El solsticio y las ganas de vivir una experiencia bajo las estrellas

Este verano tenemos un buen número de iniciativas muy diversas de astroturismo en la provincia de Castellón

Estamos a las puertas del solsticio de verano, que se producirá el próximo domingo 21 de junio. Este día, tendremos la noche más corta y, lógicamente, el día más largo del año.

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Normalmente, este hecho astronómico y cíclico es más mediático a través de su celebración religiosa con reminiscencias paganas, conocida en occidente como «noche de San Juan», que se celebra el 23 de junio.

La celebración, muy presente, especialmente, en el Mediterráneo, está unida a antiguos cultos y ofrendas paganas del inicio del verano astronómico en el hemisferio norte. En el solsticio, el Sol alcanza su máxima altura sobre el horizonte (casi en nuestra vertical a mediodía en nuestra latitud) y nos brinda el mayor número de horas de sol y el menor número de horas de oscuridad. Si nos fijamos, lejos de las luces de las ciudades, la noche del solsticio es muy corta y muy poco oscura.

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Actualmente y debido al fenómeno físico conocido como la precesión de los equinoccios, el inicio del verano astronómico no se produce el día de San Juan, sino, en realidad, dos o tres días antes de la festividad, si bien tradicionalmente —en especial, en el ámbito rural—, se continúa considerando el día de San Juan como el inicio de esta estación astronómica.

Entre los orígenes de esta celebración mística, se pueden citar la festividad griega en honor al dios Apolo, la celta en honor al dios Belenos (especialmente conocido en occidente actualmente gracias a su compañero Tutatis), o la festividad romana en honor a la diosa Minerva.

En la Europa central también es conocida como Sommersonnenwende e, incluso, en la lejana civilización Inca, como Inti Raimi o día del Sol. De alguna forma, los antiguos pueblos buscaban en estas celebraciones «obligar» a que el Sol regresara nuevamente sobre sus pasos en el cielo después de alcanzar su punto culminante y que el ciclo natural de las estaciones volviera, así, a repetirse con seguridad, frente al temor a lo desconocido o imprevisible.

La noche de San Juan es tradicionalmente una noche considerada mágica por muchas culturas, según diferentes mitologías; en ella, se abren y cierran puertas con otros mundos sobrenaturales, apariciones y desapariciones misteriosas, vagan hadas por los campos y ciertas hierbas tienen poderes excepcionales si son recogidas durante la noche.

Además, la repetición de ciertos rituales puede permitir que controlemos aspectos de nuestra vida o destino.

En distintas culturas de la costa Mediterránea, se rinde culto al fuego como elemento purificador y ancestral, posiblemente, heredado de los cultos romanos a Minerva, que eran celebrados con la venida de la primavera. El fuego es uno de los elementos puros que nos permitirán preservarnos de un mal año. Según estas mismas creencias, que se pierden en el origen de los tiempos, las cenizas de las hogueras permiten curar la piel enferma y andar o saltar las brasas nos aseguran prosperidad.

Actualmente, buena parte de la tradición y del misticismo que envuelven la festividad se han perdido entre los intentos de cristianizar el rito pagano y la proliferación de supuestos actos folklóricos en lugares turísticos que poco o nada tienen que ver con las celebraciones ancestrales.

Pero lo que sí perdura es la alegría por celebrar el buen tiempo. Las noches cortas y cálidas provocan que, año tras año, miles de personas concurran en lugares abiertos para celebrar la llegada del verano, pasando esta y otras muchas veladas bajo las estrellas.

Sí, es aquí cuando nos apartamos de las luces urbanas, cuando descubrimos la belleza del firmamento. Las estrellas, con diferentes colores, formando figuras antojadizas que los antiguos agruparon en constelaciones. Luceros brillantes que constituyen los planetas visibles a simple vista. Una gran franja blanquecina imponente que cruza el cielo y que conocemos como Vía Láctea o, incluso, las fases de la Luna, que pasan desapercibidas para el habitante urbano; ¿acaso todos sabríamos contestar si una luna menguante se ve de tarde o de madrugada o cuánto retrasa su salida cada noche?

Con la finalidad de retomar el contacto con el cielo, que tan especial fue para la humanidad con fines de medir el tiempo para la agricultura o la caza (y, en una época de pensamiento mágico, incluso para predecir el futuro), es necesario salir al campo, lejos de la polución lumínica, y disfrutar de un espectáculo sano y adictivo: la paz y sensación de inconmensurabilidad que provoca una noche profundamente estrellada.

El cielo de nuestro verano

Hace escasamente cien años, los cielos eran oscuros, pudiéndose contemplar unas 5000 estrellas visibles a simple vista. Hoy día, la luz somete a la oscuridad y debemos alejarnos de las ciudades para observar la Vía Láctea o la mayor parte de las estrellas que configuran las constelaciones.

Pero ¿qué sabemos de las estrellas? Son soles lejanos, de diferentes tamaños y colores que se agrupan en formas antojadizas, en las cuales los antiguos creyeron ver figuras (constelaciones) de su vida cotidiana o de sus creencias, miedos y esperanzas. Pero aún siendo soles lejanos, absolutamente todas las estrellas visibles en una noche oscura, son estrellas vecinas de nuestro sol.

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Estas noches de verano vamos a reconocer algunas de esas figuras. Hacia el Oeste, se están ocultando las últimas constelaciones que han presidido las noches de invierno y de la primavera temprana: Auriga, con la estrella ligeramente amarillenta Capella (a 42 años luz y con una masa de 2,6 veces la de nuestro sol) y Géminis, presidido por las estrellas Cástor y Pólux (Cástor a unos 50 años luz y unas 2 masas solares y Pólux a unos 37 años luz y 1,8 masas solares, de ligera coloración naranja).

En esta zona, destaca, nada más oscurecer, el planeta Venus, el astro más brillante después del Sol y la Luna, que se encuentra en la constelación de Cáncer. Es un planeta muy similar a la Tierra en tamaño que se encuentra a una distancia del Sol de 108 millones de kilómetros. Su día es de 243 días terrestres de forma dextrógira (al revés que el resto de los planetas) y su año de 224 días terrestres. La temperatura en su superficie de 482 °C. ¿Vemos sus fases —que nos recuerdan a las de la Luna— al telescopio?

La Luna no anda lejos a finales del mes de junio y, en fase creciente, capta nuestra atención; mientras esperamos que la noche se haga oscura, podemos recrearnos en la visión telescópica. ¿Vemos sus montañas, fallas y cráteres de impacto al telescopio? ¿Sabes qué es el terminador y por qué allí se ven los mejores detalles?

Júpiter, el mayor de los planetas de nuestro sistema solar, se encuentra también aparentemente muy cerca, formando una bonita conjunción durante esos últimos días del primer mes del verano, antes de despedirse hasta el próximo año. Júpiter, con una masa 318 veces la de la Tierra y un diámetro ecuatorial de más de 142 000 kilómetros, tarda casi 12 años en orbitar el Sol a una distancia de 750 millones de kilómetros del Sol. ¿Vemos sus lunas y sus nubes al telescopio todavía, a pesar de la lejanía por estas fechas? ¿Sabes que su existencia ha permitido la vida en la Tierra?

A poco que avance la noche, identificaremos en la parte contraria del cielo el espectacular planeta anillado: Saturno, el dios del tiempo. De los planetas visibles a simple vista, es el que más lentamente se mueve; de hecho, tarda 29,45 años en completar una vuelta al Sol, por lo que le atribuyeron la divinidad del tiempo.

Está a la friolera de unos 1400 millones de kilómetros del Sol y posee un diámetro ecuatorial de 129 000 kilómetros, por lo que, junto con Júpiter, es uno de los gigantes gaseosos. Al telescopio, ¿ves claramente sus anillos y su luna Titán? ¿Sabías que su atmósfera fue descubierta por un astrónomo español y que en su superficie hay lagos de metano?

A estas alturas, ya comprenderemos por qué necesitamos un mapa de estrellas o un planisferio y orientarnos para reconocer las constelaciones. Ubiquemos los puntos cardinales. Hacia el Norte, encontraremos la Osa Mayor y, a partir de las estrellas «punteras» Dubhe y Merak, una estrella solitaria llamada Polar. Esta estrella nos marca el Norte, pero, claro, nos marca el Norte en la época actual o cuando Cristóbal Colón descubrió América, pero no lo hará dentro de 2000 años, ¿sabes por qué? (fíjate en la segunda figura de esta entrada).

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Volvámonos hacia el Sur, hacia las constelaciones de primavera-verano. No son constelaciones compuestas por estrellas brillantes como las constelaciones de invierno; de hecho, el cielo de primavera avanzada es uno de los cielos más pobres del año en estrellas brillantes, si bien esconde otros tesoros como multitud de galaxias. Aun así, podremos reconocer la silueta del León, o la «Y» de Virgo, con su estrella Espica, «la espiga», una estrella a 250 años luz y con siete veces la masa de nuestro sol. A una altura ya cercana a nuestra vertical (cenit), encontramos la constelación del Boyero, con la estrella naranja Arturo (a 36 años luz y una masa de 1,5 veces la de nuestro sol). Fijémonos en la alineación de la Osa Mayor, Arturo y Espica. ¿A que haciendo alineaciones imaginarias es fácil encontrar las estrellas? ¿Sabes qué secreto guardan los colores de las estrellas?

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Hacia el Noreste, encontramos a la brillante estrella Vega, la más brillante de la Lira, constelación que presidirá las noches de todo el verano. Conforme se vaya levantando (fijémonos en esta expresión y en este hecho), irán apareciendo las constelaciones estivales, mucho más brillantes que las de la primavera, y, además, una franja lechosa que cruza el cielo: la Vía Láctea, nuestra galaxia. Por cierto, Vega fue un referente en muchos sentidos en la historia de la astronomía, y te contaremos por qué.

De este cielo, destacamos las estrellas que conforman el triángulo de verano: Vega (estrella a 25 años luz y 2,5 veces la masa del Sol), Deneb (a la considerable distancia de 1500 años luz y con 15 veces la masa de nuestra estrella) y, finalmente, Altair (a «tan sólo» 16 años luz y una masa de unas 1,7 veces la masa del Sol), de las constelaciones Lira, Cisne y Águila, respectivamente.

Identifiquemos al Sur la constelación del Escorpión y su corazón: la enorme estrella naranja Antares (a la considerable distancia de 550 años luz y una masa de unas 15 veces la masa del nuestro sol). En Escorpión, la constelación opuesta en el cielo a Orión, encontraremos estos meses una estrella invitada: Saturno; sin duda, toda una joya cuando la miremos por el telescopio. Muchos preguntan, la primera vez que lo ven al telescopio, si es real o si es una diapositiva.

Las actividades para conocer el cielo

Si quieres aprender a reconocer las constelaciones y los planetas, comprender los ciclos astronómicos y observar con un potente telescopio que es capaz de ver más de 10 millones de estrellas de nuestra galaxia, más de 4000 galaxias como la nuestra, y detectar detalles de sólo unos 1000 metros sobre la superficie de la Luna, puedes apuntarte a alguna de las muchas actividades que realizaremos a lo largo de toda la provincia. En la pestaña de “Actividades de verano 2015” las tienes todas.

Es importante, para disfrutar con comodidad de la noche de estrellas, llevar ropa de abrigo, especialmente, para los más pequeños. También es recomendable una linterna —a ser posible, cubierta con un celofán rojo—, una esterilla para poder tumbarse en el suelo con cierta comodidad y, sobre todo, ganas de sorprenderse de las maravillas que se esconden en el cielo. Sea la que sea la actividad astronómica elegida, seguro que no la olvidaréis.

También están pendientes de confirmación algunas actividades nuevas, que se incluirán en esta entrada en los próximos días, por lo que puedes suscribirte a este blog, que, como podrás observar, viene a tener una entrada mensual.

Puedes estar actualizado sobre estas y otras actividades, así como acerca de toda la actualidad de astronomía y ciencias del espacio en el programa «Cruzamos el Universo», de diez minutos de duración, que se emite todos los jueves no festivos en Radio Castellón-Cadena SER, después de los informativos de las 13 horas.

¡Nos vemos bajo las estrellas este verano!

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