Astrofotografía (Técnica)

Tomando imágenes del cielo

Voy a intentar describir lo más resumidamente posible las diferentes modalidades de cómo capturar imágenes del cielo nocturno, que, hoy en día y gracias a los avances tecnológicos, se encuentran al alcance de muchas personas. Espero no ser muy espeso en la descripción y, como siempre, estoy a vuestra disposición para resolver las dudas que esté en mi mano solucionar, a través del correo electrónico.

Doy por supuesto que el lector tiene unos conocimientos básicos de fotografía o sobre los parámetros que caracterizan a un telescopio; aquellos como abertura, distancia focal, relación focal, diafragma, velocidad de obturación o tiempo de exposición, sensibilidad (ISO o ASA), etc.

De no ser así, no hay que asustarse. Son conceptos sencillos que pueden consultarse tranquilamente de forma on-line en Wikipedia o fuentes similares, mientras se leen las siguientes líneas.

También conviene comentar antes de entrar en materia que nuestra cámara réflex digital (DSLR) va a trabajar en modo manual completamente, pero, a pesar de ello, la electrónica del dispositivo estará trabajando, lo que repercutirá en un consumo de su batería. Si no disponemos de más de una batería —o, mejor, un sistema externo de alimentación—, en poco tiempo, nos quedaremos con la cámara sin poder trabajar. Tanto más acusado es esto cuanto más expuestos estemos a temperaturas bajas.

Por otra parte, un disparador (de cable preferiblemente frente a los de IR) se hace casi imprescindible, pues, por mucha habilidad que tengamos, nuestro dedo al, oprimir el botón disparador, moverá la cámara, arruinando tomas. Si, como veremos más adelante, nos decidimos por adquirir un pequeño dispositivo llamado intervalómetro, este nos servirá como disparador de cable, y que además, nos permitirá de una forma sencilla programar el número de tomas, duración y espaciado de las mismas.

Intervalometro_Pixel_bIntervalómetro

Pasemos, pues, a enumerar las diferentes formas de fotografía nocturna del cielo y de los objetos que están a nuestro alcance.

La fotografía con cámara fija

Si disponemos de una cámara réflex digital (muchas veces, denotado como DSLR por su acrónimo en inglés), tenemos grandes posibilidades de realizar estupendas fotografías del cielo nocturno.

Antes de la llegada de la era digital, una simple cámara réflex y un trípode eran una forma de empezar a fotografiar el cielo, pero, prácticamente, no podíamos ir más allá de un par de tipos de astrofotografía. En primer lugar, estaba la típica fotografía de 30 segundos de exposición (para aquellas cámaras con un objetivo de 50 mm de distancia focal y con diafragma completamente abierto), que nos capturaba los asterismos que conforman las constelaciones, incluso, con la presencia de alguna conjunción planetaria destacable si era el caso.

Bartolo270388

(Superior). Fotografía con cámara fija y 50 segundos de exposición, allá por 1988.

En segundo lugar, el otro tipo de fotografía que se solía obtener con cámara fija, y casi para finalizar las posibilidades de esta modalidad, era el de las trazas circumpolares, con un objetivo estándar de 50 mm de distancia focal, o mejor si disponíamos de un gran angular de 24 o 28 mm.

Era un tipo de fotografía muy «resultona». Dejando abierto el obturador de la cámara (en «exposición» o modo «B» de Bulb), apuntábamos a la polar, enfocábamos a infinito y dejábamos la cámara exponiéndose durante tiempos superiores a media o una hora.

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(Superior). Fotografía con cámara fija y una hora de exposición en 1999 desde Xiva de Morella.

Normalmente, se requerían carretes de alta sensibilidad (400 ISO o mayor), y siempre de cielos bastante oscuros.

Quizás sería también justo mencionar la posibilidad de la fotografía lunar con baja resolución, pero dotando a la cámara de un teleobjetivo con una distancia focal superior a los 300 mm. La opción solar era posible con un filtro adecuado.

La fotografía digital ha mejorado estás posibilidades y ha abierto otras insospechadas hace tan solo unos años.

Las propiedades del detector CCD (o CMOS) de nuestra cámara tiene una respuesta casi lineal (a doble fotones, doble señal), cosa que el carrete no tenía. De hecho, el defecto de reciprocidad provocaba que la sensibilidad nominal de la película decayera rápidamente con el tiempo de exposición. Además, el detector electrónico también tiene una eficiencia brutal en comparación con la película. Esto es: fotón que entra, fotón que se convierte en corriente eléctrica y, por lo tanto, en señal. Con la película, necesitábamos muchos fotones para provocar una reacción química en la emulsión. Además, las sensibilidades de los detectores están llegando a limites increíbles, de forma que podemos trabajar a sensibilidades similares a los 1600, 3200, 6400 e, incluso, mayores (depende de la gama de la cámara) con unas calidades finales (obviaremos, de momento las palabras, «ruido de la imagen») magníficas en cuanto a nitidez.

film_vs_eye_vs_ccd_color

(Superior).Respuesta del ojo humano, film fotográfico y CCD.

Al poder trabajar con sensibilidades más altas, es posible capturar más estrellas. De hecho, podemos capturar constelaciones con estrellas superiores a la 6ª magnitud, que es el brillo estelar limite visible a simple vista en un lugar muy oscuro y sin Luna, que se suele citar habitualmente en textos.

No solo eso, sino que, además, podemos capturar la Vía Láctea de forma impresionante, como antes solo era posible mediante técnicas con seguimiento y tiempos de exposición más largos, incluyendo en el encuadre motivos terrestres.

Por cierto, todas las cámaras tienen escondida entre sus opciones de menú una que pone algo así como «reducción de ruido en exposiciones prolongadas». Aunque entraremos un poco más adelante en el tema del ruido, este es un buen momento para probar esta opción, que luego deshabilitaremos para el resto de tomas.

La activación de esta función hará que, después de la toma de luz (o fotografía en sí de la constelación), la cámara haga otra foto de forma automática con la misma exposición, pero sin abrir el obturador, es decir, en «negro» (como veremos más adelante, llamada dark). Una vez finalizadas las dos, la cámara automáticamente restará la toma «en negro» de la toma de luz, y se guardará la imagen final como toma definitiva, incrementándose la nitidez. Por lo tanto, para una fotografía de 30 segundos de una constelación, en este modo, la cámara tardará 60 segundos en hacerla. No temamos experimentar con ello y comparar resultados. Respecto a este proceso, después entraremos en más detalles.

Una técnica muy utilizada, que explicaremos más detalladamente en la fotografía con telescopio, es la de sumar imágenes de forma digital. Aunque suene complicado en este momento, veremos que es realmente sencillo una vez que sabemos cómo se hace. Esta técnica mejora notablemente los resultados.

Respecto a la fotografía de las trazas estelares, ahora, con el detector digital, las podemos realizar de una forma mucho más creativa y sin necesidad de cielos tan exigentes como con la película. Voy a explicarlo con un ejemplo. Pongámonos en el caso de que estamos en un lugar con buen cielo, pero, en nuestro encuadre, queremos que entre una pequeña casa de campo con una ventana suavemente iluminada. Una exposición larga con película de, pongamos, 1 hora nos hubiera devuelto un negativo «quemado» debido a la luz de esa ventana. Ahora, con las técnicas digitales, vamos a tomar imágenes cortas de, pongamos, 30 segundos, imágenes que no están quemadas por la luz de la ventana (nosotros determinaremos la exposición que no sature la imagen), y después un programa informático, gratuito y de forma automática nos va a solapar todas las imágenes devolviéndonos una imagen con las trazas estelares y la imagen de la casa con la ventana iluminada, sin estar quemada.

Una técnica nueva que está a nuestro alcance y nos devuelve un resultado espectacular es el llamado time-lapse. Para esta técnica, se agradece la adquisición de un pequeño instrumento (antes ya comentado) disponible en tiendas de fotografía que se denomina intervalómetro (coste entre 40 y 80 euros), en el que configuramos en un pequeño menú el número de fotografías que queremos hacer, de cuánta exposición cada una y con qué separación temporal entre una y otra.

Conectándolo a la cámara y presionando el botón de inicio de la secuencia, nos proporcionará la posibilidad de obtener una secuencia de varios centenares o, incluso, de un unos pocos millares (recordemos que, con un carrete, teníamos para 36 disparos, pero, actualmente, con una tarjeta de memoria, podemos almacenar incluso algunos miles) de fotogramas, que, después y también mediante un sencillo tratamiento informático, se podrá montar como un vídeo.

Os remito a que miréis resultados, algunos auténticas obras maestras. Esta técnica se ha popularizado mucho y, como podéis imaginar, podemos complicar todo lo que queramos buscando más efectividad (movimiento de la cámara durante las exposiciones mediante un dispositivo motorizado), pero, para iniciarnos, solo necesitamos una sencilla cámara, un intervalómetro, a ser posible, y un buen encuadre.

La fotografía con cámara en movimiento

Esta técnica hace unos años se conocía con el anglicismo piggy-back o fotografía «en paralelo», y consistía en montar la cámara a «lomos» de un telescopio, dotado de seguimiento ecuatorial.

Quizás os preguntéis ¿qué es esto del seguimiento ecuatorial? Bien, todos sabemos que las estrellas por la noche, y el Sol durante el día, se mueven de Este a Oeste debido al movimiento de rotación de la Tierra de Oeste a Este, en unas 24 horas. Si el cielo se mueve y lo fotografiamos con una exposición de más de unos 30 segundos (con un objetivo estándar de 50 mm de distancia focal), las estrellas dejarán trazas en nuestra imagen debido a ese movimiento, que a nosotros nos pasa desapercibido.

Los telescopios están dotados de monturas que siguen automáticamente a los astros, y estás monturas pueden ser de dos tipos: unas son las altazimutales y otras son las ecuatoriales.

Movimientos_montura_AltazimutalDobson Montura altazimutal (tipo Dobson)

Las altazimutales están dotadas de seguimiento en dos ejes, azimut y altura, de forma que van siguiendo a un astro a «escalones», ascendentes cuando el astro va hacia su culminación en el Sur, o descendentes cuando cruza la culminación (paso del meridiano del lugar) y va hacia su ocaso.

Si hacemos una fotografía con una exposición larga con un dispositivo altazimutal, aun siendo este seguimiento «escalonado» del astro muy sutil, el campo rotará respecto al centro de la imagen.

Rotacion_campoRotación de campo de un objeto celeste

Para evitar este fenómeno, se idearon las monturas ecuatoriales (de tipo alemán las descritas aquí), que, aunque pueden parecer algo engorrosas a primera vista, su fundamento es sencillo; de sus dos ejes de rotación, uno apuntará a la Polar (más concretamente, al Polo Norte Celeste, PNC), de forma que, cuando localicemos un objeto cualquiera de la bóveda celeste, un solo moviendo en el llamado eje de ascensión recta será suficiente para seguir el objeto. No es un seguimiento «escalonado» y desaparece la rotación de campo.

Telescopio_EcuatorialNewtonTelescopio reflector Newton sobre montura ecuatorial alemana.

Mantener un objeto en el campo fotográfico permite, lógicamente, aumentar el tiempo de exposición y, con ello, aumentar no solo el número de estrellas, sino detalles de nebulosas y galaxias, lógicamente, si están al alcance de resolución del objetivo (de su distancia focal y abertura).

Y aquí es donde entra un detalle importante y que se hará crucial en el siguiente punto de fotografía con telescopio: el seguimiento.

Si la fotografía es de la Vía Láctea o lo que se viene a llamar de «gran campo», un alineamiento a la estrella Polar de la montura ecuatorial medio aceptable (se le denomina puesta en estación), nos puede valer. Si la fotografía es con teleobjetivo (digamos, a partir de unos 135-200 mm.), bien las exposiciones son muy cortas, o bien la puesta en estación de la montura y seguimiento durante la exposición tienen que ser buenos.

Para gran campo, se han popularizado pequeñas monturas ecuatoriales que pueden soportar una DSLR con objetivos grandes angulares (10-20 mm) y angulares estándar (20-70 mm), que, la verdad, nos pueden devolver resultados muy espectaculares, tanto de imágenes estáticas de la Vía Láctea y nebulosas muy extensas, como para time-lapse.

Para la fotografía con teleobjetivos, precisaremos montar la cámara encima del telescopio y guiar con el telescopio. Esta tarea, hace unos años la realizábamos de forma «humana», es decir, mirando por el telescopio dotado con un retículo a modo de mira de rifle, pero actualmente se realiza con cámaras electrónicas de bajo coste (en realidad, muy parecidas a las habituales web-cams) que tienen una gran efectividad, que se denominan cámaras de guiado y que vamos a ver más detalladamente en el siguiente punto.

La fotografía con telescopio

Un telescopio suele ser «más gordo» que un teleobjetivo. El concepto de abertura es ese: el diámetro del espejo o lente principal de un sistema óptico, que será el parámetro que limitará la cantidad de fotones que llegarán al ojo o al detector electrónico y, por lo tanto, la cantidad de objetos débiles que podemos fotografiar.

Pero no solo nos determina los detalles más débiles de una imagen, sino también la resolución angular, es decir, la posibilidad de separar, por ejemplo, dos estrellas muy juntas.

La distancia focal (en una primera —y permitidme— algo burda aproximación: lo largo que es el telescopio), solo nos dará información del aumento con el que podemos trabajar, que siempre estará condicionado por la abertura y por otros factores externos, como la calidad del sistema óptico (transmisión o reflectividad y aberraciones) y la atmósfera.

El peso de la abertura, a la hora de considerar la fotografía de nebulosas y galaxias, antes era aplastante en el mundo amateur y en el profesional. Sin embargo, las técnicas digitales de procesamiento de la imagen han permitido inclinar la balanza un poco más hacia la calidad óptica, con aberturas moderadas, en el mundo amateur.

En el mundo profesional, podemos decir que telescopios de clase inferior a 2 metros de diámetro, pocos (que no ninguno) campos de investigación pueden abarcar, comparados con los actualmente abarcables. Por poner un ejemplo, la fotometría con un filtro U (ultravioleta) con un telescopio inferior a 1 metro es realmente complicada. En este ámbito, podemos decir que es la calidad y funcionalidad en el diseño de los detectores (que, en muchos casos, se diseñan «a la carta» para el instrumento en el que van a trabajar) lo que decanta la balanza, pero solo ligeramente, hacia instrumentos de algo menor diámetro.

El seguimiento y la toma de imágenes

Acoplamos nuestra DSLR a foco primario, esto es, sustituyendo el ocular por la cámara fotográfica sin objetivo. De esta forma, obtenemos el máximo campo y la máxima luz del sistema óptico. Disponemos nuestra cámara con la sensibilidad adecuada y procedemos a ajustar el tiempo de exposición. ¿Cuál es el adecuado?

La respuesta no es sencilla. El tiempo adecuado es un compromiso entre el tiempo máximo que permita el seguimiento de nuestra montura sin que el objeto «derive» de su posición inicial (por culpa de que el alineamiento con la Polar nunca es preciso, que existe un error de engranajes, un error de tracción del motor, y otros errores menores que también intervienen), el tipo de objeto, su brillo superficial y el procesado posterior de la imagen.

Pensemos que podemos encontrar objetos con gran rango dinámico, esto es, zonas muy débiles al lado de otras muy brillantes, que complican la toma. Si una exposición saca bien la zona débil, la zona brillante saldrá «saturada», es decir, con valores máximos de intensidad de todos los posibles, de forma que no podremos extraer información (o estructuras). Afortunadamente, el detector digital tiene un rango dinámico mucho mejor que la película, pero también con sus limitaciones. La solución: el procesado digital.

Pero el procesado digital no solo nos va a permitir obtener un mejor rango dinámico (que se emplea más en fotos con finalidad estética que científica, todo sea dicho), sino que nos va a permitir luchar contra dos frentes importantes abiertos en este tipo de fotografías: los problemas de seguimiento y el ruido o nitidez de la toma.

¿Cómo conseguimos librar esta batalla con el procesado digital de la imagen?

En primer lugar, en vez de realizar una única toma, vamos a realizar una secuencia de toma corta. Esto permite más tolerancia a la imprecisión en el guiado e, incluso, la desestimación de tomas con problemas, como el paso de un avión, una nube, un destello, etc.

Si las tomas son de diferentes exposiciones, también permitirá ampliar el rango dinámico de la imagen final. Pero, inicialmente, quedémonos con un conjunto de tomas; en vez de hacer una única exposición de 1 hora, hacemos 10 de 6 minutos o, incluso, 30 de 2 minutos. Nuestra montura puede tolerar bien hasta 6 minutos de seguimiento, pero puede llevar bastante mal aquello de una hora con exquisita precisión.

Pero no solo vamos a procesar las tomas, sumando tomas cortas, sino que, además, vamos a tener ocasión de que sean más nítidas y corregidas que cuando utilizábamos carrete fotográfico.

Nuestro detector no solo tiene más definición que una película fotográfica, sino que, además, la incrementamos aún más eliminando el ruido inherente a un detector electrónico, que es función de la propia electrónica (en el proceso de lectura, por ejemplo) y de la temperatura ambiente y longitud de la exposición. El ruido, al ser promediado en varias tomas, se reduce, incrementándose lo que se llama relación señal a ruido, lo que se traduce en más nitidez en la imagen. Por hacer una analogía con el carrete fotográfico, es como si pudiéramos reducir el tamaño del grano de la emulsión a pesar de aumentar la sensibilidad.

Pero, además, una serie de tomas oscuras (darks) nos van a permitir reducir aún más el ruido procedente de la longitud de la exposición y de la temperatura (por eso, los detectores profesionales se refrigeran, habitualmente, con nitrógeno líquido). Las tomas de darks tienen que tener la misma duración y realizarse a la misma temperatura que las tomas de luz.

Otro tipo de tomas, estas uniformemente iluminadas, llamadas de campo plano (flats), con valores de exposición que den valores de saturación de aproximadamente el 50 % de los valores máximos alcanzables, nos van a permitir corregir artefactos en la óptica (motas de polvo) y, a nivel amateur, también incorrecciones de la óptica, como, por ejemplo, el viñeteo u oscurecimiento por los bordes. Las tomas flats se deben realizar sin cambiar el detector de posición respecto al tren óptico, por lo que es imperante realizarlas antes (o después) de la sesión de tomas de luz. Aunque en observatorios profesionales se realizan tomas flats de cielo o de cúpula (con lámparas calibradas), veremos que, a nivel de aficionado, la cosa puede ser mucho menos exigente.

Los flats son normalmente tomas «rápidas», por lo que el ruido del detector no está muy presente. Pero si las tomas flats fueran de exposiciones más largas (raro a nivel de aficionado), sería aconsejable realizar darks de los flats.

También existen las tomas de bias, que vienen a «quitar» el ruido propio de sesgo introducido por el fabricante del sensor. Estas tomas se realizan a las velocidades más rápidas del obturador y no precisarían darks. Pero, para astrofotografía amateur, que es lo que nos ocupa, la utilización de tomas de bias normalmente se puede despreciar, y más en sensores del tipo utilizado en nuestras DSLR modernas.

Las tomas de luz, darks y flats se procesarán de forma básica para obtener la imagen en bruto. Dependiendo de si la finalidad es la científica o la estética, el procesamiento posterior difiere sustancialmente.

Diagrama_procesoimagenesDRLR_b

(Superior).Proceso de síntesis de una imagen digital.

En el caso de astrofotografía amateur, el procesamiento posterior se ha vuelto extremadamente específico y, actualmente, se compite por intentar obtener detalles realmente increíbles con equipos modestos. Cuando lo que queremos es medir intensidades (fotometría) o distancias (astrometría), el procesado es mucho más sencillo y, además, normalmente, solo utilizamos detectores monocromáticos (no cámaras DSLR, sino CCD astronómicas) en unas determinadas bandas de emisión bien determinadas mediante filtros.

Hasta aquí la cosa ciertamente no es muy complicada y, si os lo parece llegados a este punto, es que un servidor no sabe explicarse bien, lo cual no sería extraño.

En cuanto al seguimiento, hay que decir que las cosas se han simplificado enormemente respecto a hace un par de décadas. La electrónica ha avanzado muchísimo y los sistemas de autoguiado son una realidad y de forma muy popular. Podríamos resaltar dos tipos: los sistemas «autónomos» y los sistemas que precisan ordenador.

telescopio_seguimiento_ analogico

(Superior).Telescopio guía y telescopio principal en época del film fotográfico.(1991)

Todas las monturas ecuatoriales vienen dotadas de un puerto de autoseguimiento estándar (denominado, a veces, compatible ST4), al cual es posible conectar una cámara de seguimiento, sea directamente o sea mediante un dispositivo interfaz de seguimiento que va conectado a la cámara de seguimiento a través de un ordenador.

Claro, si necesitamos una cámara de seguimiento, ¿precisaremos un telescopio de seguimiento? Estrictamente, no. Existen cámaras para captar imágenes que se venden específicamente para astronomía y que van provistas de un doble chip: uno grande y principal, que es el que obtiene las imágenes de luz, y otro chip mucho más pequeño, al que se deriva la luz de una estrella de la periferia del campo, que nos servirá para el seguimiento. En la actualidad (2015), continúan siendo cámaras CCD específicas para astronomía (monocromas mayoritariamente) de segmento medio-alto, mucho más caras que nuestra querida DSLR, con la cual nos queremos iniciar en esto de la astrofotografía.

También existen accesorios (llamados guías fuera de eje) que, colocados antes de nuestra cámara principal, permiten desviar una pequeña fracción de luz de alguna estrella periférica del campo a una cámara de seguimiento situada en un lateral. Aunque la idea es buena, la dificultad para encontrar una estrella «guía» para la cámara de seguimiento ha provocado que caigan en desuso.

Acc_guia_radial Guía fuera de eje.

Por lo tanto, el telescopio de seguimiento parece necesario para dotar a nuestro sistema de una cámara de seguimiento que nos permita que nuestra cámara DSLR en el telescopio principal nos devuelva unas estrellas exquisitamente puntuales.

Telescopio+guia

(Superior). Telescopio guía y telescopio fotográfico en la era digital.

Afortunadamente, los telescopios de seguimiento o guía para estas cámaras no precisan tener ya distancias focales (y, por lo tanto, longitudes de tubo) similares a las del tubo principal, pues el seguimiento que realiza la cámara de seguimiento (y perdón por tanta palabra repetida) se hará de forma denominada sub-píxel. Dejémoslo aquí; no nos interesa de momento liarnos más con qué significa este nuevo término; el tubo de seguimiento, afortunadamente, no tiene que ser igual de largo que el telescopio principal, y eso es bueno.

Algunas cámaras de seguimiento actualmente son autónomas, van conectadas al puerto de autoseguimiento de la montura y, cuando detectan que la estrella en la que están «fijándose» para comprobar el guiado de la montura deriva, rápidamente envían las correspondientes correcciones a los motores de los ejes de la montura para que corrijan la posición del sistema. El resultado, cuando todo es perfecto, es que la estrella apenas se mueve y, por lo tanto, la foto que estamos tomando en nuestra DSLR con el telescopio principal no saldrá movida.

Si la cámara no es autónoma, irá conectada a un ordenador, que mediante un programa adecuado captará una imagen. Cuando una estrella que hemos seleccionado previamente como la estrella guía se mueva de una imagen a la siguiente, el software del ordenador, nada más analizar ese desplazamiento, mandará las órdenes a una pequeña caja de relés que hace de interfaz con el puerto de autoseguimiento de la montura para que corrija en la dirección apropiada.

Conexiones_Foco_primario

 (Superior). Combinaciones para la captura de imágenes.

No hay más secreto; todo lo demás para una bonita foto es experiencia y algo de suerte.

Sin embargo, ya podemos intuir que tomar una imagen en medio del campo se complica respecto a cuando utilizábamos una SLR y nuestro ojo como seguidor en el telescopio guía. Ahora precisamos una cámara y un ordenador que nos va a sustituir (nuestra espalda lo agradece), una fuente de alimentación para alimentar telescopio y el portátil, un mecanismo de control de la DSLR para las exposiciones (que bien podría ser un sencillo intervalómetro) y una montura dotada de puerto de autoguiado (muy habitual ya en monturas ecuatoriales, incluso, sencillas). Lógicamente, un telescopio principal y uno guía donde irán acopladas las diferentes cámaras, con todo el sistema correctamente contrapesado y proporcionado a la montura que moverá todo el conjunto. A pesar de disponer de un sistema de autoseguimiento, la puesta en estación o, como dijimos, apuntado a la Polar (PNC) del eje de ascensión recta de la montura debe ser lo más exquisito posible, así como el nivelado del conjunto.

Después de la sesión de astrofotografía, en casa, nos esperará el volcado de imágenes y su procesado, que, a poco que practiquemos, nos mostrará resultados estrictamente insospechados hace solo un par de décadas. En la [Galería 1], tenéis una primera tanda de fotografías, con un equipo sencillo y el cual se encuentra descrito en este Blog. Se trata de un equipo modesto y antiguo, al alcance de cualquier aficionado actualmente.

Obs_PoblaTornesa

(Superior). Sistema telescopio guía y telescopio principal, para las imágenes tomadas en [Galería 1].

El procesado final de la imagen, al cual muchos aficionados avanzados le dedican muchas horas, pueden devolvernos resultados aún más espectaculares. Mis conocimientos en procesado avanzado de imagen no es amplio, y me conformo de momento con un procesado básico que, a mi entender, me es suficiente.

Próximamente, daremos un paso más allá, con un equipo de más de diámetro y una DSLR algo más moderna y con mucho menos ruido electrónico que la utilizada en esa galería (Canon 400D modificada).

Si os preguntáis en qué consiste eso de la «modificación» de mi cámara, la respuesta es que no se trata de ningún maqueo raro o caro. Cuando la compré de segunda mano, solicité a un conocido de la amplia comunidad dedicada a la astrofotografía en nuestro estado (¡gracias, Alfonso!) que tuviera la amabilidad de quitarle el filtro IR, que todas las DSLR llevan para evitar el exceso de sensibilidad de los detectores a estas longitudes de onda. Al extraerlo (a costa de perder el autoenfoque, la autolimpieza del sensor y el balance de blancos automáticos), es posible captar nebulosas de formación estelar (o regiones HII) —que emiten especialmente en esa zona del espectro— de forma más pronunciada.

Espero que lo encontréis interesante como una primera aproximación a la fotografía del cielo en varias de sus principales modalidades.

Saludos.

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