Diamantes azulados en el cielo

Diamantes azulados en el cielo

La primavera boreal y otoño austral se aproximan. Independientemente de nuestras preferencias sobre las estaciones meteorológicas, para nuestras preferencias astronómicas están claras. El equinoccio marcará la igualdad del día y de la noche, y a partir de ese día, los días empezaran a ser más largos que las noches en el hemisferio norte y al contrario en el hemisferio sur.

Esto hará más cómodas pero cortas nuestras observaciones astronómicas en el Norte, y más incomodas, pero más largas nuestras observaciones en el Sur.

Y si ya hemos hecho una primera toma de contacto con el cielo, es hora de nuestra primera observación detallada de uno de sus objetos. Incluso si ya hemos adelantado este paso, ¿en qué objeto nos podemos detener pausadamente en su observación con facilidad?

Es difícil seleccionar un solo objeto de todos los visibles en el cielo; los planetas, los detalles lunares, cúmulos estelares (abiertos y globulares), galaxias, nebulosas difusas y planetarias, estrellas dobles y más difícil aconsejar el instrumento adecuado para cada tipo de observación, que será tema de otra entrada en algún momento.

Casi todos los observadores experimentados del cielo estarían de acuerdo que nuestro primer instrumento óptico debe de ser unos prismáticos. Asequibles, de fácil uso, sin necesidad de mantenimiento, muy portátiles, de uso también terrestre diurno, en definitiva, una inversión de la que no nos arrepentiremos.

Normalmente, además de la marca, encontraremos unas siglas pintadas en todas de las muchísimas ofertas del mercado: 8×30, 7×50, 10×50, 20×100…. Incluso a veces en formato 10-20×100.

Es fácil: el primer digito es el aumento proporcionado y el segundo detrás del «x» es el diámetro de la lente de cada uno de los tubos que componen el binocular. El último formato es que los prismáticos están provistos de zoom, pero habitualmente el segmento asequible de estos aparatos suele presentar deficiencias para la observación astronómica.

Prismáticos Nikon. 7×35, resistentes al agua. Aunque de prestigiosa marca y de calidad, la diferencia de diámetro de 35 mm a unos de 50 mm es suficiente para hacer que nos decantemos por los segundos para astronomía. En una búsqueda en cualquier plataforma de ventas on-line tenemos multitud de marcas, calidades y características (y precios). Crédito: Nikon Corp.

A mayor aumento, más detalle pues proporciona una imagen mayor, y a mayor diámetro de la lente, mayor número de estrellas débiles podremos captar. Pero no nos engañemos, a partir de un aumento de 7 o de 10, sostener unos prismáticos «a pulso» resulta complicado (necesitaremos de un trípode) y además la reducción del campo aparente abarcado limita nuestra observación de «gran campo» que es con lo que más disfrutamos astronómicamente hablando con estos instrumentos. Si deseamos ver con detalle los cráteres de la Luna, y no solo los principales, precisaremos un pequeño telescopio, al igual que si queremos ver detalles en los planetas.

Por tanto, es hora de estudiar la adquisición de unos prismáticos o incluso de pedírselos prestados a alguna persona que posea unos, normalmente son instrumentos no tan delicados como un telescopio y muchísimo más compactos y portátiles.

Y antes de finalizar con esta brevísima introducción a uno de nuestros primeros acompañantes de las noches bajo las estrellas, un par de cositas. Comentar que también deberíamos tener en cuenta el tamaño de la denominada «pupila de salida». Es el resultado de dividir el diámetro de la lente entre el aumento. En unos 7×50 será por tanto el resultado de 50/7. Esta división siempre debe proporcionar un resultado no demasiado inferior ni tampoco demasiado superior al tamaño de nuestra pupila que se dilata como mucho hasta el valor de los 7 mm en condiciones de oscuridad.

Para acabar de liarte un poco más, la calidad de los prismas Bak4 (Bario) siempre es superior a los BK7 (Boro-Silicato) y tiene que ver con la naturaleza con la que están hechos los prismas interiores de los prismáticos y la dispersión en la refracción (cromatismo). Esta especificación tiene que venir en las características que nos proporciona el fabricante, aunque no viene grabada como los aumentos y la abertura en el cuerpo de los prismáticos.

Unos prismáticos de 7×50 o 10×50 se encuentran dentro de los mejores instrumentos asequibles del mercado y nos proporcionan entre 7 y 9 grados aparentes del cielo, es decir, ideales para grandes campos en la Vía Láctea, algunos objetos extensos como la galaxia de Andrómeda, la Híades, las Pléyades, el Pesebre, la Luna en su conjunto, en fin, muchos objetos que podemos descubrir en noches estrelladas y de baja polución lumínica.

Primer objeto de una lista interminable

Contemplar la Vía Láctea, con sus miles y miles de estrellas agrupadas, es una visión maravillosa con prismáticos. Pero si queremos observar un objeto especifico con detalle y reflexionar sobre su naturaleza y sus implicaciones en la naturaleza de las noches estrelladas, sin duda yo recomiendo el cúmulo estelar de las Pléyades.

Captura del programa Stellarium

Se trata de 7 estrellas visibles a simple vista en la constelación de Tauro, en la parte superior occidental de Orión visto desde el hemisferio norte. Su latitud celeste (llamada declinación) de +24 º permite que también sean visibles desde el hemisferio sur en sus noches estivales. Aunque claro, para una latitud intermedia como la nuestra (del Mediterráneo) -pero en el hemisferio Sur- nunca alcanzan más allá de unos 25º de altura respecto al horizonte.

Eso nos convierte a los observadores del hemisferio norte de la Tierra en privilegiados para observarlas, porque cuando pasan por el meridiano (línea imaginaria Norte-Sur) alcanzan unos algo más que generosos casi 75º de altura sobre el horizonte desde nuestras comarcas (latitud 40ºN).

Es más, este conocido cúmulo de estrellas desde la antigüedad y prehistoria, se sitúa cerca aparentemente de la eclíptica -el camino exacto del Sol, pero también el aproximado de los planetas y la Luna- lo que provoca de vez en cuando bonitas conjunciones planetarias u ocultaciones lunares.

Fotografía de las Pléyades tomada por el autor con un Newton de 15 cm. Datos en la fotografía.

Su configuración (de «pequeña cucharilla») y su cercanía entre ellas, nos llama la atención en cuanto las localizamos en el cielo, tanto como se la pudo llamar a Homero (750 a.C) o a Hesíodo (700 a.C), que las citan en sus obras. Pero no solo son citadas por estos autores de la Grecia Clásica, diferentes civilizaciones alrededor del mundo han citado a este grupo estelar de una forma u otra en sus textos sagrados o ilustraciones y cuya finalidad pudo ser variada.

Encontramos petroglifos donde también es posible intuir- grabado en piedra de una forma tosca- esta configuración celeste. Es muy posible que -por ejemplo- en uno de los petroglifos de Campo Lameiro (Pontevedra, España) que datan de la edad de Bronce, se encuentre este grupo celeste, reflejando ya el interés del hombre primitivo por el cielo, con sus miedos y esperanzas, a la vez que buscando una utilidad práctica a las configuraciones celestes como el calendario, debido a sus ciclos regulares.

El cúmulo abarca más de un grado aparente en el cielo (la Luna llena es medio grado) y ya resulta intuitivo pensar que están vinculadas (por la gravedad) y no es un producto de nuestra perspectiva visual. Así es, configuran lo que llamamos un cúmulo estelar abierto (por contraposición a los cúmulos globulares), que suele albergar estrellas relativamente jóvenes y disponerse en el plano galáctico.

Los campos marcados responden a zonas estudiadas con detalle con el Hubble. Crédito :NASA

Las descendientes de Atlas, son citadas como siete en número y con nombres diferentes en distintas culturas; las siete cabritillas, las seis ninfas, las siete hermanas, o sencillamente las «seis estrellas» que conforman Subaru en Japón, ¿de qué os suena este nombre? Y es que, de las 7 estrellas principales, Pleione es quizás la más difícil de percibir a simple vista y quizás por eso en algunas ocasiones solo se citan seis, aunque nos resulta raro.

Sorprende que Kepler, a través de su profesor de matemáticas y astronomía Michael Maestlin, en la universidad de Tubinga (Alemania), cite 14 estrellas en el grupo y además su ubicación con precisión.

El número de Pléyades visible depende de nuestra agudeza visual -tanto en magnitud como en separación angular de componentes- y por supuesto de la calidad del cielo. ¿Cuántas cuentas tú a simple vista?

Galileo, probablemente el primer observador con telescopio de las Pléyades, y contemporáneo de Kepler (aunque este último nunca llegara a observar el cielo con uno de ellos), recoge casi 40 componentes. El telescopio de Galileo era un instrumento muy deficiente y pequeño, pero proporcionó los primeros descubrimientos interesantes de la astronomía.

Pero con un salto de 400 años, nuestros prismáticos, por sencillos que sean, nos van a mostrar nada menos que más de medio centenar. Si nuestros prismáticos son de «los grandes» (por ejemplo, 20×80), el número de estrellas supera las 100 componentes. Más de 100 preciosos diamantes celestes claramente azulados.

Detalles del cúmulo estelar de las Pléyades

Con los prismáticos, además de la abundancia de componentes, sorprende su color ligeramente azulado, por contraposición con el color de la relativamente cercana estrella Aldebarán (alfa de Tauro), de clara tonalidad naranja. Podemos realizar esta comparativa moviéndonos desde las Pléyades a la estrella en varias ocasiones, pero después lo ideal es descansar los prismáticos sobre un soporte -un trípode de fotografía sería lo ideal y existen adaptadores económicos para acoplar los prismáticos- y observar con pausa el cúmulo.

Su tonalidad azulada revela que son estrellas jóvenes y calientes. En espectroscopia estelar esto viene caracterizado por los llamados tipos espectrales, en este caso estrellas de tipo B (véase la tabla superior de las estrellas principales). Su tamaño y por tanto luminosidad real de la estrella, vienen caracterizado por la clase de luminosidad [1] de su clasificación espectral; la clase III es para las gigantes y la clase IV subgigantes, mientras que sólo la clase de luminosidad V son estrellas enanas (en luminosidad) propias de la llamada secuencia principal (SP), a la que pertenece, por ejemplo, el Sol. De las 7 estrellas principales, solo encontramos a Pleyone como miembro de la SP.

Tipos espectrales. A la izquierda figura la estrella (catálogos HD, SAO o Yale) junto con su tipo espectral. Cada espectro de un tipo espectral nos proporciona información sobre sus atmósferas estelares. Las rayas oscuras corresponden a la absorción de elementos o moléculas que están presentes en estas atmósferas. Créditos: NOIRLab.

Por tanto, parece que este cúmulo se ha formado no hace mucho más de 100 millones de años (Meynet et al, 1993), y sus estrellas, más masivas que el Sol, van a evolucionar rápidamente. De hecho, el número de enanas blancas (las primeras identificadas por la astrónoma Cecilia Payne) que se han encontrado asociadas al cúmulo, así lo indican. Es decir, las estrellas que nacieron más masivas, evolucionaron rápidamente a gigantes rojas y posteriormente a enanas blancas, ello podría venir justificando esa edad mínima estimada. Sin embargo, no se encuentran restos de nebulosas planetarias, lo cual tampoco es excesivamente sorprendente teniendo en cuenta las pocas decenas de miles de años que son visibles estas nebulosas, resultado de la expulsión de las capas más exteriores de las estrellas.

Y es que tanto en observación visual (alrededor de Maia, pero especialmente de Mérope) como alrededor de todo el cúmulo en exposiciones fotográficas, encontramos grandes nebulosas azuladas de reflexión (con espectros idénticos a los de las estrellas cercanas), pero ausencia de nebulosas planetarias. Hasta hace unas pocas décadas, estas nebulosas azuladas de reflexión se atribuía a los restos de la propia formación del cúmulo, sin embargo, es poco compatible que estrellas jóvenes, masivas y luminosas, con intensas radiaciones, mantengan aún cercanía relativa a sus nebulosas originales. Actualmente se acepta más que el cúmulo están atravesando una zona rica en polvo interestelar debido a las diferencias en las componentes de las velocidades propias entre las zonas de nebulosa y las estrellas del propio cúmulo.

Es curioso que uno de los cúmulos estelares más cercanos (¿440 años luz?) y mejor estudiados, nos depare esta sorpresa, como también lo es la determinación de su distancia.

Captura de pantalla del software libre Aladin Sky Atlas (Centro Datos astronómicos de Estrasburgo). Portal de entrada al Observatorio Virtual (VO), el mayor repositorio de datos astrofísicos profesionales del mundo. Acceso a todos los datos disponibles de cualquier objeto. En este caso, podemos ver como podemos obtener el valor del ángulo de la paralaje de una de las estrellas de la Pléyades y en que catálogo.

La primera medición por paralaje que consideramos más exacta de la era espacial la realizó el satélite Hipparcos (ESA, 1989-1993) [2], misión destinada a obtener paralajes y movimientos propios de un millón de estrellas a menos de 500 años luz (paralajes de más de 0,007 segundos de arco), y para las Pléyades la distancia calculada fue para sorpresa de muchos de 384 años luz, menos de los algo más de 400 años luz considerados antes de la astronomía espacial. Una diferencia tan abultada en un cúmulo cercano y modelo para el estudio de otros cúmulos abiertos más lejanos, después de casi un siglo de astronomía estelar, puso nerviosos a muchos astrofísicos.

Con errores acumulados de Hipparcos que se reconocieron en la calibración de distancias precisamente gracias a estrellas «cercanas» como las de este cúmulo y revisiones posteriores [3], y sobre todo las mejoras de los nuevos telescopios espaciales -especial atención a la liberación de las diferentes compilaciones de la misión espacial GAIA de la ESA actualmente en curso- ha sido posible refinar a valores de paralaje de 7 a 8 mas (400-450 años luz) en diferentes componentes del cúmulo.

Pero antes fue el propio telescopio espacial Hubble (2005) [4] y el VLA en Nuevo México del NRAO (VLBI, 2014 -contando con radiotelescopio de Arecibo-) [5] quienes se trabajaron la corrección de distancias determinadas por Hipparcos.

Tanto Gaia DR1 con 160 estrellas del cúmulo y valor calculado de 435 años luz, como Gaia DR2 (2018) con casi 10 veces más de estrellas estudiadas, arrojando un valor de 445 años luz, aseguraron que las Pléyades y su diagrama de HR constituyen un buen método para conocer la evolución estelar y mantenerlo como patrón de distancias y conocimiento de la evolución de otros cúmulos más lejanos, pero eso, es otra historia.

Ahora, sal y disfruta con unos prismáticos de estos diamantes azulados de la noche estrellada.

Gracias por leerme, recuerda seguir este blog si te gusta, y nos vemos bajo las estrellas.

Referencias:

[1] https://www.sea-astronomia.es/glosario/clase-de-luminosidad

[2] https://www.esa.int/Science_Exploration/Space_Science/Hipparcos_overview

[3]http://simbad.u-strasbg.fr/simbad/sim-id?Ident=*+eta+Tau&NbIdent=1

[4]https://hubblesite.org/contents/news-releases/2004/news-2004-20.html?Year=2004&page=2&filterUUID=8a87f02e-e18b-4126-8133-2576f4fdc5e2

[5]https://www.science.org/doi/10.1126/science.1256101

Las noches más oscuras entre perros de caza

Las noches más oscuras entre perros de caza

Para algunos observadores del cielo la astronomía es una actividad de verano, y es una verdadera pena.

Naturalmente es del todo respetable, muchos son los motivos que pueden obligarnos a no disfrutar del cielo de invierno -ya sea en el hemisferio Norte como en el Sur-, una de ellas puede ser lógicamente la salud propia o quizás la incomodidad de las temperaturas en función del rigor de nuestras temperaturas en esta época del año.

Sin embargo, durante las noches de invierno tenemos más horas de oscuridad, el Sol está más bajo por debajo de nuestro horizonte de observación local, y al igual que durante el verano, tenemos verdaderas joyas en el cielo para explorar en observación visual como para fotografiar.

Es obvio que voy a hablar del cielo del invierno boreal, sencillamente porque es el que conozco y he observado durante muchos años, y junto con la entrada del pasado verano [1] pretende ser un acicate para que salgáis a observar el cielo estrellados alejándoos de las luces urbanas, que nos borran el cielo.

Al igual que la entrada del pasado verano, pretende ser un texto de motivación, de iniciación, y ojalá sea para algunas personas, motivo para justificar una salida bajo el cielo estrellado invernal en este caso.

Preparando la salida

Es invierno aquí en el hemisferio norte (si estamos en el hemisferio Sur podemos aplicar las recomendaciones de mi entrada del pasado julio), por tanto, nos conviene no solo encontrar un lugar de observación relativamente accesible con un cielo poco polucionado de luces urbanas, si no también ir preparados para unas temperaturas incómodas. La contemplación del cielo requiere de poco movimiento físico, eso implica que la sensación de frio se irá incrementando respecto a la que tenemos habitualmente en la ciudad, y además nos encontraremos en un lugar a campo abierto, donde la temperatura es necesaria más baja.

Una buena opción es buscar un albergue o casa rural. Lo ideal es que tenga poca iluminación exterior o que se encuentre sensibilizado para la observación del cielo. Así, podemos encontrar por toda la geografía de nuestro estado (y cada vez en más países) un listado de alojamientos Starlight [2], no digo que sea siempre la mejor opción, pero por lo menos son establecimientos que se han comprometido con la causa de respetar el cielo nocturno, y en muchos casos incluso realizan actividades astronómicas o tienen instrumentos astronómicos disponibles para los huéspedes.

Captura de la página de la Fundación Starlight vinculada al Astrofísico de Canarias. Se pueden encontrar alojamientos y territorios donde hay un compromiso por preservar la oscuridad del cielo nocturno. Puede ser un buen referente en el caso que queramos explorar los alojamientos rurales.

Sea como fuere, está bien que nos enteremos si donde nos vamos a desplazar, es un lugar con un buen horizonte de visibilidad, y si durante la noche vamos a estar cerca de poblaciones o instalaciones que nos impidan disfrutar del cielo estrellado. Estamos realizando un esfuerzo para disfrutar de nuestra afición, es lógico que nos aseguremos que el lugar elegido es un lugar propicio.

Si elegimos la opción de un alojamiento rural, tenemos la ventaja de estar a pocos metros de unas instalaciones de abrigo que nos permite entrar en calor, o tomar alguna bebida caliente durante la observación de forma confortable, sobre todo si la misma es prolongada.

Carta celeste o planisferio, brújula, linterna preferiblemente frontal con luz roja, móvil cargado y mucha ropa.

Si la opción es desplazándonos a campo abierto para volver tras la observación, el coche puede ser nuestro lugar de refugio para descansar si lo necesitamos, recordando que cuando nos refugiamos del frio es importante poco a poco desprenderse de ropa si después vamos a retomar la observación.

Y es que la ropa de abrigo no debe faltarnos, así como bebida (ya sea agua o bebida caliente en un termo), un móvil con la batería cargada y un lugar donde nos encontremos relativamente cómodos y seguros, con el que se supone nos hemos familiarizado o explorado con anterioridad a la noche de observación.

Independientemente de si llevamos instrumental de observación astronómica o no, llegar de día al lugar de observación (especialmente en el segundo caso) suele ser muy importante. Tenemos tiempo de prepararnos para la noche, sacar el material para la observación, material complementario, abrigarnos, ubicarnos, avisar que hemos llegado bien y comprobar que toda marcha según lo que hemos previsto. De todo ello ya hablamos en la entrada mencionada del pasado verano, pero no puedo si no más que insistir, sobre todo si es de nuestras primeras veces que salimos y vamos a solas.

Si somos metódicos podemos prepararnos una pequeña lista en la que marcar que llevamos todo el equipo, ropa, bebida, móvil cargado, depósito de combustible completo, algo de comida, linternas adecuadas, etc.

Eligiendo la fecha

Cualquier día despejado puede ser bueno para salir a ver el cielo. Si estamos en verano, la salida de una Luna llena puede ser una buena excusa para escaparnos a algún lugar cercano a nuestra localidad, las posibles luces urbanas cercanas en este caso no nos importan demasiado por la presencia de la Luna, aunque lógicamente siempre afean la escena.

Pero en el caso del invierno, posiblemente no nos apetezca salir por el frio a ver la salida de la Luna llena. NO es que las salidas de la Luna llena en invierno no sean igual de preciosas, sencillamente que lo que nos interesa es disfrutar de un cielo estrellado y para ello hacemos kilómetros y nos exponemos a temperaturas poco agradables, y en el caso que tengamos Luna, la noche deja de ser oscura, la Vía Láctea y muchas estrellas débiles visibles a simple vista sencillamente desaparecen.

Por tanto, además de asegurarnos unas condiciones climatológicas adecuadas, una noche sin nuestro satélite en el cielo nos permitirá disfrutar plenamente del cielo. Para elegir la noche adecuada, pues solo tenemos que mirar un calendario con las fases lunares, consultar las fases lunares en cualquier Web de centros que ofrezcan este tipo de efemérides [3] o un sencillo programa de planetario que nos devuelva esta información.

El cielo estrellado

Al igual que comentamos en la entrada de verano, para familiarizarnos con el cielo y reconocer las constelaciones, precisamos una carta celeste. Bien nos podemos hacer con un planisferio, o bien imprimirnos una carta celeste on-line o desde un programa gratuito como Stellarium [4]. En este último caso, recordar que el programa nos permite imprimir en colores inversos (las estrellas y líneas de unión de constelaciones en negro y cielo en blanco) y así ahorramos tinta y nos facilitamos la tarea de interpretar la carta con una luz débil, que siempre será de color rojo.

Una aplicación de teléfono móvil, una linterna de luz blanca (normalmente led de demasiada potencia) o los faros de nuestro coche no son nunca una buena idea. Nos deslumbrarán y tardaremos más de 15 minutos en volver a tener nuestra pupila dilatada.

La carta siguiente es el cielo observable desde la ubicación de Castelló de la Plana en el caso que no tuviéramos polución lumínica. El horizonte en este caso esta personalizado, lo traté en la entrada anterior [5] pero en este caso no tiene ninguna importancia.

Captura de Stellarium en visión 360º y con horizonte personalizado por el autor descrito en la entrada anterior

Este mes de febrero es un mes interesante para observar en su plenitud el cielo de invierno boreal. Hemos dejado atrás las noches más frías y caminamos hacía el equinoccio de primavera y el cielo propio de esta estación.

La Vía Láctea, al igual que en el verano boreal, atraviesa nuestra vertical. En dirección del horizonte Sur no alcanza la misma espectacularidad de la que observábamos hace seis meses -dirección del centro galáctico – pero tampoco nos dejará indiferentes.

En esta dirección encontramos precisamente la estrella con brillo aparente que más resplandece en el cielo: Sirius o alfa del Can Mayor. Esta estrella tenía mucha importancia para los egipcios, y su brillo no paso desapercibido para otras civilizaciones. El Can Mayor es uno de los perros que acompañaban al cazador Orión en sus excursiones de caza. El otro perro, el Can Menor, apenas es una constelación que podamos resaltar si no fuera por presencia de la estrella más brillante de la misma, Proción.

Orión a la derecha superior de la torre, y Sirius del Can mayor pegada a la misma por su izquierda

Y formando un triangulo a la derecha de los canes tenemos precisamente al inconfundible Orión, una de las constelaciones más bonitas del cielo. Estas noches alcanza su máxima altura en el Sur, y lo encontramos -visto desde el hemisferio Norte- formando una enorme «cafetera italiana». Pero claro, los antiguos griegos no disponían de cafeteras italianas y si mucho interés por depositar en los cielos sus creencias y leyendas. En Orión, además de las tres estrellas del cinturón que se disponen en línea recta, podemos identificar las brillantes estrellas Betelgeuse (hombro) y Rigel (pie). Fijémonos en su diferencia de color: Betelgeuse es ligeramente naranja y Sirius es blanca.

Captura con Stellarium en la configuración de colores invertidos, ideal para imprimir y llevar al campo.

Además, Orión se está defendiendo eternamente en el cielo de la constelación de Tauro. Esta disposición, formada por una enorme letra «V» alargada y tumbada hacía Orión destaca por dos cosas: la presencia de la estrella anaranjada Aldebarán (el ojo del toro) y un pequeño grupo de siete estrellas que conforman el cúmulo estelar de las Pléyades -y que algunas personas confunden con la Osa Menor-. Si nuestra vista es fina podremos separar las siete, pero si no tenemos una vista excelente, solo llegaremos a distinguir seis. Eso sí, si las observamos con unos sencillos prismáticos nos quedaremos conmocionados con la cantidad de estrellas que podemos llegar a contar, más de 100 y casi todas con una clara tonalidad de suave azul. El panorama desde un hipotético planeta alrededor de alguna de estas jóvenes estrellas debe de ser magnifico.

Estamos descubriendo que las estrellas tienen colores y que, además -en algunas ocasiones- se observan en grandes agrupaciones. Pueden parecer una observación simple, pero es parte de la base de la astrofísica estelar.

Más hacia nuestra vertical encontramos a Castor y Pólux de la constelación de Géminis, y prácticamente en la vertical, la brillante estrella Capella, de la constelación de Auriga.

Al igual que en el verano boreal hablamos del asterismo del «Triángulo de Verano», aquí hablamos del «Hexágono de Invierno», en cuyo centro se situaría Betelgeuse ¿puedes localizarlo?

Familiarizarnos con las constelaciones es el primer paso para profundizar en la astronomía observacional. Nos valdremos de alineaciones imaginarias, triángulos, líneas rectas o lo que nos venga a la imaginación para reconocer la carta con las estrellas del cielo.

No perdemos de vista el objetivo; disfrutar del cielo estrellado. Intentar reconocer las constelaciones más importantes -formadas por estrellas más brillantes o formas más singulares- lo debemos plantear como un entretenimiento, porque si el cielo es bueno y está plagado de estrellas (más de 3500), puede no ser algo inmediato.

Si ahora nos giramos hacia el horizonte Norte y volteamos la carta celeste, siguiendo la Vía Láctea reconoceremos al héroe Perseo, a Casiopea (en esta época del año más como letra «M» que como «W») y Cefeo. Intentemos reconocer la línea principal que configura la constelación de Andrómeda más hacia el Oeste. Estas cuatro constelaciones están unidas por una de las aventuras famosas de los antiguos griegos que ha sido llevada a los cines en varias ocasiones.

Captura de Stellarium mirando hacía el horizonte Norte.

Y Ahora hacia el horizonte NE reconozcamos ese gran cucharón de siete estrellas que conforma la Osa Mayor, en realidad solo la parte trasera de la misma. Se encuentra «plantada» y esta posición nos facilitar su localización de la estrella Polar, la más brillante de la Osa Menor, pero que para nada es brillante ni destacable. La Polar o «Estrella del Norte» va a permaneceré inmóvil respecto a los horizontes durante toda la noche y todas las noches del año por coincidir con la prolongación del eje de rotación de la Tierra, es decir, marca el Polo Norte Celeste (PNC). Ha sido durante los últimos dos milenios la estrella que ha dirigido a innumerables aventureros, navegantes y exploradores, pero eso es otra historia.

Bajo de arco que conforma la cola de la Osa Mayor se empieza a levantar -aún a muy baja altura en el horizonte NE- una pequeña constelación que, como en el caso del Can Menor, solo podemos destacar por su estrella más brillante; Cor Caroli. Se trata de los Lebreles o Canes Venatici. Los perros de caza que en este caso no tienen vinculo con Orión ni con la mitología griega. Esta pequeña constelación fue introducida en el siglo XVII y seguro que hablaremos de ello en otro momento cuando hablemos de las galaxias.

Para finalizar prestemos atención al horizonte Este, está saliendo la constelación del León. Quizás sea una de las últimas constelaciones del cielo de estas noches que aún es fácilmente identificable. Esta constelación irá adelantando su salida cada día (unos 4 minutos)- como todas las demás-, y se convertirá en la que dominará el cielo meridional (hacía el horizonte Sur) durante las noches de primavera.

Disfruta de estas noches más oscuras entre perros de caza, cazadores y héroes mitológicos. Ya tendremos tiempo, una vez familiarizados con las estrellas y constelaciones principales, de profundizar en los objetos que contienen.

Muchas gracias por leerme y compartir la belleza de la observación del cielo estrellado.

Referencias del texto

[1] https://cielosestrellados.net/2021/07/17/las-noches-de-los-dias-con-un-calor-de-perros/

[2] https://fundacionstarlight.org/contenido/57-listado-alojamientos-starlight.html

[3] https://astronomia.ign.es/orto-y-ocaso-de-la-luna

[4] https://stellarium.org/es/

[5] https://cielosestrellados.net/2022/01/29/dale-un-horizonte-a-tu-vida-nocturna/

Dale un horizonte a tu vida nocturna

Inserta tu skyline favorito o tu lugar de observación en Stellarium

Stellarium [1] es uno de los programas de planetario o representación del cielo más potentes y completos a los que podemos acceder actualmente, y además es gratuito para las plataformas de Windows, Linux y Mac OS X.

Es de código abierto, es decir, una comunidad se ocupa de su desarrollo, y actualmente va por la versión 0.21.3, después de continuas mejoras y muchas versiones. Es muy realista y sirve tanto para proyectar el cielo de forma excelente en planetarios portátiles, como para generar cartas celestes o como cálculo de efemérides de planetas, cometas y asteroides.

Precisamente de cómo introducir los elementos orbitales de un nuevo cometa descubierto para generar una carta de por donde lo íbamos a poder localizar, hablamos en una pasada entrada [2].

La potencia y las opciones son tantas que no pretendo hacer ningún tutorial al respecto, ya que podéis encontrar información muy extensa y en castellano en la propia página web del programa, y si, el programa naturalmente también está en castellano.

En los próximos meses voy a ocuparme de generar unas cartas de observación del «cielo del mes» para el Planetario de Castellón, donde me encuentro actualmente trabajando de planetarista de forma temporal, y pensé que era una muy buena idea recrear el paisaje que podemos ver desde el planetario, pero de una forma real, es decir, como veríamos el cielo desde ese lugar de observación y si prescindiéramos de la polución lumínica.  Este es el resultado:

Hay que decir que Stellarium permite introducir la polución lumínica (incluso recurriendo a bases de datos si existen) o de existencia o no de atmósfera (efecto de extinción atmosférica).

Te cuento los pasos que he realizado para que tú también puedas incluir tu propio horizonte de observación, tu «skyline» de vida nocturna cuando sales a mirar el cielo.

Primero: capturar el horizonte en una panorámica

Hace años era algo complejo realizar una panorámica de 360º, pero hoy es muy sencillo y no se requieren conocimientos ni equipo especialmente sofisticado.

Puedes realizarlo con cualquier cámara fotográfica o incluso con la del propio teléfono móvil. Si decides realizarla con un cámara, tienes que saber que puedes hacerlo de varias maneras.

La más artesanal es realizarlo en modo manual lo más posible. Prepara tu cámara para disparar en modo manual y a un ISO mínimo de 1000 con un diafragma casi del todo abierto (cierra un punto). Como en función de la luminosidad del horizonte (si hay construcciones o pueblos iluminados) tendrás una velocidad u otra, haz varias pruebas. Hoy en día podemos visualizar la imagen sin problemas y ver si está adecuadamente iluminada. Utiliza un objetivo de distancia focal entre 15 m.m (preferiblemente no fisheye por su distorsión esférica) y unos 35 m.m.

Ahora coloca tú cámara sobre un trípode, y ponla en vertical, tomando unas 2/3 partes de horizonte y solo 1/3 de cielo. Realiza tomas haciendo girar la cámara de forma horizontal (paneo) de forma que en cada toma nueva intentes coger un poco de la toma anterior. Fíjate en algún detalle del horizonte para ello. Completa con las tomas suficientes los 360º.

Ahora, con un programa de ordenador que te monte panoramas como el Hugin Panorama photo Stitcher [3], gratuito y de código abierto como Stellarium, monta el panorama.

Yo particularmente utilizo una versión vieja de Photoshop ©, la CS6 (en adelante me refiero a este programa como Ps), que ya incluía la opción de montar panoramas de forma automática en el menú: «Archivo» – «Automatizar» – «Photomerge». En esta opción seleccionamos la carpeta de fotografías y le decimos el tipo de composición que queremos (por defecto modo automático).

Tras un rato de proceso, en función de la potencia de nuestro ordenador, peso de las imágenes y número, nos habrá montado el panorama de 360º.

Si nuestra cámara posee la opción de capturar panoramas, cada vez más habitual, podemos utilizar esta función. En muchas cámaras esta opción no es de 360º, sino más bien de unos 180º y en apaisado (horizontal). NO importa: hagamos 2 o incluso mejor 3 panoramas recordando dejar 2/3 aproximadamente para suelo y 1/3 para cielo. Recordemos solapar los inicios y finales de cada semi-panorama para poder después completar el de 360º con los programas referidos anteriormente. En este caso la opción del Ps CS6 de composición «Esférica» da habitualmente mejor resultado que la «Automática».

Panorama del Skyline junto al Planetario de Castellón tal cual sale del software Ps

En los teléfonos móviles también podemos encontrar algo similar al punto anterior, a decir que habitualmente la calidad de las tomas con teléfono móvil no es comparable a las de una cámara de óptica intercambiable, al menos en el segmento intermedio. Desconozco si móviles de alta gama llevan ópticas con suficiente calidad para ello, pero todo es probarlo si es el medio que dispones. Puedes comentar tu experiencia si te apetece en este aspecto.

Ni que decir tiene que, si disparamos de forma «artesana», lo realizaremos siempre en calidad RAW (modo en bruto), mientras que, si disparamos mediante funciones de panorama del dispositivo, lo que se nos generará será un archivo de extensión jpg y careceremos de cierto control sobre la imagen. NO suframos excesivamente por este aspecto, Stellarium lo va a mostrar con calidad, pero no con una calidad como para exigir tanta exquisitez.

Segundo: ¿Cuándo capturarlo?

El panorama puede ser tomado tanto durante el atardecer como durante el amanecer. La llamada «hora azul» es buen momento, recordemos: la «hora azul» es ese momento posterior a la llamada «hora dorada» de la puesta de Sol (que es cuando el cielo presenta esos tonos naranjas), o bien previa a la hora dorada en caso de amanecer. En ambos casos – matutino o vespertino- la hora azul se funde con el crepúsculo y no es fácil determinar exactamente cuando empieza y cuando acaba, aunque se suele citar que tiene una duración de unos 15 minutos.

Tipos de luz. Infografía tomada del software Photopills, un software (de pago) muy recomendado

De ahí que precisemos ese mínimo de 1000 ISO y un objetivo con el diafragma abierto casi al máximo para la captura. Es por ello que, durante esos minutos de este momento, es posible que precisemos trípode. Si trabajamos en manual, ajustemos la temperatura de color de la cámara a unos 2000-2800K.

Tercero: procesar el panorama

Sea como fuere, el panorama generado será una imagen extremadamente alargada en el que tendremos que hacer pequeñas trampas con la herramienta del Tampón de clonar o herramientas similares en otras aplicaciones de procesamiento de imágenes para ocultar algunas juntas o el defecto de la perspectiva. Cuanto menos se noten y más perfeccionistas seamos mejor, pero en todo caso nos tenemos que asegurar que los bordes izquierdo y derecho queden con detalles comunes y que se encuentren a la misma altura vertical, sino tendremos que inclinar ligeramente la imagen para que lo hagan.

Los que manejen bien Ps lo pueden hacer mediante copia de una capa semitransparente, y el resto de los mortales lo podemos hacer con una sencilla regla en pantalla.

No nos preocupemos de las diferentes coloraciones en el cielo, porque lo vamos a eliminar, solo es el paisaje el que nos debe de quedar relativamente homogéneo.

Trabajemos ahora la imagen antes de redimensionarla y darle las necesidades del Stellarium para utilizarla como paisaje.

Tras los retoques estéticos es un buen momento para eliminar el cielo, yo personalmente lo elimino y le asigno un verde croma.

Panorama del Skyline del Planetario de Castellón con croma. Se ha tenido en cuenta la altura de las palmeras.

Si el paisaje es una montaña, una herramienta como la varita mágica del Ps va bien. En mi caso el horizonte tenía palmeras, pues el Planetario de Castellón se sitúa en un lugar privilegiado, frente al mar Mediterráneo, y deseaba que entre las hojas de las palmeras se representara también el cielo, y bueno, ahí ya es un trabajo de detallista de algunas horas (aún tengo pesadillas con las palmeras).

Trabajar los detalles en paisajes complejos es duro, pero el resultado merece la pena. Captura de Ps del panorama

Con un verde croma asignado al cielo en mi caso o con una selección del mismo, es momento de suprimirlo (quedarnos solo con el paisaje) y guardarlo como formato gráfico PNG, pero con transparencia.

Recordemos que este formato gráfico solo admitirá transparencia si previamente lo has convertido de RGB a modo indexado, en Ps en el menú: «Imagen» – « Modo» – «Color Indexado».

Por último, se trata de darle el formato que aceptará Stellarium: 4096 x 2048 pixeles.

Cuarto: insertando el panorama en Stellarium

Solo necesitamos la imagen y un archivo de extensión ini (landscape.ini) que proporciona a Stellarium información de la ubicación del panorama (latitud, longitud y altura) así como ubicación de azimut si lo queremos hacer coincidir con los horizontes verdaderos. Personalmente considero importante esta opción, aunque se puede prescindir de ella.

Para generar el archivo de extensión ini (de texto plano), solo necesitamos el bloc de notas de Windows. Podemos copiar uno de los archivos de extensión ini que ya existen en la carpeta de panoramas (landscapes) que se encuentra en la carpeta donde está instalado Stellarium, abrirlo y modificarlo.

Creemos una carpeta nueva en el escritorio. Copiemos allí la imagen en formato PNG y el archivo landscape.ini de cualquier panorama. Abrámoslo y modifiquemos los datos de latitud, longitud y altura de la ubicación de nuestro panorama. Esta información la obtenemos con el móvil abriendo Google Maps o cualquier aplicación de ubicación (que utiliza geolocalización GPS).

Por último, insertemos una línea con el ángulo de rotación que tiene que realizar la imagen para coincidir con los horizontes con «angle_rotatez». Lógicamente, debemos conocer donde se sitúan estos desde el lugar donde tomamos las imágenes. Una sencilla brújula y un detalle del paisaje nos ayudarán a ir ajustando este valor.

Finalmente, generamos un archivo comprimido de tipo zip, de estos dos archivos con el nombre que queramos.

Con esto ya está todo listo, solo necesitamos entrar en Stellarium, ir a «Opciones de vista y cielo», «Landscape»s y seleccionar «Agregar/quitar paisajes», navegamos hasta donde se haya generado el archivo de extensión zip, y doble click al archivo.

Nosotros decidimos después si lo guardamos como predeterminado al abrir el programa, con absorción atmosférica o no, con el paisaje realzado cuando se hace de noche, con el nivel de polución lumínica (que también se podría determinar en el archivo landscape.ini), etc. Jugando con estos valores tendremos el efecto deseado.

Espero lo encontréis de utilidad, y tened en cuenta que Stellarium está en permanente evolución, es posible que en el futuro varíe ligeramente la forma de insertar el horizonte personalizado de cómo está aquí descrito.

Gracias por leerme, y si te resulta útil, no olvides comentarlo o subscribirte al blog.

Saludos.

ACTUALIZACIÓN: 1 de febrero 2022:

Efectivamente, como han citado en un comentario y en privado, es importante la orientación del panorama en el archivo landscape.ini si quieres que coincida con tu orientación real. Tienes el método de la brújula para saber donde de tu horizonte está el norte método del ensayo/error; haz una foto de la salida del Sol y ajusta el Azimut de tu panorama en el archivo citado hasta que coincida.

Comprobación de un correcto Azimut del panorama. Salida del Sol desde la ubicación el 1 de febrero de 2022. Izquierda fotografía, derecha panorama del autor en Stellarium.

Horizonte aplicado a las sesiones de planetario en vivo, en el Planetari de Castelló (Sky Explorer 3, RSA Cosmos), con la colaboración de José Vicente Díaz:

Referencias del texto

[1] https://stellarium.org/es/

[2] https://cielosestrellados.net/2020/07/09/los-cometas-y-los-gatos-c-2020f3-neowise/

[3] http://hugin.sourceforge.net/

¿Qué podemos esperar de la exploración espacial y astronomía en 2022? (y II)

Lo mejor de lo previsto en 2022 (astronomía)

En estas líneas de hoy voy a abordar los principales eventos astronómicos de este año, que también depararán la atención mediática.

Fenómenos astronómicos

Este año vamos a tener un eclipse total lunar en la madrugada del 16 de mayo y un eclipse parcial de Sol el 25 de octubre, aunque este pasará casi imperceptible desde nuestras comarcas, recordando además la peligrosidad del intento de observación de este último evento, si no es con instrumentación adecuada.

Hacía ya unos pocos años que no presenciábamos un eclipse total de Luna (o Luna de sangre) desde nuestra ubicación geográfica [1] , y la verdad es que ya tenemos ganas de volver a ver un espectáculo celeste que ha cautivado históricamente a todas las civilizaciones y que sólo precisa nuestros ojos para contemplarlo. Es cierto que la finalización del eclipse se producirá ya de día con la Luna por debajo del horizonte, por lo que no será tan espectacular como el enero de 2019, pero siempre que nos procuremos un horizonte Oeste despejado de obstáculos, no dejará de ser llamativo y fotogénico. Para consultar las horas de las etapas del eclipse, tenéis una buena referencia en el servidor de efemérides astronómica del Observatorio Astronómico Nacional (IGN) del Gobierno de España [2] .

Imagen del autor tomada durante el último eclipse total de Luna visible desde Castelló de la Plana

De los planetas visibles a simple vista, durante este año destacaremos la visualización del escurridizo Mercurio cerca del horizonte Oeste en las tardes de finales de abril.

El brillante planeta Venus destacará este año como lucero del alba antes de la salida del Sol y en dirección del horizonte Este, siendo una de sus mejores posiciones de observación las madrugadas del mes de febrero. Solo a finales de año el planeta volverá a verse de forma vespertina hacía el horizonte Oeste.

Marte este año alcanzará la oposición -o mínima distancia a la Tierra-, aunque no será hasta finales del mismo. De hecho, la misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) y Agencia Espacial Rusa (ROSCOSMOS) – ExoMars 2020 – será lanzada el mes de octubre para que aterrice en el planeta rojo a principios de 2023. La parte de ESA está compuesta por la más destacable, pues la compone el que está previsto sea el cuarto rover activo sobre el planeta rojo.

El gigante de los planetas, Júpiter, alcanzará la mínima distancia a la Tierra (oposición) en el mes de septiembre, aunque ya será observable durante el verano al iniciarse la noche cerrada. Es curioso destacar que en estos momentos aún es visible en el cielo vespertino durante aproximadamente una hora, pero su lejanía de nuestro planeta lo presentan al telescopio como un astro pobre y muy afectado por su baja altura en el horizonte.

El planeta anillado, Saturno, tendrá la oposición a finales del mes de agosto, por lo que también a inicios del verano será posible enviarlo con la noche cerrada.

Conjunciones entre planetas o planetas y la Luna

De entre los acercamientos aparentes entre los planetas en el cielo, tenemos numerosas conjunciones destacables.

En la madrugada del 28 de marzo tendremos una interesante conjunción de Venus (el más brillante), Saturno y Marte, no muy lejanos a una fina Luna menguante y poco antes de las luces del alba.

Captura con Stellarium de la madrugada del 28 de marzo antes de salir el Sol.

Durante las madrugadas del mes de abril, con un horizonte Este Sureste muy despejado de obstáculos, podremos observar 4 de los 5 planetas visibles a simple vista, con Júpiter, Venus, Marte y Saturno en casi una línea recta y enumerados en sentido ascendente. Hacía finales de ese mes la fina Luna menguante cobrará protagonismo cerca de la alineación planetaria, que será más cercana especialmente entre Venus y Júpiter, que alcanzarán una mínima distancia la madrugada del 1 de mayo.

Captura con Stellarium de la madrugada del 1 de mayo antes de la salida del Sol.

La madrugada del 8 de mayo la alineación de los 4 planetas es casi perfecta, produciéndose un especial acercamiento entre Júpiter y Marte el día 29 de este mes, igualmente antes del alba.

Captura con Stellarium de la madrugada del 29 de mayo justo antes de la salida del Sol.

En las madrugadas de finales de junio podremos encontrar en el cielo -si las condiciones lo permiten- la vista de los 5 planetas visibles a ojo desnudo de nuestro sistema solar, aunque la visión del escurridizo Mercurio -siempre muy cercano al Sol- constituirá un verdadero reto.

Captura con Stellarium de la madrugada del 27 de mayo antes de la salida del Sol.

Venus y la Luna se acercarán de forma especialmente llamativa la madrugada del 27 de mayo y la del 26 de junio.

Urano está en el límite de visión a simple vista desde lugares muy oscuros, y su localización no es nada trivial, por eso no fue descubierto hasta 1781 con telescopio y de forma casual. Si nunca lo hemos localizado, durante los primeros días del mes de agosto tenemos una buena ocasión, pues el planeta Marte se moverá cerca de él.

Precisamente la conjunción más llamativa del año será protagonizada por el planeta rojo y la Luna la madrugada del 8 de diciembre, aunque en dirección Oeste, pues la Luna ocultará al planeta.

Captura de Stellarium. La tarde del 8 de diciembre, antes de la ocultación de Marte por la Luna

Para finalizar el año, nuevamente tenemos el reto de localizar los cinco planetas visibles a simple vista de forma simultánea los últimos días de 2022, en esta ocasión de forma vespertina, pues Venus y Mercurio se esconderán de forma muy temprana tras la puesta de Sol.

Lluvias de estrellas

Como todos los años, la Tierra atraviesa a lo largo del año la órbita con restos de cometas y asteroides, que provocan las llamadas lluvias de estrellas. Aunque siempre llaman la atención del público, hay que tener en cuenta que la fase lunar -y por su puesto la localización para observarlas- son fundamentales para disfrutar del espectáculo.

Intentar ver una lluvia de estrellas desde una ciudad o un pueblo de cierto tamaño con su polución lumínica, es como esperar que el rover Perseverance encuentre un burro en su búsqueda de vida en Marte.

Desde nuestra ubicación, las más famosas son las que son agradables de ver, es decir, las que se producen en verano. Sin embargo, hay dos lluvias importantes que suelen superar en actividad a las famosas Perseidas, pero se producen en invierno boreal.

Este año disfrutamos del máximo de las Cuadrántidas la noche del 3 al 4 de enero, superando en meteoros a la hora (THZ) a las «Lagrimas de San Lorenzo» de agosto.

En abril podemos disfrutar de las Líridas, cuya máxima actividad es la noche del 22 al 23 del mes, sin embargo, su ventana de observacional idónea es de madrugada y solo poco antes de que la Luna haga su aparición. Los apenas 20 meteoros a la hora en el momento del máximo puede que no nos motiven para una salida solo con la finalidad de su observación.

En mayo, y también preferiblemente de madrugada, tenemos la lluvia de las Eta Acuáridas, cuyo máximo está previsto la madrugada del día 6. Su tasa horaria cenital (THZ) en el momento del máximo supera habitualmente los 50 meteoros a la hora.

En meses de verano boreal, en los que tumbarse a mirar la bóveda estrellada lejos de las luces urbanas es sin duda más agradable, tenemos la lluvia de las Delta Acuáridas (máximo madrugada 29 de julio con THZ de 25) y las famosas Perseidas la noche del 12 al 13 de agosto. Sin embargo, nos podemos olvidar prácticamente de su observación este año, pues el plenilunio se produce el mismo día 12 del mes.

Tendremos que esperar al mes de octubre para observar una lluvia algo digna, las Oriónidas, cuyo máximo se produce la noche del 21 al 22 de octubre con una Luna casi nueva y una THZ de 20 meteoros a la hora.

Otra Lluvia con más fama que actividad, es la de las Leónidas en noviembre, pero ello se debe a que se produce una muy alta actividad cada 33 años, cuando su cometa asociado regresa a las cercanías del Sol. El máximo, la noche del 17 al 18 de noviembre, aunque una Luna en fase de menguante empezará a molestar conforme el radiante de la lluvia (punto aparente de la bóveda celeste desde donde parecen surgir la prolongación de los trazos) empiece a alzarse en el horizonte este.

Solo pues la lluvia de las Gemínidas cuyo máximo se produce la noche del 13 al 14 de diciembre merece acabar mencionando. Es una de las lluvias más intensas del año (THZ de 150), pero una Luna menguante prominente puede acabar con nuestra ilusión de acabar el año viendo un espectáculo digno de este tipo.

Podéis encontrar información mucho más detallada de otras lluvias menores, e información astronómica más detallada en el servidor de efemérides del Observatorio Astronómico Nacional antes citado [2]

Luna Llena en el perigeo (Súper Luna)

Es un término detestado por algunos divulgadores y profesionales de la astronomía. Es cierto que el origen del término no tiene nada de tradicional, si no que fue debido a una desafortunada publicación sobre astrología en una conocida publicación astronómica durante los años 70 del pasado siglo.

Sea como fuere el término se ha popularizado y expresa el momento en el que la Luna llena se encuentra cerca del perigeo de su órbita alrededor de la Tierra, tomando como válido si la Luna llena se produce con mayor cercanía de los 360 000 kilómetros de distancia.

Salida de la Luna llena. Siempre espectacular. Fotografía del autor.

En los meses de julio y agosto tendremos pues súper Luna (llena). Con indiferencia de lo que se pueda opinar al respecto, para mi constituye un motivo para la divulgación astronómica. Salir a observar la Luna siempre es agradable, notar que se ve un poco más grande y un poco más brillante que otra Luna llena habitual, no es ni sencillo ni evidente (aunque sea realmente así), pero si constituye un atractivo para el público y por tanto una oportunidad de divulgar la ciencia que tanta falta nos hace en la sociedad actual.

Quizás el excesivo puritanismo a la hora de divulgar ciencia, el celo de que la ciencia solo se debe comunicar con arreglo a lo establecido por estamento pertinente o pensar que la divulgación de la ciencia no debe aceptar algunas de las nuevas tendencias y canales que repercuten socialmente en la actualidad, nos lleve a concluir que es uno de los motivos por los que no se acaba de llegar de forma amplia en su comunicación a la población y parte de ella desconfíe de la ciencia, su capacidad de afrontar el futuro, o piense que sencillamente no es capaz de entenderla (y no voy ni a comentar lo que se ha venido a llamar «movimiento negacionista» en algunas disciplinas de la ciencia). Hay que divulgar, divulgar y divulgar: cualquier ocasión es buena, cualquier motivo es bueno, cualquier resquicio que nos deje la ignorancia científica para derrotarla con la evidencia y el método científico, debemos aprovecharlo. Lamento el tono belicista, pero la ignorancia precisamente no nos ha traído hasta aquí.

¡Espero que os resulte de utilidad la entrada y siempre gracias por leerme!

¡Cuidaros!

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Referencias del texto:

[1] https://cielosestrellados.net/2019/01/20/la-ultima-luna-roja-hasta-2022/

[2] https://www.oan.es/servidorEfem/index.php

¿Qué podemos esperar de la exploración espacial y la astronomía en 2022?

Lo mejor de lo previsto para 2022 (Exploración espacial)

Marcados sanitariamente y socialmente por la pandemia, la ciencia de la astronomía y la tecnología de la exploración espacial – bastante vinculada en muchos casos con la primera- han sufrido algunos retrasos en estos dos años, pero por fortuna, la prudencia, la propia ciencia y las medidas sanitarias han permitido que, en líneas generales, se estén cumpliendo objetivos y resultados sin grandes retrasos.

Como dijo alguien en algún momento y en algún lugar, «la ciencia no depende de que creamos en ella o no», y añadiría modestamente que tampoco depende de las trabas que la naturaleza y las personas le ponga en el camino, tan solo de nuestra perseverancia y convicción -en base a evidencias y resultados- que estamos en el camino correcto, incluso cuando cuesta mantener el estado anímico.

En las líneas de hoy, donde estoy seguro me dejo fuera un número no poco importante de proyectos algunos de los cuales alcanzan objetivos el presente año- vamos con la exploración espacial, y dentro de siete días abordaremos lo mejor de lo previsto para la astronomía. Espero que os guste tanto esta entrada como la próxima.

La exploración espacial en 2022

El año pasado batimos los récords de lanzamientos orbitales. China destacó como potencia espacial liderando el número de estos lanzamientos. Lo que hemos visto de la Agencia Espacial China (CNSA) estos últimos años supera todas las expectativas que pensábamos eran capaces de alcanzar, en parte por por la bastante opaca información procedente del país asiático. Recordemos algunos de sus hitos; inició espectacularmente su andadura con el rover Yutu-1 de exploración en la Luna (Chang’e 3 en 2013), para posteriormente poner un rover de exploración en la cara oculta de la Luna -Yutu 2- (3 años en activo y funcionando actualmente), retorno autónomo de muestras desde nuestro satélite (Chang’e 5, 2020), nueva estación espacial propia en órbita de la Tierra ya habitada incluso con un período de hasta 6 meses (2021), llegada a Marte con un orbitador, un aterrizador y un rover explorador (2021), desarrollo de nuevos y potentes cohetes para abordar los mismos retos que en occidente se están definiendo claramente: regreso tripulado a la Luna, abaratamiento  de lanzamientos orbitales mediante reutilización, nuevos y más eficientes motores, hoja de ruta para la minería espacial y hoja de ruta para llevar las primeras tripulaciones humanas a Marte en algo más de una década, como tarde, en dos.

Sin más preámbulos, y sin detalles técnicos que exceden la finalidad de la entrada -aunque para ello os referencio al final los enlaces adecuados como es habitual- vamos a allá con lo que seguro será más destacable y que posiblemente nos va a emocionar en esta nueva época dorada de la exploración espacial.

Maquinas entre los mundos del sistema solar

De forma destacable se mantienen operativos los rovers en la superficie de Marte, los de NASA el Perseverance y su pequeño helicóptero Ingenuity (y sus actuales 18 vuelos a fecha de hoy), así como el muy veterano rover Curiosity. También el análogo Chino ZhuRong, así como su orbitador. A destacar a nivel estético los selfies que se han realizado ambos, -realmente curiosos-. Orbitadores activos hay varios en Marte tanto de NASA, de ESA como de ISRO y EAU, pero lo que ha realizado China (CNSA) es digno de resaltar como proeza, al ser su primer intento sobre el planeta rojo un absoluto éxito. En superficie, el aterrizador Insight (NASA) para conocer e interior del planeta y con estación meteorológica española (la tercera en el planeta), continua parcialmente activa, y estos últimos días con algunos problemas debido al polvo marciano.

Selfies del aterrizador y rover (izquierda) y del orbitador (derecha) de la CNSA llegados a inicios de 2021. No se trata de ilustraciones ni montaje. Créditos: CNSA

En la Luna también continúa activo el rover Yutu-2, dando una lección de aterrizaje en zonas complicadas (precisa de un pequeño orbitador lunar para sus comunicaciones con la Tierra) y durabilidad, acaparando recientemente la atención por una formación extraña fotografiada hace unas semanas cerca del horizonte y cuyo misterio ha quedado completamente despejado al acercarse a la misma.

En Júpiter, el orbitador Juno (NASA) sigue estudiando la compleja atmosfera de Júpiter y devolviéndonos imágenes fantásticas a poca altura de las nubes superiores -recordando que su cámara no es precisamente uno de sus instrumentos estrella-.

Júpiter desde la Juno. Créditos: NASA / JPL-Caltech / SwRI / MSSS

Respecto a misiones para nuestro conocimiento de cuerpos menores como cometas, asteroides y planetas enanos -de todos los estamos viviendo un cambio de paradigma en su conocimiento-, destacan las centradas en las que deben de marcar una hoja de ruta para la futura minería espacial (en la Luna y asteroides) y las de la defensa planetaria contra posibles impactos de cometas y asteroides con nuestro planeta. Soy consciente que aún puede sonar a ciencia ficción, pero estamos dando los primeros pasos en esa dirección de forma clara.

La misión Lucy (NASA) -que recibe su nombre de la famosa Australopithecus- está de camino a los asteroides troyanos del planeta Júpiter, considerados por los astrónomos planetarios como auténticos fósiles de nuestro sistema solar más primitivo, del cual cada vez nos surgen más preguntas que respuestas. Una misión de largo período (20 años) que nos devolverá información de gran interés sobre los «ladrillos» que formaron los planetas, aunque la llegada al primer troyano del planeta no sucederá hasta el año2027 [1].

Página Web de la misión Lucy de NASA. Captura de pantalla.

La misión Osiris-Rex (NASA) está camino de retorno con material tomado en el asteroide Bennu (500 metros de diámetro) tras permanecer dos años en su órbita estudiándolo, pero no llegará a nuestro planeta hasta el 2023 [2]. Este asteroide es uno de los considerados asteroides cercanos a la Tierra (NEO o NEA) y que son objetos de especial interés, que vemos como se acrecienta en los últimos años [3].

Captura de pantalla de publicación en Icarus sobre cálculos de trayectoria de Bennu basados en datos de la OSIRIS-REx.

Dentro de los asteroides cercanos a la Tierra, tenemos un grupo que consideramos potencialmente peligrosos (PHA) y que tienen una especial atención por un posible impacto futuro con nuestro planeta. Bennu es precisamente uno de ellos, aunque no se acercará a nuestro planeta de forma destacable hasta el año 2135 [4], por lo que saber más sobre su composición es sin duda interesante por varios motivos.

No será el primer retorno de muestras, recordemos que la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), ya lo ha realizado de forma exitosa en dos ocasiones, especialmente positiva fue la segunda, con la misión Hayabusa 2 [5] sobre el asteroide Ryugu (retorno en diciembre de 2020), un asteroide también de tipo NEA.

Si pensamos que estos pequeños cuerpos no son por sí mismos lo suficientemente interesantes para conocer mejor la propia formación del sistema solar, quizás sí que sean más interesantes para desarrollar métodos técnicos con la finalidad de asegurar nuestra propia supervivencia como especie. Y para ello tenemos en misión la sonda DART (NASA) [6] rumbo a un asteroide cercano a la Tierra. Esta misión que partió el pasado año tiene como finalidad estudiar como la propia sonda, convertida en un impactador cinético, desvía una pequeña luna de unos 150 metros del asteroide Dydimos, de unos 800 metros, que también es un NEA. El impacto alterará el periodo de translación del pequeño satélite que será observable desde telescopios basados en tierra, y podremos llegar a conclusiones sobre la efectividad de este método. En septiembre tendremos el impacto de la misión e inicio de observaciones sobre el efecto del mismo. Aunque la Agencia Espacial Europea debe participar en el proyecto con el envío de una segunda nave, HERA, para la observación cercana en los próximos años [7], los plazos intuyo aún no están claramente establecidos.

Por cierto, esta no es la primera misión de impacto, ya existió una misión de NASA denominada Deep Impact (si, de nombre como la película de Hollywood) que lanzó un impactador cinético sobre el cometa 9P Tempel 1 en 2005. Aunque el impactador abrió un cráter estimado en más de 100 metros en la superficie del cometa que tiene un tamaño de 14×4 kilómetros, no se detectó ningún cambio orbital del cuerpo, aunque tampoco se esperaba este efecto.

Impacto sobre el cometa Tempel 1 de la Deep Impact. Ni se inmutó (como se esperaba). Crédito: NASA

Qué la Tierra tendrá un nuevo impacto con un cuerpo celeste, de tipo cometa o asteroide, no lo duda nadie (de los especialistas en impactos), pero como se ha dicho en sucesivas ocasiones, solo debemos determinar cuándo. Por tanto, que se inicien este tipo de misiones de una forma sistemática para establecer los recursos que son efectivos para desviar un asteroide en rumbo de colisión, no tiene precisamente poca importancia, y el tiempo no corre a nuestro favor, como casi nunca.

Desde el punto de vista de conocimiento de estos cuerpos, pero también desde el interés subyacente en cuanto al económico de explotación, no se nos escapa la misión Psyche (NASA) [8] que será lanzada durante el verano del presente año y con destino al asteroide de homónimo nombre situado en el Cinturón Principal de asteroides (entre Marte y Júpiter), uno de los asteroides más metálicos conocidos -de unos 200 kilómetros de diámetro- y cuyas hipótesis sobre sus orígenes pasan por ser el núcleo metálico de un cuerpo mucho mayor en el pasado de nuestro sistema solar.

La misión al asteroide Psyche. Captura de pantalla de la página web de la misión (NASA)

Manteniendo el interés no solo por el conocimiento, si no por la predicción del comportamiento solar que puede afectar en mayor o menor medida a las comunicaciones electromagnéticas de nuestra sociedad moderna, tenemos a la Sola Parker Probe (NASA)[9] en acercamientos cada vez más próximos y veloces (batiendo récords absolutos) a nuestra estrella para estudiar especialmente la estructura de la intrigante corona solar. La que se ha venido a llamar «nave que tocará el Sol» en su último sobrevuelo en diciembre de 2021 dentro de la zona de la corona solar pasó a solo 15 radios solares. Durante este mes tendrá otro sobrevuelo coronal, si bien el más cercano se producirá en 2025.

Sobrevuelo de la corona solar por la Parker Solar Probe. Crédito: NASA

El Sol, con un ciclo de actividad aún poco entendido, también está siendo estudiado de cerca por una sonda europea menos mediática, la Solar Orbiter (ESA) [10], aunque esta nave no se acercará más allá de los 40 millones de kilómetros.

Ya que mencionamos a la Agencia Espacial Europea y las calurosas cercanías a nuestra estrella, no podemos dejar de citar la misión Bepi Colombo (ESA-JAXA) [11] que hará su segundo sobrevuelo de Mercurio durante este verano, para ir consiguiendo una órbita circular alrededor del planeta menos explorado de nuestro sistema solar, que no conseguirá hasta 2025.

El año 2022 es también el del lanzamiento del rover europeo a Marte, exoMars2020 [12] tras el retraso de la ventana de oposición de hace dos años. Los europeos nos jugamos bastante en esta misión, los dos intentos de aterrizar en el planeta rojo fueron «litofrenados» (estrellados contra la superficie) que dieron al traste con nuestras expectativas. Ahora, con la experiencia aprendida, lanzamos en septiembre un rover, el Rosalind Franklin, y un aterrizador cuya parte es a cargo de la Agencia Espacial Rusa (ROSCOSMOS). Hablaremos de ello en una próxima entrada durante el año.

Para ir finalizando, entre los que considero principales hitos que vamos a ver este año, no puedo olvidarme del despliegue del telescopio más grande y complejo enviado al espacio para estudiar el universo, el telescopio espacial James Webb (JWST) [13]. En el momento de escribir estas líneas, el telescopio ha desplegado su espectacular pantalla de protección solar (del tamaño de una pista de tenis) y las celdas que componen su espejo segmentado de 6,5 metros de diámetro, muy cerca del punto de Lagrange 2 (L2) de la órbita terrestre (Tierra-Sol), a más de 1 millón de kilómetros de distancia de nuestro planeta. Una nueva época de la exploración astronómica está a punto de empezar, y sin duda volveremos en pocos meses a hablar intensivamente de este magnífico instrumento.

Captura de pantalla de la Web del James Webb Space Telescope (NASA), del pasado 13 de enero

Humanos entre mundos del sistema solar

Cerca de nuestro mundo tenemos que destacar la actividad en la Estación Espacial Internacional (ISS) que continúa teniendo una operatividad magnifica a pesar de pequeños sustos. El módulo ruso Nauka por fin ha sido acoplado a la ISS y este año hemos visto como las misiones tanto de transporte de astronautas como de aprovisionamiento a cargo de la empresa privada de Elon Musk se han convertido en subcontratas habituales de NASA. Las misiones Dragon Crew y Dragon Cargo, con la filosofía de reaprovechamiento de sus lanzadores (Falcon 9) han constituido sin duda un triunfo para Space X, incrementado su superioridad tras los fracasos de su principal competidora y habitual subcontrata de NASA, la todopoderosa Boing y su cápsula espacial StarLiner, cuyo vuelo de prueba de atraque a la ISS esperamos ver despegar este año.

Además, si el año pasado supuso la irrupción definitiva del turismo espacial (tanto suborbital a cargo de las empresas de Blue Origin y Virgin Galactic, como orbital a cargo de Roscosmos y Space X), este año se consolidará especialmente el orbital. Más caro, más complejo, pero mucho más astronáutico. La confirmación por parte de NASA de alargar la vida útil de la ISS hasta al menos 2030 y la renuncia al abandono del sector ruso que había sido anunciado por parte de ROSCOSMOS, nos permitirá ver vuelos de empresas privadas emergentes en turismo espacial con estancias en la ISS a cargo de Space X especialmente. Así este próximo mes de marzo veremos llegar la Axiom-1 con el astronauta hispano-estadounidense López Alegría como comandante de misión.

Logo de la misión privada a la ISS de la empresa Axiom Space de turismo espacial, contratando los servicios de Space X para llegar (y permanecer alojados unos 7 a 10 días) a la ISS

Mientras tanto, la Agencia Espacial China continuará completando su nueva estación espacial, que ya ha visto la estancia durante 6 meses de una tripulación de tres astronautas. La idea es que la estación, al igual que la ISS, permanezca continuamente habitada y operando.

Pero 2022 va a destacar con dos proyectos estrella que hemos dejado para el final de esta entrada y sí que tienen que ver con la exploración humana más allá de la Tierra.

No se nos escapa a nadie que, antes de finalizar el primer semestre del año, la NASA habrá sido de capaz de lanzar el primer cohete SLS (Artemisa-1) [14] con la capsula Orión para orbitar la Luna y regresar a la Tierra. Se trata del primer vuelo sin tripulación del gigante cohete SLS que tratará de devolver astronautas a la Luna tras unos 50 años del programa Apolo. Aunque la fecha del alunizaje humano en el sur de la Luna estaba prevista para 2024, organismos de la propia agencia espacial ponen en duda esta fecha, siendo aparentemente más realista 2025 o incluso 2026. En todo caso estamos a muy poco tiempo de esta nueva proeza humana.

Artemisa 1 en el edificio de ensamblaje de Cabo Kennedy. Cohete SLS-1 plenamente ensamblado y preparado para las últimas pruebas. Crédito: NASA

El cohete más potente desarrollado por NASA desde el Saturno V (el que nos llevó a la Luna), lleva numerosos retrasos y una tecnología no re-utilizable que pone en duda su viabilidad en el futuro. Además, el programa lunar depende de la subcontrata con Space X del módulo lunar, que está compuesto por una nave Starship lunar, después de la polémica suscitada y ya resuelta legalmente con su competidor Blue Origin.

Pero antes de este impresionante lanzamiento que veremos en directo sin duda, nos toca presenciar el lanzamiento de la Starship Heavy [15] a partir de febrero de este año. El más potente, innovador y aventurado proyecto de Elon Musk, la nave que, en sus propias palabras, nos llevará a Marte en menos de una década (no pasa desapercibido su exceso de optimismo). Ya hemos visto por una parte las pruebas con la Starship en BocaChica (Texas), y también la sección heavy (actualmente la BN4). Incluso hemos visto en directo (existen cámaras que emiten 24 horas de forma ininterrumpida desde la Starbase) el ensamblado de todo el cohete. La FAA, salvo sorpresa, le concederá a Space X el permiso para ejecutar el primer vuelo de prueba de este súper cohete a partir de finales de febrero de este año, y veremos rugir a la bestia que está destinada a convertirse en la estrella de las misiones a la Luna y al planeta Marte.

Captura de pantalla de las emisiones en directo desde BocaChica. Prueba de acople de la Starship SN20 con el BN4.

El plan de Musk incluye hacer volar unas 10 misiones de prueba este tipo este año, si la producción de sus innovadores motores no le da ningún susto, estamos a punto de asistir a una nueva era de la exploración espacial de mundos cercanos por parte de los humanos, pura ciencia ficción hace poco tiempo. Y si hace 20 años Musk era tildado de millonario excéntrico con caprichos espaciales fantasiosos, hoy su empresa, con su lanzador estrella Falcon 9 (y Falcon 9 Heavy), está plenamente consolidada en sector aeroespacial.

Crédito: everydayastronaut.com

Esta década promete grandes cosas en exploración espacial, no os la perdáis.

¡Gracias por leerme!

Actualización (abril 2022)

La guerra de Putin en Ucrania ha cambiado las cosas previstas. Podéis seguir en este blog los cambios, los más significativo, la ruptura entre ROSCOSMOS y NASA/ESA. La misión EXOMARS 2020 que iba a ser lanzada a finales de este año -tras el retraso por la Pandemia- por la agencia rusa , ha quedado suspendida de forma indefinida y almacenada en Italia. ROSCOSMOS hace amagos del abandono repentino de la ISS, pero todo eso lo vamos viendo en este blog. Una situación triste, que la mayoría de los científicos e ingenieros implicados en esta nueva era de exploración espacial, estoy seguro no desean.

A todo esto, una tragedia humana brutal en Ucrania, que pensábamos era cosa del siglo pasado en las imágenes de devastación que no esperábamos.

Referencias del texto.

[1] http://lucy.swri.edu/timeline.html#next

[2] https://www.nasa.gov/osiris-rex

[3] https://www.nasa.gov/feature/jpl/nasa-s-eyes-on-asteroids-reveals-our-near-earth-object-neighborhood

[4] https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0019103521002591?via%3Dihub

[5] https://www.hayabusa2.jaxa.jp/en/

[6] https://www.nasa.gov/planetarydefense/dart

[7] https://www.esa.int/Space_in_Member_States/Spain/Hera_la_mision_de_la_ESA_de_defensa_planetaria_-_Fact_Sheet

[8] https://psyche.asu.edu/

[9] https://www.nasa.gov/content/goddard/parker-solar-probe

[10] https://www.esa.int/Science_Exploration/Space_Science/Solar_Orbiter

[11] https://www.esa.int/Space_in_Member_States/Spain/Que_es_BepiColombo

[12] https://www.inta.es/ExoMarsRaman/es/mision-exomars/

[13] https://www.jwst.nasa.gov/

[14] https://www.nasa.gov/artemis-1

[15] https://www.spacex.com/vehicles/starship/

¡Sal y trata de ver un cometa!

Sal al campo e intenta observar el cometa Leonard C/2021 A1 estas noches.

Ya he hablado sobre los cometas en algunas entradas de este blog [1]. El año pasado, después de un duro confinamiento por la pandemia, nos sorprendió gratamente uno de estos astros con cola durante las madrugadas y algunas tardes del mes de julio (C/2020 F3 NeoWise). Aquí tenéis el enlace a un modesto timelapse [2] de ese cometa, que dio un aceptable espectáculo celeste que no esperábamos.

Y aunque varias decenas de cometas al año son visibles con prismáticos y telescopios -podéis encontrar muy buena información en esta web que se referencia en [3]– pocos -muy pocos- son visibles a simple vista desplegando su cabellera en su acercamiento al Sol.

Por tanto, cuando las efemérides de previsión de visibilidad de un cometa son moderadamente optimistas, debemos estar preparados para observarlo, teniendo en cuenta que ese comportamiento previsto puede cambiar en unas horas apenas por una desfragmentación del núcleo, por ejemplo.

Ahora se trata de un cometa que empezará a hacerse visible -si las previsiones se cumplen- estos días en el cielo de la madrugada. Teniendo en cuenta que en el hemisferio norte nos encontramos a las puertas del inicio del invierno boreal, eso supone cierta incomodidad, porque, recordemos, se trata de ver un objeto débil y por tanto alejarnos de las luces urbanas, lo que supone para todos aquellos que no vivan en entornos rurales, un sacrificio de cierta importancia al tener que desplazarse lejos de las ciudades y en horario intempestivo. Pero como habréis visto en el timelapse citado anteriormente, el año pasado mereció mucho la pena. Pero tengamos en cuenta que este cometa estará en el límite de la visión a simple vista desde un cielo oscuro, solo si somos muy optimistas podemos creer que puede llegar a una magnitud un poco más aceptable para localizarlo sin problemas.

Pero todas las noticias no podían ser malas, el C/2021 A1 Leonard (descubierto por G. Leonard el pasado 3 de enero con una trayectoria hiperbólica) se hará visible este próximo fin de semana, que es Luna nueva. Aunque el punto más próximo al Sol (y máximo brillo debido a su albedo) es el 3 de enero, el mejor momento para observarlo desde nuestras latitudes serán los días en los que se encuentre más cerca de nuestro planeta, y esto sucederá el próximo 12 de diciembre, situándose a la distancia de 0,2 UA (1 UA = 150,000,000 Kilómetros).

Elementos orbitales del cometa C/2021 A1 Leonard en la página Web del JPL (NASA) destinada a los cuerpos menores

Si quieres generar tu propia carta celeste del paso del cometa entre las constelaciones, por ejemplo, con el programa gratuito Stellarium [4] con el que está realizada la carta aquí presente, te recomiendo que releas la entrada citada en [1] que realicé con motivo del paso del C/2020 F3 NeoWise. Es muy sencilla de hacer y fíjate lo «resultona» que queda:

Trayectoria calculada con el software gratuito Stellarium. La posición del cometa en amarillo durante varios días (intervalos de 24 horas).

En la trayectoria del cometa cada 24 horas (el valor entre paréntesis es su magnitud visual estimada -aunque hay un fallo en el valor del día 9 -) podemos ver que, conforme más hacía el horizonte Este se acerca en las madrugadas de las sucesivas noches, más se acerca al crepúsculo matutino y peor será su localización. El paso la madrugada del día 6 cerca de la estrella naranja Arturo de la constelación del Boyero, puede ser un buen momento para una captura fotográfica de «campo amplio» o para localizarlo si la cosa se complica. Ir provistos de unos pequeños prismáticos siempre será por tanto una buena idea.

¡A ver si tenemos suerte y cielos oscuros para disfrutarlo!

NOTICIA DE ÚLTIMA HORA:

Parece ser que, en el momento de escribir estas líneas (lunes 29 de noviembre), observadores de la zona nocturna del globo (si, la Tierra no es plana para los astrónomos), reportan una posible desfragmentación de su núcleo. Las implicaciones -de confirmarse- sería que el cometa NO llegaría a la magnitud prevista y que quizás en los próximos días podamos observar (con prismáticos o mejor telescopio) varios puntitos borrosos muy juntos que constituirían lo que era el núcleo original del cometa. La trayectoria entre las estrellas sería la misma, pero con un brillo sensiblemente inferior. Estas cosas pasan bastante habitualmente en estas enormes «bolas de nieve sucias» cuando el calor del Sol les afecta más de lo esperado según su cohesión nuclear. ¡No por ello deja de ser un buen aliciente para salir a cielo abierto para esta última Luna nueva del otoño boreal!

ACTUALIZACIóN (6 diciembre)

Al contrario del rumor extendido por algunos grupos de redes sociales vinculadas a la observación astronómica, el cometa NO ha experimentado ninguna desfragmentación del núcleo y se mantiene la ventana de observación prevista.

ACTUALIZACIÓN (10 diciembre)

Este próximo fin de semana el cometa se mueve rápidamente en dirección a la Tierra en su camino hacía el perihelio. Pasa de ser un astro matutino, a vespertino. La presencia de la Luna durante la próxima semana perjudicará en su observación de forma importante y muy posiblemente podamos despedirnos de él.

Trayectoria del Leonard. Infografía del Real Observatorio Astronómico de Madrid.

Referencias del texto:

[1] https://cielosestrellados.net/2020/07/09/los-cometas-y-los-gatos-c-2020f3-neowise/

[2] https://youtu.be/916VZlZgrcE

[3] https://cometografia.es/

[4] https://stellarium.org/es/

Cielos estrellados de la sierra de Gúdar Javalambre (Templos del Cielo)

Y así, rápidamente, sin pensar demasiado, se nos fue el verano boreal. Un verano diferente al igual que el del pasado año. Deseando que el del próximo año nos traiga sonrisas desnudas  y abrazos sin miedo, ojalá la ciencia y las personas tras ella puedan continuar su trabajo por el bien comunitario para proporcionarnos nuevamente esa normalidad.

Ha sido un verano que a pesar de todo ha sido intenso, con muchas personas deseando conocer sobre el universo y disfrutar –mientras se podía debido a las restricciones sanitarias- de cada estrella del cielo. Este hecho me ha permitido divulgar intensamente gracias al rodaje con los medios adecuados que supuso la adaptación del año anterior, y que sin duda han permitido actividades plenamente seguras.

Este trabajo intenso de divulgación, apenas me ha permitido disfrutar de una de mis pasiones, que es fotografiar el cielo estrellado. Aquí os presento a lo único que he llegado, que incluye dos planos tomados en 2020 también. Mi único timelapse de 2021 (al menos de momento) y con ciertas deficiencias en la planificación que por motivos temporales ya no puedo subsanar.

Espero que lo disfrutéis a la máxima resolución (1080), con un buen volumen de audio y en condiciones de visualización oscuras. Son los «templos del cielo» de la serranía Turolense de Gúdar –Javalambre (Aragon-España), donde los cielos estrellados retoman su significado.

Bienvenidos al otoño boreal y primavera austral.

Enlace a Youtube para visualizar a máxima calidad (1080) RECOMENDADO : https://youtu.be/4zLtjbQpNRo

Haciendo puntería a 600 millones de kilómetros

Haciendo puntería a 600 millones de kilómetros desde el balcón

En el último fin de semana del mes de agosto solemos despedir las vacaciones veraniegas del hemisferio boreal de nuestro planeta. Nos vamos haciendo la idea de la vuelta al trabajo en este caso, de la vuelta al colegio con el nuevo inicio del curso escolar en nuestro estado, e incluso nos preparamos para la llegada del otoño boreal.

Respecto al cielo nocturno, las noches empiezan a ser notablemente más largas y menos calurosas por estos lares, y tienen dos protagonistas indiscutibles; los planetas Júpiter y Saturno cuyas oposiciones –mínimas distancias a la Tierra- han sucedido durante este mes que dejamos atrás.

Saturno, el señor de los anillos, tuvo su oposición el pasado día 2, encontrándose de nuestro planeta a 1340 millones de kilómetros (y del Sol a unos 150 millones de kilómetros más). Júpiter, el gigante gaseoso por excelencia, la alcanzó el pasado día 20, encontrándose de nuestro planeta a 600 millones de kilómetros de nosotros (y del Sol a unos 150 millones de kilómetros más, igualmente).

Posiciones relativas de los planetas estos días. Captura de pantalla del excelente simulador del sistema solar: The Sky live.

Como los astrónomos tendemos a ponerle nombres raros a todo, para parametrizarlo, normalizarlo o sencillamente porque nos gusta presumir de nombres extraños, a la distancia media de la Tierra al Sol le llamamos Unidad Astronómica (UA), por tanto Júpiter brilla con la luz que refleja del Sol estando situado a 5 UA’s del astro rey. Saturno hace lo mismo pero con la distancia de 10 UA’s del Sol.

Júpiter es netamente más brillante que Saturno todas las noches (magnitud -2,9 vs magnitud +0,2) por su mayor proximidad y en menor medida por su mayor tamaño aparente.  Júpiter tiene un tamaño ecuatorial de 143 000 kilómetros frente a los 116 000 kilómetros de Saturno (vamos a obviar lo que aportan sus propios anillos, aunque en función de su inclinación no es nada despreciable la diferencia de brillo), eso implica que desde la Tierra Saturno el día 2 de agosto se viera con un tamaño angular de 18,6 segundos de arco (con anillos 43,3”) mientras que Júpiter se viera el pasado día 20 con 49 segundos de arco.

Medir tamaños o separaciones angulares en la bóveda celeste es lo habitual en astronomía. De hecho las coordenadas celestes de ascensión recta y declinación de cualquier objeto se dan siempre en medidas de arco, así como el azimut y altitud de un objeto (posición altazimutal).

La Luna llena. Al igual que el Sol, sostienen un tamaño angular aparente en el cielo de unos 30 minutos de arco, es decir, de 1800 segundo de arco (30 minutos de arco x 60 segundos de arco cada minuto de arco).

Fotografiando planetas desde casa

Yo nunca aprendí a hacer fotografía planetaria, lo mío es la fotografía nocturna, time-lapse o incluso la de cielo profundo a foco primario de telescopios. Pero tengo algún buen amigo que disfruta mucho de la fotografía de planetas y uno de ellos es Marcos Iturat (1), autor de las fotos que os presento aquí tomada a media noche del 23 de agosto.

Imagen de Júpiter y Ganimedes la noche del 23 de agosto. Créditos imagen: Marcos Iturat

Lo que hace Marcos es capturar vídeo con una cámara CCD monocroma (venga, aceptamos blanco y negro), y lo hace en varios canales, en Rojo (R), en Verde (G) y en Azul (B) mediante filtros que se venden específicamente para ello. Posteriormente, una vez que procesa cada canal con miles de imágenes descompuestas del video evitando las que son de mala calidad afectadas por la atmósfera o por vibraciones instrumentales, las combinas formando una última imagen en color.

El equipo con el que hace esto es un telescopio catadióptrico (lentes y espejos) de tipo Schmidt Cassegrain de la marca Celestron (de la época «Made in USA» de esta conocida marca) de 235 mm de de abertura (diámetro) y 2350 mm de distancia focal; el popular C9 ½ (C9.25 pulgadas), sobre una montura SW EQ6.

La cámara que utiliza es una CCD de la marca ZWO ASI 290 monocroma, de 2,3 megapíxeles y con un tamaño del pixel de 2,9 µm (es un dato para los más interesados). No penséis para nada que se trata de una cámara CCD de segmento alto, no se precisa para este tipo de fotografía (planetaria) una cámara carísima.

A la distancia focal del telescopio le añade una lente Barlow Celestron modelo Ultima 2x, que le proporciona una focal resultante equivalente de 4700 mm, necesaria para estos objetos de pequeño diámetro aparente. Por último también utiliza un filtro IR-cut que le elimina bastante la turbulencia atmosférica, especialmente en el canal rojo, que es el que más detalles le proporciona.

El programa de captura utilizado es gratuito y viene con la cámara, es el Firecapture. Para cada canal ha utilizado 90 segundos de vídeo a 30 milisegundos de exposición cada fotograma, con un total de 3000 imágenes. También ha utilizado los programas Pipp, Autostaker, Registax y Winjupos, todos ellos gratuitos y que le ofrecen a la imagen diferentes cualidades, desde el análisis de fotogramas, el apilado o la de-rotación del planeta durante la sesión de captura.

Imagen del equipo empleado (la montura no se corresponde) y desde el emplazamiento utilizado. Crédito: Marcos Iturat.

Y todo esto, lo ha hecho cómodamente desde un lugar sorprendente: el balcón de su casa. Expuesto a chimeneas térmicas de edificación donde vive, de la propia calle (las diferencias térmicas día-noche provocan evaporación en materiales propios de construcción), de los coches que pasan a escasos metros provocando más térmicas y vibraciones, de las propias vibraciones de los vecinos, etc.

Mirando de cerca la fotografía

En la foto podemos apreciar un bonito planeta Júpiter y también a su luna Ganimedes, una de las cuatro lunas Galileanas que siempre son fácilmente visibles con  telescopios pequeños como pequeños puntitos que acompañan al planeta. También se ve claramente  proyectada la sombra de la luna sobre la superficie gaseosa bandeada del planeta, como un oscuro pequeño disco negro.

En el canal rojo (filtro rojo + IR cut) es donde más detalles se pueden apreciar antes de componer la imagen en color (RGB). Crédito: Marcos Iturat

Ganimedes tiene un tamaño de unos 5200 kilómetros, lo que lo sitúa en tamaño por encima de nuestra Luna (3480 Km) o incluso del propio Mercurio (4480 Km), y orbita Júpiter en unos 7 días.

No dejó de ser más que un puntito brillante para los humanos hasta que se acercaron las primeras sondas espaciales Pioneer 10 (1973)  y 11(1974) de NASA. Posteriormente otras misiones espaciales han obtenido excelentes imágenes (2) que siguen revelando que son mundos para explorar y conocer.

Pero fijémonos en la fotografía tomada por Marcos, Ganimedes NO es solo un punto de luz, es un pequeño disco el cual incluso revela algún detalle.

Detalle del la imagen en el canal rojo. Se ha «pegado» una imagen de Ganimedes (NASA) bajo a la derecha y posteriormente desenfocado en la imagen de la derecha. ¿Te resulta familiar?. Crédito: Marcos Iturat.

Con un sencillo cálculo, veremos que Ganimedes presenta un diámetro inferior a los 2 segundos de arco (1,8”). Si ampliamos la imagen veremos que podemos distinguir zonas claras y oscuras en la luna, que -sin entrar a tratar su naturaleza geológica-, podemos fácilmente identificar con las fotos disponibles de naves espaciales, aprovechando que por las fuerzas de marea del planeta, la luna tiene su órbita acoplada de forma similar a nuestra Luna y la Tierra.

Aproximadamente, sin entrar en puritanismos innecesarios, estaríamos apreciando  detalles inferiores a 0,2” lo que equivaldría sobre la superficie de la luna jupiteriana a un tamaño inferior a 600 kilómetros, salvo errores, quizás me quedo algo conservador en la estimación.

Estamos apreciando detalles geológicos inferiores a 600 kilómetros a 600 millones (600 000 000) de kilómetros de nuestro balcón….cosas de la era moderna. Enhorabuena Marcos, ¡ahora a por los crespones volcánicos de la luna Io!.…me lo cuentan hace dos décadas y digo que has tomado drogas.

No te olvides de echarle una mirada a Saturno y Júpiter estas próximas semanas si puedes a través de un telescopio y ¡gracias por leerme!

Referencias:

[1] Mi compañero Marcos, que ya ha colaborado en cursos, tanto de iniciación como avanzados de astronomía en la captura de imágenes planetarias, estará encantado de ayudarte para consultas sobre  la captura de imágenes de este tipo y me autoriza a que os proporcione su correo electrónico personal para cualquier duda que tengáis al respecto: marcositura(arroba)hotmail.com. Mi agradecimiento por este ofrecimiento y por facilitarme todas las fotos (y datos de captura) para publicar que acompañan a este texto.

[2] https://ciencia.nasa.gov/primeras-imagenes-ganimedes https://www.youtube.com/watch?v=eelDqnpfaj8&t=2s&ab_channel=JPLraw

Una estrella nueva en el jardín

Un estrella nueva en el jardín

Pasados los «días de la canícula» en el hemisferio boreal (ver entrada anterior), nos vamos despidiendo de las noches de temperaturas cálidas y ya empezamos a intuir que la próxima estación no queda muy lejos. Sin embargo, y aunque las noches empiezan a ser sensiblemente más largas y más oscuras, sigue dominando el cielo las constelaciones propiamente estivales del hemisferio norte.

En esta entrada te propongo una observación peculiar, no especialmente sencilla pero tampoco compleja. No debería ser tu primer intento de observación del cielo, hay otras observaciones más sencillas como son el reconocimiento de los grupos de estrellas o asterismos que llamamos constelaciones, o los planetas (Saturno y Júpiter son estos meses los protagonistas del cielo nocturno) o cualquier otra observación de las típicas en una persona que se acerca por primera vez a la observación nocturna de la cúpula celeste.

Pero da la casualidad que de vez en cuando la «inmutabilidad» de los cielos aristotélica no es tal, y nos encontramos con ciertas sorpresas, que merecen captar nuestra atención. Vamos con una de ellas.

Señales celestes

Antiguamente cuando una estrella “fija”, es decir, que se movía solidariamente con el resto de estrellas de la bóveda celeste, aparecía de repente en el cielo nocturno, se la denominaba estrella “nova”.

Vale, en la denominación los antiguos no tenían la imaginación de la que hacen gala los astrónomos modernos al ponerle nombre a las cosas, por ejemplo,  a los telescopios;  así encontramos nombre actuales como telescopio grande, telescopio muy grande o telescopio extremadamente grande, que son una muestra de la gran creatividad actual (ironía).

Pero a diferencia del escaso interés en la nomenclatura utilizada, la aparición de una estrella nueva en el cielo hace centenares  o miles de años, no era asunto nada  trivial.

Un nuevo objeto fue visible en el cielo, en este caso un cometa (estrella con cola) como refleja este fragmento del Tapiz de Bayeux. En 1066 esto podría indicar que los normandos iban a conquistar Inglaterra…. o todo lo contrario. Crédito CC.

Si la variación del brillo de algunas estrellas visibles a simple vista ya era motivo de cierta preocupación (estrellas variables, mírese por ejemplo información sobre la estrella Algol en Perseo) ante la falta de una explicación racional, no digamos las apariciones repentinas de estrellas en el cielo.

En primer lugar tenía connotaciones místicas, desde anuncios de la proximidad de eventos de gran importancia  como cambios que se avecinaban para bien –como el fin de periodos de sequia y tierra yermas o fin de la ausencia de animales para la caza- hasta símbolos de mal augurio como guerras, derrotas, enfermedades de reyes y emperadores o períodos complicados de ausencia de lluvias o de animales para la caza.

La suerte de estas interpretaciones es que, como en cualquier seudociencia,  la interpretación en la aparición de una nueva  estrella en el cielo puede pronosticar  tanto un evento positivo como su opuesto  negativo (es lo que tienen las no-ciencias),  y eso permitiría a los más habilidosos astrólogos y sacerdotes vinculados a las interpretaciones celestes divinas, salvar su cuello en más de una ocasión, pues la lectura de los cielos en estos términos siempre ha sido históricamente asunto de estado en todas las civilizaciones antiguas.

En segundo lugar, y ciertamente mucho más interesante,  el evento provocaba la reflexión sobre la naturaleza de los cuerpos celestes. Desconocemos cuantos estudiosos del cielo –primitivos astrónomos- se preguntaron sobre la verdadera naturaleza de estas observaciones extrañas, que tal cual aparecían, pasado un tiempo desaparecían, en contra de las enseñanzas aristotélicas sobre la perfección de los cielos que tan severamente se mantuvieron durante siglos en nuestra zona de influencia del pensamiento de la Grecia clásica.

La realidad física de una estrella “nova”

Hoy sabemos que estas apariciones inexplicables  se corresponden a diferentes  fases de la evolución de las estrellas. Porque la estrellas, esas inmensas bolas de hidrógeno en estado de plasma que producen en sus núcleos ingentes cantidades de energía gracias a la fusión nuclear, tienen períodos convulsos, tanto en sus nacimientos, como especialmente en sus fases finales, cuando el hidrógeno deja de fusionarse en su zona central (1) y evolucionan de forma diferente según su masa y según si se encuentran acompañadas o no por otra estrella.

La evolución de las estrellas es una rama a de la astrofísica apasionante e incorpora cada vez escenarios más complejos y detallados, pero solo diremos que, empezamos a recorrer este camino sobre su conocimiento a principios del siglo XX, cuando descubrimos el verdadero motivo de la composición estelar –de mano del ingenio de personas como Cecilia Payne (2) entre otras pocas- y el origen de su energía, que aportaron las bases para una de las más sólidas y apasionantes ramas de la astrofísica moderna, que aún tiene que completar muchas respuestas.

Pronto conocimos que la aparición de estrellas nuevas podía ser debido a dos causas principales (que no únicas), variaciones de brillo en estrellas acompañadas de las cuales al menos una presenta una edad avanzada o tipo evolucionado, o bien como final violento de una estrella llamado supernova, que bien puede ser típicamente de colapso de núcleo en estrellas muy masivas o de transferencia de materia en sistemas binarios de estrellas, que incluye subtipos con escenarios más exóticos por la naturaleza o evolución de sus componentes.

De hecho una de las estrellas «novas» históricas más conocidas (que no estudiadas) de la historia de la astronomía fue la nova de Tycho Brahe, que hoy sabemos se trató de una supernova (SN1572) y que recogió en su obra “De Nova Stella” en 1572, que con el brillo de Venus cuando fue descubierta en noviembre de ese año sorprendió la incipiente nueva astronomía que se avecinaba. Tycho  la siguió durante todo el tiempo que fue visible hasta 1573. No sólo consiguió que el término «nova» se incorporara a la astronomía, si no que aportó ciertos valores de carácter científico a sus observaciones (no en vano se le suele citar como el más preciso observador astronómico de la era pre-telescópica), descartando su origen cometario y dándole un origen estelar [3]. Los restos de esta estrella fueron localizados en 1960 por Monte Palomar. Posteriormente se determinó además que se trató de una supernova de tipo Ia, asociada a sistemas binarios enana blanca-gigante roja.

Una estrella nueva en el jardín

Quedando más o menos claro que la antigua definición de “estrella nova” solo hacía referencia a la contemplación a simple vista de una estrella nueva en el cielo, pero que actualmente hablamos de procesos estelares de nova y supernova como escenarios muy  diferentes, veamos cual es la tasa de observación de unas y otras.

El periodo de vida de las estrellas lo ciframos en miles de millones de años (para una estrella de tipo solar) por lo que para estrellas de nuestra galaxia, en el que tenemos más de 150 000 millones de estrellas, es posible que durante la vida de una persona no observemos un fenómeno de supernova. De hecho apenas hemos visto menos de una decena en la galaxia desde que tenemos registros, la última fue vista a simple vista en el hemisferio sur y fue la SN1987A en el año 1987. La cosa es muy diferente cuando miramos otras galaxias; en galaxias próximas detectamos un buen numero de novas y en las galaxias lejanas, supernovas que pueden llegar a eclipsar en brillo el núcleo de las propias galaxias.

De novas podemos llegar a ver algunas durante nuestras vidas, pues son mucho más comunes y algunas de ellas sabemos que son recurrentes, es decir, el fenómeno por el cual aumentan temporalmente de brillo debido a la transferencia de materia de una estrella evolucionada hacía otra muy evolucionada y densa de forma cíclica. En el siglo XX hemos observado en nuestra galaxia cerca de medio centenar, con lo que ha sido posible conocer mejor estos escenarios estelares gracias a la fotometría y espectroscopia moderna.

Precisamente una nova y recurrente, es visible simple vista durante este mes de agosto en el cielo del verano boreal en la constelación de Ofiuco.  O sea que si tienes ganas de ver esta nueva-vieja estrella y conocida en el cielo, sigue leyendo el final de esta entrada.

Localización RS de Ofiuco. Crédito Sky&Telecope-UAI

Ofiuco es la decimotercera constelación zodiacal (puedes “ser” Ofiuco  y tú sin saberlo), y ocupa una gran extensión del cielo mirando hacia el sur estas cálidas noches boreales. Aún así, a pesar que se encuentra en una buena posición para su observación, no es fácil la localización de la nova  porque necesitamos de un cielo algo oscuro lejos de las luces urbanas para localizarla. Arriba tienes la carta de S&T d ela constelación de Ofiuco con la zona donde se encuentra la estrella nova denominada RS de Ofiuco.

RS Ophiuchi [5], cuando se descubrió en su subida de luz a principios de este mes se encontró cerca de la magnitud 4. Para hacernos una idea, en una noche oscura, sin Luna y sin polución lumínica, podemos ver hasta magnitud 6,  que es el límite de brillo en la visión a simple vista.

Imagen de RS Oph por Rafa Ferrando desde el Observatorio PLa d’Arguines (Segorbe). Crédito: Rafael ferrando

Ahora ya está camino de debilitarse, acercándose a la magnitud 5, y en unas semanas se quedará en la bastante débil magnitud de 12,5 habitual. Pero si la localizas, ya sea visualmente o con más facilidad a través de una fotografía [4], sabrás que estás viendo un proceso que sucede cada 15-20 años, aunque esto sucedió en realidad no a parincipios de agosto, si no hace unos  5000 años, pues esa es su distancia en años luz de esta pareja de gigante roja y enana blanca.

Esta gráfica nos puede dar la idea de las últimas variaciones de luz que ha tenido la estrella en las últimas décadas, en la escala de la izquierda tenemos el valor de su magnitud visual. Esta escala como podemos apreciar es cuanto más pequeña, más brillante es la estrella. La diferencia de brillo entre una estrella de magnitud 5 y una de magnitud 6, es 2,5 veces más brillante.

Actualmente la determinación de estos valores se suele realizar de forma electrónica (mediante fotometría CCD), pero aún existen muchos aficionados a la astronomía que siguen haciendo una fotometría visual. Para ellos especialmente son útiles unas cartas de una de las asociaciones de estudio de estrellas variables más conocida del mundo, la AAVSO (6), en las que las estrellas cercanas al campo de la estrella variable tiene marcadas su magnitud con decimales. Una carta de la zona de la mencionada asociación la tienes a continuación.

Para localizarla visualmente, por tanto, utiliza estas cartas,  ya sea porque dispones de un buen cielo para localizarla (si no es así también te puedes ayudar de unos pequeños y sencillos  prismáticos de tipo 8×30 desde un lugar no tan oscuro) o bien porque vas  a hacer una fotografía [4] de la zona y después la vas a identificar comparándola con la carta.

Si lo intentas, ¡te deseo cielos despejados y oscuros!

¡Feliz fin de mes de agosto!

Reseñas del texto:

[1] Evolución estelar.  La vida de las Estrellas. Investigación y Ciencia  Temas nº 7. Prensa Científica SA. Un clásico con rigor a pesar de sus más de 20 años.

[2] Cecilia Payne. https://mujeresconciencia.com/2017/04/12/cecilia-payne-gaposchkin-la-astronoma-descubrio-la-composicion-las-estrellas/ Una breve reseña a una pionera de la astrofísica moderna.

[3] Historia de la Ciencia, John Gribbin. Editorial Crítica 2003.

[4]Para hacer una fotografía del cielo:  Pon tu cámara en modo manual, elige un objetivo estándar de poca distancia focal (un 50 mm es ideal) y baja su diafragma al menor número (3,5 o menos). Sube el ISO (ASA) de la cámara a 2000 siempre que tengas un cielo oscuro (si no tendrás que bajar un poco el ISO o la exposición), y haz una toma en modo Bulb (modo B de velocidades) de unos 15 segundos máximo  (si la cámara te permite esa exposición, no es necesario ir a modo B, le pones los 15”). Después localiza la constelación de Ofiuco en el cielo, intenta centrar la zona de la nova y dispara, si es posible mediante disparador de cable y si no mediante disparo demorado (autorretrato) de unos segundos, para evitar que tiemble la cámara al tocarla con el dedo en el disparo. ¡La has captado seguro!.  Si tienes alguna duda, ya tardas en enviarme un correo electrónico.

[5]  En Simbad (CDS): http://simbad.u-strasbg.fr/simbad/sim-id?Ident=RS+Ophiuchi Para los detallistas que busquen fuentes primarias.

[6] Localizador de cartas de estrellas variables de cualquier tipo, de la AAVSO que facilitan la estimación de magnitudes para realizar graficas de su comportamiento (para observadores visuales avanzados):  http://www.aavso.org/observing/charts/

Las noches de los días con «un calor de perros»

Introducción a la observación astronómica. Primer contacto

En primer lugar, os pido disculpas por mi escasas publicaciones; desde principios de abril (más de 3 meses) no he podido realizar ninguna entrada por exceso de carga laboral, que no por falta de ganas de contar eventos y descubrimientos nuevos. Quienes me conocéis ya sabéis que no pararía de contar «cosas» del cielo, de la nueva carrera espacial, de los objetivos «clásicos» y nuevos de exploración – que estoy seguro nos deparan sorpresas profundamente interesantes en breve- y un sin fin de noticias vinculadas que se suceden sin parar.

Mi última serie de entradas se centraron en Marte, y seguro que en una de las próximas volveré sobre él, porque  también se acumulan las noticias sobre el planeta rojo, objetivo ya no tan lejano de nuestra especie, y que cuanto más conocemos, tanto más cercano y familiar se nos vuelve. Como decía C. Sagan, Marte «ha dejado de ser un puntito naranja en el cielo para ser un lugar» (gracias a la exploración).

Pero mi entrada de hoy es netamente práctica,  y un ligero empuje a la vez que propuesta, para todas aquellas personas que me he ido encontrado en mis actividades de «noches de estrellas», o en alguna charla o en algún evento de formación,  y que se acercan por primera vez a la observación del cielo estrellado con mucha curiosidad e interés, aunque pensando que es excesivamente complejo. Seguramente algunas de las personas de las que casualmente leen este modesto blog de divulgación, también son personas que están en esos momentos de interés por conocer el cielo, independientemente de su formación o nivel de conocimientos teóricos en algunas ramas de la astronomía. 

Y  qué mejor momento para animarse con la iniciación en la observación del cielo nocturno que recién inaugurados los llamados días de la canícula (la expresión «hace un calor de perros» viene de ahí), esas dos quincenas que en el hemisferio norte nos marca los días más calurosos del verano y que en la antigüedad estaba atribuidos a la presencia en el cielo de la estrella más brillante del Can Mayor, Sirius, que a la postre es también la más brillante del cielo después de nuestra estrella.

En primer lugar decir que podemos disfrutar del cielo estrellado alejándonos de las ciudades y poblaciones relativamente grandes. Nos libramos de obstáculos que nos impiden ver parte del cielo y sobre todo de la polución lumínica, un fenómeno en ascenso que nos impide ver y estudiar el cielo, y que es un buen marcador de nuestra despreocupación por la optimización de los recursos naturales que empleamos en la iluminación.

Si veraneamos en un pueblo pequeño, lejos de las grandes urbes, estamos de enhorabuena, solo tenemos que andar quizás un par de kilómetros para disfrutar de un cielo algo parecido al que han observado todas las personas que han vivido antes de hace unos 100 años y miraban el cielo con asombro, con carácter inspirador o encomendándose a algo tan grandioso que antaño siempre le hemos atribuido algún poder sobre nuestras vidas.

Y es que el cielo estrellado, en una observación sencilla y en las condiciones adecuadas, sin importar si conocemos algunas constelaciones o estrellas, es una observación grandiosa, inspiradora, tranquilizadora y que todos los humanos deberíamos experimentar alguna vez en nuestras vidas.

Además el verano boreal nos trae la vista de nuestra galaxia, la Vía Láctea (también llamada por estas tierras, el «Camino de Santiago»), bien visible en el cielo, cruzando a primeras horas de la noche casi la vertical de nuestras cabezas, desde el horizonte Norte hasta el horizonte Sur, donde se encuentra el centro de la misma y la también máxima densidad de nebulosas y cúmulos al alcance de unos pequeños prismáticos. Pero vayamos por partes.

Lo primero para disfrutar del cielo es encontrar y llegar a un lugar oscuro para observar el cielo, y si es posible con pocas montañas grandes cercanas que nos tapen parcialmente algún horizonte. Que no existan viviendas rurales o de vacaciones cercanas con iluminación exterior también es importante. Nuestra pupila tarda hasta 15 minutos en dilatarse por completo y adaptarse a la oscuridad completa de forma óptima. Por tanto, olvidémonos del teléfono móvil, de tabletas o de linternas con luz blanca que además en los últimos años son especialmente brillantes por estar dotadas de led de alta intensidad.

Si precisamos luz, el accesorio ideal es una linterna frontal de cabeza, que disponga de luz roja. Son muy económicas en grandes superficies (y quizás pequeño comercio) y además nos dejan las dos manos libres, y eso, en la oscuridad, es especialmente útil a la hora de manipular objetos o consultar algún papel.

Si no encontráramos un frontal con led rojo, podemos recurrir al viejo truco de cubrir la linterna con celofán rojo sujetándolo con una goma elástica. Tendremos que darle varias vueltas al celofán, porque los leds son especialmente intensos, y precisamos un rojo lo más oscuro posible para evitar que afecte lo menos posible a nuestra pupila.

Después una silla reclinable sencilla, o incluso mejor una sencilla manta de las que se venden para camping/picnic (una parte está plastificada que es la cara que se pone en contacto con la tierra) y así nos podamos poner en posición totalmente horizontal, también nos ayudará para disfrutar de nuestro primer contacto con el cielo.

No olvidemos una buena chaqueta, porque aún siendo una de las noches de los días de la canícula, refresca y estamos a la intemperie, y la intención es de disfrutar de esos más de 3000 puntitos simultáneos que vemos en una noche oscura sin Luna, no de sufrir.

También bebida y cualquier cosa que nos proporcione cierta comodidad durante la sesión de observación, sin olvidarnos que los mosquitos ahora son capaces de arrancar piernas de un mordisco, serán cosas secundarias pero importantes  a considerar.

Naturalmente si la experiencia nocturna es compartida, especialmente con alguna persona que sepa apreciar que el silencio y los sonidos de la noche forman parte de este espectáculo, pues mucho mejor. Si la experiencia es bastante apartada de núcleos de población, la carga del móvil y la comprobación de cobertura para cualquier posible -pero poco probable incidente- también es buena idea. Ya sabes, esa rueda del coche que te mira mal desde que dijiste en voz alta que ya era hora de cambiar los neumáticos, puede querer pinchar precisamente esa noche.

Paso uno: ¿Y ahora qué?

Hemos elegido inteligentemente una noche sin presencia de Luna, cosa que podemos consultar casi en cualquier calendario de los de toda la vida, o buscar en Google un calendario con las lunaciones. La noche sin Luna  no tiene que ser exactamente con Luna nueva, puede ser con la presencia de una Luna de pocos días de edad, creciente (de forma que poco después de anochecer se oculté por el oeste) o con Luna menguante, que solo sale avanzada la noche, cuando quizás ya hemos decidido finalizar la sesión.

Es el mejor momento, lo tenemos todo preparado, no hay nubes, las estrellas asoman tras el crepúsculo, nos acomodamos y nos preparamos a disfrutar de la bóveda celeste. Un cielo azul oscuro nos anuncia una buena visibilidad. Disfrutemos de las primeras estrellas que aparecen. Algunas de ellas, especialmente brillantes pueden no ser estrellas si no planetas. Así por ejemplo, esta última quincena de julio tenemos por el horizonte Oeste el brillante planeta Venus (muy poco tiempo visible), y a finales de mes ya aparecen poco después de oscurecer por el horizonte Este, el planeta Saturno y poco después el brillante e inconfundible Júpiter.

Hay otras estrellas brillantes que también aparecen nada más caer la noche. Relativamente aún alta hacia el horizonte Oeste la anaranjada  Arturo (¡vaya no todas las estrellas son blancas!) y muy alta hacia el  Este y acercándose a nuestra vertical  conforme avanza la noche y se mueve el cielo, la blanco-azulada estrella Vega de la constelación de la Lira. Muy cerca de ella discurre la Vía Láctea, que con las estrellas Deneb (Cisne) y Altair (Águila) forman el asterismo estelar conocido como «Triangulo de Verano».

No os preocupéis si no las reconocéis en un primer momento, porque para ello normalmente tenemos que hacernos con un mapa estelar, un poco de paciencia y recurrir a trucos de alineaciones imaginarias para ir descubriendo las constelaciones.

El cielo debido al giro de la Tierra va cambiando, por tanto las constelaciones visibles también. También cambian con la translación de la Tierra alrededor del Sol, de una forma menos apreciable, pero que provoca que las estrellas y constelaciones que forman, adelanten unos 4 minutos sus salidas: las constelaciones de verano no son las mismas que las de invierno.

Además de esto, los planetas, cuyo nombre significa «errante » (entre las constelaciones) se van moviendo en el cielo con el cambio de las semanas, meses o años (no vamos a ver su cambio de posición en una noche), los gigantes gaseosos Júpiter y Saturno no muestran un movimiento perceptible en poco tiempo, pero el esquivo Mercurio -siempre cercano al Sol- y Venus, si que presentan un movimiento muy perceptible en pocas semanas e incluso pocos días.

La Vía Láctea empieza a alzarse cruzando nuestra vertical en la dirección Norte-Sur y es un espectáculo cada vez más difícil de apreciar debido a la polución lumínica. El cielo, aunque fue declarado bien inmaterial de la humanidad por la UNESCO, lo estamos perdiendo. Es una evidencia, no una opinión subjetiva.

Si queremos romper el silencio bajo las estrellas, os recomiendo hablar sobre lo distante de estos soles, sobre si puede haber vida en los muchos planetas que estamos descubriendo alrededor de estas estrellas, o sobre los tamaños y escalas del universo y nuestra insignificancia, fragilidad, pero increíble comprensión creciente del propio universo; son temas que nos dejan volar la imaginación, con atrevidas hipótesis que también son realizadas en la ciencia más «seria».

Además, las estrellas fugaces delta Acuáridas y las Perseidas, así como meteoros esporádicos (no pertenecientes a ninguna corriente o lluvia) nos pueden deleitar la velada, os recomiendo este enlace sobre la próxima actividad de las clásicas Perseidas o Lagrimas de San Lorenzo [3]. Los más pequeños, al ver una, pueden formular un deseo,… y quizás los más grandes también. Si queremos ser un poco menos románticos, podemos decir que son pequeños granos -de media apenas un milímetro-, restos de cometas y asteroides que al penetrar en la alta atmósfera de nuestro planeta, se desintegran dejando esa luz fugaz. Veremos solo las brillantes si la Luna está presente en el cielo.

Paso dos: la carta celeste

Nos hemos deleitado con una visión en conjunto de todo el cielo, pero ahora queremos empezar a reconocer las constelaciones, agrupamientos imaginarios de estrellas que básicamente nos han  llegado de las culturas griegas y romanas, así como algunos nombres de las estrellas brillantes, muchas llegadas a través de la cultura árabe. Precisamos en este momento de una carta celeste, un mapa de las estrellas para reconocer las principales constelaciones o asterismos, al menos inicialmente formados por las estrellas más brillantes.

Es divertido intentar identificar el agrupamiento y posteriormente intentar imaginar  la figura que representa, pero ya os avanzo que difícilmente reconoceremos en las agrupaciones las figuras que los antiguos veían en el cielo, salvo en unas pocas.

Hace años, lo habitual era hacerse con un planisferio móvil, que nos permite poner la hora y la fecha en una parte de un disco de cartón móvil, donde tras una ventana de plástico vemos un disco inferior que nos muestra todo el cielo visible en el momento de la observación. Yo sigo recomendándolo, aunque cada vez es más difícil encontrar uno y de cierta calidad ya que suelen ser excesivamente pequeños de diámetro la gran mayoría de los disponibles.

La segunda opción para obtener una carta del cielo es instalar en nuestro ordenador un programa de planetario, por ejemplo «Stellarium» [1], gratuito y excelente para comprender los movimientos del cielo, y muchas cosas más de las que no vamos a ocuparnos en esta entrada. Hemos hablado de él en alguna ocasión durante las entradas del confinamiento por la pandemia [2]. Podemos imprimir la carta del momento de la observación con facilidad. La ventaja de esta opción es que nos situará la posición de los planetas y de la Luna entre las constelaciones (si son visibles para el momento de la observación), cosa que resulta imposible en un planisferio móvil.

Existe una tercera opción, instalar en nuestro Smartphone o tableta, una aplicación (que también las hay gratuitas) que nos reconocen las estrellas y planetas presentes en el cielo gracias a la geolocalización, hora y fecha del dispositivo electrónico y los sensores inerciales permiten al programa conocer en la dirección que miramos.

Un gran inconveniente de esta tercera opción, la pérdida de cierta magia analógica que encontramos en nuestro esfuerzo en identificar las estrellas y constelaciones, que además nos brinda la posibilidad de recordar con más facilidad las constelaciones para sucesivas observaciones. Además tenemos el deslumbramiento que provoca el propio dispositivo, pues aún contando con el modo nocturno en muchos de estos programas (pantalla en rojo), el dispositivo electrónico se encuentra situado justo delante de nuestros ojos. Es por este motivo que no os voy a recomendar ninguno, pero que son fáciles de localizar con un par de búsquedas en Google.

Tras encender nuestro frontal rojo -poco intenso- y tomar el planisferio o la carta celeste en nuestras manos, la orientación de la misma es importante. Si nos encontramos de pie o sentados la orientación de la carta parece inicialmente menos intuitiva, pero si estamos tumbados la cosa se nos facilita enormemente. Normalmente la carta o el planisferio celeste tendrá impreso en los bordes los puntos cardinales, debemos de imaginarnos que la carta podemos colocarla sobre nuestras cabezas y estirar cada punto cardinal de la misma –como si fuera una imaginaria carta formada por un papel elástico- hasta cada horizonte correspondiente de la Tierra.

Y a partir de ahí, empezar por una zona del cielo para reconocer los asterismos formados por estrellas en los que los griegos vieron figuras de su mitología. Lo normal es empezar por el norte, localizar la Osa Mayor (el «Carro» o el «Gran Cucharón») y a partir de ella, la estrella Polar, la única estrella que no se moverá ni durante toda la noche ni durante todo el año, siempre está ahí, quieta, marcándonos el Norte y su altura la latitud del lugar de observación. Pensemos en los muchos exploradores, navegantes, aventureros, que se guiaron por esta estrella para orientarse. Es cierto, hace más de un par de milenios, no era esa estrella la que marcaba el Norte, pero eso es otra historia.

Diametralmente opuesta casi, la «W» de Casiopea. Si nos gusta la mitología y conocer detalles al respecto, nos podemos hacer con alguna guía celeste sencilla, que de paso nos hable de las estrellas y las nebulosas con brevedad y con facilidad. Si es para llevarla con nosotros al campo, lo ideal es que sea de pequeño formato. Tampoco os voy a recomendar ninguna, aunque como siempre, no me importará aconsejaros algunas de ellas si me consultáis por correo electrónico.

De las tres estrellas que conforman el « rabo » de la Osa Mayor (o mango del «cucharón») podemos encontrar -siguiendo su curvatura- la inconfundible estrella Arturo, suavemente naranja y muy brillante. Representa al ateniense Icario, la primera persona a la que el dios del vino le concedió el secreto de cómo hacer esta bebida y que acabó realmente mal por ello –y no por el motivo que os podéis imaginar en una primera instancia-.

Es curioso, pero precisamente esta estrella, era utilizada en la antigüedad para saber ciertas labores del campo relacionadas con el vino. NO es una casualidad, es una de las muchas utilidades de las estrellas, la orientación para la navegación, pero también el calendario.

Con paciencia, y haciendo saltos imaginarios entre las estrellas que conforman las constelaciones, podemos empezar a ir reconociendo las principales –formadas por estrellas relativamente importantes-, sin prisa. Ellas siempre van a estar ahí, y este camino es de lento recorrido para disfrutarlo plenamente y si es posible, en compañía.

Olvidaros de telescopios e instrumentos ópticos por el momento, o incluso de la fotografía, que tanto captura la atención de todos, por experiencia os puedo asegurar que querer ir con rapidez es causa muchas veces de frustración y de escaso disfrute que nos ofrece el espectáculo cada noche de la bóveda estrellada.

Felices noches estrelladas de días con un calor de perros.

Referencias:

[1] https://stellarium.org/es/

[2] https://cielosestrellados.net/2020/03/22/astronomia-en-tiempos-del-covid19/

[3] https://www.youtube.com/watch?v=qBjDekBNnXE&ab_channel=JmMadiedo