La danza de los planetas

Una conjunción planetaria matutina

Este próximo domingo 1 de mayo el Sol saldrá exactamente a las 7 de la mañana hora local desde la ciudad de Castelló de la Plana. Poco antes de su salida, podremos ver una bonita conjunción planetaria a simple vista. En esta ocasión los planetas Venus (magnitud -4) y Júpiter (magnitud -2) se acercarán aparentemente en el cielo, a menos de 1º de distancia. Para hacernos una idea, si estiramos nuestro brazo, esa separación es el tamaño que sostiene nuestro dedo meñique.

Captura de Stellarium. Júpiter y Venus la mañana de este próximo domingo

Podemos observar los dos planetas aproximadamente desde las seis de la mañana, con la noche aún cerrada, eso sí, muy bajos en el horizonte, por lo que la zona costera es una buena ubicación para observarla.

Durante este mes de mayo, estos dos planetas, así como Marte y Saturno (más altos y más hacía el horizonte Sur) van a protagonizar un bonito baile planetario entre las estrellas. Eso sí, para seguirlos tendremos que madrugar.

Y es que, si los seguimos día tras día, es cuando verdaderamente comprendemos el nombre de «planeta» como astro errante entre las «estrellas fijas». Mercurio debido a su cercanía al Sol, es el que más rápidamente se mueve en el cielo, de ahí adquirió su nombre como el velóz «mensajero de los dioses».

Sin embargo, cumplir con las leyes de Kepler del movimiento planetario tiene su precio: tener mucha velocidad quiere decir estar cerca del Sol (y viceversa), y estar cerca del Sol implica que en el cielo también va a estar aparentemente muy próximo del astro rey, poco después del atardecer o poco antes del amanecer. Su observación suele resultar complicada.

Los otros cuatro planetas visibles a simple vista son mucho más sencillos de observar. Venus, aunque también suele mantener cierta proximidad al Sol, se separa angularmente mucho más que Mercurio y además tiene un enorme brillo gracias a su alta reflectividad de sus nubes. Es el astro más brillante después del Sol y la Luna.

Los brillos de Marte, Júpiter y Saturno son planetas exteriores a la órbita de la Tierra, y su brillo y mejores épocas de observación dependerá mucho de la posición de la Tierra respecto a ellos. Cuando son visibles a media noche, son las épocas en las que nuestro planeta y estos planetas tienen su mínima distancia (llamadas oposiciones), y sus brillos y su observación son óptimas.

Captura de Stellarium. Las posiciones respectivas (cada 24 horas) entre el 29 de abril y el 3 de mayo, de Júpiter y Venus.

En el siguiente diagrama, calculado con el programa gratuito Stellarium podemos ver como se acercan en el cielo Venus y Júpiter, en transcursos de 24 horas entre el 29 de abril y el próximo 3 de mayo en su particular baile íntimo.

No es ni mucho menos la más espectacular conjunción planetaria que se ha dado en los últimos años entre los planetas y su eterna danza, hace dos años tuvimos una memorable [1], en la que Júpiter y Saturno se acercaron tanto (aparentemente) que casi se besaron, pero es una buena ocasión para madrugar y respirar aire fresco del mar aquellas personas que puedan por su ubicación.

Gracias por leerme!

Referencias

[1] https://cielosestrellados.net/2020/12/06/hacia-la-gran-conjuncion-planetaria-de-2020/

Sobre mundos que fueron y no fueron

Sobre mundos que fueron y no fueron

La ciencia no conoce la verdad, pero intenta acercarse a ella sin dogmas de fe, solo en base a evidencias y deducciones que deben explicar de forma lógica cada escenario y ser al mismo tiempo predictivas. Da igual que creas o no en la ciencia para que esta exista, funcione y se acerque a describir la realidad.

Pero esta entrada no pretende ser un ensayo sobre filosofía de la ciencia, ni tan siquiera metodología de la misma, quizás un día escriba de ello, pero no ahora.

En 1995 detectamos el primer exoplaneta alrededor de una estrella de tipo solar. Sus descubridores, M. Mayor y D. Queloz utilizaron exitosamente el método de velocidades radiales mediante un espectrógrafo instalado en el telescopio de 1,9 metros del observatorio de la Alta Provenza (OHP) en Francia. Este descubrimiento (que les valió el premio Nobel en 2019) abrió una rama inesperada -en esos años- de la astronomía; la búsqueda y caracterización de exoplanetas.

Pronto empezamos a detectar nuevos exoplanetas también mediante nuevos métodos observacionales (como el de los tránsitos y sus curvas de luz correspondientes), en estrellas de la secuencia principal y en especial en enanas rojas (Gliese 876 b), donde ciertamente a priori no esperábamos encontrar en la cantidad que lo estamos haciendo.

Los telescopios espaciales, COROT (ESA,2006) pero especialmente KEPLER (NASA,2009) marcaron un punto de inflexión en la detección de exoplanetas. Kepler en concreto se centró en el estudio de la variabilidad del brillo estelar (tránsitos) en una pequeña zona de la constelación del Cisne, de estrellas poco brillantes, pero en gran cantidad simultáneamente y a una media de unos 3000 años luz de distancia.

Crédito: NASA. Ilustración de un mundo con tres soles, allá por el 2005.

La cantidad y variedad de mundos que se detectaron y confirmaron -y esto es importante- ha sido increíble, y continúa creciendo. Incluso la extensión de la misión Kepler K2, todavía a día de hoy continúa dando resultados entre la lista de estrellas sospechosas de contener exoplanetas.

Hace poco me hice eco en una entrada [1] de que NASA anunciaba que se habían sobrepasado los 5000 exoplanetas, y esta pasada semana se añadían 60 más de mundos confirmados.

Empezamos detectando «Júpiteres calientes» -y era lógico como posible sesgo observacional-, pero como su propio nombre indica, empezamos detectando gigantes gaseosos muy cercanos a sus estrellas, contrariamente a lo que tenemos en nuestro sistema solar, lo cual abrió cierta crisis en las teorías de formación planetaria.

También, algo posteriormente, empezamos a detectar planetas de tipo terrestre (aunque bastante mayores), con especial pasión por aquellos que además se sitúan en la zona de habitabilidad de su estrella, porque nos deja volar la imaginación sobre la posibilidad de que pudiera surgir también la vida como ocurrió en la Tierra. Aunque solo esta afirmación también daría para una entrada.

Así, en este trascurrir de descubrimientos, detectamos sistemas planetarios con varios planetas terrestres en la zona de habitabilidad (TRAPPIST-1 quizás el más famoso), planetas en sistemas con dos soles (55 Cancri b) e incluso planetas con más soles alrededor de sistemas realmente cercanas (Alfa centauri C b, también conocido como Próxima Centauri b) y aparentemente prometedores [2].

De entre la gran variedad de mundos, cada pocos meses, encontramos uno nuevo que nos hace soñar con lo que llamamos una Tierra 2.0. Actualmente quizás el planeta más parecido al nuestro sea Kepler 1649c a unos 300 años luz y orbitando una enana roja, pero es solo cuestión de tiempo que encontremos algunos planetas terrestres en escenarios mucho más parecidos al nuestro; alrededor de estrellas amarillas de edad intermedia y relativamente tranquilas- como nuestro Sol- por contraposición a la cercanía de planetas en enanas rojas excesivamente activas.

Y aunque los descubrimientos sobre exoplanetas son revisados por instrumentos independientes antes de ser considerados confirmados, a veces se deslizan fiascos. El sistema conocido como Tatooine (en referencia al universo StarWars en el que aparece un planeta con dos soles) o más correctamente HD188753A b, durante casi una década fue portada de innumerables artículos de divulgación, aunque nunca fue confirmado.

Incluso más recientemente durante 2016 se publicó en Sciencie el descubrimiento de un Júpiter caliente que orbitaba también a 3 soles, detectado mediante los telescopios VLT, el planeta HD131399 A b. Sin embargo, en este caso, fue el propio investigador principal del paper que anunciaba su descubrimiento, quien recientemente retiraba el descubrimiento por la confirmación -en este caso- de una contaminación en los datos debido a la presencia de una estrella de fondo que fue posible descubrir mediante los telescopios Keck. Esta retractación también fue publicada naturalmente en Sciencie.

Y aunque cada vez hay más astrónomos que se suben al carro de la caza de exoplanetas y su caracterización, donde el telescopio espacial James Webb Telescope nos promete sorpresas (recordemos, en los ya descubiertos, pues no es un telescopio cazador de exoplanetas), muchas veces hay que recordar como se construye la ciencia: en base a éxitos y errores en las hipótesis de la interpretación de datos e incluso en el error de los propios datos.

Por tanto, no pienses que lo que se publica en la Wikipedia (por citar un medio de información), o en tu publicación preferida de divulgación científica, es la verdad, ni si quiera -algunas veces- lo que se publica en fuentes primarias de investigación científica resulta ser cierto.

Finalmente, referir siempre a fuentes como [3] y [4] para estar al día de un mundo tan movido como es el mundo de los exoplanetas.

Un saludo y gracias por leerme

Referencias del texto:

[1] https://cielosestrellados.net/2022/03/26/mundos-a-montones/

[2] https://www.nature.com/articles/nature19106

[3] https://www.jpl.nasa.gov/topics/exoplanets

[4] http://exoplanet.eu/

La luna llena del cristianismo (o no)

La Luna llena del cristianismo (o no)

La primera luna llena de la primavera boreal marca la celebración de la semana santa.

A la mayoría de los aficionados a la astronomía no se les escapa que, normalmente coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa, solemos tener luna llena. Muchos de nosotros sabemos que estos días normalmente no son muy compatibles con la observación al telescopio de cielo profundo (nebulosas, galaxias, etc.), o de la práctica de la astrofotografía, por la presencia de nuestro satélite natural.

Y resulta que este sábado 16 de abril, a las 20:56 hora española, se produce la alineación espacial de la Luna, la Tierra y el Sol, habitual de cada plenilunio.

Podemos saber la hora de la salida exacta de la Luna desde nuestra localidad consultando los datos del Observatorio Astronómico del IGN [1], o también podemos recurrir a multitud de apps gratuitas para dispositivos móviles que, gracias a la geolocalización, nos dice la hora exacta y su azimut en el momento de la salida (o posición angular exacta de salida respecto al Norte) o incluso simular ese momento mediante la llamada realidad aumentada. Para mi localidad la salida de la Luna es las 20:30, con el Sol todavía encima del horizonte Oeste.

Por tanto, esta Luna llena, además de la belleza habitual que nos ofrece su contemplación a simple vista, también ofrece a muchos astrofotógrafos la posibilidad de la captura de la misma saliendo detrás de algún motivo de paisaje significativo, y más conociendo que esta salida se produce aún con las luces de la puesta solar que permite jugar con las luces del paisaje que aún se encuentran iluminadas.

Pero esta primera luna llena de la primavera boreal tiene un especial significado para aquella parte de la sociedad practicante de la religión cristiana, y en realidad, colateralmente, incluso con parte de aquella sociedad que no lo es, -pues al igual que las vacaciones de la Navidad-, hay unos días festivos que permite a muchas personas descansar laboralmente -y a otras personas trabajar más-.

Luna llena sobre el Mediterráneo. Crédito del autor.

Y es que la fiesta de la Semana Santa, donde se conmemora la muerte y resurrección de Jesucristo, profeta del cristianismo, es una festividad que se pone de acuerdo al calendario lunar.

En el llamado Concilio de Nicea, en el 325 d .C y posteriormente con el influyente monje romano Dionisio el Exiguo (creador del «Anno Domini», 525 d. C) se designó que el llamado «domingo de resurrección» (Pascua de resurrección) sería el primer domingo tras la primera luna llena de la primavera boreal.

Considerando que el equinoccio de primavera no se da siempre el mismo día, ya que la órbita de la Tierra al Sol no es exacta en número entero de días (por eso lo de los años bisiestos), el equinoccio se puede producir los días 20,21 o 22 de marzo. A partir de aquí hay que considerar cuándo es plenilunio, y respecto a esta fijar la festividad cristiana. Esto provoca que la Semana Santa tenga una variación máxima de hasta 33 días desde la fecha del equinoccio de primavera boreal.

Al igual que con otras festividades, como la Navidad o la noche de Sant Joan, podemos intuir que estas fechas cristianizadas, tienen una base mucho más antigua y de origen pagano, vinculadas a los solsticios o a los equinoccios, cuando se rendía culto a los astros como deidades, y se les pedía o invocaba -en diferentes ritos, costumbres y festejos- que el cambio de estación trajera épocas de bonanza o de tranquilidad.

Mis conciudadanos, caerán en la cuenta que nuestras fiestas fundacionales de la ciudad de Castelló de la Plana -las fiestas de la Magdalena-, también oscilan en el calendario, y si, esa oscilación es debida a que estas fiestas se ponen de acuerdo a la Semana Santa y por tanto, también de acuerdo a la Luna.

Todos somos de una forma u otra, un poco lunáticos y lunáticas.

Espero que os haya gustado y gracias por leerme.

Referencias del texto:

[1] https://astronomia.ign.es/orto-y-ocaso-de-la-luna

¿Dónde demonios está Earendel?

¿Dónde demonios está Earendel?

En la tarde (en España) del pasado miércoles 30 de marzo, la NASA -a través de los datos obtenidos por el telescopio Espacial Hubble (HST)- ha hecho público el estudio [1] en el cual se da a conocer la primera observación de una estrella que podría ser de población III, esto es, la primera generación estelar tras el Big Bang. Esta estrella ha sido denominada Earandel, nombre vinculado al «universo» del escritor J.R Tolkien, que parece ser se basó en leyendas medievales o incluso muy anteriores, vinculadas a menciones a algún astro brillante en el cielo.

Crédito: NASA/ESA

La detección ha sido posible gracias a una lente gravitacional, una especial alineación con la misma, y lógicamente al brillo que sustentó esta estrella. Y digo que «sustentó» porque según el comunicado, su luz partió de ella hace 12900 millones de años.

Esta posible primera detección de este ansiado y buscado tipo de estrellas -las primeras que brillaron tras el Big Bang- abre la posibilidad por fin de empezar a analizar este tipo de objetos con el telescopio espacial James Webb, (JWST), que empezará a trabajar este verano. El James Webb, con un diámetro casi tres veces superior al del Hubble, será capaz de analizar con mayor resolución este tipo de objetos y aportarnos información sobre si son las tan ansiadas estrellas de primera generación con una composición similar al universo primigenio, ya que su luz partió de ella cuando el universo solo contaba con unos 1000 millones de años.

Rápidamente muchos medios de comunicación han interpretado que el tiempo que la luz ha tardado en llegarnos es también la distancia en años luz a la que se encuentra -o mejor se encontraba- este objeto.

Si consideremos que la velocidad de la luz es constante, lógicamente vemos una estrella que se encuentra a 1 año luz de distancia exactamente como era hace un año, que es lo que ha tardado la luz en llegarnos. Es la propia definición de esta medida de distancia que es el año luz. Podemos decir que, a escalas cercanas o galácticas, el tiempo que tarda la luz es exactamente la distancia a la que se encuentra el objeto que lo emite, si utilizamos este patrón.

Pero a escala cosmológica la cosa se complica y no funciona así, y no porque la velocidad de la luz no sea una constante ahora y también en el pasado -ya que mirar lejos en el espacio es por tanto mirar atrás en el tiempo-, sino porque el universo se expande desde su inicio y además la velocidad de expansión del universo no es una constante a lo largo del tiempo.

De hecho, el modelo del Big Bang aceptado actualmente, contempla una muy breve época inicial llamada «la gran inflación», en el que el tamaño del universo se agrandó de forma brutal (exponencial diría yo) que resuelve algunos aspectos complejos de la cosmología moderna. Actualmente sabemos que la expansión del universo es acelerada.

Así, el universo que se originó hace unos 14000 millones de años no tiene un radio de 7000 millones de años luz, si no mucho más, unos 45000 millones de años luz de radio. Me anticipo: NO preguntéis que hay más allá de esa distancia, la luz aún no ha tenido tiempo de llegarnos pues el universo es finito en el tiempo (14000 millones de años) y la luz finita en su velocidad.

De hecho, cuando la luz fue emitida por esta estrella, el universo era lógicamente mucho más pequeño (solo llevaba unos 1000 millones de años existiendo), y nuestro supuesto punto en el universo estaba «solo» a unos 4000 millones de años luz de distancia de Earandel. Pero antes que te líes con estas cosas, vamos a aclarar algo.

Para evitar confusiones, en distancias cosmológicas, se utiliza el término de distancias comóviles, o más sencillamente el término adimensional corrimiento al rojo o «redshift» (z), en cuya definición no voy a entrar en detalle para no liarte más, pero que tiene que ver con lo lejos que está la luz que observamos en función de lo cambiada que están las longitudes de onda de esa luz que analizamos al descomponerla en su espectro (y que siempre están desplazadas hacía la zona roja del espectro electromagnético debida a la expansión del universo).

Earendel en concreto tiene un redshif de z= 6,2, lo que la situará a una distancia aproximada de unos 8800 Mpc, o lo que es lo mismo, unos 28000 millones de años luz. Puede resultar paradójico el pensar que mientras que la luz de la estrella ha estado recorriendo temporalmente 12900 millones de años, su distancia de detección actual sea en realidad a la distancia de unos 28000 millones de años luz. Pero es lo que tiene que el universo se expanda y tanto más rápidamente cuanto más lejos miramos, según nuestro modelo actual [2]

Nadie dijo que la cosmología fuera sencilla, explicarla de forma que no parezca compleja es un reto, comprenderla un triunfo, pero al contrario de lo que decía el gran Richard Feynman sobre la mecánica cuántica «si crees que entiendes la mecánica cuántica es que no la entiendes», la cosmología es mucho más gratificante y familiar en sus observaciones.

Creedme que, el modelo cosmológico actual que tenemos (∆CDM), con unos determinados valores para unas determinadas constantes (como la de Hubble, H0), es el que mejor se ajusta para todo lo que llevamos observando desde que aprendimos que las nebulosas espirales eran otras galaxias y que el universo se expandía, cosa que por cierto descubrió E. Hubble hace un siglo (el señor de la foto superior, que quizás te sonríe).

Espero que os guste y os anime a profundizar en una disciplina apasionante.

Gracias por leerme y si os gusta, os animo a seguir el blog.

Referencias:

[1] https://www.nature.com/articles/s41586-022-04449-y

El comunicado de NASA aquí: https://www.nasa.gov/feature/goddard/2022/record-broken-hubble-spots-farthest-star-ever-seen

[2] https://www.astro.ucla.edu/~wright/Dltt_is_Dumb.html

Y de regalo para los más interesados e interesadas, algo que os encantará y nunca más os volverán a liar cuando os den un valor de z:

Paper-and-pencil cosmological calculator: https://arxiv.org/pdf/1303.5961v1.pdf

Actualización agosto 2022:

El flamante nuevo telescopio espacial James Webb (JWST) observa Earendel y aparentemente se confirma su naturaleza estelar.

Referencia: https://arxiv.org/abs/2208.09007

Mundos a montones

La primavera boreal de 2022 empieza con más de 5000 exoplanetas confirmados.

La búsqueda de exoplanetas – planetas alrededor de otras estrellas – no ha hecho nada más que empezar y acabamos de sobrepasar los 5000 exoplanetas.

Captura de la página web de NASA dedicada a exoplanetas, en marzo de 2022.

Antes de los años 90 del siglo pasado, a los niños y niñas se les enseñaba un sistema solar que bien se podría representar en un cromo de colección.

El Sol, una enorme esfera gigante de Hidrógeno que brillaba con luz propia debido a la fusión nuclear en su interior, y sus 9 planetas que nos aprendíamos de carrerilla por orden de proximidad. Cuatro de ellos eran gaseosos, y de estos extraños mundos, los más exteriores Urano y Neptuno, solo habían podido ser fotografiados y estudiados de cerca unos pocos antes por la sonda espacial Voyager 2. El más exterior de los planetas, Plutón -pequeño y de tipo terrestre- a lo lejos, marcaba quizás una frontera donde ya solo sería posible encontrar núcleos de hielo propio de cometas de medio periodo, y aún más lejos, la llamada nube de Oort, quizás a nada menos que 1 año luz de nuestra estrella y donde se situaba un halo esférico de núcleos de cometas de largo periodo.

En la denominada zona de hielo, la separación entre Marte y Júpiter se encontraba el cinturón (principal) de asteroides, con cientos de miles de estos cuerpos, siendo el más grande Ceres descubierto un 1 de enero de 1801 y con 1000 kilómetros de diámetro. Era tan grande que se le llegó a considerar un planeta.

A partir de estos datos, se formulaban hipótesis sobre la formación planetaria tras la formación solar, con una peculiaridad: nuestro sistema solar era el único que conocíamos, era la única muestra y eso habría hipótesis difícilmente refutables por las observaciones.

Soñar con otros mundos, a pesar de los avances en muchos campos de la astrofísica galáctica y extragaláctica con la llegada de la astronomía espacial y los grandes telescopios de última generación, no dejaba de ser un sueño que bien podría haber tenido Giordano Bruno, cuatro siglos antes.

Soñar con otros mundos habitables, como hizo Bruno tirando de imaginación en siglos oscuros, entraba en la difusa frontera entre ciencia y pura especulación. Algunos pioneros en este campo, mucho más modernos, han dejado su huella, como por ejemplo el Dr. Frank Drake, cuya simbólica fórmula para el cálculo de civilizaciones extraterrestres en nuestra galaxia fue popularizada por su amigo el Dr. Carl Sagan en su mítica serie COSMOS en los años ochenta.

Uno de los factores de esta fórmula simbólica era el número de sistemas planetarios presentes por cada estrella, un número tan desconocido entonces como el resto de factores que incluian.

El año de las Olimpiadas de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla (1992) se publicó la detección de posibles cuerpos planetarios alrededor de una estrella de neutrones en la constelación de Virgo (PSR B125+12) a más de 2000 años luz, que mostraba pulsaciones con irregularidades. No era esperable descubrir cuerpos planetarios alrededor de los restos de una estrella que había explotado como supernova, e incluso hubo cierta incertidumbre si los datos obtenidos mediante observación en radio (Arecibo) eran correctos.

Pero solo tres años después, en octubre 1995 se publicó una observación confirmada, de la detección del primer planeta alrededor de una estrella «normal» (secuencia principal) por parte de los astrónomos suizos Michael Mayor y Didier Queloz desde el observatorio astronómico de Alta Provenza (Francia) mediante la llamada técnica de las «velocidades radiales». Se trataba de un planeta tipo Júpiter pero muy cercano a su estrella (51 Pegasi). Este primer planeta, por cuyo descubrimiento ambos astrónomos recibieron el premio Nobel de Física en 2019, fue solo el primero en la detección de muchos planetas alrededor de otras estrellas en la «vecindad» galáctica de nuestro Sol.

Representación artística de 51 Pegasi. Crédito Debivort, Wiki Creative Commons

Curiosamente encontrábamos planetas de tipo «Júpiteres calientes» en las cercanías de sus estrellas, a diferencia de la actual disposición de nuestros gigantes gaseosos en nuestro sistema solar. Planetas masivos gaseosos que orbitaban sus estrellas de forma muy cercana (con superficies calculadas de más de 1000 ºC) y que eran capaces de provocar ese «cabeceo» gravitatorio periódico en sus estrellas, que era recogido mediante técnicas de estudio Doppler con espectrógrafos en la Tierra suficientemente sensibles.

Además, seamos consciente del sesgo observacional que supone este hecho; los planetas gigantes y masivos -y más si se encuentran cerca de sus estrellas- son capaces de provocar ese cabeceo gravitatorio que planetas de tipo terrestres -mucho más pequeños y menos masivos- no son capaces de producir, o al menos, no en una cantidad detectable desde nuestro planeta.

En todo caso 51 Pegasi b, en nomenclatura habitual en el nombramiento de exoplanetas, o Dimidio como posteriormente se le denominó, con una masa de la mitad de masa de Júpiter y con una órbita alrededor de su estrella de solo 4 días, abrió una nueva era en la caza de exoplanetas.

Los primeros años posteriores al descubrimiento de este primer exoplaneta fue un goteo, pero otro punto de inflexión lo marcó nuestra capacidad de detectar aquellos exoplanetas que tenían sus órbitas alrededor de sus estrellas orientadas en la visual de la Tierra provocando tránsitos sobre las mismas, que provocaban pequeñísimas variaciones de brillo, Así HD209458b fue el primer exoplaneta que, tras ser descubierto mediante velocidad radial, fue confirmado mediante el «método del tránsito». Teníamos la tecnología suficiente para detectar bajadas ínfimas de brillo.

Exoplanetas en la bóveda celeste. La zona violeta es la cubierta por el telescopio espacial «cazaplanetas» Kepler (NASA) donde se acumulan un gran número de descubrimientos

Los lanzamientos de los telescopios espaciales de COROT (2006, ESA) pero sobre todo de KEPLER (2009, NASA) nos devolvieron descubrimientos y candidatos (sospechosos a falta de confirmación) por cientos, abriendo toda una fauna de diferentes tipos de exoplanetas en diferentes tipos de escenarios estelares.

Los descubrimiento de planetas de tipo terrestre, de sistemas planetarios incluso con varios planetas de este tipo, las primeras detecciones de atmósferas planetarias, los mundos exóticos con dos soles o más soles, las consideraciones de las zonas de habitabilidad de sistemas solares y la existencia de planetas (y lunas) en las mismas, están provocando una época floreciente en una disciplina de la investigación astrofísica impensable hace muy pocas décadas y que hacen confluir ciencias con una gran transversalidad; formación planetaria, geología, biología, estadística,…

Nuevos instrumentos, a punto de entrar a funcionar con una potencia hasta ahora nunca vista (en nuestra cabeza todos tenemos el James Webb Space Telescope), nos hacen soñar, como Bruno o como el Dr. Drake, pero bajo un paraguas muy importante, dejamos las especulaciones para poner sobre la mesa evidencias científicas. Nuestra destreza es solo nuestro limite, el cielo es el límite.

Recientes exoplanetas de tipo terrestre especialmente interesantes desde el punto de vista de la habitabilidad. Crédito: Universidad de Puerto Rico UPR

Para saber mucho más, y estar al día de descubrimientos prácticamente todas las semanas, os recomiendo especialmente:

NASA: https://exoplanets.nasa.gov/

Observatorio Virtual (IVOA)- Observatorio de Paris : http://exoplanet.eu/

Universidad de Puerto Rico, Arecibo: https://phl.upr.edu/projects/habitable-exoplanets-catalog

Espero que disfrutéis de estos momentos tan históricos de la ciencia. Muchas gracias por leerme y no olvides dejar cualquier opinión o aporte al respecto.

El equinoccio en pocas palabras

El equinoccio en pocas palabras

Hoy es el último día del invierno boreal y del verano austral, esta tarde (en la península ibérica) se produce el equinoccio de primavera en el hemisferio norte y de otoño en el hemisferio sur. La trayectoria aparente del Sol debido a la translación anual de la Tierra (línea naranja, denominada eclíptica), se sitúa justo en el ecuador celeste -que es la proyección en el cielo del ecuador terrestre (línea azul)-. Esto implica que ambos hemisferios de la Tierra reciben con la misma inclinación los rayos del Sol y el día es igual de largo que la noche (eso significa la palabra equinoccio).

Si estuviéramos en el ecuador de la Tierra, el Sol estaría justo en nuestra vertical y no proyectaríamos sombra a mediodía solar. Las sombras en un punto norte y sur de la Tierra son iguales para iguales latitudes. Es decir, unos palos idénticos situados en ciudades situadas en (por ejemplo) +45º N y -45º S, proyectan las mismas longitudes de sombra, a las mismas horas solares.

Con un simulador celeste como el programa gratuito Stellarium, podemos comprobar la proyección de las líneas imaginarias comentadas y ver dónde se sitúa el Sol respecto a las estrellas y las figuras imaginarias de las constelaciones (se encuentra en Piscis, que no en Aries debido a la precesión de los equinoccios), aunque sea pleno día.

Captura de Stellarium. La posición del Sol esta tarde (península ibérica)

El camino del Sol (eclíptica) volverá a cruzar al ecuador celeste en el próximo equinoccio de otoño boreal.

Detalle del momento del equinoccio. Captura de Stellarium

A partir de hoy el Sol tienen una declinación celeste positiva (es decir, hacía el norte del ecuador celeste) y no la volverá a tener negativa (es decir hacia el sur del ecuador celeste) hasta el próximo equinoccio.

 ¡Feliz equinoccio!

¿Qué repercusiones tendrá la guerra en Ucrania en la exploración espacial?

¿Qué repercusiones tendrá la guerra en Ucrania en la exploración espacial?

Como dice un carismático entrenador de fútbol (y no es que sea aficionado a este deporte); lo vamos viendo partido a partido. No me interpretéis con frivolidad, cualquier guerra es un drama humano de proporciones brutales, pero no es mi intención ni me creo sentir con la capacidad de hablar de ello.

Además, y dado que no somos adivinos (esa es la puerta de enfrente), y NO sabemos cuánto se alargará el conflicto bélico, vamos a hablar de las repercusiones a corto plazo.

Hechas estas aclaraciones y dado también que en la entrada anterior intenté dejar tajantemente claro lo que hay dicho hasta el momento sobre la colaboración rusa en la Estación Espacial Internacional (ISS), que para nada tiene que ver con hacerla estrellar contra nadie, pero si una velada amenaza de posible abandono del segmento de ese país que es el que proporciona el mantenimiento de su órbita, vamos con lo que si se va a ver afectado y lo que se podría ver afectado.

Como vimos en mi primera entrada del año [1], estamos destinados a ver grandes cosas en el sector aeroespacial y la investigación astronómica. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania va a tener repercusiones graves en las colaboraciones internacionales en el sector, y los gastos derivados de la crisis, es posible que recortes en programas en desarrollo.

Aquellas personas que no entiendan las repercusiones que los recortes en investigación y desarrollo espacial tienen con la sociedad, creo que pueden tener una buena analogía con los recortes en sanidad y la actual pandemia.

Twiter: Roscosmos deja de colaborar con ESA (también NASA y empresas estadounidenses del sector) y más allá. Triste.

El pasado 26 de febrero Roscosmos (Agencia Espacial Rusa) retiró su personal de 87 personas de la base de lanzamiento de ESA (Agencia Espacial Europea) de la Guayana Francesa en respuesta a las sanciones europeas. Recordemos que desde esta ubicación también se venían realizando despegues de cohetes Soyuz, que afectan de forma inmediata al despliegue de la red civil de satélites europeos de geo posición global (GPS) Galileo.

Además, el cohete europeo Vega de la ESA utiliza parcialmente motores fabricados en Ucrania, cuyo suministro se verá descontinuado durante un tiempo incierto, así como lo motores de los cohetes Atlas V (Lockheed Martin-Boing/USA) que utilizan motores en este caso de origen ruso.

Las capsulas Cygnus de aprovisionamiento de la ISS lanzadas por el cohete Antares (Northrop Grumman-USA) también puede verse comprometidas por el desabastecimiento de motores rusos.

Temporalmente USA tendrá pues que aumentar la subcontrata de Space X, que puede subsanar en muchos casos los retrasos en el suministro de motores mediante su Falcon 9 y su cápsula Dragon (Crew y Cargo).

Roscosmos también ha comunicado la suspensión de la colaboración con USA en la misión Venera-D con destino Venus, y peor aún, aparentemente también peligra la deseada misión europea y rusa a Marte, la Exomars2020. El rover europeo Rosalind Franklin -que no pudo lanzarse en la ventana de 2020 debido al impacto de la pandemia- es posible que también pierda la ventana de 2022, ya que el lanzamiento estaba previsto para septiembre con un cohete ruso Proton desde su base de lanzamientos en Baikonour.

Venera 12 (Diciembre 1978. La superficie de Venus en color)

El potente programa espacial de China (CNSA) aparentemente en poco se verá alterado por este conflicto bélico. Prácticamente no depende para nada de terceros, y el seguimiento de sus logros llega con cuentagotas a occidente, aunque tenemos, como siempre, muy buenos divulgadores del mismo que cuentan con fuentes y experiencias excelentes. [2]

Por tanto, su hoja de ruta hacía la órbita permanente (Estación Espacial China, CSS -en desuso su nombre Tiangong-) y hacía la Luna con las misiones Chang’e 6 y 7 en el polo sur de nuestro satélite y quizás las bases de una futura estación lunar en órbita en coloración internacional (Rusia había mostrado su interés en ello). Pero lo más fascinante es que aparentemente no precisan de nadie para conseguir sus metas.

Así quedará la CSS de la CNSA, con total independencia de lo que haga Rusia. Crédito CNSA.

Y el plato fuerte, o por lo menos del que más datos disponemos en occidente: la vuelta a la Luna y planes -a más largo plazo- de ir a Marte de la mano (que no la única) de Space X.

¿Se va a ver muy mermado por esta situación bélica y de tensión internacional?

Bueno, EE. UU de momento no es una potencia implicada en el conflicto de una forma directa, por lo que el gasto desmesurado que provoca todo conflicto armado directo no existe y no debería repercutir en recortes en su programa más llamativo e inminente: Artemisa o regreso a la Luna con el imponente cohete SLS.

Y aunque antes de finales de este mes (17 de marzo) vamos a ver con toda probabilidad el roll-out del cohete SLS desde el edificio de ensamblaje (VAB) hacia la zona de lanzamiento en cabo Kennedy (¡como para perderse solo este paseo!) para las pruebas criogénicas de combustible, las voces vinculadas a NASA que cada vez son más críticas con el gasto desmesurado de este programa, de su rendimiento y de los plazos establecidos (2024-2025 vuelta a la Luna tras 2 lanzamientos anteriores).

Si, muy «Americano» (Estadounidense) , pero así está el Artemisa-1, muy cerca de salir del VAB. Crédito: NASA

Artemisa I debería despegar sin tripulación antes de final de este año, Artemisa II -con tripulación- circunvalaría la Luna en 2024 y haría prácticamente todas las operaciones menos el descenso lunar, y Artemisa III (¿2024-2025?) pondría a la primera mujer en el polo sur lunar. En principio solo se contemplarían 9 misiones Artemisa, pero teniendo en cuenta su costo por lanzamiento, no sería extraño que no se fuera más allá de la 3 y posteriormente el SLS se utilizara para otra finalidad.

Además, el programa depende mucho del éxito de la Starship de Space X (cuya versión orbital Starship «heavy» también andamos como locos deseando verla volar tras el ok de la FAA), y de su versión lunar, que es la que debe realizar de módulo de alunizaje para la cápsula Orión del cohete SLS.

Starship SN20 heavy en la Starbase (Bocachica, Texas). Esperando su despegue. Crédito: Space X.

Desde la distancia, veo capaz a Elon Musk de realizar estos desarrollos en los plazos más optimistas, aunque él mismo ha dicho que espera fracasos por el camino, pero aparentemente va a venir todo muy rápidamente, y a nadie le cabe duda que ya estamos ante la compañía espacial privada más potente del mundo que tampoco depende de terceros para el mantenimiento o desarrollo de sus misiones.

Eso sí, el actual gobierno estadounidense tendría una «excusa» plausible para demorar sus plazos debido a los gastos y situación económica postpandémica devenidos de la actual situación, y nadie le podría reprochar nada, sin embargo, una pesada espada pende sobre la administración actual o futura: el programa SLS se lanzará obsoleto por sus retrasos y extremadamente caro. Demorarlo más o dejarlo morir son también suicidios políticos poco justificables ante la opinión pública.

NASA quizás debe re-inventarse en la exploración humana del espacio, o sencillamente aceptar que el camino es subcontratar empresas del sector privado que vienen pisando muy muy fuerte. Yo apuesto por la segunda opción como más probable, pero es una opinión desde el desconocimiento de lo que se «cocina» realmente en los despachos importantes.

¿Cómo lo veis?

Muchas gracias por leerme y seguir este blog

Referencias del texto

[1] https://cielosestrellados.net/2022/01/15/que-podemos-esperar-de-la-exploracion-espacial-y-la-astronomia-en-2022/

[2] https://danielmarin.naukas.com/2022/02/02/el-libro-blanco-del-programa-espacial-chino-para-los-proximos-cinco-anos-estacion-espacial-y-la-luna/

¿Puede el gobierno Ruso estrellar la Estación Espacial Internacional sobre un determinado país del mundo?

¿Puede el gobierno Ruso estrellar la Estación Espacial Internacional sobre un determinado país del mundo?

Esta entrada de «emergencia» se debe a los desgraciados acontecimientos que se están sucediendo en la Europa oriental -de todos sabido- y a las interpretaciones que están realizando algunos medios de comunicación de las declaraciones del director de Roscosmos (Agencia Espacial Rusa) recientemente.

La respuesta es: NO.

En primer lugar, una consideración lógica y sin conocimientos sobre la Estación Espacial Internacional (ISS) de ningún tipo. Si el gobierno Ruso deseara realizar algo semejante, es que estamos en un escenario declarado de guerra total, y creo que la caída de la ISS sería con mucho la menor de las preocupaciones.

En segundo lugar, y teniendo en cuenta las características de órbita y lo que implicaría «apuntar» su desorbitado, lo más posible es que fallara: la entrada en la atmósfera es una cosa muy complicada que se hace con cierta lentitud, y casi seguro un desorbitado precipitado (para que nadie interviniera en su aborto) sería con toda probabilidad un fracaso para que -los restos que penetraran tras atravesar la atmósfera- impactaran en un lugar concreto. La incertidumbre en el lugar de impacto de los restos -muy dispersos- sería una zona enormemente grande. Cuando finalice la vida útil de la ISS (¿2030?), el desorbitado será relativamente lento para asegurar una zona de impacto de restos en el Atlántico Pacífico.

En tercer lugar, la tripulación de la ISS está formada por astronautas Estadounidenses y Rusos principalmente, que además de no llevar armas abordo, forman una «familia». Podrían llegar a escenificar un confinamiento en la zona Rusa y otro en la zona Estadounidense para la foto, pero es seguro que esas puertas se abrirían tras la foto, foto que en el peor de los casos les podría ser exigida ( y creo que unilateralmente) por motivos políticos.

En cuarto lugar; el segmento Ruso depende del Estadounidense y viceversa en un montón de cosas, entre las que está el soporte vital y maniobra.

Y en quinto lugar, en realidad la amenaza sobre la ISS es más una amenaza velada, pues consiste en abandonar el interés y colaboración en la ISS, que implicaría el abandono por la operación de mantenimiento en órbita. La ISS precisa correcciones de órbita de forma esporádica para compensar la pérdida de energía debido al mínimo rozamiento con la atmósfera y pequeñísimas perdidas por transferencia de momento (y a veces por seguridad), y estas correcciones corren a cargo del segmento Ruso. Es decir, NO se ha llegado a declarar en ningún momento desde Roscosmos «estrellar la ISS contra nadie», si no la posibilidad de dejar operar el mantenimiento en órbita de la ISS (lo cual no deja de ser un anuncio estúpido) y citar (más estúpidamente -aunque no he verificado este extremo-) que esos restos podrían caer sobre Europa o EE.UU, al abandonar la colaboración Rusa en la ISS.

Aunque se produjera este escenario, que sinceramente pienso que es sumamente improbable, los Estadounidenses tienen capacidad de llegar a la ISS con medios propios. Lo llevamos viendo desde que la empresa privada Space X entró en escena, y subsanar la pasividad de las correcciones de la órbita, insisto, altamente improbable. Una nave Dragon Cargo podría atracar y realizar estas correcciones.

Deberíamos empezar a considerar la fiabilidad de los medios de comunicación a la hora de informarnos de divulgación científica, o buscar algún organismo que estudiara su fiabilidad o exactitud en las noticias de ciencia.

Gracias por leerme, perdonad el carácter de esta entrada (ya sabéis que no es la línea de este blog) y creedme: no seáis «valientes Galos», no temáis, el cielo no va a caer sobre nuestras cabezas.

Finalmente, en cuanto a redes sociales, sería de agradecer que no se «reboten» noticias sin contrastar o noticias «clickbait»,… aunque la estupidez humana sea infinita y a veces la realidad tristemente supera a la ficción.

¡Feliz entrada de marzo!… que va a ser muy interesante desde el punto de vista astronáutico…y sobre todo:

¡Paz! ¡NO a ninguna guerra!.

Actualización de 15 de marzo de 2022: Tenéis un excelente articulo del gran Daniel Marín (Naukas) con muchas más información técnica aquí: https://danielmarin.naukas.com/2022/03/12/como-acabar-con-la-estacion-espacial-internacional/

Diamantes azulados en el cielo

Diamantes azulados en el cielo

La primavera boreal y otoño austral se aproximan. Independientemente de nuestras preferencias sobre las estaciones meteorológicas, para nuestras preferencias astronómicas están claras. El equinoccio marcará la igualdad del día y de la noche, y a partir de ese día, los días empezaran a ser más largos que las noches en el hemisferio norte y al contrario en el hemisferio sur.

Esto hará más cómodas pero cortas nuestras observaciones astronómicas en el Norte, y más incomodas, pero más largas nuestras observaciones en el Sur.

Y si ya hemos hecho una primera toma de contacto con el cielo, es hora de nuestra primera observación detallada de uno de sus objetos. Incluso si ya hemos adelantado este paso, ¿en qué objeto nos podemos detener pausadamente en su observación con facilidad?

Es difícil seleccionar un solo objeto de todos los visibles en el cielo; los planetas, los detalles lunares, cúmulos estelares (abiertos y globulares), galaxias, nebulosas difusas y planetarias, estrellas dobles y más difícil aconsejar el instrumento adecuado para cada tipo de observación, que será tema de otra entrada en algún momento.

Casi todos los observadores experimentados del cielo estarían de acuerdo que nuestro primer instrumento óptico debe de ser unos prismáticos. Asequibles, de fácil uso, sin necesidad de mantenimiento, muy portátiles, de uso también terrestre diurno, en definitiva, una inversión de la que no nos arrepentiremos.

Normalmente, además de la marca, encontraremos unas siglas pintadas en todas de las muchísimas ofertas del mercado: 8×30, 7×50, 10×50, 20×100…. Incluso a veces en formato 10-20×100.

Es fácil: el primer digito es el aumento proporcionado y el segundo detrás del «x» es el diámetro de la lente de cada uno de los tubos que componen el binocular. El último formato es que los prismáticos están provistos de zoom, pero habitualmente el segmento asequible de estos aparatos suele presentar deficiencias para la observación astronómica.

Prismáticos Nikon. 7×35, resistentes al agua. Aunque de prestigiosa marca y de calidad, la diferencia de diámetro de 35 mm a unos de 50 mm es suficiente para hacer que nos decantemos por los segundos para astronomía. En una búsqueda en cualquier plataforma de ventas on-line tenemos multitud de marcas, calidades y características (y precios). Crédito: Nikon Corp.

A mayor aumento, más detalle pues proporciona una imagen mayor, y a mayor diámetro de la lente, mayor número de estrellas débiles podremos captar. Pero no nos engañemos, a partir de un aumento de 7 o de 10, sostener unos prismáticos «a pulso» resulta complicado (necesitaremos de un trípode) y además la reducción del campo aparente abarcado limita nuestra observación de «gran campo» que es con lo que más disfrutamos astronómicamente hablando con estos instrumentos. Si deseamos ver con detalle los cráteres de la Luna, y no solo los principales, precisaremos un pequeño telescopio, al igual que si queremos ver detalles en los planetas.

Por tanto, es hora de estudiar la adquisición de unos prismáticos o incluso de pedírselos prestados a alguna persona que posea unos, normalmente son instrumentos no tan delicados como un telescopio y muchísimo más compactos y portátiles.

Y antes de finalizar con esta brevísima introducción a uno de nuestros primeros acompañantes de las noches bajo las estrellas, un par de cositas. Comentar que también deberíamos tener en cuenta el tamaño de la denominada «pupila de salida». Es el resultado de dividir el diámetro de la lente entre el aumento. En unos 7×50 será por tanto el resultado de 50/7. Esta división siempre debe proporcionar un resultado no demasiado inferior ni tampoco demasiado superior al tamaño de nuestra pupila que se dilata como mucho hasta el valor de los 7 mm en condiciones de oscuridad.

Para acabar de liarte un poco más, la calidad de los prismas Bak4 (Bario) siempre es superior a los BK7 (Boro-Silicato) y tiene que ver con la naturaleza con la que están hechos los prismas interiores de los prismáticos y la dispersión en la refracción (cromatismo). Esta especificación tiene que venir en las características que nos proporciona el fabricante, aunque no viene grabada como los aumentos y la abertura en el cuerpo de los prismáticos.

Unos prismáticos de 7×50 o 10×50 se encuentran dentro de los mejores instrumentos asequibles del mercado y nos proporcionan entre 7 y 9 grados aparentes del cielo, es decir, ideales para grandes campos en la Vía Láctea, algunos objetos extensos como la galaxia de Andrómeda, la Híades, las Pléyades, el Pesebre, la Luna en su conjunto, en fin, muchos objetos que podemos descubrir en noches estrelladas y de baja polución lumínica.

Primer objeto de una lista interminable

Contemplar la Vía Láctea, con sus miles y miles de estrellas agrupadas, es una visión maravillosa con prismáticos. Pero si queremos observar un objeto especifico con detalle y reflexionar sobre su naturaleza y sus implicaciones en la naturaleza de las noches estrelladas, sin duda yo recomiendo el cúmulo estelar de las Pléyades.

Captura del programa Stellarium

Se trata de 7 estrellas visibles a simple vista en la constelación de Tauro, en la parte superior occidental de Orión visto desde el hemisferio norte. Su latitud celeste (llamada declinación) de +24 º permite que también sean visibles desde el hemisferio sur en sus noches estivales. Aunque claro, para una latitud intermedia como la nuestra (del Mediterráneo) -pero en el hemisferio Sur- nunca alcanzan más allá de unos 25º de altura respecto al horizonte.

Eso nos convierte a los observadores del hemisferio norte de la Tierra en privilegiados para observarlas, porque cuando pasan por el meridiano (línea imaginaria Norte-Sur) alcanzan unos algo más que generosos casi 75º de altura sobre el horizonte desde nuestras comarcas (latitud 40ºN).

Es más, este conocido cúmulo de estrellas desde la antigüedad y prehistoria, se sitúa cerca aparentemente de la eclíptica -el camino exacto del Sol, pero también el aproximado de los planetas y la Luna- lo que provoca de vez en cuando bonitas conjunciones planetarias u ocultaciones lunares.

Fotografía de las Pléyades tomada por el autor con un Newton de 15 cm. Datos en la fotografía.

Su configuración (de «pequeña cucharilla») y su cercanía entre ellas, nos llama la atención en cuanto las localizamos en el cielo, tanto como se la pudo llamar a Homero (750 a.C) o a Hesíodo (700 a.C), que las citan en sus obras. Pero no solo son citadas por estos autores de la Grecia Clásica, diferentes civilizaciones alrededor del mundo han citado a este grupo estelar de una forma u otra en sus textos sagrados o ilustraciones y cuya finalidad pudo ser variada.

Encontramos petroglifos donde también es posible intuir- grabado en piedra de una forma tosca- esta configuración celeste. Es muy posible que -por ejemplo- en uno de los petroglifos de Campo Lameiro (Pontevedra, España) que datan de la edad de Bronce, se encuentre este grupo celeste, reflejando ya el interés del hombre primitivo por el cielo, con sus miedos y esperanzas, a la vez que buscando una utilidad práctica a las configuraciones celestes como el calendario, debido a sus ciclos regulares.

El cúmulo abarca más de un grado aparente en el cielo (la Luna llena es medio grado) y ya resulta intuitivo pensar que están vinculadas (por la gravedad) y no es un producto de nuestra perspectiva visual. Así es, configuran lo que llamamos un cúmulo estelar abierto (por contraposición a los cúmulos globulares), que suele albergar estrellas relativamente jóvenes y disponerse en el plano galáctico.

Los campos marcados responden a zonas estudiadas con detalle con el Hubble. Crédito :NASA

Las descendientes de Atlas, son citadas como siete en número y con nombres diferentes en distintas culturas; las siete cabritillas, las seis ninfas, las siete hermanas, o sencillamente las «seis estrellas» que conforman Subaru en Japón, ¿de qué os suena este nombre? Y es que, de las 7 estrellas principales, Pleione es quizás la más difícil de percibir a simple vista y quizás por eso en algunas ocasiones solo se citan seis, aunque nos resulta raro.

Sorprende que Kepler, a través de su profesor de matemáticas y astronomía Michael Maestlin, en la universidad de Tubinga (Alemania), cite 14 estrellas en el grupo y además su ubicación con precisión.

El número de Pléyades visible depende de nuestra agudeza visual -tanto en magnitud como en separación angular de componentes- y por supuesto de la calidad del cielo. ¿Cuántas cuentas tú a simple vista?

Galileo, probablemente el primer observador con telescopio de las Pléyades, y contemporáneo de Kepler (aunque este último nunca llegara a observar el cielo con uno de ellos), recoge casi 40 componentes. El telescopio de Galileo era un instrumento muy deficiente y pequeño, pero proporcionó los primeros descubrimientos interesantes de la astronomía.

Pero con un salto de 400 años, nuestros prismáticos, por sencillos que sean, nos van a mostrar nada menos que más de medio centenar. Si nuestros prismáticos son de «los grandes» (por ejemplo, 20×80), el número de estrellas supera las 100 componentes. Más de 100 preciosos diamantes celestes claramente azulados.

Detalles del cúmulo estelar de las Pléyades

Con los prismáticos, además de la abundancia de componentes, sorprende su color ligeramente azulado, por contraposición con el color de la relativamente cercana estrella Aldebarán (alfa de Tauro), de clara tonalidad naranja. Podemos realizar esta comparativa moviéndonos desde las Pléyades a la estrella en varias ocasiones, pero después lo ideal es descansar los prismáticos sobre un soporte -un trípode de fotografía sería lo ideal y existen adaptadores económicos para acoplar los prismáticos- y observar con pausa el cúmulo.

Su tonalidad azulada revela que son estrellas jóvenes y calientes. En espectroscopia estelar esto viene caracterizado por los llamados tipos espectrales, en este caso estrellas de tipo B (véase la tabla superior de las estrellas principales). Su tamaño y por tanto luminosidad real de la estrella, vienen caracterizado por la clase de luminosidad [1] de su clasificación espectral; la clase III es para las gigantes y la clase IV subgigantes, mientras que sólo la clase de luminosidad V son estrellas enanas (en luminosidad) propias de la llamada secuencia principal (SP), a la que pertenece, por ejemplo, el Sol. De las 7 estrellas principales, solo encontramos a Pleyone como miembro de la SP.

Tipos espectrales. A la izquierda figura la estrella (catálogos HD, SAO o Yale) junto con su tipo espectral. Cada espectro de un tipo espectral nos proporciona información sobre sus atmósferas estelares. Las rayas oscuras corresponden a la absorción de elementos o moléculas que están presentes en estas atmósferas. Créditos: NOIRLab.

Por tanto, parece que este cúmulo se ha formado no hace mucho más de 100 millones de años (Meynet et al, 1993), y sus estrellas, más masivas que el Sol, van a evolucionar rápidamente. De hecho, el número de enanas blancas (las primeras identificadas por la astrónoma Cecilia Payne) que se han encontrado asociadas al cúmulo, así lo indican. Es decir, las estrellas que nacieron más masivas, evolucionaron rápidamente a gigantes rojas y posteriormente a enanas blancas, ello podría venir justificando esa edad mínima estimada. Sin embargo, no se encuentran restos de nebulosas planetarias, lo cual tampoco es excesivamente sorprendente teniendo en cuenta las pocas decenas de miles de años que son visibles estas nebulosas, resultado de la expulsión de las capas más exteriores de las estrellas.

Y es que tanto en observación visual (alrededor de Maia, pero especialmente de Mérope) como alrededor de todo el cúmulo en exposiciones fotográficas, encontramos grandes nebulosas azuladas de reflexión (con espectros idénticos a los de las estrellas cercanas), pero ausencia de nebulosas planetarias. Hasta hace unas pocas décadas, estas nebulosas azuladas de reflexión se atribuía a los restos de la propia formación del cúmulo, sin embargo, es poco compatible que estrellas jóvenes, masivas y luminosas, con intensas radiaciones, mantengan aún cercanía relativa a sus nebulosas originales. Actualmente se acepta más que el cúmulo están atravesando una zona rica en polvo interestelar debido a las diferencias en las componentes de las velocidades propias entre las zonas de nebulosa y las estrellas del propio cúmulo.

Es curioso que uno de los cúmulos estelares más cercanos (¿440 años luz?) y mejor estudiados, nos depare esta sorpresa, como también lo es la determinación de su distancia.

Captura de pantalla del software libre Aladin Sky Atlas (Centro Datos astronómicos de Estrasburgo). Portal de entrada al Observatorio Virtual (VO), el mayor repositorio de datos astrofísicos profesionales del mundo. Acceso a todos los datos disponibles de cualquier objeto. En este caso, podemos ver como podemos obtener el valor del ángulo de la paralaje de una de las estrellas de la Pléyades y en que catálogo.

La primera medición por paralaje que consideramos más exacta de la era espacial la realizó el satélite Hipparcos (ESA, 1989-1993) [2], misión destinada a obtener paralajes y movimientos propios de un millón de estrellas a menos de 500 años luz (paralajes de más de 0,007 segundos de arco), y para las Pléyades la distancia calculada fue para sorpresa de muchos de 384 años luz, menos de los algo más de 400 años luz considerados antes de la astronomía espacial. Una diferencia tan abultada en un cúmulo cercano y modelo para el estudio de otros cúmulos abiertos más lejanos, después de casi un siglo de astronomía estelar, puso nerviosos a muchos astrofísicos.

Con errores acumulados de Hipparcos que se reconocieron en la calibración de distancias precisamente gracias a estrellas «cercanas» como las de este cúmulo y revisiones posteriores [3], y sobre todo las mejoras de los nuevos telescopios espaciales -especial atención a la liberación de las diferentes compilaciones de la misión espacial GAIA de la ESA actualmente en curso- ha sido posible refinar a valores de paralaje de 7 a 8 mas (400-450 años luz) en diferentes componentes del cúmulo.

Pero antes fue el propio telescopio espacial Hubble (2005) [4] y el VLA en Nuevo México del NRAO (VLBI, 2014 -contando con radiotelescopio de Arecibo-) [5] quienes se trabajaron la corrección de distancias determinadas por Hipparcos.

Tanto Gaia DR1 con 160 estrellas del cúmulo y valor calculado de 435 años luz, como Gaia DR2 (2018) con casi 10 veces más de estrellas estudiadas, arrojando un valor de 445 años luz, aseguraron que las Pléyades y su diagrama de HR constituyen un buen método para conocer la evolución estelar y mantenerlo como patrón de distancias y conocimiento de la evolución de otros cúmulos más lejanos, pero eso, es otra historia.

Ahora, sal y disfruta con unos prismáticos de estos diamantes azulados de la noche estrellada.

Gracias por leerme, recuerda seguir este blog si te gusta, y nos vemos bajo las estrellas.

Referencias:

[1] https://www.sea-astronomia.es/glosario/clase-de-luminosidad

[2] https://www.esa.int/Science_Exploration/Space_Science/Hipparcos_overview

[3]http://simbad.u-strasbg.fr/simbad/sim-id?Ident=*+eta+Tau&NbIdent=1

[4]https://hubblesite.org/contents/news-releases/2004/news-2004-20.html?Year=2004&page=2&filterUUID=8a87f02e-e18b-4126-8133-2576f4fdc5e2

[5]https://www.science.org/doi/10.1126/science.1256101

Las noches más oscuras entre perros de caza

Las noches más oscuras entre perros de caza

Para algunos observadores del cielo la astronomía es una actividad de verano, y es una verdadera pena.

Naturalmente es del todo respetable, muchos son los motivos que pueden obligarnos a no disfrutar del cielo de invierno -ya sea en el hemisferio Norte como en el Sur-, una de ellas puede ser lógicamente la salud propia o quizás la incomodidad de las temperaturas en función del rigor de nuestras temperaturas en esta época del año.

Sin embargo, durante las noches de invierno tenemos más horas de oscuridad, el Sol está más bajo por debajo de nuestro horizonte de observación local, y al igual que durante el verano, tenemos verdaderas joyas en el cielo para explorar en observación visual como para fotografiar.

Es obvio que voy a hablar del cielo del invierno boreal, sencillamente porque es el que conozco y he observado durante muchos años, y junto con la entrada del pasado verano [1] pretende ser un acicate para que salgáis a observar el cielo estrellados alejándoos de las luces urbanas, que nos borran el cielo.

Al igual que la entrada del pasado verano, pretende ser un texto de motivación, de iniciación, y ojalá sea para algunas personas, motivo para justificar una salida bajo el cielo estrellado invernal en este caso.

Preparando la salida

Es invierno aquí en el hemisferio norte (si estamos en el hemisferio Sur podemos aplicar las recomendaciones de mi entrada del pasado julio), por tanto, nos conviene no solo encontrar un lugar de observación relativamente accesible con un cielo poco polucionado de luces urbanas, si no también ir preparados para unas temperaturas incómodas. La contemplación del cielo requiere de poco movimiento físico, eso implica que la sensación de frio se irá incrementando respecto a la que tenemos habitualmente en la ciudad, y además nos encontraremos en un lugar a campo abierto, donde la temperatura es necesaria más baja.

Una buena opción es buscar un albergue o casa rural. Lo ideal es que tenga poca iluminación exterior o que se encuentre sensibilizado para la observación del cielo. Así, podemos encontrar por toda la geografía de nuestro estado (y cada vez en más países) un listado de alojamientos Starlight [2], no digo que sea siempre la mejor opción, pero por lo menos son establecimientos que se han comprometido con la causa de respetar el cielo nocturno, y en muchos casos incluso realizan actividades astronómicas o tienen instrumentos astronómicos disponibles para los huéspedes.

Captura de la página de la Fundación Starlight vinculada al Astrofísico de Canarias. Se pueden encontrar alojamientos y territorios donde hay un compromiso por preservar la oscuridad del cielo nocturno. Puede ser un buen referente en el caso que queramos explorar los alojamientos rurales.

Sea como fuere, está bien que nos enteremos si donde nos vamos a desplazar, es un lugar con un buen horizonte de visibilidad, y si durante la noche vamos a estar cerca de poblaciones o instalaciones que nos impidan disfrutar del cielo estrellado. Estamos realizando un esfuerzo para disfrutar de nuestra afición, es lógico que nos aseguremos que el lugar elegido es un lugar propicio.

Si elegimos la opción de un alojamiento rural, tenemos la ventaja de estar a pocos metros de unas instalaciones de abrigo que nos permite entrar en calor, o tomar alguna bebida caliente durante la observación de forma confortable, sobre todo si la misma es prolongada.

Carta celeste o planisferio, brújula, linterna preferiblemente frontal con luz roja, móvil cargado y mucha ropa.

Si la opción es desplazándonos a campo abierto para volver tras la observación, el coche puede ser nuestro lugar de refugio para descansar si lo necesitamos, recordando que cuando nos refugiamos del frio es importante poco a poco desprenderse de ropa si después vamos a retomar la observación.

Y es que la ropa de abrigo no debe faltarnos, así como bebida (ya sea agua o bebida caliente en un termo), un móvil con la batería cargada y un lugar donde nos encontremos relativamente cómodos y seguros, con el que se supone nos hemos familiarizado o explorado con anterioridad a la noche de observación.

Independientemente de si llevamos instrumental de observación astronómica o no, llegar de día al lugar de observación (especialmente en el segundo caso) suele ser muy importante. Tenemos tiempo de prepararnos para la noche, sacar el material para la observación, material complementario, abrigarnos, ubicarnos, avisar que hemos llegado bien y comprobar que toda marcha según lo que hemos previsto. De todo ello ya hablamos en la entrada mencionada del pasado verano, pero no puedo si no más que insistir, sobre todo si es de nuestras primeras veces que salimos y vamos a solas.

Si somos metódicos podemos prepararnos una pequeña lista en la que marcar que llevamos todo el equipo, ropa, bebida, móvil cargado, depósito de combustible completo, algo de comida, linternas adecuadas, etc.

Eligiendo la fecha

Cualquier día despejado puede ser bueno para salir a ver el cielo. Si estamos en verano, la salida de una Luna llena puede ser una buena excusa para escaparnos a algún lugar cercano a nuestra localidad, las posibles luces urbanas cercanas en este caso no nos importan demasiado por la presencia de la Luna, aunque lógicamente siempre afean la escena.

Pero en el caso del invierno, posiblemente no nos apetezca salir por el frio a ver la salida de la Luna llena. NO es que las salidas de la Luna llena en invierno no sean igual de preciosas, sencillamente que lo que nos interesa es disfrutar de un cielo estrellado y para ello hacemos kilómetros y nos exponemos a temperaturas poco agradables, y en el caso que tengamos Luna, la noche deja de ser oscura, la Vía Láctea y muchas estrellas débiles visibles a simple vista sencillamente desaparecen.

Por tanto, además de asegurarnos unas condiciones climatológicas adecuadas, una noche sin nuestro satélite en el cielo nos permitirá disfrutar plenamente del cielo. Para elegir la noche adecuada, pues solo tenemos que mirar un calendario con las fases lunares, consultar las fases lunares en cualquier Web de centros que ofrezcan este tipo de efemérides [3] o un sencillo programa de planetario que nos devuelva esta información.

El cielo estrellado

Al igual que comentamos en la entrada de verano, para familiarizarnos con el cielo y reconocer las constelaciones, precisamos una carta celeste. Bien nos podemos hacer con un planisferio, o bien imprimirnos una carta celeste on-line o desde un programa gratuito como Stellarium [4]. En este último caso, recordar que el programa nos permite imprimir en colores inversos (las estrellas y líneas de unión de constelaciones en negro y cielo en blanco) y así ahorramos tinta y nos facilitamos la tarea de interpretar la carta con una luz débil, que siempre será de color rojo.

Una aplicación de teléfono móvil, una linterna de luz blanca (normalmente led de demasiada potencia) o los faros de nuestro coche no son nunca una buena idea. Nos deslumbrarán y tardaremos más de 15 minutos en volver a tener nuestra pupila dilatada.

La carta siguiente es el cielo observable desde la ubicación de Castelló de la Plana en el caso que no tuviéramos polución lumínica. El horizonte en este caso esta personalizado, lo traté en la entrada anterior [5] pero en este caso no tiene ninguna importancia.

Captura de Stellarium en visión 360º y con horizonte personalizado por el autor descrito en la entrada anterior

Este mes de febrero es un mes interesante para observar en su plenitud el cielo de invierno boreal. Hemos dejado atrás las noches más frías y caminamos hacía el equinoccio de primavera y el cielo propio de esta estación.

La Vía Láctea, al igual que en el verano boreal, atraviesa nuestra vertical. En dirección del horizonte Sur no alcanza la misma espectacularidad de la que observábamos hace seis meses -dirección del centro galáctico – pero tampoco nos dejará indiferentes.

En esta dirección encontramos precisamente la estrella con brillo aparente que más resplandece en el cielo: Sirius o alfa del Can Mayor. Esta estrella tenía mucha importancia para los egipcios, y su brillo no paso desapercibido para otras civilizaciones. El Can Mayor es uno de los perros que acompañaban al cazador Orión en sus excursiones de caza. El otro perro, el Can Menor, apenas es una constelación que podamos resaltar si no fuera por presencia de la estrella más brillante de la misma, Proción.

Orión a la derecha superior de la torre, y Sirius del Can mayor pegada a la misma por su izquierda

Y formando un triangulo a la derecha de los canes tenemos precisamente al inconfundible Orión, una de las constelaciones más bonitas del cielo. Estas noches alcanza su máxima altura en el Sur, y lo encontramos -visto desde el hemisferio Norte- formando una enorme «cafetera italiana». Pero claro, los antiguos griegos no disponían de cafeteras italianas y si mucho interés por depositar en los cielos sus creencias y leyendas. En Orión, además de las tres estrellas del cinturón que se disponen en línea recta, podemos identificar las brillantes estrellas Betelgeuse (hombro) y Rigel (pie). Fijémonos en su diferencia de color: Betelgeuse es ligeramente naranja y Sirius es blanca.

Captura con Stellarium en la configuración de colores invertidos, ideal para imprimir y llevar al campo.

Además, Orión se está defendiendo eternamente en el cielo de la constelación de Tauro. Esta disposición, formada por una enorme letra «V» alargada y tumbada hacía Orión destaca por dos cosas: la presencia de la estrella anaranjada Aldebarán (el ojo del toro) y un pequeño grupo de siete estrellas que conforman el cúmulo estelar de las Pléyades -y que algunas personas confunden con la Osa Menor-. Si nuestra vista es fina podremos separar las siete, pero si no tenemos una vista excelente, solo llegaremos a distinguir seis. Eso sí, si las observamos con unos sencillos prismáticos nos quedaremos conmocionados con la cantidad de estrellas que podemos llegar a contar, más de 100 y casi todas con una clara tonalidad de suave azul. El panorama desde un hipotético planeta alrededor de alguna de estas jóvenes estrellas debe de ser magnifico.

Estamos descubriendo que las estrellas tienen colores y que, además -en algunas ocasiones- se observan en grandes agrupaciones. Pueden parecer una observación simple, pero es parte de la base de la astrofísica estelar.

Más hacia nuestra vertical encontramos a Castor y Pólux de la constelación de Géminis, y prácticamente en la vertical, la brillante estrella Capella, de la constelación de Auriga.

Al igual que en el verano boreal hablamos del asterismo del «Triángulo de Verano», aquí hablamos del «Hexágono de Invierno», en cuyo centro se situaría Betelgeuse ¿puedes localizarlo?

Familiarizarnos con las constelaciones es el primer paso para profundizar en la astronomía observacional. Nos valdremos de alineaciones imaginarias, triángulos, líneas rectas o lo que nos venga a la imaginación para reconocer la carta con las estrellas del cielo.

No perdemos de vista el objetivo; disfrutar del cielo estrellado. Intentar reconocer las constelaciones más importantes -formadas por estrellas más brillantes o formas más singulares- lo debemos plantear como un entretenimiento, porque si el cielo es bueno y está plagado de estrellas (más de 3500), puede no ser algo inmediato.

Si ahora nos giramos hacia el horizonte Norte y volteamos la carta celeste, siguiendo la Vía Láctea reconoceremos al héroe Perseo, a Casiopea (en esta época del año más como letra «M» que como «W») y Cefeo. Intentemos reconocer la línea principal que configura la constelación de Andrómeda más hacia el Oeste. Estas cuatro constelaciones están unidas por una de las aventuras famosas de los antiguos griegos que ha sido llevada a los cines en varias ocasiones.

Captura de Stellarium mirando hacía el horizonte Norte.

Y Ahora hacia el horizonte NE reconozcamos ese gran cucharón de siete estrellas que conforma la Osa Mayor, en realidad solo la parte trasera de la misma. Se encuentra «plantada» y esta posición nos facilitar su localización de la estrella Polar, la más brillante de la Osa Menor, pero que para nada es brillante ni destacable. La Polar o «Estrella del Norte» va a permaneceré inmóvil respecto a los horizontes durante toda la noche y todas las noches del año por coincidir con la prolongación del eje de rotación de la Tierra, es decir, marca el Polo Norte Celeste (PNC). Ha sido durante los últimos dos milenios la estrella que ha dirigido a innumerables aventureros, navegantes y exploradores, pero eso es otra historia.

Bajo de arco que conforma la cola de la Osa Mayor se empieza a levantar -aún a muy baja altura en el horizonte NE- una pequeña constelación que, como en el caso del Can Menor, solo podemos destacar por su estrella más brillante; Cor Caroli. Se trata de los Lebreles o Canes Venatici. Los perros de caza que en este caso no tienen vinculo con Orión ni con la mitología griega. Esta pequeña constelación fue introducida en el siglo XVII y seguro que hablaremos de ello en otro momento cuando hablemos de las galaxias.

Para finalizar prestemos atención al horizonte Este, está saliendo la constelación del León. Quizás sea una de las últimas constelaciones del cielo de estas noches que aún es fácilmente identificable. Esta constelación irá adelantando su salida cada día (unos 4 minutos)- como todas las demás-, y se convertirá en la que dominará el cielo meridional (hacía el horizonte Sur) durante las noches de primavera.

Disfruta de estas noches más oscuras entre perros de caza, cazadores y héroes mitológicos. Ya tendremos tiempo, una vez familiarizados con las estrellas y constelaciones principales, de profundizar en los objetos que contienen.

Muchas gracias por leerme y compartir la belleza de la observación del cielo estrellado.

Referencias del texto

[1] https://cielosestrellados.net/2021/07/17/las-noches-de-los-dias-con-un-calor-de-perros/

[2] https://fundacionstarlight.org/contenido/57-listado-alojamientos-starlight.html

[3] https://astronomia.ign.es/orto-y-ocaso-de-la-luna

[4] https://stellarium.org/es/

[5] https://cielosestrellados.net/2022/01/29/dale-un-horizonte-a-tu-vida-nocturna/