Las noches más oscuras entre perros de caza

Las noches más oscuras entre perros de caza

Para algunos observadores del cielo la astronomía es una actividad de verano, y es una verdadera pena.

Naturalmente es del todo respetable, muchos son los motivos que pueden obligarnos a no disfrutar del cielo de invierno -ya sea en el hemisferio Norte como en el Sur-, una de ellas puede ser lógicamente la salud propia o quizás la incomodidad de las temperaturas en función del rigor de nuestras temperaturas en esta época del año.

Sin embargo, durante las noches de invierno tenemos más horas de oscuridad, el Sol está más bajo por debajo de nuestro horizonte de observación local, y al igual que durante el verano, tenemos verdaderas joyas en el cielo para explorar en observación visual como para fotografiar.

Es obvio que voy a hablar del cielo del invierno boreal, sencillamente porque es el que conozco y he observado durante muchos años, y junto con la entrada del pasado verano [1] pretende ser un acicate para que salgáis a observar el cielo estrellados alejándoos de las luces urbanas, que nos borran el cielo.

Al igual que la entrada del pasado verano, pretende ser un texto de motivación, de iniciación, y ojalá sea para algunas personas, motivo para justificar una salida bajo el cielo estrellado invernal en este caso.

Preparando la salida

Es invierno aquí en el hemisferio norte (si estamos en el hemisferio Sur podemos aplicar las recomendaciones de mi entrada del pasado julio), por tanto, nos conviene no solo encontrar un lugar de observación relativamente accesible con un cielo poco polucionado de luces urbanas, si no también ir preparados para unas temperaturas incómodas. La contemplación del cielo requiere de poco movimiento físico, eso implica que la sensación de frio se irá incrementando respecto a la que tenemos habitualmente en la ciudad, y además nos encontraremos en un lugar a campo abierto, donde la temperatura es necesaria más baja.

Una buena opción es buscar un albergue o casa rural. Lo ideal es que tenga poca iluminación exterior o que se encuentre sensibilizado para la observación del cielo. Así, podemos encontrar por toda la geografía de nuestro estado (y cada vez en más países) un listado de alojamientos Starlight [2], no digo que sea siempre la mejor opción, pero por lo menos son establecimientos que se han comprometido con la causa de respetar el cielo nocturno, y en muchos casos incluso realizan actividades astronómicas o tienen instrumentos astronómicos disponibles para los huéspedes.

Captura de la página de la Fundación Starlight vinculada al Astrofísico de Canarias. Se pueden encontrar alojamientos y territorios donde hay un compromiso por preservar la oscuridad del cielo nocturno. Puede ser un buen referente en el caso que queramos explorar los alojamientos rurales.

Sea como fuere, está bien que nos enteremos si donde nos vamos a desplazar, es un lugar con un buen horizonte de visibilidad, y si durante la noche vamos a estar cerca de poblaciones o instalaciones que nos impidan disfrutar del cielo estrellado. Estamos realizando un esfuerzo para disfrutar de nuestra afición, es lógico que nos aseguremos que el lugar elegido es un lugar propicio.

Si elegimos la opción de un alojamiento rural, tenemos la ventaja de estar a pocos metros de unas instalaciones de abrigo que nos permite entrar en calor, o tomar alguna bebida caliente durante la observación de forma confortable, sobre todo si la misma es prolongada.

Carta celeste o planisferio, brújula, linterna preferiblemente frontal con luz roja, móvil cargado y mucha ropa.

Si la opción es desplazándonos a campo abierto para volver tras la observación, el coche puede ser nuestro lugar de refugio para descansar si lo necesitamos, recordando que cuando nos refugiamos del frio es importante poco a poco desprenderse de ropa si después vamos a retomar la observación.

Y es que la ropa de abrigo no debe faltarnos, así como bebida (ya sea agua o bebida caliente en un termo), un móvil con la batería cargada y un lugar donde nos encontremos relativamente cómodos y seguros, con el que se supone nos hemos familiarizado o explorado con anterioridad a la noche de observación.

Independientemente de si llevamos instrumental de observación astronómica o no, llegar de día al lugar de observación (especialmente en el segundo caso) suele ser muy importante. Tenemos tiempo de prepararnos para la noche, sacar el material para la observación, material complementario, abrigarnos, ubicarnos, avisar que hemos llegado bien y comprobar que toda marcha según lo que hemos previsto. De todo ello ya hablamos en la entrada mencionada del pasado verano, pero no puedo si no más que insistir, sobre todo si es de nuestras primeras veces que salimos y vamos a solas.

Si somos metódicos podemos prepararnos una pequeña lista en la que marcar que llevamos todo el equipo, ropa, bebida, móvil cargado, depósito de combustible completo, algo de comida, linternas adecuadas, etc.

Eligiendo la fecha

Cualquier día despejado puede ser bueno para salir a ver el cielo. Si estamos en verano, la salida de una Luna llena puede ser una buena excusa para escaparnos a algún lugar cercano a nuestra localidad, las posibles luces urbanas cercanas en este caso no nos importan demasiado por la presencia de la Luna, aunque lógicamente siempre afean la escena.

Pero en el caso del invierno, posiblemente no nos apetezca salir por el frio a ver la salida de la Luna llena. NO es que las salidas de la Luna llena en invierno no sean igual de preciosas, sencillamente que lo que nos interesa es disfrutar de un cielo estrellado y para ello hacemos kilómetros y nos exponemos a temperaturas poco agradables, y en el caso que tengamos Luna, la noche deja de ser oscura, la Vía Láctea y muchas estrellas débiles visibles a simple vista sencillamente desaparecen.

Por tanto, además de asegurarnos unas condiciones climatológicas adecuadas, una noche sin nuestro satélite en el cielo nos permitirá disfrutar plenamente del cielo. Para elegir la noche adecuada, pues solo tenemos que mirar un calendario con las fases lunares, consultar las fases lunares en cualquier Web de centros que ofrezcan este tipo de efemérides [3] o un sencillo programa de planetario que nos devuelva esta información.

El cielo estrellado

Al igual que comentamos en la entrada de verano, para familiarizarnos con el cielo y reconocer las constelaciones, precisamos una carta celeste. Bien nos podemos hacer con un planisferio, o bien imprimirnos una carta celeste on-line o desde un programa gratuito como Stellarium [4]. En este último caso, recordar que el programa nos permite imprimir en colores inversos (las estrellas y líneas de unión de constelaciones en negro y cielo en blanco) y así ahorramos tinta y nos facilitamos la tarea de interpretar la carta con una luz débil, que siempre será de color rojo.

Una aplicación de teléfono móvil, una linterna de luz blanca (normalmente led de demasiada potencia) o los faros de nuestro coche no son nunca una buena idea. Nos deslumbrarán y tardaremos más de 15 minutos en volver a tener nuestra pupila dilatada.

La carta siguiente es el cielo observable desde la ubicación de Castelló de la Plana en el caso que no tuviéramos polución lumínica. El horizonte en este caso esta personalizado, lo traté en la entrada anterior [5] pero en este caso no tiene ninguna importancia.

Captura de Stellarium en visión 360º y con horizonte personalizado por el autor descrito en la entrada anterior

Este mes de febrero es un mes interesante para observar en su plenitud el cielo de invierno boreal. Hemos dejado atrás las noches más frías y caminamos hacía el equinoccio de primavera y el cielo propio de esta estación.

La Vía Láctea, al igual que en el verano boreal, atraviesa nuestra vertical. En dirección del horizonte Sur no alcanza la misma espectacularidad de la que observábamos hace seis meses -dirección del centro galáctico – pero tampoco nos dejará indiferentes.

En esta dirección encontramos precisamente la estrella con brillo aparente que más resplandece en el cielo: Sirius o alfa del Can Mayor. Esta estrella tenía mucha importancia para los egipcios, y su brillo no paso desapercibido para otras civilizaciones. El Can Mayor es uno de los perros que acompañaban al cazador Orión en sus excursiones de caza. El otro perro, el Can Menor, apenas es una constelación que podamos resaltar si no fuera por presencia de la estrella más brillante de la misma, Proción.

Orión a la derecha superior de la torre, y Sirius del Can mayor pegada a la misma por su izquierda

Y formando un triangulo a la derecha de los canes tenemos precisamente al inconfundible Orión, una de las constelaciones más bonitas del cielo. Estas noches alcanza su máxima altura en el Sur, y lo encontramos -visto desde el hemisferio Norte- formando una enorme «cafetera italiana». Pero claro, los antiguos griegos no disponían de cafeteras italianas y si mucho interés por depositar en los cielos sus creencias y leyendas. En Orión, además de las tres estrellas del cinturón que se disponen en línea recta, podemos identificar las brillantes estrellas Betelgeuse (hombro) y Rigel (pie). Fijémonos en su diferencia de color: Betelgeuse es ligeramente naranja y Sirius es blanca.

Captura con Stellarium en la configuración de colores invertidos, ideal para imprimir y llevar al campo.

Además, Orión se está defendiendo eternamente en el cielo de la constelación de Tauro. Esta disposición, formada por una enorme letra «V» alargada y tumbada hacía Orión destaca por dos cosas: la presencia de la estrella anaranjada Aldebarán (el ojo del toro) y un pequeño grupo de siete estrellas que conforman el cúmulo estelar de las Pléyades -y que algunas personas confunden con la Osa Menor-. Si nuestra vista es fina podremos separar las siete, pero si no tenemos una vista excelente, solo llegaremos a distinguir seis. Eso sí, si las observamos con unos sencillos prismáticos nos quedaremos conmocionados con la cantidad de estrellas que podemos llegar a contar, más de 100 y casi todas con una clara tonalidad de suave azul. El panorama desde un hipotético planeta alrededor de alguna de estas jóvenes estrellas debe de ser magnifico.

Estamos descubriendo que las estrellas tienen colores y que, además -en algunas ocasiones- se observan en grandes agrupaciones. Pueden parecer una observación simple, pero es parte de la base de la astrofísica estelar.

Más hacia nuestra vertical encontramos a Castor y Pólux de la constelación de Géminis, y prácticamente en la vertical, la brillante estrella Capella, de la constelación de Auriga.

Al igual que en el verano boreal hablamos del asterismo del «Triángulo de Verano», aquí hablamos del «Hexágono de Invierno», en cuyo centro se situaría Betelgeuse ¿puedes localizarlo?

Familiarizarnos con las constelaciones es el primer paso para profundizar en la astronomía observacional. Nos valdremos de alineaciones imaginarias, triángulos, líneas rectas o lo que nos venga a la imaginación para reconocer la carta con las estrellas del cielo.

No perdemos de vista el objetivo; disfrutar del cielo estrellado. Intentar reconocer las constelaciones más importantes -formadas por estrellas más brillantes o formas más singulares- lo debemos plantear como un entretenimiento, porque si el cielo es bueno y está plagado de estrellas (más de 3500), puede no ser algo inmediato.

Si ahora nos giramos hacia el horizonte Norte y volteamos la carta celeste, siguiendo la Vía Láctea reconoceremos al héroe Perseo, a Casiopea (en esta época del año más como letra «M» que como «W») y Cefeo. Intentemos reconocer la línea principal que configura la constelación de Andrómeda más hacia el Oeste. Estas cuatro constelaciones están unidas por una de las aventuras famosas de los antiguos griegos que ha sido llevada a los cines en varias ocasiones.

Captura de Stellarium mirando hacía el horizonte Norte.

Y Ahora hacia el horizonte NE reconozcamos ese gran cucharón de siete estrellas que conforma la Osa Mayor, en realidad solo la parte trasera de la misma. Se encuentra «plantada» y esta posición nos facilitar su localización de la estrella Polar, la más brillante de la Osa Menor, pero que para nada es brillante ni destacable. La Polar o «Estrella del Norte» va a permaneceré inmóvil respecto a los horizontes durante toda la noche y todas las noches del año por coincidir con la prolongación del eje de rotación de la Tierra, es decir, marca el Polo Norte Celeste (PNC). Ha sido durante los últimos dos milenios la estrella que ha dirigido a innumerables aventureros, navegantes y exploradores, pero eso es otra historia.

Bajo de arco que conforma la cola de la Osa Mayor se empieza a levantar -aún a muy baja altura en el horizonte NE- una pequeña constelación que, como en el caso del Can Menor, solo podemos destacar por su estrella más brillante; Cor Caroli. Se trata de los Lebreles o Canes Venatici. Los perros de caza que en este caso no tienen vinculo con Orión ni con la mitología griega. Esta pequeña constelación fue introducida en el siglo XVII y seguro que hablaremos de ello en otro momento cuando hablemos de las galaxias.

Para finalizar prestemos atención al horizonte Este, está saliendo la constelación del León. Quizás sea una de las últimas constelaciones del cielo de estas noches que aún es fácilmente identificable. Esta constelación irá adelantando su salida cada día (unos 4 minutos)- como todas las demás-, y se convertirá en la que dominará el cielo meridional (hacía el horizonte Sur) durante las noches de primavera.

Disfruta de estas noches más oscuras entre perros de caza, cazadores y héroes mitológicos. Ya tendremos tiempo, una vez familiarizados con las estrellas y constelaciones principales, de profundizar en los objetos que contienen.

Muchas gracias por leerme y compartir la belleza de la observación del cielo estrellado.

Referencias del texto

[1] https://cielosestrellados.net/2021/07/17/las-noches-de-los-dias-con-un-calor-de-perros/

[2] https://fundacionstarlight.org/contenido/57-listado-alojamientos-starlight.html

[3] https://astronomia.ign.es/orto-y-ocaso-de-la-luna

[4] https://stellarium.org/es/

[5] https://cielosestrellados.net/2022/01/29/dale-un-horizonte-a-tu-vida-nocturna/

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