_horizonte.pdf&usg=AOvVaw0VgOTFQAUFGz6L6L4VMH3y

 

De las noches más hermosas

De las noches más hermosas

Finales de julio de 2018. No es un verano típico, las noches no son excesivamente calurosas en el Mediterráneo, aunque invitan a pasar siempre unas horas al raso por las noches, cuando el Sol ya no provoca el típico calor diurno.

La transición entre el día y la noche, entre el calor y las temperaturas más frescas, cuando la vida social de los humanos parece aflorar, me recuerda a viejas películas italianas del neorrealismo de la posguerra mundial, en que se retrataba el bullicio de la sociedad de barrios obreros que hacían su vida integrada en la calle durante las tardes y noches de verano.

Pero más allá de lo «humano», tenemos lo celeste. Hoy ya no miramos el cielo con temor y desconocimiento. Hoy podemos mirar el cielo con toda la información disponible casi de forma instantánea gracias a la Red, e incluso –mediante aplicaciones por geolocalización- identificar los astros que vemos en el cielo, saber su posición futura o pasada, y todo ello en la palma de nuestra mano…¡cuántas generaciones precedentes de astrónomos hubieran quedado perplejos al ver semejante escenario!.

El cielo de este verano boreal viene marcado por varios eventos astronómicos que posiblemente ya conoces, y si no, vas a poder encontrar información detallada en decenas o centenares de páginas web y redes sociales. Por tanto solo voy a enumerarlos porque pienso que en justicia, los medios generalistas y los responsables de la divulgación científica desde las instituciones públicas –salvo excepciones que todos los que nos dedicamos a la divulgación conocemos- se han quedado cortos en comunicarlo.

Estas semanas podemos ver simultáneamente en el cielo los cinco planetas «clásicos» entendiendo como tales, los que son conocidos desde la antigüedad antes de la era pre-telescópica, y por tanto visibles a simple vista.

Desde hace un par de semanas podemos ver al Oeste, entre las luces del crepúsculo al esquivo mensajero de los dioses, Mercurio (a muy baja altura y el más complicado de localizar), seguido de la diosa del amor –Venus-, inconfundible por su enorme brillo y un poco más alto en el horizonte donde se ha puesto el Sol. Hacía el horizonte sur, despidiéndose de una excelente temporada, el padre de todos los dioses del Olimpo, Júpiter, brillante (algo menos que Venus), blanco, inconfundible. Un poco más hacía el horizonte Este, en la constelación de Sagitario, brillante y amarillento, Saturno – el dios del tiempo-, luciendo al telescopio sus espectaculares anillos y en inmejorables condiciones para observarlo. Y el protagonista absoluto de estas noches de festival planetario, el dios de la guerra, Marte -brillando como nunca en los últimos 15 años-, en la constelación de Capricornio, hacia el Este nada más que oscurece. Si trazamos una curva que una los puntos, nos haremos una idea de por donde transcurre la eclíptica, o proyección de la órbita de la Tierra alrededor del Sol.

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Anochecer del 27 de julio de 2018 a las 22 horas locales para +40N 00.0E. Programa Stellarium

Y es que hoy día 27 de julio Marte alcanza los que los astrónomos llaman oposición perihélica, es decir, si bien Marte es visible cada dos años en el cielo, en un ciclo de aproximadamente 15 años se produce el máximo acercamiento a la Tierra (este año, unos 56 millones de kilómetros), y su brillo aumenta moderadamente respecto a las oposiciones bianuales. Este hecho se debe a que las órbitas de los planetas no son perfectamente circulares, sino elípticas.

También suele ser habitual, que cuando ocurre este tipo de oposiciones, y Marte además de encontrarse cerca de la Tierra, también se encuentra en el punto de su órbita más cercano al Sol, se levanten enormes (por globales que no por intensas) tormentas de polvo, que por desgracia emborronan o hacen desaparecer los accidentes superficiales del planeta actualmente mejor estudiado por la humanidad, y del que esta misma semana se publicaba en la revista «Sciencie» [1] la posibilidad de detección de un depósito de agua en estado líquido (si bien no conocemos con certeza su disposición, junto con sales y tierras marcianas) en una zona bajo el casquete polar sur.

A pesar de ser el protagonista absoluto por su brillo y coloración, esta noche su protagonismo será borrado del cielo, porque un poco más al norte, nuestro satélite en fase de llena, esconde durante unas horas su cara, sucediendo un eclipse total de Luna, que no veíamos en nuestras comarcas desde hace más de dos años.

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El evento astronómico se producirá entre las 20:24 hora local de la tarde-noche de hoy viernes y las 00:18 horas de la madrugada del sábado, que son las horas de inicio y fin de la parcialidad del fenómeno, según el Observatorio Astronómico Nacional [2].

La fase inicial del eclipse o inicio de la parcialidad, es decir, cuando la Luna se empieza a esconder tras la sombra de la Tierra, no será visible desde nuestra provincia, porque la Luna llena saldrá por el horizonte este a las 21:15, justo 5 minutos después de que el Sol se ponga por el horizonte oeste, y por lo tanto aún con las luces del día, lo que complicará su localización inicialmente. Por tanto cuando la Luna salga el eclipse se encontrará en una avanzada fase de la parcialidad y mostrará a nuestro satélite «mordido» casi completamente por la circular sombra de nuestro planeta. El bajo brillo y su baja altura, dificultará su localización inicial.

Teniendo en cuenta que la sombra de la Tierra ocultará por completo a la Luna a las 21:30 –inicio de la fase de totalidad y de la llamada «Luna de sangre» [3]-, tendremos que buscar un lugar con un horizonte dirección este muy despejado para ver desde el principio como nuestra Luna llena se vuelve completamente roja. El inicio de esta fase característicamente roja se produce aún durante el crepúsculo y con la Luna todavía muy baja, casi a ras de horizonte.

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El medio eclipse, o máximo del eclipse total –cuando la Luna se encuentra en la mitad del cono de sombra de nuestro planeta- se produce a las 22:20, con la noche ya prácticamente cerrada y con nuestro satélite a solo 10 grados de altura desde Castellón, pero suficiente para observarlo ya con toda comodidad si nos encontramos en el lugar adecuado.

El final de la fase de totalidad tendrá lugar a las 23:14, con la noche cerrada y nuestro satélite a una altura de unos 17 grados, por tanto con una duración total de 1h45min después del inicio de la parte más espectacular del eclipse. A partir de ese momento la sombra de la Tierra empezará a abandonar la Luna  y poco a poco volverá a su color y brillo habitual de una Luna llena, para finalizar ya pasada la medianoche, momento en el que disco lunar abandonará la curvada sombra de nuestro planeta hasta el próximo eclipse [4].

Además, por la posición de la Luna en su órbita, cerca del apogeo, el eclipse lo convierte en uno de los más largos del siglo XXI, por pocos minutos de duración.

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En otra entrada hablaremos de la lluvía de las Perseidas ,que en un par de semanas nos ofrecerá este año un buen espectáculo con la Luna esta vez en fase de Luna nueva. Disfruta de las noches más hermosas mirando hacía el cielo.

Referencias del texto

 [1] http://science.sciencemag.org/content/early/2018/07/24/science.aar7268

[2] http://astronomia.ign.es/ En esta página es posible calcular las horas exactas a las que se produce cada fase del eclipse para diferentes localidades españolas.

[3] La expresión «Luna de sangre», hace referencia a la coloración rojiza que se produce por la dispersión de los rayos rojos (frente a los azules) de la luz del Sol durante un eclipse de Luna , debido a la atmosfera de la Tierra. No es un término utilizado históricamente en nuestras comarcas ni en la astronomía profesional. Parece ser que es un término moderno importado del folclore popular de los EE.UU.

[4] https://eclipse.gsfc.nasa.gov/lunar.html Información detallada acerca de los eclipses de Luna, de la Agencia Espacial Norteamericana NASA.