Cometas en el Cielo (I)

Cometas en el cielo (I)

K. Hosseini escribió una novela en 2003 de titulo homónimo que fue llevada a la gran pantalla unos pocos años más tarde. Todo lo que suena a celeste llama poderosamente mi atención, pero en este caso y para pequeña decepción mía, la película narra un drama sobre lo humano, y poco o nada sobre el universo de más allá de unos miles de kilómetros de altura sobre la superficie de nuestro planeta, donde la indiferencia con la que universo se muestra ante nuestras miserias, es abrumadoramente sobrecogedora -para posible desgracia del escritor brasileño P. Coelho-.

En una época en la que las miserias humanas eran posiblemente aún más acentuadas por nuestro retraso tecnológico respecto a la actualidad, los cometas en el cielo eran unos astros que provocaban asombro y miedo. Asombro porque su larga cabellera los convertía en ocasiones en espectáculos celestes, y miedo porque el desconocimiento de su naturaleza y periodicidad con la que aparecían en el cielo podía significar el designio de los dioses –que habitaban en los cielos- para que ocurriera algo en la Tierra –que habitaban los humanos-.

Durante una época, que contamos por milenios, los humanos miraban a los astros con asombro y con temor. Pero luego –hace pocos centenares de años- llegaron los científicos para estropearlo todo y con la sana intención de explicar el mundo, el universo, en base a la razón, a la lógica, a las leyes que escondía la naturaleza.

Con el nacimiento de la ciencia moderna y el método científico, se empezó a dudar que los cometas fueran quizás exhalaciones de gases de la Tierra hacía la atmósfera –en la versión Aristotélica- o quizás exhalaciones de los cuerpos moribundos, almas que escapaban hacía el cielo –en la versión más cristiana del lugar donde moran las almas-.

Kepler, el padre de las leyes del movimiento planetario, a principios del siglo XVII viajó a Praga para colaborar con Tycho Brahe –el mejor observador del cielo de la era pre-telescópica- para desentrañar la forma matemática en la que las estrellas errantes –los planetas- se movían entre las estrellas fijas. La relación inicial entre Kepler y Brahe, así como sus diferentes caracteres es digna de ser leída con calma (e invito al lector a que lo haga) y excede el contenido de esta entrada, pero lo cierto es que a la muerte de Brahe acontecida dos años tras la llegada de Kepler, este pudo disponer de todas las medidas detalladas de las posiciones planetarias y de estrellas medidas por el difunto y con ello confeccionar las «Tablas Rudolfinas» (1627, en honor al emperador Rodolfo II -benefactor de ambos-) donde recogería con precisión la posición futura de los planetas durante casi cien años, permitiendo con ellas el cálculo con éxito del tránsito de Mercurio (Gassendi, 1631) y de Venus (Horrocks, 1639).

Pero a diferencia de Kepler -que no me consta que reparara pausadamente en la naturaleza de los cometas-, Brahe les asignó una naturaleza cósmica después de la observación de un cometa en 1577 [1] y la ausencia de paralaje [2].

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Extraído de T. Brahe, 1603. De mundi Aetherei [1]. Fíjese en la órbita del cometa y de los demás cuerpos del sistema solar. Crédito: Commons

No se trataba de un pensamiento nuevo, Séneca ya dedicó en el libro séptimo de su Cuestiones Naturales, un planteamiento puramente observacional para  refutar al mismísimo Aristóteles: « los cometas aunque no se muevan por la eclíptica –por donde se mueven los planetas-, se mueven con regularidad majestuosa [durante semanas o meses incluso] y no se disipan al soplar el viento» [3].

Halley se interesó por la idea de que los cometas aparecidos en los años 1577, 1665 podían ser en realidad el mismo astro (la idea original se la comunicó J.D. Cassini en 1681 al propio Halley) y que uno de los cometas que había observado en 1680 y en 1682, podría ser nuevamente uno de los anteriores, siempre que se movieran en órbitas cerradas, elipses casi circulares quizás.

El contacto con el mismísimo padre de la Física moderna, Sir Isaac Newton, en el verano de 1684 fue muy importante para la historia de la ciencia, y el inicio de una fluida amistad para ambos. Newton reveló a Halley la naturaleza geométrica de una órbita que devuelve una fuerza que decrece con el cuadrado de la distancia [4], y Halley hizo todo lo posible para que el trabajo de Newton –que empezó una fructífera obra que culminaría con la edición de los «Principia» (1687)- fueran publicados por la Royal Society en su «Philosophical Transactions».

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Portada de “Principia” de I. Newton.  El más grande compendio de Física de todos los tiempos. Publicado gracias a E. Halley. Crédito: The original uploader was Zhaladshar de Wikisource en inglés. Commons.

Newton estudió todos los datos disponibles del cometa de 1680 –aparecido dos años antes del que Halley observó-, y que solo podían responder a una órbita –como las de los planetas enunciados por Kepler- pero con una elípticidad acusada, una elipse muy excéntrica o incluso una parábola. Su orientación respecto al Sol y la naturaleza de su brillo, fueron también dos aciertos más de Newton, que dejó a Halley absolutamente maravillado.

En los primeros años del siglo XVIII, Halley se sumergió en el estudio de las órbitas cometarias. Había tenido la ocasión y suerte de observar cometas brillantes en el cielo –lo que muy posiblemente motivo su gran interés por estos astros-, pero los había observado solo durante semanas o incluso pocos meses cuando se acercan al Sol desde los confines más allá de los planetas conocidos ¿pero eran elipses, parábolas, hipérbolas lo que describían cuando se alejaban?.

Comparó los elementos que definen las órbitas de los cometas de 1531, 1607 y 1682 y se dio cuenta que eran muy semejantes, con pequeñas variaciones que atribuyó a la atracción de los planetas Júpiter y Saturno como había sugerido Newton. Estos tres astros eran en realidad el mismo cometa. En 1705 publicó una obra en la que se atrevió a pronosticar que el mismo cometa volvería en la navidad de 1758.

Halley murió en 1742, y el cometa que observó en 1682 volvió en 1758. El cometa fue bautizado en su honor como el 1P/Halley, como casi todos los lectores conocerán.

Halley cambió la historia de los cometas, tal cual como los cometas habían cambiado la historia «reciente» de los humanos. Como muestra, por ejemplo, el enorme Tapiz de Bayeu , que relata la historia rey Harold de Inglaterra en 1066 –derrotado por los Normandos- cuanto avistó un cometa en el cielo.

En 1456 el cometa que posteriormente recibiría el nombre de cometa Halley, se vio en el cielo. El Papa Calixto III, pensó que era un mal augurio que le impediría reconquistar Constantinopla (la actual capital de Turquía)  en manos de los Turcos desde tres años antes. Bajo los «malos augurios» del cometa Halley, la ciudad serbia de Belgrado no cayó en manos turcas aquel verano, pero sí el verano de 1521, y Constantinopla nunca dejó de ser Turca.

Parece ser también cierta la angustia de Moctezuma II en México al observar en el cielo a principios del S XVI dos cometas en poco espacio de tiempo. Poco tiempo después, Hernán Cortes en 1519 no encontraría gran resistencia para conquistar el imperio Azteca con solo 600 hombres.

Existen más referencias históricas de relación entre los cometas en el cielo y los humanos, pero E. Halley cambió el curso de la historia de esta relación definitivamente.

Si te ha gustado, en breve escribo algo más…deja un comentario si te apetece, siempre son bien recibidos y animan a continuar escribiendo…

Referencias del texto:

[1] T. Brahe, 1603. De mundi Aetherei. http://adsabs.harvard.edu/abs/1603tbma.book…..B

https://www.loc.gov/resource/rbc0001.2013gen94796/?sp=209

[2] Definición de paralaje en Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Paralaje

[3] C. Sagan & A. Druyan, 1985. El Cometa.

[4] I. Newton, 1684. De motu corporum in gyrum. http://www.newtonproject.ox.ac.uk/view/texts/normalized/NATP00089

[5] E, Halley, 1705. A Sinopsis of the Astronomy of Comets. https://www.library.si.edu/digital-library/book/synopsisofastron00hall

 

Perseidas: la lluvia de estrellas «perfecta» de 2018

Las perseidas o «lágrimas de San Lorenzo» ofrecerán este año un espectáculo celeste perfecto, que complemetan un verano astronómico casi único en la última década

Todos los años cuando se acerca mediados del mes de agosto se vuelve a hablar de ellas en todos los medios de comunicación y redes sociales. Puntuales como un reloj, la lluvia de estrellas fugaces Perseidas hacen las delicias de las noches de verano, cuando el calor aún está presente en el hemisferio norte y apetece pasar unas horas nocturnas al raso, bajo las estrellas.

Y es que para observar este fenómeno astronómico, conocido desde la antigüedad, no se precisa más que nuestros ojos, tumbarse cómodamente a contemplar el cielo lo más lejos posible de luces urbanas y paciencia, que siempre puede ir acompañada de una buena charla sobre de dónde venimos y a dónde vamos como especie, motivada por nuestra sensación de pequeñez cuando contemplamos absortos la belleza y aparente inmutabilidad del cielo estrellado.

Cuando nos encontramos en estas circunstancias, y nuestros ojos se acostumbran a la oscuridad, sin la presencia de luces, intentando contemplar la mayor parte del cielo posible, observaremos intermitentemente una rápida, ocasionalmente larga y brillante estela de luz -mayormente de color naranja-.

Pues bien, este fin de semana podemos atiborrarnos a pedir deseos, porque la lluvia de las perseidas presentará esta noche, y sobre todo mañana domingo por la noche, unas condiciones de observación excelentes. La ausencia de Luna, y que el máximo de la lluvia sucede con el radiante de la lluvia alto en el horizonte entrada la noche, puede provocar que sea la mejor observación del fenómeno astronómico, al menos casi en la última década. En este momento mágico bajo las estrellas podemos llegar a contemplar más de 100 meteoros a la hora si nos situamos en un lugar oscuro y tenemos toda la bóveda estrellada a la vista. Sin duda está siendo uno de los mejores veranos en los últimos años para vivir bajo las estrellas.

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Posición del radiante de la lluvia en la constelación de Perseo. A mayor altura del radiante mayor número de meteoros a la hora. Sky & Telescope

Esta lluvia de estrellas, como otras menos populares que se producen a lo largo del año (e incluso más intensas), se debe a que la Tierra en su órbita anual alrededor del Sol se cruza periódicamente con tubos espaciales de pequeñas partículas de polvo y hielo procedentes de restos de cometas y asteroides. De hecho nuestro planeta tarda tres semanas en atravesar completamente este tubo meteórico, a una velocidad de más de 100 000 kilómetros a la hora, por lo que podemos hacernos una idea del tamaño del mismo. Aproximadamente en el centro del mismo se encuentra la mayor concentración de partículas, y se produce lo que denominamos el «máximo» de la lluvia o mayor THZ (tasa horaria cenital).

Al penetrar en la alta atmósfera a velocidades realmente altas, estas partículas habitualmente de tamaño milimétrico, provocan un destello de luz por la fricción con los gases de nuestra atmosfera, alcanzando incluso unos pocos de miles de grados durante un breve espacio de tiempo y provocando que la pequeña partícula se disgregue, se sublime y convierta en gas.

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Dos perseidas fotografiadas por el autor en 1993 con película fotográfica de alta sensibilidad. En ese año no existían las cámaras digitales

Solo si la partícula es de un tamaño mayor, puede llegar a tocar suelo y convertirse en lo que conocemos como meteorito, aunque normalmente las partículas que conforman las lluvias de estrellas anuales no suelen tener el tamaño suficiente para ello, todo lo más como pequeñas canicas que nos ofrezcan algún «bólido» excepcionalmente brillante y de estela persistente.

Las perseidas están asociadas a los restos del cometa Swift- Tuttle (109P) que fue descubierto en el verano de 1862, si bien son conocidas desde la antigüedad. Este cometa es uno de los cometas que más cerca pasan de la Tierra y su diámetro, de unos 20 kilómetros, lo convierten en un posible futuro impactador peligroso.

Fue el astrónomo Schiaparelli (tan vinculado históricamente al planeta Marte que en estas semanas hace la delicia en el cielo en su oposición perihélica) quien vinculó este cometa a la tradicionalmente conocida lluvia de estrellas de agosto, siendo la primera lluvia en la historia de la astronomía en vincularse a la órbita de un cometa y denotar su verdadera naturaleza.

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Gran perseida, fotografiada por el autor el pasado 6 de agosto con una Nikon D90

 La constelación de Perseo es de donde se sitúa el punto desde el cual imaginariamente parecen confluir todos los trazos, conocido como radiante de la lluvia, y que fue localizado en 1835 por Quéletet y Herrick. El cometa, con un período de 135 años, provocó en su vuelta de 1993 una lluvia que superó los 400 meteoros a la hora, que fue un magnífico espectáculo celeste.

Se conocen como «Lagrimas de San Lorenzo» porque antiguamente (más de 500 años) el máximo de la lluvia coincidía con la festividad del santo martirizado en la hoguera, y cuya lágrimas de dolor fueron situadas en el cielo en la tradición cristiana. Actualmente, debido a la precesión de los equinoccios el máximo de la lluvia se produce la noche del 11 al 12 o del 12 al 13 de agosto.

Marte en el horizonte

Marte en el horizonte

El astro destaca notablemente en el cielo nocturno y es visible durante toda la noche

Marte, el planeta rojo, tiene buenas condiciones de observación cada dos años y es visible a simple vista un par de meses antes y después de esta aproximación espacial debida a las orbitas planetarias alrededor del Sol.

Durante unas semanas la Tierra alcanza al planeta rojo y este destaca en el cielo nocturno haciendo gala a su nombre “el dios de la guerra” que tiene mucho que ver con su coloración y el color de nuestra sangre.

Pero debido a que las órbitas de los planetas alrededor del Sol son elípticas y no circulares, la Tierra y Marte tienen un encuentro aún más cercano cada 15 años, en lo que los astrónomos llaman oposición perihélica, y el planeta es aún moderadamente más brillante y evidente en el cielo nocturno.

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Órbitas de Marte y la Tierra. Crédito: S&T

Recuerdo el año 1988, siendo un adolescente, cuando lo observé desde un cielo mucho más oscuro que el actual, desde Sant Joan de Penyagolosa (Vistabella, Castellón) con un flamante refractor Alstar R80/1200 mm. Quince años después, siendo presidente de la Societat Astronómica de Castelló, tuve el privilegio de –junto con mis compañeros de aquella época- organizar una multitudinaria observación pública en la Ermita de la Magdalena (Castellón) que tuvo que contar con la ayuda de protección civil por la cantidad de coches que llegaron aquella noche de verano para ver el planeta Marte, y que salió a la perfección. Entonces contaba con un telescopio Celestron T150/750 mm.

Ahora, en la tercera oposición perihélica del planeta (y que coincidió el pasado viernes 27 de julio  con un eclipse total de Luna) que puedo observar, dispongo de instrumentos mucho más potentes y formas de registrarlo que nada tienen que ver con las de hace 15 años, pero estoy disfrutando mucho más con su contemplación a simple vista; con ese brillo rojizo apareciendo por encima del mar Mediterráneo -ahora ya nada mas oscurecer-.

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Marte al telescopio. Imagen de Alfredo Vidal (Hospitalet- Barcelona) el 01 de agosto de 2018. Telescopio Celestros 14″ + Cámara ASI290

Y es que la primera noche de agosto del verano de 2018, el planeta rojo y la Tierra alcanzan su mínima distancia, la más cercana desde 2003.

Marte ha estado a algo menos de 58 millones de kilómetros, y nos permite que su brillo, solo comparable al planeta Venus (visible nada mas oscurecer hacia el Oeste) lo haga muy fácil de localizar. Hasta 2035 no volveremos a encontrar a Marte tan brillante y tan cercano de nuestro planeta. Recordemos que la Luna -en fase de menguante- se habrá desplazado debido a su movimiento alrededor de la Tierra mucho más hacía el este, y por tanto ya no se encontrará en la misma posición que el pasado viernes cuando coincidió su eclipse con la aparente cercanía al planeta, y no la tenemos que tomar como referencia para encontrar al planeta, que asoma por el mar al poco de caer la noche de forma inconfundible.

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La Luna llena eclipsada junto al planeta marte el pasado viernes 27 de julio de 2018. Crédito: Germán Peris.

Con un pequeño telescopio ya es posible observar su casquete polar, bajo el cual la pasada semana se descubrió agua líquida, y también es posible distinguir algunas manchas oscuras que se corresponden con los accidentes geológicos más importantes, eso si la tormenta global de polvo a la que está sometida el planeta –habitual en las oposiciones perihélica- se calma y nos permite observarlas.

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25 de julio 2018: Sciencie publica un estudio sobre evidencias de agua líquida bajo el casquete polar sur marciano, a partir de los datos de la sonda Mars Express (ESA)

También son visibles a simple vista Júpiter y Saturno –el planeta de los anillos- a y presentan un brillo destacable, uno hacia el sur u otro en hacia el este, en las cercanías del planeta rojo. La presencia de estos planetas  simultáneamente en el cielo, que son visibles sin instrumento alguno, le confiere a este verano un encanto nocturno muy especial para vivirlo bajo las estrellas. ¡Qué lo disfrutes!

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Marte y Saturno con los ojos del telescopio espacial Hubble: una mirada rápida a los dos protagonistas del verano de 2018

 

PD: Si quieres saber más sobre Marte y los marcianos, te dejo el enlace a un artículo mío de hace 15 años, con más información sobre el planeta rojo.

https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=4&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwjSiIf9nMzcAhUrxoUKHWtXA2IQFjADegQIARAC&url=https%3A%2F%2Fwww.sacastello.org%2Fdescargas%2Fdocumentos%2Fmarte_en_el_horizonte.pdf&usg=AOvVaw0VgOTFQAUFGz6L6L4VMH3y

 

De las noches más hermosas

De las noches más hermosas

Finales de julio de 2018. No es un verano típico, las noches no son excesivamente calurosas en el Mediterráneo, aunque invitan a pasar siempre unas horas al raso por las noches, cuando el Sol ya no provoca el típico calor diurno.

La transición entre el día y la noche, entre el calor y las temperaturas más frescas, cuando la vida social de los humanos parece aflorar, me recuerda a viejas películas italianas del neorrealismo de la posguerra mundial, en que se retrataba el bullicio de la sociedad de barrios obreros que hacían su vida integrada en la calle durante las tardes y noches de verano.

Pero más allá de lo «humano», tenemos lo celeste. Hoy ya no miramos el cielo con temor y desconocimiento. Hoy podemos mirar el cielo con toda la información disponible casi de forma instantánea gracias a la Red, e incluso –mediante aplicaciones por geolocalización- identificar los astros que vemos en el cielo, saber su posición futura o pasada, y todo ello en la palma de nuestra mano…¡cuántas generaciones precedentes de astrónomos hubieran quedado perplejos al ver semejante escenario!.

El cielo de este verano boreal viene marcado por varios eventos astronómicos que posiblemente ya conoces, y si no, vas a poder encontrar información detallada en decenas o centenares de páginas web y redes sociales. Por tanto solo voy a enumerarlos porque pienso que en justicia, los medios generalistas y los responsables de la divulgación científica desde las instituciones públicas –salvo excepciones que todos los que nos dedicamos a la divulgación conocemos- se han quedado cortos en comunicarlo.

Estas semanas podemos ver simultáneamente en el cielo los cinco planetas «clásicos» entendiendo como tales, los que son conocidos desde la antigüedad antes de la era pre-telescópica, y por tanto visibles a simple vista.

Desde hace un par de semanas podemos ver al Oeste, entre las luces del crepúsculo al esquivo mensajero de los dioses, Mercurio (a muy baja altura y el más complicado de localizar), seguido de la diosa del amor –Venus-, inconfundible por su enorme brillo y un poco más alto en el horizonte donde se ha puesto el Sol. Hacía el horizonte sur, despidiéndose de una excelente temporada, el padre de todos los dioses del Olimpo, Júpiter, brillante (algo menos que Venus), blanco, inconfundible. Un poco más hacía el horizonte Este, en la constelación de Sagitario, brillante y amarillento, Saturno – el dios del tiempo-, luciendo al telescopio sus espectaculares anillos y en inmejorables condiciones para observarlo. Y el protagonista absoluto de estas noches de festival planetario, el dios de la guerra, Marte -brillando como nunca en los últimos 15 años-, en la constelación de Capricornio, hacia el Este nada más que oscurece. Si trazamos una curva que una los puntos, nos haremos una idea de por donde transcurre la eclíptica, o proyección de la órbita de la Tierra alrededor del Sol.

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Anochecer del 27 de julio de 2018 a las 22 horas locales para +40N 00.0E. Programa Stellarium

Y es que hoy día 27 de julio Marte alcanza los que los astrónomos llaman oposición perihélica, es decir, si bien Marte es visible cada dos años en el cielo, en un ciclo de aproximadamente 15 años se produce el máximo acercamiento a la Tierra (este año, unos 56 millones de kilómetros), y su brillo aumenta moderadamente respecto a las oposiciones bianuales. Este hecho se debe a que las órbitas de los planetas no son perfectamente circulares, sino elípticas.

También suele ser habitual, que cuando ocurre este tipo de oposiciones, y Marte además de encontrarse cerca de la Tierra, también se encuentra en el punto de su órbita más cercano al Sol, se levanten enormes (por globales que no por intensas) tormentas de polvo, que por desgracia emborronan o hacen desaparecer los accidentes superficiales del planeta actualmente mejor estudiado por la humanidad, y del que esta misma semana se publicaba en la revista «Sciencie» [1] la posibilidad de detección de un depósito de agua en estado líquido (si bien no conocemos con certeza su disposición, junto con sales y tierras marcianas) en una zona bajo el casquete polar sur.

A pesar de ser el protagonista absoluto por su brillo y coloración, esta noche su protagonismo será borrado del cielo, porque un poco más al norte, nuestro satélite en fase de llena, esconde durante unas horas su cara, sucediendo un eclipse total de Luna, que no veíamos en nuestras comarcas desde hace más de dos años.

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El evento astronómico se producirá entre las 20:24 hora local de la tarde-noche de hoy viernes y las 00:18 horas de la madrugada del sábado, que son las horas de inicio y fin de la parcialidad del fenómeno, según el Observatorio Astronómico Nacional [2].

La fase inicial del eclipse o inicio de la parcialidad, es decir, cuando la Luna se empieza a esconder tras la sombra de la Tierra, no será visible desde nuestra provincia, porque la Luna llena saldrá por el horizonte este a las 21:15, justo 5 minutos después de que el Sol se ponga por el horizonte oeste, y por lo tanto aún con las luces del día, lo que complicará su localización inicialmente. Por tanto cuando la Luna salga el eclipse se encontrará en una avanzada fase de la parcialidad y mostrará a nuestro satélite «mordido» casi completamente por la circular sombra de nuestro planeta. El bajo brillo y su baja altura, dificultará su localización inicial.

Teniendo en cuenta que la sombra de la Tierra ocultará por completo a la Luna a las 21:30 –inicio de la fase de totalidad y de la llamada «Luna de sangre» [3]-, tendremos que buscar un lugar con un horizonte dirección este muy despejado para ver desde el principio como nuestra Luna llena se vuelve completamente roja. El inicio de esta fase característicamente roja se produce aún durante el crepúsculo y con la Luna todavía muy baja, casi a ras de horizonte.

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El medio eclipse, o máximo del eclipse total –cuando la Luna se encuentra en la mitad del cono de sombra de nuestro planeta- se produce a las 22:20, con la noche ya prácticamente cerrada y con nuestro satélite a solo 10 grados de altura desde Castellón, pero suficiente para observarlo ya con toda comodidad si nos encontramos en el lugar adecuado.

El final de la fase de totalidad tendrá lugar a las 23:14, con la noche cerrada y nuestro satélite a una altura de unos 17 grados, por tanto con una duración total de 1h45min después del inicio de la parte más espectacular del eclipse. A partir de ese momento la sombra de la Tierra empezará a abandonar la Luna  y poco a poco volverá a su color y brillo habitual de una Luna llena, para finalizar ya pasada la medianoche, momento en el que disco lunar abandonará la curvada sombra de nuestro planeta hasta el próximo eclipse [4].

Además, por la posición de la Luna en su órbita, cerca del apogeo, el eclipse lo convierte en uno de los más largos del siglo XXI, por pocos minutos de duración.

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En otra entrada hablaremos de la lluvía de las Perseidas ,que en un par de semanas nos ofrecerá este año un buen espectáculo con la Luna esta vez en fase de Luna nueva. Disfruta de las noches más hermosas mirando hacía el cielo.

Referencias del texto

 [1] http://science.sciencemag.org/content/early/2018/07/24/science.aar7268

[2] http://astronomia.ign.es/ En esta página es posible calcular las horas exactas a las que se produce cada fase del eclipse para diferentes localidades españolas.

[3] La expresión «Luna de sangre», hace referencia a la coloración rojiza que se produce por la dispersión de los rayos rojos (frente a los azules) de la luz del Sol durante un eclipse de Luna , debido a la atmosfera de la Tierra. No es un término utilizado históricamente en nuestras comarcas ni en la astronomía profesional. Parece ser que es un término moderno importado del folclore popular de los EE.UU.

[4] https://eclipse.gsfc.nasa.gov/lunar.html Información detallada acerca de los eclipses de Luna, de la Agencia Espacial Norteamericana NASA.

Sueño de una noche de verano: la noche de San Juan

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Noche de Sant Joan en las playas de Castellón. Crédito: autor

 

Sueño de una noche de verano: la noche de San Juan

El pasado jueves 21 de junio pasado el mediodía local, empezó el verano boreal de este año, lo que en astronomía se conoce como el solsticio de verano. Aunque es bastante común que muchas personas piensen que el verano se produce por la distancia de la Tierra al Sol, en realidad, no es correcto. Las estaciones no tienen nada que ver con las distancias de nuestro planeta al Sol —de hecho, a principios de julio, alcanzamos el punto más alejado de la órbita—, sino con la inclinación de la Tierra respecto a la órbita de nuestro planeta alrededor del Sol.

La inclinación del eje de rotación de nuestro planeta (23,5 grados) respecto al plano de la eclíptica (el plano definido por la translación alrededor del Sol) provoca que durante el verano los rayos del Sol caigan, en el hemisferio norte de la Tierra, sobre la superficie de una forma más perpendicular, provocando mayor calor que cuando caen oblicuos durante el invierno.

El Sol alcanzó durante la mañana del pasado jueves su máxima altura en el horizonte, lo que provoca que las sombras de los objetos o las personas sean las más pequeñas de todo el año en el hemisferio norte de nuestro planeta.

Para la latitud de nuestras comarcas, la altura del Sol al mediodía fue de 73,5 grados, por lo que su trayectoria desde la salida hasta la puesta es la máxima de todo el año y provoca el día más largo y la noche más corta.

Esta posición solar en el cielo —y no la distancia a nuestra estrella—, que marca el inicio del verano, se ha venido celebrando desde la antigüedad con cultos místicos, especialmente en zonas rurales, donde se vivía íntimamente ligado a la observación del firmamento con finalidades prácticas, y su intento de cristianizarlo y borrar las celebraciones paganas es lo que hasta nuestros días ha llegado como la celebración de la noche de Sant Joan, que, contrariamente a lo que el público piensa, no es, con exactitud, la noche más corta del año.

En todo caso, hoy, como durante los últimos miles de años, celebramos la vida en su esplendor. Entre la multitud de orígenes de esta celebración mística, mágica y extraña que sigue captando la atención de miles de personas, se pueden citar la festividad griega en honor al dios Apolo, la celta en honor al dios Belenos, o la festividad romana en honor a la diosa Minerva. En la Europa central también es conocida como «Sommersonnenwende», e incluso en la lejana civilización Inca como «Inti Raimi» o día del Sol. De alguna forma todos los antiguos pueblos, en su culto al astro rey, buscaban en estas celebraciones «obligar» a que el Sol regresara nuevamente sobre sus pasos en el cielo después de alcanzar su punto culminante –y casi quieto- en la esfera celeste  y que el ciclo natural de las estaciones volviera así a repetirse con seguridad, frente al temor a lo desconocido o imprevisible.

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El mundo y sus demonios. Crédito: autor.

 

La noche de San Juan es así, tradicionalmente una noche considerada mágica e importante tradicionalmente por muchas culturas, y que -según diferentes mitologías- durante la misma se abren y cierran puertas con otros mundos sobrenaturales, se producen apariciones y desapariciones misteriosas, vagan  hadas por los campos y ciertas hierbas tienen poderes excepcionales si son recogidas durante la noche. En distintas culturas de la costa Mediterránea destaca especialmente el culto al fuego como elemento purificador y ancestral, posiblemente heredado de los cultos romanos a Minerva que eran celebrados con la llegada de la primavera.

Lo cierto es que año tras año miles de personas concurren en lugares abiertos para celebrar la llegada del verano formando hogueras y como es el caso de nuestro litoral, dándose el primer baño al llegar la medianoche.           Un clima agradable incita a pasar una velada al aire libre y contemplar el cielo estrellado al apartar nuestra vista de las llamas. Allá arriba, centenares de centelleantes estrellas que brillan con magia esa noche.

Este año, Venus (al oeste), Júpiter (al sur), Saturno (al este, en Sagitario) y el excepcionalmente brillante Marte, que asoma sobre la media noche sobre el mar Mediterráneo, nos acompañarán. ¡Disfrútala!, nunca se sabe lo que los dioses nos deparan para el próximo año, el cielo puede caer sobre nuestras cabezas.

 

Nota: Extractos de artículos publicados por el autor en el periódico de Castellón «Mediterráneo» (2016 y 2017)

 

 

 

Luna multicolor

Luna multicolor

Estamos en un sistema solar con una gran cantidad de lunas. El número no ha parado de crecer con la exploración espacial de los últimos 40 años de los gigantes gaseosos y helados. Actualmente incluso descubrimos lunas alrededor de lejanos asteroides y objetos transneptunianos. Pero aunque la morfología de las lunas es muy diversa, no solo por su tamaño y composición diferenciada interior, si no por su aspecto superficial, lo que es irrefutable es el interés en algunas de ellas para encontrar los compuestos básicos para la vida, una vez hemos empezado a encontrar agua en multitud de lugares donde nunca antes habíamos soñado que existiría.

Pero claro, esto queda lejos de nuestra vida cotidiana. A nosotros nos enamoró una luna mucho más cercana, nuestra única Luna, que por eso escribimos su nombre con inicial mayúscula. Los que estáis leyendo estas líneas lo sabéis de sobra, no os preocupéis, ya acabo.

La Luna de la Tierra es única, es un espectáculo verla en el cielo con nuestros ojos, con nuestros sentidos,  y sobre todo es nuestra, y a la vez no es de nadie.

Es un sueño y una promesa de futuro para la expansión humana en el espacio, si nos acabando soportando a nosotros mismos, y mientras tanto, aguarda, observándonos, impávida, mostrándonos prácticamente siempre el mismo semblante –con permiso de su libración-.

Estos últimos años ha retomado su protagonismo en los medios de comunicación, aunque no siempre de forma muy acertada.

 La Luna de sangre, cuando se tiñe de rojo durante un eclipse total de Luna. La Luna azul («bluemoon» suena infinitamente mejor, aunque no sea partidario de los anglicismos) o segunda Luna llena del mismo mes. La Luna de la cosecha, a la primera Luna llena tras el equinoccio de otoño en el hemisferio norte. La Luna del cazador, a la luna llena que acompaña la temporada de caza. Más espectacular en su sonido  a nuestros oídos que no en su supuesto colorido, la tan nombrada super Luna,  cuando la fase de llena se produce en el perigeo de su órbita, o la micro Luna (si, lo sé, un nombre que os sonará poco, no es mediático)  cuando la fase de Luna llena se produce en el apogeo de su órbita.

Un sinfín de nombres que acompañan a una Luna multicolor, nuestra Luna, aunque ella siempre nos acompaña con esa luz mortecina, casi gris, carente del colorido de sus nombres más periodísticos.

Sin embargo, hay que observarla, porque está ahí, y cada noche con el cielo despejado o entre nubes con ella es un regalo. Es sencillamente serena, llena de paz, con infinidad de rincones por descubrir con cualquier instrumento, incluso nuestro propio  ojo desnudo.

Si nos robaron la Luna llena del pasado mes de febrero, la «bluemoon» de marzo la tenéis cazada en este pequeño y apresurado time lapse. Aunque simple, espero que os guste como a mí me gusta mirar mi simple Luna multicolor, nuestra Luna, la Luna de nadie.

 (HD y altavoces On)

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Saludos y gracias por leerme, hasta el mes que viene.

 

Un año en dos minutos

Un año en dos minutos

El año pasado, tras finalizar el catálogo Messier de objetos de cielo profundo desde el Observatorio de la Pobla Tornesa (OPT), un entorno con un cielo polucionado de forma semi-urbana principalmente por la presencia de la ciudad de Castellón de la Plana a 20 kilómetros de distancia, monté un sencillo telescopio de tipo Newton de 20 centímetros de abertura y relación focal F:5, en cuyo foco primario se acoplaba una cámara Canon D550 modificada (sin filtro IR) y refrigerada artesanalmente con un módulo Peltier que permitía bajar la temperatura unos 20º -25º sobre la temperatura ambiente, y mantenerla de forma constante durante la noche.

2017 fue un año muy complicado, con muy pocas noches en las que pude hacer astrofotografía, pero aún así, lo que dio el observatorio ese año, os lo dejo en este vídeo que presenté en mi ponencia en las XXVI Jornadas de Astronomía del Planetario de Castellón (marzo 2018), a las que estuve invitado a participar. Altavoces y HD on.

Desgraciadamente, el OPT ya está desmantelado desde hace meses y las próximas fotografías muy posiblemente intentaré realizarlas desde entornos no polucionados, aunque como podéis observar, la astrofotografía urbana (gracias a filtros de tipo CLS), es actualmente muy posible de realizar y con medios muy modestos. Espero que os guste. Un saludo

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Carretera CV-10. A la izquierda estación de servicio, a la derecha, la población de la Pobla Tornesa (situación del OPT) y al fondo, el resplandor de la ciudad de Castellón. Autor: Roberto Martínez