Doble cúmulo de Perseo: joya estelar de otoño

Doble cúmulo de Perseo; joya estelar del otoño.

El otoño del año 2017 ha venido caracterizado por inestabilidades para todos los gustos, aunque ninguna de ella ha sido la atmosférica en nuestro país, desafortunadamente. Eso ha provocado que nos encontremos seguramente en uno de los períodos de sequía cuando menos mas serios de las dos últimas décadas, que junto con los signos del más que probable cambio climático, sin duda es asunto de preocupación y desasosiego. Aún así, el retorno cíclico de las constelaciones y la belleza de los objetos celestes que contienen, nos concede una tregua para evadirnos de nuestros problemas diarios y del creciente número de preocupaciones.

El cielo de otoño nos trae innumerables tesoros por descubrir entre las estrellas, muchos ampliamente conocidos incluso por el gran público como es la «Gran galaxia de Andrómeda» (Messier 31), situada en la citada constelación y que es uno de los universos isla más próximos a nuestra Vía Láctea, a poco más de dos millones de años luz.

Para los más avanzados en astronomía y especialmente llamativas para los astro fotógrafos, encontramos joyas delicadas como la nebulosa del Corazón, la nebulosa Alma, o la del Pacman, muy bien situadas hacia el horizonte norte, así como un buen número de objetos débiles cuya captura hasta hace muy pocas décadas solo se encontraban al alcance de equipos profesionales, y que aún suenan bastante poco conocidos a muchos aficionados a la astronomía especialmente a esos pocos que aún realizan astronomía visual con sus telescopios lejos de las luces de las ciudades, o a aquellos que se inician sus primeros pasos en esta ciencia.

Sin duda la mayor duración de las noches, las temperaturas más bajas (que favorecen la reducción del ruido de la imagen electrónica) y el hecho de que, con el cambio de hora que realizamos a finales de octubre, la noche caiga en lo que mediterráneamente podemos considerar la tarde, facilitan la productividad del astrofotógrafo.

Un buen número de objetos que encontramos entre las estrellas son cúmulos abiertos de estrellas, asociaciones estelares nacidas juntas y compuestas por estrellas mayormente jóvenes y azules (tipos espectrales O y B principalmente), que se encuentran en los brazos espirales de nuestra galaxia. Por el contrario, los cúmulos globulares formados por apretadas esferas de centenares de miles de componentes, lo conforman en su mayoría estrellas viejas y rojizas, distribuyéndose en forma de halo en torno al núcleo galáctico. Sin embargo, un buen número de aficionados a la astrofotografía encuentra estos objetos poco fotogénicos, sobre todo porque una de las modas predominantes actualmente es la toma de campo amplio y profundo, que por tanto presenta a este tipo de objetos pequeños angularmente hablando. No ocurre así con un buen puñado de galaxias, y especialmente nebulosas o asociaciones de nebulosas, que sostienen unos tamaños aparentes (y muchas veces reales) mucho mayor que los cúmulos estelares.

Existen unas pocas excepciones de agrupamientos estelares que sostienen tamaños aparentes amplios. Una de las pocas excepciones lo constituye una agrupación estelar conocida desde la antigüedad en la constelación de Perseo, si bien existen otros pocos que son mucho más extensos como los cúmulos abiertos como las Pléyades, las cercanas Híades, Collinder 399 [1] – la Percha – y Mel 111 en la constelación de Coma, que son objetos también conocidos desde la antigüedad, cuya naturaleza estelar ya era adivinada por su extensión aparente en el cielo y que por tanto «posan» adecuadamente para fotografía de gran campo. Es más, incluso alguno de ellos, como las Pléyades, es un objeto muy vistoso por la prominente nebulosidad que las acompaña y que se delata con facilidad en la fotografía, al menos la más cercana al cúmulo.

Además con el gran campo, y tomas desde entornos sin polución lumínica y con los filtros adecuados (especialmente el conocido como H-alfa), algunos de estos objetos revelan en su entorno zonas de nebulosas interestelares, asociadas o no al objeto mencionado. Así ocurre con la agrupación que nos ocupa, conocida popularmente como el doble cúmulo de Perseo, que parece estar rodeado de nebulosidad realmente débil, que solo se hace visible con mayor facilidad fotográfica en las nebulosas de Corazón y Alma, y que no están vinculadas a la citada agrupación estelar.

Con una fácil localización – en una noche oscura y sin polución lumínica – a partir de las estrellas delta y gamma de Casiopea orientándonos en dirección a Perseo, el doble cúmulo es citado como una estrella borrosa por Hiparco y posteriormente por Ptolomeo, cuya naturaleza no aciertan a discernir.

Imagen tomada por el autor, con un Newton de 20 centímetros

Sin embargo unos sencillos prismáticos nos muestran toda la belleza de este objeto. Merece tanto la pena su observación, que aún a pocos aumentos nos deberemos procurar un apoyo para los binoculares, pues nos podemos pasar un buen rato descubriendo lo que son dos cúmulos abiertos de estrellas muy próximos.

NGC 869 y NGC 884 (h – χ Persei, según la designación de Bayer) se encuentran a unos 7400 años luz de media, y sorprende que no fueran recogidos en el catalogo de Messier. El primero se encuentra algo más cercano a nuestro Sol – en unos pocos centenares de años luz – y es ligeramente más grande.

También parece ser que NGC 869 es el más antiguo, aunque ambos rozan los 10 millones de años, es sin duda aún un parvulario estelar en comparación con cualquier asociación estelar de tipo globular. La masa de este cúmulo supera las 3500 masas solares, habiéndose detectado estrellas con unas pocas decenas la masa del Sol. Destacan especialmente aquellas que han evolucionado más rápido debido a su masa y ya se han convertido en gigantes naranjas o rojas.

En las cercanías, al norte de NGC 869, destaca la estrella SAO 23149 (7 Persei según la nomenclatura de Flamsteed) que brilla con magnitud 6, pero se trata de una estrella gigante naranja de tipo G7III, que se encuentra mucho más cercana y la perspectiva provoca que parezca pertenecer a la periferia del cúmulo estelar.

Se trata de una zona muy bien estudiada y revisada, con más de 40 000 mediciones fotométricas y 11 000 mediciones espectroscópicas, en la que se calcula la presencia de un total de 20000 masas solares [2] [3], vinculado a la asociación estelar denominada OB Persei, que configura parte de uno de los cuatro brazos espirales más importantes de nuestra galaxia, el llamado brazo de Perseo, y cuya disposición puede verse en la figura que ilustra esta entrada.

Artist's conception of the Milky Way annotated with arms
Artist’s conception of the Milky Way galaxy as seen from far Galactic North (in Coma Berenices) by NASA/JPL-Caltech/R. Hurt.

 

Y es que nuestra percepción salta de esta zona del cielo, a la históricamente debatida forma exacta de nuestra galaxia, que resulta más difícil de determinar que el de otras galaxias a miles de millones de años luz [4].

Inconvenientes de que nuestro Sol esté engullido entre 200 000 millones de estrellas que forman nuestro universo isla.

[1] Contrariamente a lo que se piensa, la percha no es un cúmulo abierto autentico, si no una alineación casual de estrellas. http://adsabs.harvard.edu/cgi-bin/nph-bib_query?bibcode=1998A%26A…340..402B&db_key=AST

[2] https://arxiv.org/pdf/0911.5514.pdf

[3] http://iopscience.iop.org/article/10.1086/341865/pdf

[4] http://www.astro.wisc.edu/sirtf/Churchwell_2009.pdf

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