Telescopios inteligentes, astronomía amateur del siglo XXI

Telescopios inteligentes, astronomía amateur del siglo XXI

Hace muy poco, en mayo, desembalé mi telescopio inteligente Seestar S50 [1] del fabricante chino, ZWO. Como algunos de vosotros sabréis este fabricante lleva unos años sacando artículos muy buenos al mercado de la astronomía amateur, desde una gama excelente y amplia de cámaras CCD, pasando por filtros interferenciales y dispositivos de control electrónico de sistemas para astrofotografía.

Increiblemente compacto, en una maleta perfecta para llevarlo. El nivelador que puede verse no va incluido de serie.

Os voy a contar mi experiencia con el Seestar S50, uno de los telescopios inteligentes que está liderando el mercado por su precio y prestaciones, desde el punto de vista de recurso para la divulgación de la astronomía y también como telescopio para divertirnos en la astronomía amateur.

1.Sesiones públicas de observación: astroturismo

Una sesión de astronomía, una noche de estrellas, o como le queramos llamar, normalmente lleva implícita una introducción o interpretación del cielo con un láser (hay muchas personas que con esta parte es con la que más disfrutan), para posteriormente pasar a la observación mediante un telescopio, que también atrae la atención de parte del auditorio presente.

Este verano 2024, a diferencia del de los últimos años, los planetas Júpiter y Saturno han desaparecido del cielo y solo serán visibles entrada la madrugada o a finales del verano, y muchas de las actividades en las que colaboro de astroturismo en la provincia de Castellón precisan de algún objeto destacable en el cielo cuando no hay Luna, para despertar el interés de los asistentes, que normalmente son público familiar y no especializado.

Recordemos que más allá de alguna estrella doble y algún cúmulo estelar abierto o globular (M44, M13…) los objetos de cielo profundo se muestran muy débiles y pobres en cielos que no tengan completa ausencia de polución lumínica…y aun en el supuesto que tengamos una polución lumínica muy baja, se requiere cierta habilidad a la hora de mirar por primera vez incluso por un buen ocular e instrumento.

Ni que decir tiene que los niños, apenas son capaces de ver nada que no sea la Luna y detalles mayores de los dos grandes planetas -ausentes este verano como ya he citado- y alguna estrella doble (Albireo, Mizar-Alcor…), al menos durante observaciones públicas donde no pueden estar intentando mirar por el ocular durante varios minutos seguidos, ya que hay más público esperando. Muchas veces solo explicarles cómo deben mirar lleva más tiempo que el propio tiempo que estarán mirando,… seguro que a muchos de vosotros os sonará este escenario.

Los filtros anti polución para observación visual, tipo UHC y similares, trabajan bien, pero no hacen magia, es más, diría que su trabajo lo hacen mejor en cielos que rozan la ausencia de polución y precisan un plus de oscuridad.

Por otra parte, suelo trabajar habitualmente con grupos moderadamente grandes, de forma que para el desarrollo de la parte de observación al telescopio hay que invertir en un mayor número de instrumentos (mayor coste de la actividad) para que cada persona pueda pararse a mirar con cierta tranquilidad objetos que habitualmente no son ni mucho menos evidentes. Exceder una ratio de unas 20-25 personas por telescopio es molesto, los tiempos de espera para mirar una segunda vez por el telescopio se dilatan y la actividad puede no ser una buena experiencia, aun tirando mano de una sesión bien preparada y con mucha experiencia en la gestión de estos eventos.

Hace unos pocos años, y motivado especialmente por la pandemia de Covid19, para aquellas actividades en las que -por motivos de presupuesto- sólo se podía disponer de un telescopio y además no se disponía de unos cielos perfectos, opté por incluir en la observación un monitor grande y una cámara altamente sensible que capturara la imagen del telescopio.

Una sesión típica de astroturismo en las tradicionales Catas bajo las Estrellas (Bodega Flors) y tras la interpretación del cielo, en 2023

De esta forma, la cámara acoplada al telescopio sacaba en «tiempo real» imágenes en el monitor por la conexión HDMI. Lógicamente no vale cualquier cámara de tipo DSLR o EVIL, de hecho, primero pasé por una Sony 6300 que soportó bastante bien el tipo incluso con los planetas, pero el año pasado (2023) ya invertí en una Sony A7s astro-modificada, es decir, sin el filtro de IR y con otro filtro en el sensor apropiado para la astronomía (esta modificación se realiza en casas especializadas y no es barata), una cámara que a pesar de los años que lleva en el mercado tiene unas sensibilidades magníficas, unos muy altos ISOS con ruido bastante contenido.

De esta forma para grupos de unas 50 personas, un único telescopio en combinación de un monitor de unas dimensiones aceptables (no inferior a 30”), es un buen recurso para trabajar la parte observacional de la noche ante el auditorio, pero ojo: en cierta forma se rompe la «magia» y experiencia «íntima» que supone mirar por un telescopio bajo una noche estrellada.

Pero, claro, teniendo muy en cuenta las dos variables antes enunciadas; cielos no perfectos y un grupo numeroso, es una buena opción, de hecho, se vuelve prácticamente la única opción desde mi punto de vista. Y apliqué este sistema incluso con los objetos como la Luna y los planetas.

En este escenario, con una cámara tipo Sony A7s, la nebulosa del anillo M57, M27 y por supuesto cúmulos abiertos y globulares se muestran en tiempo real como tenues nubecillas, pero sólo con que tomes una fotografía de apenas unos pocos segundos (no hace falta más de 5 a 10 segundos habitualmente), el resultado que puedes mostrar haciendo un zoom sobre la imagen es muy interesante. La M57 ya muestra colores entre la parte exterior e interior de la misma que suelen llamar poderosamente la atención del público una vez que comprenden además su naturaleza. Los cúmulos estelares muestran un gran esplendor.

Si te preguntas el por qué escogí un monitor de gran formato en vez de un pequeño proyector y una pantalla (tipo sábana blanca), los motivos son dos. El primero es que una pantalla de proyección aún rompe más la naturaleza de la noche, mientras que un monitor se parece más a mirar razonablemente una parte no muy extensa de nuestro campo de visión, podemos apartar la vista y ver el cielo. Un proyector sobre una pantalla de proyección abarca un gran campo visual de luminosidad y por tanto nos sumerge casi por completo en un ambiente muy iluminado para mi gusto, que quizás solo sea compatible con entornos urbanos. Es por ello que a pesar de requerir más esfuerzo llevar un monitor de grandes dimensiones (frente a un pequeño proyector LCD con una sábana blanca que haga de pantalla), lo prefiero con diferencia, en un intento de alterar en iluminación lo menos posible el entorno de observación.

2. El telescopio Seestar S50

Pero este año tenemos un nuevo vecino en el barrio, y ha hecho interrupción con fuerza. Se trata de uno de los llamados telescopios inteligentes (aunque esta denominación es más bien confusa),  es decir, una serie de telescopios de pequeño tamaño, muy portátiles, que incorporan una cámara CCD integrada, filtro solar y anti polución (de doble banda en nuestro caso) y una electrónica con software embebido específicamente destinado a la captura, solar, lunar y de cielo profundo apilando imágenes en tiempo real.

Y el Seestar S50 es brutalmente compacto y de gran rendimiento. Con una modesta apertura de 50 mm y distancia focal de 250 m, lleva integrado un chip CCD color Sony IMX462 con resolución full HD (1080×1920), muy similar al de cámaras de entrada del segmento de fotografía planetaria.

El Seestar sobre un trípode de uno de mis telescopios (tripode HEQ5 con adaptador), configuración muy recomendable para astroturismo

Su forma compacta e integrada les da un aspecto exterior alejado de la estética a la que estamos acostumbrados cuando hablamos de pequeños telescopios.

El software de control que hay que instalar funciona sobre Apple o smartphone/tablet con Android, y es asombrosamente sencillo de manejar (está en inglés de momento, pero no es problema). El dispositivo de control con el software instalado (desde la página web del fabricante o desde la propia Google Play) se conecta a la wifi que el propio telescopio genera de una forma sencilla siguiendo unos sencillos pasos.

Es decir, estamos ante un telescopio con el cual no se mira por un ocular, si no a una pantalla donde tengas instalada la aplicación del fabricante. Ni que decir tiene que con un cable de USB-C (teléfono o Tablet) a HDMI (monitor o si se considera apropiado, un proyector) hace el resto [2], pudiendo mostrar las imágenes en tiempo real en un monitor grande con todo el grupo asistente a la sesión.

Probando la conexión por cable entre tablet y monitor (los ensayos, como siempre, en casa antes de una sesión)
El Sol mostrado en tiempo real en el monitor conectado a la tablet. Todas las opciones de interfaz se sitúan a la derecha. La captura y zoom bajo en el centro.

Una ventaja comodísima es que el telescopio lo hace todo: la búsqueda del objeto, el autofoco (permite también el foco manual), la exposición [3] y por su puesto el tipo de observación (solar, lunar o cielo profundo).

Llama poderosamente la atención su búsqueda de objetos gracias a sus sensores y su posicionamiento GPS, lo que nos permite instalarlo de cualquier forma en cualquier lugar, da igual su orientación. Si seleccionamos el Sol o la Luna, automáticamente se dirigirá hacía el Sol (importante colocar el filtro manual delantero de lo cual te avisa) o la Luna, y te los mostrará en tiempo real [4].

El tema de las capturas y el zoom o modificar brillo y contraste (si se desea) se lo deja al usuario mediante la aplicación, aunque los parámetros por defecto son muy adecuados para todo. Además, el telescopio tiene 64 Gb de memoria para almacenar las imágenes, si bien también se descargan en el smartphone o tablet desde la cual estés maniobrando el telescopio. Por defecto las imágenes se guardan en formato JPG, pero permite seleccionar el formato RAW (TIFF) si posteriormente quieres realizar un procesado más avanzado, que no interesa para el escenario del que hablamos ahora. Para ello debes indicar que guarde toda la pila de imágenes de (cielo profundo) de forma que posteriormente puedes descargarlas a tu Tablet o PC. El software también te permite realizar vídeo (interesante para la mejora de imágenes del Sol y la Luna, procesando el vídeo fuera del segmento del astroturismo) y time-lapse, o incluso su uso como telescopio terrestre.

Pero lo aún más asombroso es la localización para encontrar objetos de cielo profundo. Nuevamente señalando que, con independencia de la colocación inicial del telescopio, la única exigencia que es posible que te aparezca es una sencilla nivelación electrónica si él considera que se encuentra desequilibrado. Para este caso, yo recomendaría adquirir un pequeño nivelador [5] que haga innecesario trastear con la longitud de las patas del trípode, aunque no es imprescindible.

Sólo tienes que elegir un objeto (bien mediante la selección de objetos propuesta, bien entrando su nombre o bien entrando en la aplicación de atlas vinculada y haciendo «goto» sobre el objeto de interés), posteriormente hará una prueba de movimientos horizontales, una prueba de la capacidad de apilado y tras unos 3 minutos de esta rutina (que sólo realizará una vez en la sesión), se dirigirá a la zona, tomará una imagen, hará un «plate solving» automáticamente sobre el atlas estelar integrado con la aplicación (muy similar al conocido Stellarium), corregirá su posición y después lo «clavará» en el centro del campo.

La sensibilidad de la CCD integrada (color) es muy posible que te devuelva en tiempo real al objeto en la imagen en tiempo real, especialmente si es un Messier, pero es que a poco que presiones al botón de captura fotográfica -10, 20 o 30 segundos por exposición, por defecto 10 segundos, que hasta ahora es la que mejor me ha funcionado-, te va a tomar una fotografía que, de forma contínua, te irá apilando con la siguiente a la vista de todo el público asistente…el objeto empezará a aparecer (junto a un montón de estrellas de campo) a cada exposición acumulada de una forma cada vez más intensa: sencillamente increíble su pasmosa facilidad de utilización y captura de objetos.

Se aconseja que las fotografías no tengan más de 10 segundos para evitar en lo posible la rotación de campo (típico de un sistema con montura altazimutal) y el seguimiento, que todo hay que decir, lo hace perfecto. Por cierto, el filtro antipolución que lleva, trabaja formidablemente bien, y es posible trabajar incluso desde entornos urbanos con objetos de cielo profundo, que además tienes en la pantalla de tu teléfono móvil/tablet en pocos segundos. Así mismo también presenta problemas en el seguimiento y apilado con objetos casi cenitales, de forma que te aparecerá como va rechazando capturas que le son imposibles apilar por la presencia de trazas en las estrellas.

Decir que adicionalmente puedes trabajar o no con el filtro antipolución, e incluso conectar la resistencia anti humedad, que baja notablemente las casi 6 horas de operatividad del telescopio con la batería integrada completamente cargada. Su conector de carga USB (viene un cable, pero no cargador de red, aunque sirve cualquiera de teléfono) te permite poner una powebank para alargar la sesión o en caso de batería baja.

En definitiva, desde la perspectiva del astroturismo y en las condiciones que he citado, una herramienta muy brillante. El público asistente se encuentra «a los mandos» de una astronomía moderna y de una forma de trabajo del siglo XXI, con las ventajas de sensibilidad y versatilidad que ofrecen los instrumentos modernos más potentes, pero en un pequeño instrumento de 50 mm de diámetro que se puede mover con rapidez en una pequeña maleta (incluida en el pack) sin apenas peso (no llega a los 3 kilogramos).

3. Primeros resultados

Con el Sol y la Luna, la simplicidad de las capturas (portabilidad de todo el equipo, montaje y rapidez de la captura) gana con mucho a la mediana resolución de las mismas. Pero sin grandes ampliaciones la resolución no se nota mucho. Recordemos que estamos ante un chip pequeño que abarca un campo razonable (toda el Sol o la Luna) gracias a la pequeña distancia focal del telescopio.

El Sol el 16 de junio mostrado a 1x, 2x y 4x. Imagenes tal cual obtenidas del telescopio, SIN procesado de ningún tipo. Para la de 4x hubo que desechar bastantes capturas hasta obtener una lo más estable posible

El software nos permite para este tipo de observaciones un zoom de 2x y 4x que son razonablemente aceptables. A 4x la turbulencia de la atmósfera es molesta (es posible que incrementada por mi ubicación para las pruebas), y conviene una aclimatación del conjunto y -si no queremos complicarnos la vida capturando video para procesar externamente-, múltiples capturas para después quedarnos con la menos afectada por la atmósfera. El brillo automático lo encuentro un poco bajo a este aumento y podemos modificarlo ligeramente para que no quede excesivamente oscura la imagen.

La Luna (1x, 2x y 4x) en una fase avanzada, el 16 de mayo, practicamente primera luz del telescopio. Imagenes tal cual obtenidas del telescopio SIN procesar.

En todo caso, un pequeño procesado posterior con una aplicación simple como la incluida en Google Fotos, o en el visor de fotos de Windows es recomendable y se hace necesario e imprescindible para cielo profundo si queremos un buen resultado que mejore notablemente la captura.

En cielo profundo, como ya hemos comentado, el telescopio busca, calibra conjunto (en la primera toma de la sesión) y posteriormente empieza a disparar.

Por defecto las capturas de apilado no se guardan (en propiedades avanzadas tenemos la posibilidad de que si lo haga) y el resultado que va mostrando (hasta que detengamos la foto) es un jpg.

Con el filtro antipolución podemos trabajar desde núcleos de población bastante iluminados de una forma sorprendente, y para algunos objetos (nebulosas especialmente) el telescopio decidirá incluirlo en las capturas. Mi consejo es retirarlo inicialmente pinchando en un icono circular que se muestra en la parte derecha del interfaz de captura, que se pone de color verde cuando está activado. El telescopio trabaja razonablemente muy bien desde entornos suburbanos e incluso desde dentro de poblaciones sin necesidad de recurrir a este filtro (que además es de doble paso). Mis primeras pruebas con un cúmulo globular de Ofiuco que veo desde mi balcón en un cuarto piso de un edificio de 8 y rodeado de luces de todo tipo y corrientes térmicas acentuadas por el calor de este mes de julio, así me lo han demostrado. Sin embargo, aún no lo he probado con nebulosas porque no tengo a la vista desde la pequeña «ventana al cielo» que me ofrece mi balcón. Actualizaré en cuanto pueda esta comparativa, por si os resulta de interés.

Capturas tal cual salen del telescopio. Messier 10. De derecha a izquierda: 2 minutos sin filtro, 2 minutos con filtro, y 20 minutos con filtro (en base a exposiciones de 10 segundos), desde la ciudad de Castellón
Mismas imágenes que las anteriores, estirando histograma con las utilidades de Google fotos en la misma Tableta del software, sin mayores complicaciones. La marca de agua inferior se puede eliminar si lo deseamos.

Con el filtro, lógicamente hay que incrementar los tiempos (el total del apilado), aunque estamos hablando inicialmente de exposiciones de 10, 20 o 30 minutos, todo ello en base a capturas de 10 segundos. Un consejo, haced una captura de un objeto con un par de frames con filtro y un par de frames sin filtro, eso os dará una idea de la diferencia de señal entre una y la otra.

En campo abierto, lejos de luces urbanas y con un cielo muy aceptable, la diferencia que se muestra es, como era de esperar notable.

Messier 20, 8, 27 y 51 de capturas tal cual salen en la tablet, tomadas desde Atzeneta el 10 de julio. La galaxia presenta un ligero problema de enfoque que fue subsanado en las siguientes y la presencia de Luna en el cielo aún.

Las imágenes son buenas, pero precisarán un pequeño procesado con la aplicación de nuestra Tablet o teléfono en el que tengamos la aplicación y guardemos las fotos. Un estirado del histograma es suficiente para que la cosa mejore de forma muy sencilla y bastante notablemente sus resultados. Al tratarse de una toma final la del apilado, podemos hacer el procesado simple prácticamente en el momento, aunque lo mejor es intentar trabajar en una pantalla mayor que la del móvil/Tablet tranquilamente al día siguiente.

Las mismas capturas anteriores procesadas con las herramientas de Google fotos de la propia tablet, nada de PS, Pix ni otras potentes herramientas de terceros, a base de probar con los parámetros de la forma más simple.

La pasmosa facilidad en la captura de estos objetos, en los que nos podemos ir fácilmente a apilados de 30 o 40 minutos (aquí ya empieza a notarse la rotación de campo en los bordes) y ver como va mejorando la toma captura a captura (frame a frame, si deseas llamarlo así) es un entretenimiento llamativo que me hizo pasarme una corta noche de verano de forma muy divertida como hacía años no disfrutaba.

Una ilustración de ZWO que dice mucho, siempre que tengamos en cuenta que los resultados con el «setup» de la derecha son mucho mejores. Crédito de la ilustración ZWO.

Respecto a la captura planetaria aún no puedo decir mucho, pero entiendo que será la parte más flojita de este conjunto especialmente por su corta distancia focal, y porque además, los resultados aceptables en planetaria pasan siempre por captura de videos y su posterior análisis quirúrgico para quedarse con los fotogramas más buenos que serán posteriormente apilados, siempre con aplicaciones de terceros y trabajo más o menos laborioso, lejos del concepto de este producto.

La pretensión en general no es hacer grandes fotos, como cito en esta entrada, el telescopio no compite con telescopios y cámaras dedicadas a la astrofotografía, aunque intuyo que con un trabajo laborioso como es la captura en RAW y el procesado exterior con aplicaciones dedicadas de terceros, se pueden sacar resultados muy interesantes, eso si, muy lejos de la calidad de aquellas primeras. Pero la transportabilidad, rápida puesta en funcionamiento y despreocupación del inicio de la captura del objeto que deseemos obtener, sin duda os va a seducir a todos aquellos que ya conocéis este mundo.

Los ingenieros e ingenieras que han desarrollado este producto, lo han hecho a la perfección y a un precio imbatible, vaya mi más sincera felicitación.

4. A la vista de todo esto ….¿Debo comprarme un Seestar S50?

Si y no. Depende.

Primero, vaya por delante que no tengo ningún tipo de interés comercial en recomendar un producto, no me patrocina (y estoy muy lejos de ello) ninguna marca ni ninguna tienda de óptica y accesorios astronómicos, aunque como en todo, tengo mis preferencias que intento no expresar en público.

El Seestar S50 es un juguete maravilloso para aficionados a la astronomía medios y avanzados   y una herramienta didáctica estupenda para el astroturismo, sobre todo en los escenarios que he explicado; un cielo suburbano y un grupo mediano o grande.

En un cielo excelente (esto ya empieza a ser muy complicado) y con un grupo de personas muy pequeño (quizás no más allá de 3 a 5), la visión a través del ocular y el instrumento adecuado según el objeto elegido, es insustituible y es una experiencia diferente y maravillosa. En cielo profundo la observación directa NO será ni de lejos más espectacular que las obtenidas con el Seestar, pero las sensaciones que provoca una visión directa pausada de un objeto a diferentes aumentos tiene algo que un telescopio inteligente no puede emular.

Un aficionado avanzado podrá jugar con el Seestar, y rápidamente conocerá sus límites, sobre todo si está familiarizado con la astrofotografía y los costosos procesos y material empleado. Eso sí, con unos medios dedicados de astrofotografía se obtienen unos resultados mucho-mucho más destacables a un precio mucho-mucho más alto y con un procedimiento mucho-mucho más complejo y laborioso.

En esta entrada estamos hablando de un telescopio inteligente «all in one» de sólo 50 mm de abertura y algo más de 200 mm de distancia focal, pero que nos devolverá resultados increíbles en muy poco tiempo para mostrar a los demás o recrearnos nosotros mismos. Su filtro anti polución integrado interiormente, que podemos retirar por software, nos permitirá buenos resultados incluso en cielos malos, es decir, cielos urbanos.

Estoy empezando en esto de los puntitos en el cielo ¿me compro uno?

Desde este punto de vista ¿por qué no recomiendo este telescopio a alguien que quiere empezar? Pues bien, una vez más, pienso que no es una buena idea para una persona que parte de cero o casi de cero en la astronomía observacional darle «comida rápida». No conocer el cielo y guiarse por lo que el propio telescopio te propone para apuntar, vale… si, es sencillo, puede incluso puntualmente ser ilustrativo, pero te vas a quedar huérfano de conocimientos que te permitan apreciar los resultados e incluso compartirlos con terceras personas, sobre todo en capturas que no sea el Sol y la Luna.

Con este telescopio es cierto que se precisan casi cero conocimientos para hacerlo funcionar, no como un telescopio óptico clásico computerizado (con su necesidad de alineación a la polar e identificación de estrellas de calibración), pero, aun así, solo lo recomendaría para aquellas personas que puedan permitirse un cierto nivel de capricho y deseen «jugar a la astronomía amateur del siglo XXI», sin mayores pretensiones y sin que tenga que ofrecer ninguna explicación, quizás ni a sí mismos.

Si desde esta falta de conocimientos de dónde nos encontramos, creemos que los resultados son comparables a un equipo amateur avanzado de astrofotografía, estamos muy equivocado. Pero de eso, hablaremos en otra ocasión.

Por cierto, el software también te ofrece completos manuales (en inglés), una comunidad en la que puedes compartir tus fotografías (por defecto desactivado) en tu ubicación, y unas actualizaciones de firmware más o menos periódicas, que estarás obligado a instalar al arrancar la sesión (su instalación es rápida y no debes interrumpirla).

Espero que esta entrada os sirva de ayuda, y naturalmente estoy a vuestra disposición para cualquier consulta (que tardaré en contestar pero lo haré).

Un saludo y gracias por leerme.

Notas:

[1] https://www.zwoastro.com/product/seestar-s50/

[2] El cable puede ser substituido por enlace wifi con el monitor si posee esa tecnología (más habitual en televisores que no en monitores de Pc)

[3] Una vez encontrado el objeto, en el caso de cielo profundo en el que se apilarán de forma continua imágenes, cuando presiones «capturar», el telescopio iniciará una breve rutina de calibración, tanto de movimiento de campo como de captura, que no llevará más allá de unos 3 minutos en total. En este punto es donde nos puede detectar una necesidad de equilibrado con la brújula electrónica.

[4] En el caso del Sol y la Luna, el telescopio es capaz de distribuir señal de streaming entre dispositivos electrónicos presentes, que se pueden conectar a la red wifi que proporciona el propio telescopio. No aconsejo la utilización de esta interesante posibilidad salvo para grupos muy pequeños. Será necesaria una aplicación de terceros, como VLC (gratuita) para configurar el streaming en los participantes.

[5] Se ha popularizado mucho este nivelador (o similares, se comercializa con diferentes marcas), económico y que recomiendo: https://www.amazon.es/dp/B09QRJPNZX?psc=1&ref=ppx_yo2ov_dt_b_product_details

Una nueva estrella en el cielo, pero no tanto

Una nueva estrella en el cielo, pero no tanto

Pequeña introducción a las novas y supernovas

El astrónomo danés Tycho Brahe (1546-1601) ha sido posiblemente el mejor astrónomo de la era pre-telescópica que tenemos constancia. Su vigilancia del cielo (y como acaudalado noble, el de sus empleados) le permitió una cartografía del cielo exquisita para su época. Hay que recordar que hasta 1609, Galileo no tuvo en sus manos el primer primitivo telescopio que le permitió escrutar los cielos y ver numerosos detalles que no son visibles a simple vista.

La observación de una supernova en noviembre de 1572 [1] en la constelación de Casiopea ( también denominada «supernova de Tycho»), y su posición ya privilegiada para dedicarse a la observación metódica del cielo para intentar comprender mejor los -hasta entonces- poco predecibles movimientos de los planetas -según los modelos aceptados por aquella época-, le llevó a publicar «De nova Stellae» (Sobre la nueva estrella) y a crecer su popularidad entre la corte del rey Federico II de Dinamarca (1534-1588), que le ofreció una isla y la construcción de una casa para que instalase su observatorio (además de una renta vitalicia).

Así, Uraniborg se convirtió en el mejor observatorio del mundo hasta que lo abandonara en 1597. En 1599 estableció su residencia en Praga, bajo la protección del emperador Rodolfo II de Habsburgo, estableciendo un sencillo observatorio en el castillo de Praga, para posteriormente trasladarlo a pocos kilómetros de la capital y pedir la instrumentación que había desarrollado para Uraniborg. En este momento ya se carteaba con un joven Kepler, que anhelaba trabajar con el más destacado observador de las estrellas y los planetas, para intentar desentrañar las leyes del movimiento planetario -cosa que conseguiría-.

Evitando hacer más spoilers de esta historia, lo cierto es que la visión de la estrella «nova» en el cielo a finales de 1572, que rompía con la inmutabilidad de los cielos y siendo visible durante más de 15 meses (en su momento más brillante, en noviembre del 1572, superó el brillo de Venus), cambió de alguna forma la astronomía.

Restos de la explosión de la «supernova» de 1572 en rayos X

Las interpretaciones fueron de lo más variado, pero hoy sabemos que fue la explosión en una estrella por acreción de materia de una compañera [2] -descubierta hace algo más de una década- y cuyos restos fueron localizados como fuente de ondas de radio en 1952 y posteriormente localizados en óptico en las placas de Monte Palomar. Si bien no resulta un objeto de fácil fotografía [3] y hasta unas décadas, especialmente con la astronomía espacial, no podemos hablar de fotos aceptables de estos restos a unos 7000 años luz de la Tierra.

Pero lo importante es que cualquier estrella que era detectada de repente empezó en la astronomía a denominarse «nova», con independencia de la naturaleza que le había dado origen. Seamos en este punto conscientes que hasta entrado el siglo XX no conocimos los procesos que mantienen brillando las estrellas, y hasta un par de décadas después, no tuvimos los primeros modelos aceptables sobre la evolución de las estrellas.

De hecho, el término «supernova» fue utilizado por primera vez por el controvertido astrónomo Zwicky y por su colega Baader a principios de los años 30 del siglo XX con la finalidad de referirse a estrellas que de repente aumentaban su brillo en 100 000 veces o más, y que habían presenciado en algunas galaxias.

Sólo con el desarrollo de la espectroscopia avanzada pudimos empezar a observar diferentes tipos de novas y supernovas, comprendiendo que los escenarios eran muy diferentes; desde estrellas binarias de contacto, binarias con un par denso (enana blanca), estrellas evolucionadas masivas por colapso de núcleo, y alguno aún más exótico.

La nova recurrente en la constelación de la Corona Boreal

La Corona Boreal es una constelación visible entre la primavera tardía y el verano muy avanzado en nuestro cielo boreal. No está formada por estrellas brillantes (alfa de la Corona Boreal es inferior a la segunda magnitud), pero su peculiar forma de «parabólica» (vale, corona de laureles) la hace fácilmente localizable en el cielo, a poco que nos orientemos.

Bien, pues en la constelación clásica de la Corona Boreal, presente de Dioniso a Ariadna, existe una estrella que en realidad está formada por un par de astros y que habitualmente no son visible excepto con telescopios de cierta potencia (magnitud 10 a 11). Sin embargo, las estrellas orbitan tan cerca la una de la otra (aproximadamente 0,5 Unidades Astronómicas entre ellas) que no las podemos separar de forma óptica ni con los grandes telescopios.

Ubicación de T CrB en la constelación de la Corona Boreal. Crédito: Sky & Telescope.

Esta estrella recibe el nombre de T Corona Borealis (T CrB), normalmente una nomenclatura que hace referencia a estrellas que producen un aumento repentino de brillo (nova) y en este caso que nos ocupa, además de forma recurrente, es decir, cada cierto tiempo provoca el mismo efecto, aumenta de brillo. No pensemos que es un comportamiento habitual en estrellas que podemos observar, de hecho, sólo conocemos menos de una decena en nuestra galaxia (U Scorpii, Rs Ophiuchi,…).

Comportamiento fotométrico del par. La bajada en brillo (debilitamiento) hace pensar una explosión inminente. Crédito: AAVSO.

Esta nova recurrente, se convierte en una estrella nova (una estrella que se hace visible en este caso a simple vista) cada aproximadamente 80 años. La última vez que se registró este fenómeno fue en 1866 y en 1946. El comportamiento fotométrico de la estrella, hace suponer que volverá a brillar en las próximas semanas o meses, y si, con esta triste precisión y te lo explico un poco más adelante.

En todo caso, debido al bajo brillo de las estrellas de la constelación de la Corona Boreal, la explosión la convertirá en la segunda estrella más brillante de la misma y «romperá» el asterismo propio de la figura [4].

Algunos titulares. Sin comentarios.

Una vez más me toca ser el aguafiestas del clickbait y de los medios sensacionalistas; no, no será una estrella que «iluminará el cielo», ni una «explosión espectacular en el cielo» (salvo que viajemos a algo más de 2500 años luz, cosa harta complicada), ni ningún otro titular que empiece por «la NASA avisa de»…. Lo que si será es un fenómeno curioso de contemplar para los aficionados a la astronomía y curiosos del cielo y la ciencia, que además será observable desde entornos no urbanos durante un par de días. Con mucha suerte una semana, aunque las evidencias apuntan a un evento más corto. ¡Nada que ver con la supernova de Tycho!

El escenario físico y su imprecisión

El par de estrellas que provoca este fenómeno, raramente observable más de una vez en la vida de una persona, es el de una estrella enana blanca y una gigante roja u amarilla que ve robado material de su atmósfera estelar por la pequeña pero masiva componente. Esto provoca un disco de acreción alrededor de la enana blanca, que va progresivamente acumulando material en su superficie hasta que supera cierta masa crítica que provoca un fenómeno explosivo.

Recreación artística del par T CrB. Crédito NASA.

La estrella no muere ni se destruye, pero la explosión produce potentes vientos estelares de forma que hay efectos de «barrido» sobre la atmósfera estelar superior de la compañera gigante roja, probablemente modificando el periodo del episodio recurrente y demorando las explosiones sucesivas por una menor acreción de materia en el mismo tiempo, pero esto es otra historia [5].

Así, que ahora que sabes más que muchos medios de comunicación, si sales a cielo abierto no dejes de localizar la Corona Boreal, y ayúdate de una carta (o sin necesidad de ella) para echar un ojo a ver si ves «una estrella nueva» en la bóveda estrellada.

Espero que te guste y no dejes de seguir este blog tristemente realista y poco frecuentado.

¡Un saludo!

¡Plus!

Y ya que escribí sobre T CrB, lo justo es salir al balcón y tomar una foto con mi telescopio Seestar. Aquí tienes una imagen de 3 minutos con la estrella (en realidad el par de estrellas). La imagen de la izquierda es tal cual sale del telescopio (del que hablaré en la próxima entrada) y a la derecha calibrada con Astrometria. La «Blaze Star» T CrB se ha marcado rotulado en naranja, en ese pequeño círculo verde están nuestras protagonistas (y de la que vemos sólo la gigante roja).

17 de julio de 2024. T Corona Borealis (bajo IC 4587). 3 minutos de exposición desde Castellón de la Plana con Seestar S50 y filtro dual band integrado.

Para hacerse una idea del campo abarcado en la foto del Seestar en la foto anterior:

El rectángulo gris es la ubicación de la fotografía anterior, y justo arriba, el asterismo de estrellas que conforma la Corona Boreal

Actualización a 2 de octubre 2024:

Pues tal y como escribíamos, ha pasado el verano boreal y la nova -de momento- sigue sin asomar…. escenarios complejos no precisan titulares fáciles.

25 de octubre de 2024:

Ooops….¡pues seguimos sin nueva estrella en el cielo! ¿A qué medio de comunicación le pedimos explicaciones?….igual aprendemos a contrastar las fuentes ¿verdad?

10 de noviembre de 2024:

Podemos dar por concluida la temporada de observación de la constelación de la Corona Boreal, muy muy baja en el Oeste tras ponerse el Sol. La «nueva estrella» que iba a «iluminar» el cielo en primavera, verano u otoño de este año (vamos moviendo el mes del titular según convenga), no ha aparecido (¡intenta dar una cota a ese error!). Quizás brille durante la conjunción de esta constelación con las luces del día (tranquilos, tenemos telescopios en el espacio), quizás cuando la recuperemos de madrugada ya el año que viene….o quizás, lo haga en bastantes más meses o unos pocos años. Y es que, ajustar con dos observaciones un pronóstico así, es salvaje, cuando no un poco absurdo.

31 de marzo de 2025:

No, no, ¡qué ahora sí que va de verdad!…..

Saludos!

Referencias:

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/SN_1572

[2] https://wwwmpa.mpa-garching.mpg.de/mpa/research/current_research/hl2005-3/hl2005-3-en.html y https://www.iac.es/es/ciencia-y-tecnologia/publicaciones/improved-hubble-space-telescope-proper-motions-tycho-g-and-other-stars-remnant-tychos

[3] https://esahubble.org/images/heic0415d/

[4] https://www.aavso.org/news/t-crb-pre-eruption-dip

[5] https://arxiv.org/abs/2405.11506

Crónica de las XXX Jornadas del Planetari de Castelló (2024)

Crónica de las XXX Jornadas Astronómicas del Planetari de Castelló.

Por segundo año consecutivo, la organización de las ya clásicas Jornadas de Astronomía del Planetari de Castelló ha recaído en el propio personal del Planetari, dejando atrás una época de colaboradores externos, habitualmente amateurs.

En este mismo blog podemos encontrar un resumen de lo que fueron las del año pasado, y este año teníamos la consigna y nuevamente el compromiso de la Concejalía de Educación y Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Castellón, al que pertenece el Planetario, de situarlas -como mínimo- al mismo nivel.

Superar algo así, en cuanto a asistentes y batería de conferenciantes -que encima crearon sinergias durante el fin de semana entre ellos- no parecía resultar fácil, y más cuando este año partíamos con una organización temporalmente retrasada debido a temas burocráticos.

Buscar a brillantes investigadores e investigadoras de nuestro estado, que además destaquen en la comunicación con el público, no es fácil cuando empiezas a organizar sólo 60 días antes de las jornadas, pero, aun así, lo conseguimos. Por tanto, desde estas líneas agradecer a todos los y las conferenciantes, el privilegio de poder contar con su saber y la rápida implicación en aceptar las invitaciones para participar.

Nuevamente la respuesta de los inscritos igualó la del año pasado, desbordando sobradamente el aforo ofrecido de nuestro salón de actos (120), y la publicación definitiva de nuestro programa recibió el reconocimiento no sólo de los y las asistentes, si no la felicitación de otras entidades de divulgación a nivel estatal.

Y como lo mejor, si no pudisteis asistir, es contaros quiénes, y de qué nos hablaron, vamos allá con la crónica de lo que fueron las XXX Jornadas.

Viernes 22 de marzo

Entrega de credenciales y presentación de las Jornadas a cargo de D. Jordi Artés (director del centro) y la Concejala de Educación y Cultura del Excmo. Ayuntamiento, Dª María España. A resaltar su corta, pero muy interesante presentación en la que remarcó la necesidad de la divulgación de la ciencia para la sociedad.

Tras la presentación, la conferencia inaugural corrió a cargo del Dr. Vicent Martínez, Catedrático de la Universidad de Valencia y durante más de una década, director de su observatorio astronómico. El Dr. Martínez Investiga en Cosmología, en particular en el estudio de la distribución de galaxias a gran escala. Su actividad docente y de difusión de la ciencia le valió el Premio a la Enseñanza y Divulgación de la Física de la Real Sociedad Española de Física y la Fundación BBVA, el Premio Nacional de Divulgación Científica José María Savirón y el Premio a la Excelencia Docente del Consejo Social de la UV y la Generalitat Valenciana. Es coautor de dos libros de texto universitarios y de divulgación científica.

Su conferencia versó sobre los apenas de 2 años del Telescopio Espacial James Webb. Sus primeras observaciones se hicieron públicas el 11 de julio de 2022. Desde entonces no ha dejado de sorprender a la comunidad astronómica y al público en general.  El telescopio está dotado de una instrumentación capaz de analizar las atmósferas de los planetas extrasolares y buscar en ellas indicadores biológicos. Sus cámaras, que observan en el infrarrojo, están jugando también un papel fundamental en el estudio del universo primitivo, aportando información, a veces desconcertante, sobre las primeras galaxias que se formaron en el universo, pocos centenares de millones de años después del Big Bang.

Sábado 23 de marzo

El sábado fue el día más intenso sin duda. Empezamos la mañana con la ponencia de mi buen amigo y colaborador en la organización de estas Jornadas, Borja Tosar, uno de los mejores divulgadores astronómicos de Galicia y colaborador habitual de la Casa de las Ciencias de A Coruña. Su ponencia versaba sobre la «lluvia extraterrestre». La lluvia es uno de los agentes mas importantes de nuestro planeta. El ciclo hidrológico modela valles y montañas aportando agua al interior de continentes permitiendo la subsistencia de los ecosistemas. Ahora que estamos conociendo otros mundos y la lista de exoplanetas confirmados está por el 5.500 y subiendo, nos preguntamos ¿llueve en otros mundos? ¿Es el paraguas exclusivo de la Tierra?.

Posteriormente dimos paso a la conferencia del Dr. Alberto Aparici, físico de partículas, conocido divulgador castellonense (aunque su labor sea mucho más conocido en Valencia) que se encarga de la divulgación en el IFIC-CSIC. Siendo un físico de partículas, disfrutó y nos hizo disfrutar hablándonos de los «agujeros negros y el premio Nobel de 2020» Los agujeros negros son objetos peculiares, compuestos esencialmente de gravedad. Su existencia se teorizó a finales de la década de 1930, pero no fue hasta la década de 1960 cuando se empezó a tomar en serio, gracias a una serie de descubrimientos en astrofísica y a los trabajos teóricos de Roger Penrose. Por esas contribuciones, Penrose recibió la mitad del Premio Nobel de Física de 2020. La otra mitad galardonó a los astrofísicos Andrea Ghez y Reinhard Genzel, cuyos equipos demostraron a lo largo de las décadas de 1990 y 2000 que el centro de nuestra galaxia alberga uno de estos objetos, pero de tamaño gigantesco: casi tan grande como la órbita del planeta Mercurio. En esta charla explicó la física básica de un agujero negro, y repasó cómo las contribuciones de todos estos científicos han ayudado a dar forma a lo que hoy sabemos sobre estos objetos, que exploran un régimen de las leyes de la física que no se da en ningún otro lugar del universo.

En el descanso, este año la Concejalía de Cultura se hizo eco de la necesidad del café para salvar el mundo de las jornadas presenciales, y disfrutamos de un Coffe-break más que digno en todos los descansos, naturalmente con agua, té y unas pastas que también ayudaron y mucho a todos los asistentes. Excelente iniciativa que esperamos mantener en las próximas ediciones.

A las 12:30 retomamos la mañana con la conferencia del Dr. Juan Ángel Vaquerizo. Astrofísico y divulgador, en 2007 se incorporó a al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) como responsable didáctico (y posteriormente coordinador) del proyecto PARTNeR (NASA-INTA) de radioastronomía educativa. En 2009 comienza su actividad como responsable de proyectos educativos en la Unidad de Cultura Científica del Centro de Astrobiología (centro mixto CSIC-INTA), cuya coordinación asume de 2016 a 2021. Actualmente trabaja en la iniciativa educativa CESAR (ESA-INTA-Isdefe) que acerca la astrofísica y ciencias del espacio a profesores y estudiantes. Compagina su actividad con el comisariado de exposiciones sobre la exploración espacial como “Marte, la conquista de un sueño” (2017) o “Tras la Luna. Explorando los límites del espacio” (2019). Es miembro del Grupo de Enseñanza y Divulgación de la Astronomía en la Sociedad Española de Astronomía (SEA) y Punto Nacional de Contacto de la Oficina para la Educación en Astronomía de la Unión Astronómica Internacional (IAU), y además -por si fuera poco- venía muy bien recomendado por su amigo y compañero el Dr. Jorge Pla del CAB. La verdad es que nos descubrió la exploración marciana de la forma más bella que podíamos esperar, y para todos aquellos que soñamos con Marte y con ver antes del final de nuestras vidas, la exploración humana del planeta Rojo, fue una conferencia magistral.

Posteriormente, todas y todos los conferenciantes fueron invitados a comer -una paella, cómo no- a un restaurante cercano, de forma que cumplimos el objetivo de crear nuevas sinergias entre ellos y facilitar la asistencia a las primeras conferencias de la tarde.

La primera ponencia de la tarde corrió a cargo de Dª Maritxu Poyal, conocida astrofotógrafa española por haber alcanzado unos límites increíbles en sus capturas del cielo. Pertenece a la Agrupación Astronómica jerezana Magallanes y la mayor parte de su trabajo astrofotográfico está dedicado a cielo profundo, formando el equipo Sky-Astrofotography , junto a Jesús Vargas . Hasta la fecha ha sido premiada con 7 APOD-NASA y más de 40 AAPOD , AAPOx2 ; APOD-GRAG , APOD by astronomy , LPOD  y EAPOD. Curiosamente en estos dos últimos años ha hecho un viaje a la sencillez, y divulga la astrofotografía hecha con medios sencillos y económicos, así nos presentó «Astrofotografía Low Cost».

La siguiente conferencia corrió a cargo de la Dr. Elisa Nespoli con «Pirotecnia Celestial, fenómenos de altas energías». Elisa es doctora en Astrofísica por la Universidad de Valencia. Es directora del Diploma de Experto en Astronomía Observacional en la Universidad Internacional de Valencia (VIU) y profesora del máster en Astronomía y Astrofísica en la misma universidad. Su rama de investigación son los sistemas binarios de rayos X, que estudia en un amplio rango de longitud de onda, desde el infrarrojo hasta los rayos gamma. Es miembro del equipo de estudio científico de la misión espacial THESEUS. Apasionada docente y divulgadora, desde 2022 es coinvestigadora principal del grupo de investigación de Astronomía de VIU, desde 2023 es responsable de Innovación docente para la Escuela Superior de Ingeniería, Ciencia y Tecnología. Su charla estuvo dedicada a los fenómenos más violentos y espectaculares del universo, desde explosiones de supernovas, pasando por los destellos de rayos gamma, hasta agujeros negros supermasivos en el centro de las galaxias, destacando la participación española en misiones espaciales futuras de la ESA dedicadas a su estudio.

Tras un nuevo Coffe-break, retomamos el último tramo de la tarde con la conferencia a cargo del Dr. Jorge Mira Pérez. El curriculum de Jorge es también impresionante. Físico, catedrático de electromagnetismo e investigador del Instituto de Materiales de la Universidade de Santiago de Compostela (USC). Sus líneas de investigación van desde la ciencia de materiales (coautor de trabajos con el Premio Nobel John B. Goodenough) hasta la física médica, la modelización matemática de sistemas sociales y áreas de ingeniería civil, química y eléctrica. Ha recibido numerosos galardones por su trayectoria académica y científica, el más reciente la Medalla Galicia de Investigación 2022 en el área de física, matemáticas y ciencias de la computación. Es académico correspondiente de la Real Academia Galega de la lengua. Presidente de la Comisión Deontológica del Colegio Oficial de Físicos de España. Fue director del departamento de física aplicada de la USC y asesor del Ministerio de Educación y Ciencia de España para la creación del Laboratorio Internacional Ibérico de Nanotecnología (INL). Ha recibido varios galardones por su trayectoria divulgativa, el más reciente el Premio de la Confederación de Sociedades Científicas de España a la difusión de la ciencia 2023. Fue un placer conocerlo en persona, pero lo fue más asistir a una deliciosa conferencia que llevaba por título «¿A qué altura empieza el cielo?», que naturalmente reflexionó sobre el concepto de «cielo» son un recorrido desde la antigüedad.

Finalizamos el día más intenso de las Jornadas con la conferencia de un habitual de nuestras Jornadas, D. Ángel Gómez Roldán. Divulgador especializado en astronomía y ciencias del espacio, trabajó durante más de catorce años como operador de telescopios en el Observatorio del Teide del Instituto de Astrofísica de Canarias, IAC. Organizador a lo largo de una década de cursos de astronomía para el profesorado de secundaria en el IAC, ha participado en expediciones científicas por todo el mundo para la observación de eclipses totales de Sol, auroras polares o lluvias de meteoros. Es el director y editor de la revista Astronomía, que en 2024 cumple su 39º aniversario. En 2016 recibió el Premio Especial del Jurado de los Premios Prismas a la Divulgación Científica de la Casa de las Ciencias de A Coruña, y en 2022 el Premio Internacional Starlight a la Educación y la Difusión de la Astronomía.

En esta ocasión nos vino a hablar de «Explorando los orígenes del sistema solar» en la que nos puso al día de la actualidad de todas las misiones encargadas de estudiar, aterrizar o tomar muestras de los objetos más antiguos de nuestro sistema solar, los cometas y asteroides.

Domingo 24 de marzo

El domingo lo empezamos con una ponencia de D. José Vicente Casado, sin duda nuestro mejor «cazador de meteoritos», y viejo conocido también de nuestras Jornadas. Ha participado en  la realización de los contenidos para múltiples museos sobre dinosaurios mineralogía y paleontología. Lleva coleccionando meteoritos unos 30 años y recogiéndolos  desde la caída de Villalbeto de la Peña hace 20 años. Ha realizado múltiples exposiciones sobre meteoritos y ha formado un grupo que colabora con la Universidad Politécnica de Cataluña en el que ha recuperado más de 600 meteoritos en diversas partes del mundo. Jose Vicente nos habló de su experiencia cazando meteoritos por todo el mundo y nos trajo muestras, no sólo de meteoritos, si no de «cosas» que también caen del cielo, pero no son muy naturales, y si no fijaros en la foto de su ponencia….eso redondo de encima de la mesa, si ¿sabéis que puede ser?

Posteriormente dimos paso a una conferencia a cargo de la Dra. Laura Martínez Parró, que precisamente vino a hablarnos de «Defensa Planetaria», y es que después de conocer que el cielo puede caer sobre nuestras cabezas, lo mejor es saber si podemos evitarlo.

La Dra. Laura M. Parro es graduada en Geología, Máster en Procesos y Recursos Geológicos y Doctora en Geología por la Universidad Complutense de Madrid en el año 2020. Especialista en geología planetaria, con estudios geológicos sobre las superficies de Marte, la Luna, Ceres, Europa y diversos cuerpos menores, es actualmente investigadora postdoctoral en el Instituto de Física Aplicada a las Ciencias y a las Tecnologías de la Universidad de Alicante con un contrato de excelencia de la Generalitat Valenciana, ligada al grupo de trabajo de Ciencias Planetarias desde el año 2021. Parte de su etapa postdoctoral (entre 2022-2023) también incluye una estancia en el «Lunar and Planetary Laboratory» de la Universidad de Arizona (EE.UU.), y pertenece a los equipos científicos de las misiones espaciales DART (NASA) y Hera (ESA) encargados de la Defensa Planetaria. Desde hace unos años compagina su labor de investigación con actividades de divulgación en múltiples formatos (radio, televisión, seminarios, etc), buscando la unión entre la ciencia y la transmisión general de conocimiento a la sociedad.

 Su conferencia versó sobre los millones de asteroides volando por el espacio que miden desde centímetros hasta kilómetros, y más o menos peligrosos. De esa lista, más de 30.000 están catalogados como NEOs -objetos cercanos a la Tierra-, lo que implica que sus órbitas pasan cerca, en términos astronómicos, de la órbita terrestre. ¿Cuáles de ellos pueden ser peligrosos? ¿Qué misiones espaciales los estudian? ¿Por qué algunos de ellos son binarios?  Lógicamente nos habló del trabajo realizado desde la Universidad de Alicante en las misiones DART (NASA) y Hera (ESA) de Defensa Planetaria.

Tras el último Coffe break de las Jornadas, la conferencia de clausura corrió a cargo del Dr. Alberto Fernández Soto. Asturiano de Gijón, por formación Licenciado en Física y Matemáticas y Doctor en Física y por profesión astrónomo (Científico Titular del CSIC) en el Instituto de Física de Cantabria desde 2008. Anteriormente investigador en la State University of New York (1996-1997 y 1999-2000), University of New South Wales (Sydney, Australia, 1997-1999), el Osservatorio Astronomico di Brera-Milán (2000-2002) y en el Observatori Astronòmic de la Universitat de València (2002-2008). Investiga en Cosmología Observacional, en particular los procesos de formación y evolución de las galaxias, y ha desarrollado técnicas pioneras de medida de distancias cosmológicas basadas en imagen que hoy son standard y se utilizan en prácticamente todos los grandes proyectos internacionales. Ha formado parte, entre otros, de los equipos científicos de la cámara OSIRIS en el telescopio GTC y de ARRAKIHS, la primera misión espacial europea liderada desde España.  Su conferencia «El origen del Universo: a lo mejor ni tan Big ni tan Bang» nos hizo reflexionar sobre la historia que conocemos del universo, con una revisión de conceptos que damos por supuesto en la divulgación de la astronomía y que quizás deberíamos de matizar muy mucho.

Con una sala de conferencias al completo, despedimos las que han sido las XXX Jornadas de Astronomía del Planetario de Castellón y empezamos a pensar en la XXXI edición, ya que nuevamente el listón ha quedado muy alto.

¿Te vas a perder las próximas?

¡Saludos!