¿Ahora o en 2025?

¿Ahora o en 2025?

Llega el último eclipse total de Luna visible en el Mediterráneo hasta el 2025

Fue en enero de 2019 cuando hice una entrada [1] sobre el último eclipse total de Luna visible desde el Mediterráneo español. En la madrugada del 21 de enero de aquel año pudimos contemplar de forma excelente como la Luna se teñía de rojo, y ya señalaba que era el último eclipse de este tipo visible en nuestra ubicación geográfica hasta el año 2022.

Bien, pues el año 2022 ya ha llegado (¡y vaya años que nos ha tocado vivir entre eclipses!), y efectivamente, por «cumplimiento divino», los cielos vuelven a situar espacialmente en una línea recta perfecta al Sol, la Tierra y la Luna, y mostrar así un fenómeno astronómico muy vistoso y con una precisión de relojero, la madrugada del próximo lunes 16 de mayo.

Un fenómeno que destaca por la inmersión de nuestro satélite en el cono de sombra de nuestro planeta, y que provoca que la Luna llena vaya progresivamente siendo «mordida» por el mismo, hasta ser completamente engullida y tornarse de una coloración rojiza muy llamativa, una luna de sangre, que seguro despertó sensación de malos augurios en los tiempos no tan lejanos de nuestra especie, en los que no comprendíamos nada de la naturaleza del cosmos, más que en base a creencias irracionales y mágicas.

Hoy en día, nos basta sacar nuestro teléfono móvil del bolsillo, por geolocalización (GPS) obtendrá nuestra posición geográfica, y en base a ella, cualquiera de las múltiples aplicaciones disponibles (App’s) para calcular efemérides astronómicas, nos dirá exactamente cuándo será el próximo eclipse, a qué hora empezará, cuando se producirá el máximo del eclipse, a qué altura del cielo se encontrará y a qué hora finalizará. Incluso algunas aplicaciones dotadas de la llamada «realidad aumentada» nos puede ayudar a planificar composiciones de tomas fotográficas.

Una de las muchas App astronómicas gratuitas.

La ciencia y la tecnología, de la mano del intelecto humano, han matado las creencias mágicas y sobrenaturales de los fenómenos astronómicos, y es cuestión de tiempo y de formación que muchas otras creencias sobrenaturales se extingan como recuerdos de una época oscura de la humanidad.

El eclipse de Luna a nivel global y su visibilidad. Las horas de inicio de las diferentes fases se encuentran en Tiempo Universal (TU). Deberemos hacer la conversión a tiempo local para nuestra ubicación. Crédito Fred Espenak-NASA.

¿Cuándo ver el eclipse?

Seguramente, a estas alturas ya habremos leído en diferentes medios de comunicación y redes sociales, horas diferentes sobre en qué momentos toca la Luna la sombra de la Tierra, a qué hora se produce el máximo del eclipse (medio eclipse con la Luna totalmente eclipsada) -si es visible o no- y a qué hora finaliza.

La disparidad entre las horas que quizás hemos leído en diferentes medios se debe a que, para cada momento de «contacto» de las fases del eclipse, estas varían según nuestra ubicación geográfica. Es lógico pensar que cuando se inicia el evento, no es la misma hora local aquí que en Argentina. Nuestra posición geográfica también marcarán la altura de nuestro satélite respecto al horizonte del observador. Es por ello que en astronomía utilizamos el Tiempo Universal (UT) para referirnos a la hora de un evento astronómico, que es independiente de la ubicación geográfica. Tendremos que hacer la conversión de UT a hora local para saber las horas de las fases del eclipse.

Dentro de la península ibérica tenemos unas diferencias poco significativas debido a las escasas diferencias en latitud y sobre todo en longitud, de hecho, por ejemplo, en el noreste de la península podremos ver el momento de la totalidad con la Luna muy baja en el horizonte Oeste, pero ya no podremos ver ni si quiera la finalización de esta fase (y aún menos el fin de la parcialidad final), pero al Oeste de la línea que une Cantabria con el Sur de la Comunidad Valenciana, sí que podrán observar el final de la totalidad (aunque no el final de la parcialidad).

Visibilidad del eclipse globalmente desde la Península. Crédito IGN

¿Desde qué lugar se podrá ver el eclipse al completo? Pues fácil, desde las islas Canarias. Peros si este próximo lunes no nos va bien coger nuestro avión particular e ir a verlo en persona, siempre lo podemos seguir en directo por Internet a través de Sky-live [2] desde Canarias y al completo.

¿Y desde mi localidad cuáles serán las horas exactas de las diferentes fases del eclipse y a qué altura se encontrará la Luna?

La primera fuente que podemos consultar es el servicio de efemérides astronómicas del Instituto Geográfico Nacional (IGN) [3]. En esta página podemos encontrar abundante información astronómica, y naturalmente, la de los eclipses visibles desde nuestro territorio. Además, tenemos la posibilidad de calcular las efemérides para cada capital de provincia, e incluso guardarlo con una imagen como las que se muestran aquí, lo cual ya puede servirnos en una muy buena aproximación a qué vamos a ver y a qué hora en donde nos encontremos ubicados.

Visibilidad de las diferentes fases del eclipse desde la ciudad de Castelló de la Plana. Las horas en rojo indican que la Luna ya está por debajo del horizonte local Oeste y es invisible. Crédito IGN.
Visibilidad de las diferentes fases del eclipse desde la ciudad de Madrid. Compárese con las de Castelló de la Plana mostradas en la ilustración anterior. Las horas en rojo indican que la Luna ya está por debajo del horizonte local Oeste y es invisible. Crédito IGN.
Visibilidad de las diferentes fases del eclipse desde la ciudad de A Coruña. Compárese con las dos anteriores. Las horas en rojo indican que la Luna ya está por debajo del horizonte local Oeste y es invisible. Crédito: IGN

Como podemos ver, en hora local, y ya que toda la península ibérica se encuentra en el mismo uso horario, se produce a las mismas horas los inicios de las diferentes fases del eclipse.

Si nos gusta aún una precisión mayor, porque nuestro punto de observación no es la capital de provincia o no se encuentra en la península ibérica, las aplicaciones de cálculo de efemérides astronómicas, utilizando geolocalización nos las suministrarán. Siendo algunas muy buenas tanto gratuitas como de pago.

En unas cuantas ocasiones anteriores ya he mencionado un software de simulación que me encanta y del que también podemos hacer uso en este caso, se trata del software gratuito para ordenador Stellarium. En este caso, deberemos ser cuidadosos con la introducción de nuestras coordenadas geográficas al inicializar el software, para que tanto el cálculo de las efemérides como la muestra del mapa en pantalla sea preciso. Recordemos que Stellarium para ordenador no tiene -lógicamente- geolocalización, y somos nosotros los que le otorgaremos validez a los cálculos introduciendo la latitud, longitud y altitud de nuestro lugar de observación. Datos que por otra parte podemos sacar con facilidad, precisamente, de nuestro teléfono móvil.

Y llegados a este punto, nos podemos preguntar

¿Dónde ver el eclipse de la mejor forma posible?

Si lo que queremos es disfrutar en directo con el fenómeno a simple vista, busquemos un lugar fuera de las ciudad o población, salvo que vivamos en un edificio alto y hacia el horizonte Oeste no existan obstáculos naturales ni artificiales.

Pensemos que es una noche de Luna llena, por tanto, el centro de atención será la Luna, que solo empezará a ser eclipsada unas pocas horas antes de la salida del Sol: como vemos en las imágenes, en el la costa Mediterránea de nuestro país, la Luna se situará completamente eclipsada cuando se ponga por el horizonte Oeste, breves instantes antes de la salida del Sol.

Si decidimos salir a campo abierto, sin duda la escena puede tener mucho más encanto. Pero hay que asegurarse que el punto por donde la Luna se acercará al horizonte antes de ponerse, esté lo más despejado posible.

Claro, seguro que inmediatamente nos preguntamos cómo podemos conocer el lugar exacto por dónde se pondrá la Luna. Nuevamente el software adecuado nos solucionará el asunto.

Fotografía del eclipse total de Luna de enero de 2019. Crédito: Germán Peris.

 La forma más fácil es recurrir a alguna aplicación para dispositivos móviles que además nos den por «realidad aumentada» el lugar por donde se pondrá la Luna (junto con la propia vista del paisaje), pero estas aplicaciones -al menos la más conocida bastante utilizada por fotógrafos nocturnos- es de pago.

Otra solución es utilizar una aplicación gratuita para dispositivo móvil que nos de el azimut de puesta de la Luna, es decir, el valor en grados por donde se pondrá. Posteriormente con una buena brújula podemos determinar ese punto. Recordemos que el software Stellarium también nos ofrece ese dato, pero recordemos que ese dato es función de nuestro lugar de observación.

Fotografía del eclipse total de Luna de enero de 2019. Crédito: Germán Peris

Si nos desplazamos para observar el fenómeno, deberíamos modificar adecuadamente los valores de latitud, longitud y altitud del programa y ajustarlos al lugar desde donde queremos observar el fenómeno, para que el azimut fuera válido en este caso.

Si vais a realizar fotografía, hay que decir que sin duda será un eclipse muy fotogénico, pues la baja altura de la luna totalmente eclipsada nos permitirá composiciones con motivo del paisaje.

¡Suerte, y hablamos de estas cosas nuevamente en 2025!

Gracias por leerme.

Actualización: ha habido suerte, aunque la planificación de fotografiar la Luna totalmente eclipsada junto al mítico pico de Penyagolosa (Castellón) ubicándome en la localidad de Culla, ha sido parcialmente desbarata por las luces del día, aún así muy satisfecho por poder seguir el fenómeno y llegar a fotografiar a la Luna eclipsada cuando iba camino de ocultarse en las cercanías del pico mencionado.

Referencias del texto:

[1] https://cielosestrellados.net/2019/01/20/la-ultima-luna-roja-hasta-2022/

[2] https://sky-live.tv/

[3] https://www.oan.es/servidorEfem/index.php

Cuatro eclipses de Sol y una canción desesperada

Cuatro eclipses de Sol y una canción desesperada

En unas horas se produce una Luna nueva. Pero esta Luna no es la de una lunación más; en esta ocasión, el Sol, la Tierra y nuestro satélite se alinearán en el espacio de una forma perfecta, provocando que la sombra de la Luna caiga sobre la Tierra en algún lugar de nuestro planeta.

En esta entrada, os hablo brevemente de mis experiencias en cuatro diferentes eclipses de Sol, a pocas horas del gran eclipse total de Sol de 2017, que será visible desde una franja de unos 200 kilómetros de anchura que cruza todo el país de EE.UU. y donde hay desplazados un buen número de amigos y conocidos, que seguro disfrutarán de un gran espectáculo celeste.

Para aquellos que habéis vivido una experiencia observacional de un eclipse de Sol, espero que estas líneas os hagan revivir los recuerdos y, para aquellos que nunca lo hayáis presenciado, espero que os animen en una próxima ocasión a observar uno.

No recuerdo muy bien las fechas de cuándo intenté observar mi primer eclipse de Sol. Recuerdo, eso sí, que fue un eclipse parcial y que me encontraba empezando mis estudios de bachillerato en el IES Francisco Ribalta de la capital de la Plana —donde unos pocos años después participaría en la creación del primer observatorio astronómico de un centro de enseñanzas medias (IES) de la Comunidad Valenciana—. Recuerdo también que me lo perdí por las nubes presentes en la ciudad de Castellón, que impidieron verlo en gran parte de nuestras comarcas, pero, sobre todo, por estar hospitalizado por una lesión escolar desde el día anterior.

No hubo que esperar muchos años, quizás una década, para que pudiera observar y fotografiar por primera vez otro eclipse parcial de Sol visible desde las cercanías de mi ciudad; en este caso, era mayo de 1994 y, aunque mis medios no eran especialmente los más indicados, con ayuda de un teleobjetivo de 200 mm, una sencilla cámara con película de media sensibilidad y con un juego de filtros de objetivo Cokin, conseguí atenuar la luz del Sol eclipsado de forma parcial cerca de su puesta y cuya mejor imagen os presento en esta entrada.

Contrariamente a lo que el público suele pensar, los eclipses solares son por término medio más habituales que los eclipses lunares; el problema es que los solares se observan desde lugares geográficamente más pequeños [1].

Hoy en día, es posible encontrar multitud de información sobre los eclipses de Sol y Luna en Internet. Desde fuentes de divulgación como Wikipedia, hasta fuentes con rigor científico de organismos oficiales, como el Instituto Geográfico Nacional, Institutos de Astrofísica (IAA, IAC, etc.), organizaciones caza-eclipses científico-divulgativas [2] y, por supuesto, y a pocas hora de un eclipse total en EE.UU., en la propia Agencia Espacial Estadounidense (NASA) en https://eclipse2017.nasa.gov/

En este enlace, tenéis una basta información sobre el fenómeno, así como las posibilidades de seguirlo en vivo desde diferentes campamentos de la NASA a lo largo de la línea de totalidad, desde dos jets en el aire y desde la Estación Espacial Internacional (ISS), donde se puede apreciar como la sombra de la Luna recorrerá todo el país.

Pero en 1994 cuando fotografié mi primer eclipse parcial de Sol, el sistema operativo para ordenadores domésticos Windows 95 aún no había visto la luz; tener un ordenador personal no estaba al alcance de todos e Internet (WWW) daba sus primeros pasitos tímidos con conexiones telefónicas cuyas velocidades nos ruborizarían hoy día.

Sin embargo, la información de que en 5 años se produciría un gran eclipse total de Sol en Europa, con un índice de parcialidad apreciable en nuestro estado, era una información que ya obraba en manos de todos los que éramos estudiantes o aficionados a la astronomía. En las revistas especializadas y en los congresos y jornadas, se hablaba de las experiencias de las expediciones para ver eclipses totales de Sol y del que tendríamos la posibilidad de observar en agosto de 1999 si nos desplazábamos a las cercanías de la capital de nuestro país vecino, Francia.

En la memoria, el eclipse de México de julio de 1991 que muchos seguimos por televisión (TVE1) en directo y que tuvo una duración de la totalidad de casi 7 minutos, cerca de los límites de la duración máxima de un eclipse. Sin embargo, en 1999, la duración de la totalidad, el clímax de todo eclipse total, solo duraría apenas dos minutos —una tercera parte del de México— según la ubicación europea elegida.

En 1998, un grupo de conocidos y amigos de la Sociedad Astronómica de Castellón empezamos a trabajar en la organización del viaje a Hungría, cerca de Rumanía, donde se produciría la centralidad y máxima duración. El lugar que elegimos tras barajar varias ubicaciones no distaba mucho del elegido por muchas otras expediciones españolas: la zona del lago Balatón. Las comunicaciones y facilidades de transporte han evolucionado mucho en estos veinte años, y para la veintena de compañeros que nos desplazamos a Hungría suponía un viaje con cierto componente de aventura; al fin y al cabo, para reducir costes, solo hicimos las reservas de vuelos, hoteles y alquiler de un autobús con intérprete para el día del eclipse.

Aunque el día de mi primer eclipse total de Sol amaneció lloviendo en Budapest, gracias a la pericia de nuestra traductora y de nuestro chófer, conseguimos nuestro objetivo desplazándonos a toda prisa con el autobús por la línea de totalidad para acabar en la localidad de Simontornya, y la fotografía adjunta es una buena prueba de ello, en unos años en los que, con una cámara, solo podríamos hacer 36 fotografías y no conocer su resultado hasta la vuelta a España y proceder a su revelado.

No voy ni a intentar describir las sensaciones cuando se está bajo la sombra de la Luna en pleno día, es espeluznante y lo cierto es que engancha y mucho.

Dentro de mis modestas posibilidades, el otro el eclipse total de Sol al que me podría desplazar era a uno que cruzaría el Mediterráneo y que en España también se vería con un alto índice de parcialidad, sin embargo, su franja de totalidad, como se puede ver en el mapa, pasaba por África, Turquía y se adentraba en Asia, pero para eso aún faltaban 7 años.

Antes, en octubre de 2005, íbamos a disfrutar de un eclipse anular de Sol, perfectamente visible en España. La línea de anularidad entraba por Galicia y salía por Alicante. Desde Castellón era acusadamente parcial y, con solo trasladarnos un par de centenares de kilómetros, viviríamos uno de esos eclipses de Sol «raros». Y es una pena, porque, si la Luna se hubiera encontrado en un momento más cercano en su órbita alrededor de la Tierra, habríamos tenido un eclipse total de los grandes, pero, en esta ocasión, nos tuvimos que conformar con un anillo de fuego alrededor de la Luna, lo cual tampoco está nada mal.

Además 2005 ya ofrecía unas tecnologías de comunicación excelentes y los beneficios de la era digital y la popularización de métodos de observación mucho más espectaculares, como, por ejemplo, el uso de telescopios H-alfa para seguir la parcialidad viendo las protuberancias —si las había—. Un resultados lo podéis ver en esta entrada; especialmente orgulloso me encuentro de la multiexposición (en un solo fotograma) de casi todo el eclipse, con mi cámara analógica Nikon F70 y película diapositiva 400ISO.

El lugar elegido de la franja de anularidad fue en la provincia de Cuenca, no muy lejos de los restos arqueológicos de la localidad de Saelices, un lugar de meseta de amplia visibilidad y expectativas de nubes mucho mejores que en la costa mediterránea.

El eclipse total de Sol de marzo de 2006 fue un eclipse multitudinario. Si muchos de mis conocidos y compañeros nos bautizamos bajo la «Luna negra» en el eclipse de 1999 trasladándonos por Centroeuropa, este requería desplazarse a Turquía o Libia, donde muchas expediciones amateurs españolas fijaron sus destinos.

En esta ocasión, elegí un eclipse diferente; elegí exponerme a las sensaciones de la Luna negra en medio del mar Mediterráneo, tal y como había deseado y envidiado de joven en más de una ocasión leyendo la prestigiosa revista de divulgación astronómica Sky & Telescope con motivos de eclipses totales en el Pacífico, y embarcarme en uno de los cruceros fletados para la observación del evento en el Mediterráneo.

El Costa Fortuna me llevó, junto a 3500 personas, a algún lugar del Mediterráneo, donde disfruté del doble de duración de totalidad que en 1999 y viví una nueva sensación bajo la sombra de la Luna, rodeados de grupos de americanos, japoneses, franceses, belgas y, por su puesto, italianos por el origen de la naviera.

Cuatro experiencias muy diferentes, que, desde el 2006, se transforman en una canción desesperada por volver a estar bajo la Luna negra unos minutos. ¡Suerte con vuestro próximo eclipse y que las nubes no os acompañen!

 

Referencias:

[1] Cuando se trata de eclipses totales, que son los que más llaman la atención por hacerse de noche durante el día, solo se ven desde una reducida franja de hasta algo más de 200 kilómetros de ancha y varios miles de kilómetros de larga. En el caso de ser parciales, o totales pero fuera de la franja de totalidad, la zona geográfica de visibilidad es mucho más extensa, pero el fenómeno puede pasar inadvertido por no notarse especialmente la caída de luz solar, excepto en las zonas cercanas a la franja de totalidad si se trata de un total. Además, durante la parcialidad, precisamos de medios especiales para observar el Sol, como filtros especializados, que, aunque levanta la curiosidad de muchos ciudadanos, para otros, resulta poco curioso, al no notarse efecto alguno destacado en el entorno. Los eclipses de Luna, por el contrario, en el caso de ser totales, son visibles en prácticamente todo el hemisferio terrestre nocturno y llaman poderosamente la atención, al poderse observar a simple vista sin medio alguno, volverse nuestro satélite de un color llamativamente rojizo claramente visible a simple vista y aumentar la oscuridad nocturna mientras dura el máximo del eclipse. En el caso de ser parciales, los eclipses de Luna siguen siendo visibles en todo el hemisferio nocturno y, a diferencia de los parciales de Sol, también resultan más llamativos, pues el mordisco lunar es visible a simple vista durante las horas que dura el fenómeno astronómico, lo que rompe el aspecto habitual de nuestro satélite en fase de Luna llena, que, además, tampoco requiere ninguna preparación para su observación.

[2] http://shelios.com/