Perseidas: la lluvia de estrellas «perfecta» de 2018

Las perseidas o «lágrimas de San Lorenzo» ofrecerán este año un espectáculo celeste perfecto, que complemetan un verano astronómico casi único en la última década

Todos los años cuando se acerca mediados del mes de agosto se vuelve a hablar de ellas en todos los medios de comunicación y redes sociales. Puntuales como un reloj, la lluvia de estrellas fugaces Perseidas hacen las delicias de las noches de verano, cuando el calor aún está presente en el hemisferio norte y apetece pasar unas horas nocturnas al raso, bajo las estrellas.

Y es que para observar este fenómeno astronómico, conocido desde la antigüedad, no se precisa más que nuestros ojos, tumbarse cómodamente a contemplar el cielo lo más lejos posible de luces urbanas y paciencia, que siempre puede ir acompañada de una buena charla sobre de dónde venimos y a dónde vamos como especie, motivada por nuestra sensación de pequeñez cuando contemplamos absortos la belleza y aparente inmutabilidad del cielo estrellado.

Cuando nos encontramos en estas circunstancias, y nuestros ojos se acostumbran a la oscuridad, sin la presencia de luces, intentando contemplar la mayor parte del cielo posible, observaremos intermitentemente una rápida, ocasionalmente larga y brillante estela de luz -mayormente de color naranja-.

Pues bien, este fin de semana podemos atiborrarnos a pedir deseos, porque la lluvia de las perseidas presentará esta noche, y sobre todo mañana domingo por la noche, unas condiciones de observación excelentes. La ausencia de Luna, y que el máximo de la lluvia sucede con el radiante de la lluvia alto en el horizonte entrada la noche, puede provocar que sea la mejor observación del fenómeno astronómico, al menos casi en la última década. En este momento mágico bajo las estrellas podemos llegar a contemplar más de 100 meteoros a la hora si nos situamos en un lugar oscuro y tenemos toda la bóveda estrellada a la vista. Sin duda está siendo uno de los mejores veranos en los últimos años para vivir bajo las estrellas.

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Posición del radiante de la lluvia en la constelación de Perseo. A mayor altura del radiante mayor número de meteoros a la hora. Sky & Telescope

Esta lluvia de estrellas, como otras menos populares que se producen a lo largo del año (e incluso más intensas), se debe a que la Tierra en su órbita anual alrededor del Sol se cruza periódicamente con tubos espaciales de pequeñas partículas de polvo y hielo procedentes de restos de cometas y asteroides. De hecho nuestro planeta tarda tres semanas en atravesar completamente este tubo meteórico, a una velocidad de más de 100 000 kilómetros a la hora, por lo que podemos hacernos una idea del tamaño del mismo. Aproximadamente en el centro del mismo se encuentra la mayor concentración de partículas, y se produce lo que denominamos el «máximo» de la lluvia o mayor THZ (tasa horaria cenital).

Al penetrar en la alta atmósfera a velocidades realmente altas, estas partículas habitualmente de tamaño milimétrico, provocan un destello de luz por la fricción con los gases de nuestra atmosfera, alcanzando incluso unos pocos de miles de grados durante un breve espacio de tiempo y provocando que la pequeña partícula se disgregue, se sublime y convierta en gas.

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Dos perseidas fotografiadas por el autor en 1993 con película fotográfica de alta sensibilidad. En ese año no existían las cámaras digitales

Solo si la partícula es de un tamaño mayor, puede llegar a tocar suelo y convertirse en lo que conocemos como meteorito, aunque normalmente las partículas que conforman las lluvias de estrellas anuales no suelen tener el tamaño suficiente para ello, todo lo más como pequeñas canicas que nos ofrezcan algún «bólido» excepcionalmente brillante y de estela persistente.

Las perseidas están asociadas a los restos del cometa Swift- Tuttle (109P) que fue descubierto en el verano de 1862, si bien son conocidas desde la antigüedad. Este cometa es uno de los cometas que más cerca pasan de la Tierra y su diámetro, de unos 20 kilómetros, lo convierten en un posible futuro impactador peligroso.

Fue el astrónomo Schiaparelli (tan vinculado históricamente al planeta Marte que en estas semanas hace la delicia en el cielo en su oposición perihélica) quien vinculó este cometa a la tradicionalmente conocida lluvia de estrellas de agosto, siendo la primera lluvia en la historia de la astronomía en vincularse a la órbita de un cometa y denotar su verdadera naturaleza.

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Gran perseida, fotografiada por el autor el pasado 6 de agosto con una Nikon D90

 La constelación de Perseo es de donde se sitúa el punto desde el cual imaginariamente parecen confluir todos los trazos, conocido como radiante de la lluvia, y que fue localizado en 1835 por Quéletet y Herrick. El cometa, con un período de 135 años, provocó en su vuelta de 1993 una lluvia que superó los 400 meteoros a la hora, que fue un magnífico espectáculo celeste.

Se conocen como «Lagrimas de San Lorenzo» porque antiguamente (más de 500 años) el máximo de la lluvia coincidía con la festividad del santo martirizado en la hoguera, y cuya lágrimas de dolor fueron situadas en el cielo en la tradición cristiana. Actualmente, debido a la precesión de los equinoccios el máximo de la lluvia se produce la noche del 11 al 12 o del 12 al 13 de agosto.

Marte en el horizonte

Marte en el horizonte

El astro destaca notablemente en el cielo nocturno y es visible durante toda la noche

Marte, el planeta rojo, tiene buenas condiciones de observación cada dos años y es visible a simple vista un par de meses antes y después de esta aproximación espacial debida a las orbitas planetarias alrededor del Sol.

Durante unas semanas la Tierra alcanza al planeta rojo y este destaca en el cielo nocturno haciendo gala a su nombre “el dios de la guerra” que tiene mucho que ver con su coloración y el color de nuestra sangre.

Pero debido a que las órbitas de los planetas alrededor del Sol son elípticas y no circulares, la Tierra y Marte tienen un encuentro aún más cercano cada 15 años, en lo que los astrónomos llaman oposición perihélica, y el planeta es aún moderadamente más brillante y evidente en el cielo nocturno.

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Órbitas de Marte y la Tierra. Crédito: S&T

Recuerdo el año 1988, siendo un adolescente, cuando lo observé desde un cielo mucho más oscuro que el actual, desde Sant Joan de Penyagolosa (Vistabella, Castellón) con un flamante refractor Alstar R80/1200 mm. Quince años después, siendo presidente de la Societat Astronómica de Castelló, tuve el privilegio de –junto con mis compañeros de aquella época- organizar una multitudinaria observación pública en la Ermita de la Magdalena (Castellón) que tuvo que contar con la ayuda de protección civil por la cantidad de coches que llegaron aquella noche de verano para ver el planeta Marte, y que salió a la perfección. Entonces contaba con un telescopio Celestron T150/750 mm.

Ahora, en la tercera oposición perihélica del planeta (y que coincidió el pasado viernes 27 de julio  con un eclipse total de Luna) que puedo observar, dispongo de instrumentos mucho más potentes y formas de registrarlo que nada tienen que ver con las de hace 15 años, pero estoy disfrutando mucho más con su contemplación a simple vista; con ese brillo rojizo apareciendo por encima del mar Mediterráneo -ahora ya nada mas oscurecer-.

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Marte al telescopio. Imagen de Alfredo Vidal (Hospitalet- Barcelona) el 01 de agosto de 2018. Telescopio Celestros 14″ + Cámara ASI290

Y es que la primera noche de agosto del verano de 2018, el planeta rojo y la Tierra alcanzan su mínima distancia, la más cercana desde 2003.

Marte ha estado a algo menos de 58 millones de kilómetros, y nos permite que su brillo, solo comparable al planeta Venus (visible nada mas oscurecer hacia el Oeste) lo haga muy fácil de localizar. Hasta 2035 no volveremos a encontrar a Marte tan brillante y tan cercano de nuestro planeta. Recordemos que la Luna -en fase de menguante- se habrá desplazado debido a su movimiento alrededor de la Tierra mucho más hacía el este, y por tanto ya no se encontrará en la misma posición que el pasado viernes cuando coincidió su eclipse con la aparente cercanía al planeta, y no la tenemos que tomar como referencia para encontrar al planeta, que asoma por el mar al poco de caer la noche de forma inconfundible.

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La Luna llena eclipsada junto al planeta marte el pasado viernes 27 de julio de 2018. Crédito: Germán Peris.

Con un pequeño telescopio ya es posible observar su casquete polar, bajo el cual la pasada semana se descubrió agua líquida, y también es posible distinguir algunas manchas oscuras que se corresponden con los accidentes geológicos más importantes, eso si la tormenta global de polvo a la que está sometida el planeta –habitual en las oposiciones perihélica- se calma y nos permite observarlas.

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25 de julio 2018: Sciencie publica un estudio sobre evidencias de agua líquida bajo el casquete polar sur marciano, a partir de los datos de la sonda Mars Express (ESA)

También son visibles a simple vista Júpiter y Saturno –el planeta de los anillos- a y presentan un brillo destacable, uno hacia el sur u otro en hacia el este, en las cercanías del planeta rojo. La presencia de estos planetas  simultáneamente en el cielo, que son visibles sin instrumento alguno, le confiere a este verano un encanto nocturno muy especial para vivirlo bajo las estrellas. ¡Qué lo disfrutes!

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Marte y Saturno con los ojos del telescopio espacial Hubble: una mirada rápida a los dos protagonistas del verano de 2018

 

PD: Si quieres saber más sobre Marte y los marcianos, te dejo el enlace a un artículo mío de hace 15 años, con más información sobre el planeta rojo.

https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=4&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwjSiIf9nMzcAhUrxoUKHWtXA2IQFjADegQIARAC&url=https%3A%2F%2Fwww.sacastello.org%2Fdescargas%2Fdocumentos%2Fmarte_en_el_horizonte.pdf&usg=AOvVaw0VgOTFQAUFGz6L6L4VMH3y